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Gadya
Publicado: Mar Jul 03, 2007 12:36 pm Responder citando
Aldebarán de Tauro - Moderador Aldebarán de Tauro - Moderador
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28 DE DICIEMBRE

28 de Diciembre el día del inocente,
como una hermosa broma del destino,
el señor te puso en mi camino.
(28 DE DICIEMBRE- " LA MONA JIMENEZ " )

Aioros miró el almanaque sonriente... 28 de diciembre, un año más, un nuevo aniversario... 22 años de conocerlo, de compartirle sus secretos, sus sueños, sus dudas... 22 años de eternas sonrisas, de encuentros y desencuentros, de odios y rencores falsos, de un perdón imposible que solo su corazón podía darle, 22 años de amistad, de ser hermanos sin ser hermanos, sin llevar la misma sangre, simplemente siendo ellos...

28 de Diciembre, curiosa celebración, el comienzo de una amistad llena de altibajos, amistad de más de 20 años, de comienzo accidentado que sagitario recordaba con cariño. Rió al recordarse a sí mismo, con su ingenuidad de 6 años a cuestas corriendo entre los primeros Templo, huyendo del duro entrenamiento que su maestro le imponía. Lo había visto sentado a la entrada de Géminis, sus mechas azules meciéndose en la brisa de la tarde, sus ojos perdidos en el camino; y se había acercado, curioso, con la sonrisa bailándole en los labios, y con toda su infantil candidez.

-¿Qué haces? ¿Estás descansando?-

-Que la inocencia te valga- le había respondido, justo antes de oír su nombre en la voz de su iracundo maestro.

Que la inocencia te valga... sonrió, enternecido por el niño que había sido, recordando la primera frase que él le había dicho... que la inocencia te valga... y no fue hasta después que la entendió... Dioses, 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, su día, siempre recordándole su blanca ingenuidad, y Saga siempre allí, en sus memorias, siempre riéndose de ella, citando siempre aquella frase.

Aioros suspiró, otra vez 28 de diciembre, y ya 13 años de esconderle la verdad, 13 años de mentirle sin ninguna otra intención que no fuera retenerlo a su lado, de sacrificar su corazón por no perderlo por completo, 13 años de amarlo a escondidas, de reírse de su propia inocencia, y de las bromas que el destino le había jugado cada Día de los Santos Inocentes desde que recordaba, un 28 de diciembre hacía ya 13 años, haber descubierto que estaba enamorado de él.

Dolía, en verdad dolía, pero era un dolor dulce que llevaba con gusto, una tortura disfrazada con mentiras que le hacía sonreír cada vez que la veía reflejada en los azules ojos del gemelo, tal y como la primera vez. Entonces había sido un día como cualquier otro, la misma monotonía rutinaria, y la visita de Saga, como todos los 28 de diciembre, para festejar algo con tanto y tan poco sentido como el comienzo de su amistad. Había llegado sonriente, y sin reparos, le había dicho que lo amaba, su típica broma del Día de los Inocentes, esperando al fastidio de Sagitario, que, aunque fingido, llegó en un santiamén. Aioros conocía de memoria aquella broma, y sin embargo, ese día, lo tomó por sorpresa, porque, sin querer, de había descubierto esperándola, deseando que, por una vez, fuera real.

Se sentó en las escalinatas, a recrearse con la magnificencia del atardecer, y sonrió, en parte aliviado, en parte melancólico; su día no estaba completo sin una de las típicas bromas de Saga. Saga... su imagen se adueñó de su mente, su voz, de sus oídos, y sus recuerdos comenzaron a danzarle enfrente, reclamando una verdad que Aioros había enterrado por cobarde...

Saga, su ayer, su mañana, su pasado, su futuro, su ahora, su siempre... Saga, su mundo, su locura, su perdición, su dulce calvario y la mentira que regía su vida... Saga, presente en su ausencia y en cada minuto de su vida, llenando su Templo de dolorosa felicidad... Saga, como una broma del destino a su inocencia, llevándose su corazón, sin precio de rescate, cada día de su vida, su eterno 28 de diciembre... Saga, subiendo ahora las escaleras de la Novena Morada, con su melena ondeando en el viento y una sonrisa adornando su rostro, invitándole sin palabras, a confesar la verdad que Aioros ya no podía ocultar.

-Feliz lo que sea- le dijo Saga, la alegría que desprendía flotaba a su alrededor como el aroma del rocío.

-Igualmente- le respondió sonriendo, y perdiéndose en su imagen, Aioros decidió que sería este el último 28 de diciembre que él le mintiera.

Pasaron ambos al interior del Templo, sus expresiones tan distintas como el día de la noche. Saga sonreía, todo parecía luminoso para él; Aioros, echo un manojo de nervios por la resolución a la que había llegado.

-Saga... - le llamó, y su voz tembló como una hoja en el viento de otoño.- Saga... tengo... tengo algo importante que decirte... - sentía la boca seca y el frío sudor recorriendo su espalda, nunca, ni en sus más disparatadas fantasías, hubiera imaginado tanto nerviosismo.

-Te oigo, adelante.- La sonrisa de Géminis seguía intacta, desvaneciendo toda realidad, llevándose sus palabras, sus ideas, su propia voz.

-Yo... yo... - se sentía un imbécil allí parado, intentando, inútilmente, confesar su sentir, sus fantasmas de inocencia transformados en amor, tan ingenuos como los propios Santos Inocentes.- yo... no... creo que... Saga... - cerró los ojos. Dioses, cuánto le costaba, lo había hecho millones de veces frente a la pared, lo había imaginado otras tantas, pero frente a esos ojos azules toda lógica se desvanecía. Respiró hondo y, decidido, buscó aquellas pupilas color cielo, intentando sacar fuerza de su brillo.- Saga, te amo... No sé cómo o cuando, pero acabé enamorado de ti-

Saga lo miró confundido, casi podía apreciar cierta veta de tristeza en su mirada.

-Yo... estoy con otra persona.- dijo, evitando su mirar.

El mundo de Aioros se hizo trizas... Saga estaba con alguien más... Sintió cómo su corazón de partía en mil pedazos, otra vez el destino se reía burlonamente de su miseria. Apartó su mirada de los ojos azules, para que no pudiera ver en ella su pena, pero le resultaba imposible ocultar que, por dentro, se estaba desangrando. Tan cerca había estado, y ahora, todo le parecía tan ilusorio... tan inalcanzable.

-Lo... lo siento, no quise incomodarte... - su voz reflejó su agonía interior, como un espejo cristalino, un corazón atravesado por una espada de tormento, de tristeza, se sentía destrozado y no podía entender por qué Saga se acercaba divertido hasta quedar a centímetros de su rostro.

-Que la inocencia te valga, Aioros- le dijo entre risas. -Que la inocencia te valga- y sus labios se rieron por última vez de su candidez con un beso, beso que le confesó al arquero que sus "te amo" no habían sido nunca bromas por el Día de los Inocentes.

28 de Diciembre, nos miramos de repente,
tus ojos se fundieron con los míos,
y con un beso así nos conocimos
(28 DE DICIEMBRE - " LA MONA JIMENEZ "
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