Pegasus Fantasy
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<  Parejas Yuri, Hentai & None   ~  Anhelos. Kanon x Saori. Lima

iri20
Publicado: Vie Jul 06, 2007 8:18 am Responder citando
Kanon del Dragón Marino - Moderador Kanon del Dragón Marino - Moderador
Registrado: 24 Jun 2007 Mensajes: 699 Ubicación: En un país multicolor... intentando conquistar el mundo. Reputación: 60.4
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Kanon había sido el objeto de su fantasía desde siempre, le había deseado y amado. Todas las noches su cuerpo se estremecía pensando en como acariciaría sus pechos y haría suya su boca.

Llevaba clavada en el alma aquella triste mirada esmeralda. Sabía de su dolor y sufrimiento internos, sabía que todavía le dolían sus propias acciones a pesar del perdón.

Ahora al saberlo lejos de si se sentía extraña, como si sus anhelos fueran si cabe todavía más imposibles.

El no la había mirado jamás con el atisbo de lujuria que había logrado descubrir en la mirada de Seiya, tampoco con el respeto y abnegación que Shion le profesaba.

Simplemente Kanon veía a través de ella, se reverenciaba ante ella y obedecía sus órdenes, nada más.

Saori bufó y se dio la vuelta quedando de espaldas a la enorme cristalera que le mostraba la incipiente lluvia.

Pensó en eso último, ni siquiera era del todo cierto. Desde que le juró lealtad y se le encomendó compartir el cuidado del Templo de Géminis con su hermano, hacía ya siete años, era él el único que cuando daba una orden la ponía en duda, no siempre, pero cuando a él le daba la gana lo hacía. Las reprimendas le daban igual, era Kanon, se había visto en cosas peores y era rebelde por definición, rebelde y duro. Una simple regañina no iba a hacer que eso cambiase y suponía que eso era lo que le diferenciaba del resto de hombres que conocía. No le tenía miedo.

Se sentó en un diván color rosado que había en medio de la sala, era grande y se veía un poco vacía, apenas un par de estanterías, el diván y una mesita donde ahora reposaba su café.

Lo cierto es que al final, a pesar de sus intentos porque nada se notase, acabó dándole ciertas licencias sobre el resto de sus caballeros, que con el tiempo vieron aquellas costumbres como normales. Con el mantenía largas charlas, aunque al principio a Kanon se le hacía difícil mantener conversación con ella pues los recuerdos y los remordimientos seguían allí. Ahora se podía pasar la tarde hablando con el, siempre sabía algo de todo y aunque en las discusiones la dejaba ganar por ser su Diosa no se daba por vencido fácilmente y siempre necesitaba llevar la última palabra.

Si bien era cierto que su comportamiento era frío había en el un cierto tono de familiaridad. La había visto convertirse en una mujer sin siquiera reparar en ello, como si todavía fuese una niña indefensa que no sabe que hacer.

Le deseaba, le amaba también pero el deseo de tenerlo en las noches era más fuerte que ella. Más de una vez pensó en ir a hurtadillas hasta géminis e intentar seducir al menor de sus guardianes pero desechaba la idea... ¿ Qué pensarían sus caballeros si la encontrasen en tal actitud? ¿ Qué pensaría Kanon? No podría enfrentarse a su rechazo.

Se recostó el diván y siguió viendo como caí la lluvia.

Kanon

“Puto Sol.” Hacía un calor que caían los pájaros. Aún encima había que seguir entrenando a pesar de estar en tiempos de paz. Era agotador y la verdad el ya se sentía mayor para aquello. Muchas veces le había comentado a su hermano la posibilidad de empezar a entrenar a un muchacho pero el muy lerdo decía que el moriría como caballero, después si yo quería podía entrenar a quien me diese la gana. Lo cierto es que si no había empezado a entrenar un aprendiz por su cuenta era simplemente porque a pesar de haberse puesto esa armadura cuando fue necesario no era suya, no la sentía así y por tanto no se consideraba quien para entrenar a nadie. Era un intento fallido de caballero.

Eran las cinco, a esas horas solía estar acompañando a su Diosa mientras esta merendaba, charlaban, de tonterías mayormente pero era muy agradable ver el aprecio que esta le tenía.

Con los años Saori se había convertido en una muchacha muy lista e inteligente que jamás había dejado de interesarse por el funcionamiento del Santuario ni del estado de sus Santos. Recordó a aquella niña perdida que no sabía bien que hacer en la maldita guerra, la dependencia de los chicos de bronces y luego la imagen de la joven Kido, mayor, más sabia y muy en su papel. A veces aunque los comienzos sean dudosos los finales son felices, se dijo. Sus comienzos no eran ni mucho menos para sentirse orgulloso aun así con la nueva oportunidad que Athena le dio había quien le consideraba héroe de guerra, al menos en el Santuario, entre las filas de Poseidón era el mayor de los traidores, como el realmente se sentía.

Se sentó a la sombra de un árbol y le pegó un trago largo a una botella de agua.

Era turbador en lo que se había convertido... no quería darse cuenta de que desde que se había vuelto a Japón no había hora dl día en que no la recordase. Intentaba auto convencerse de que a todos los caballeros les pasaba igual, que extrañaban la presencia de su Diosa aunque en su fuero interno sabía que el no extrañaba a Athena sino a Saori. Añoraba su sonrisa, su charla, poder mirar aquella criatura que se le antojaba celestial.

Movió la cabeza intentando apartar sus pensamientos del camino que seguían. No era la primera vez que pensaba en ella de esa manera y su maldito subconsciente le jugaba malas pasadas cuando el no podía oponérsele, despertando sudado, mojado y con deseos de vivir por siempre en el territorio del Dios de los sueños.

Sólo serán unos meses, se repetía una y otra vez, durante los cuales podrás evitar la tentación de tocarla y no tendría que bajar la mirada con miedo de que descubriese esos oscuros anhelos. Sin embargo le dolía saberla lejos y le corroía imaginar lo cerca que estaría del caballero de Pegaso, aquel que siempre la había defendido y amado, aquel parecía ser el único digno de ella.

La rabia se acumulaba en su interior, no soportaba la idea y no podía evitar sentir odio por aquel niñato. Casi le rondó una lágrima pero no pensaba llorar, al menos no allí delante de todo el mundo.

Se volvió a Géminis, caminando lentamente por aquellas malditas escaleras, si llega a ser Piscis se muere. Su mente dio en pensar que Piscis está más cerca de los aposentos de Athena... ¿ Qué más daba? Siempre era el primero en llegar a la orden de su Señora y siempre era su favorito entre los dorados, Saga incluso decía que prefería su compañía que la del alegre Seiya. Tal vez su hermano intuyese la verdad y por eso le animaba de aquella forma.

Por fin llegó, abrió la puerta de su habitación y se tiró sin cuidado ninguno sobre la cama. Estuvo allí un buen rato dejando que las lágrimas cayesen por sus mejillas, sin intentar si quiera sofocarlas, al fin y al cabo también eran su particular ofrenda a su Diosa.

Escuchó alboroto en el Coliseo, seguro que D.M se estaba peleando con alguien pero no estaba de humor.

No había pasado ni media hora cuando sonrió abrir despacito y sin hacer ruido la puerta de su habitación, supuso que era Saga así que cerró los ojos y fingió dormir.

Notó como esa persona se sentaba a su lado en la cama y le acariciaba el cabello, eran una manos suaves y delicadas, desde luego no las de un guerrero y mucho menos las manazas de su hermano. De repente sintió un suave contacto en sus labios... creyó estar soñando, temía abrir los ojos.

Finalmente cuando el contacto se terminó abrió los ojos y se encontró de frente con la mirada que deseaba encontrar, aquellos ojos verdes sorprendidos, aquel cabellos lila desparramado sobre su torso, su rostro colorado por la vergüenza, sus labios allí para ser besados. La muchacha apurada se apartó.

- Kanon... yo...

La agarró por los brazos mientras rogaba misericordia al cielo y que no permitiesen que se alejara de el, la atrajo hacia si recostándola sobre él y la besó.

En aquel beso le entregaba comprimidas todas sus esperanzas y sus anhelos.

Las palabras se hacían absurdas en aquel momento en el que las manos hablaban por si solas, las caricias y el deseo contenido todos aquellos años hicieron que ambos perdieran la razón deshaciéndose pronto de las estúpidas ropas que les impedían fundirse en uno.

La Diosa creyó ver lo que había más allá del Olimpo cuando su amado empezó a besar sus sonrosados pezones y bajar por su cuerpo comiéndola a besos y haciéndola desear más de aquella boca que por fin era suya. Simplemente se dejaba hacer, a falta de voluntad para resistirse o tomar la iniciativa, dejando que finalmente Kanon la hiciera suya penetrándola con mucho cuidado al principio pero aumentando rápidamente el ritmo de ese placentero compás. Esta lucha de cuerpo contra cuerpo amenizada con una sinfonía de sonidos terminó con unos gemidos algo más estrepitosos.

Saori se quedó dormida, velada por la intensa mirada de Kanon que aún no creía haberla tenido entre sus brazos aunque continuasen abrazados. Temía que si se dormía despertaría sin ella, como si de un bello sueño se tratara.

Al despertar ella seguía allí, medio dormida le dijo :

- Creo que voy a dormir frecuentemente aquí.

Ambos se rieron y se besaron. Al final consiguieron su deseo, estar juntos.
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