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Gadya
Publicado: Mar Jul 10, 2007 8:38 pm Responder citando
Aldebarán de Tauro - Moderador Aldebarán de Tauro - Moderador
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ANOCHE SOÑÉ

La noche devoraba su habitación como un lobo hambriento. Saga se desperezó en la cama preguntándose por qué razón estaba despierto si su reloj indicaba las tres de la mañana, hasta que su brazo se topó con algo que le impidió continuar su recorrido. Se volteó a ver y descubrió que ese algo era alguien, y no cualquier alguien. Junto a él, tendido en su cama de casi dos plazas, se encontraban el metro ochenta y ocho y os 87 kilos que conformaban la existencia de su hermano, su locura, su pasión. Que recordara, Kanon dormía en la otra habitación, en su propia cama, así que halarlo allí le pareció ilógico, pero aún más surrealista se le hizo el hecho de oírlo llamándolo Egisto, un nombre que no había oído desde que había puesto un pie en el Santuario. Ya casi lo había olvidado, pero en labios de su gemelo sonaba casi místico. Se sentía flotar entre las sábanas, el tener tan cerca a Kanon lo sumía en un mar de sensaciones incontrolables, y se convenció a sí mismo que aquella situación no era más que un sueño, un sueño tan vívido que lo mareaba.

Se acercó a su hermano, tanto que podía rozar sus labios, suavemente recorrió con sus dedos aquel rostro tan semejante al suyo, hasta que un par de ojos azules se fijaron en los suyos. Kanon lo observaba con una mirada que Saga nunca había visto en él. No tardó en reconocerla, era igual a la que el espejo le devolvía cada vez que de descubría reconociendo a su gemelo en su propio reflejo. Le sonrió, como sólo a él le sonreía, y como sólo en sus sueños lo había hecho, y Kanon se aferró a su espalda, y con pasión lo besó, como nunca hubiera imaginado que lo haría. Saga no podía creer lo que estaba pasando, si tan sólo no fuera un sueño, pero desgraciadamente, eso era lo que era... un sueño, disparatado, apasionado, realizador de todos sus deseos, pero sueño al fin... y sin embargo, no pudo reprimir las ganas de que todo fuera real, y se entregó a aquel beso, a aquella creación de su inconsciente, como si fuera la más dulce de las verdades. Besó a su hermano con locura, con deseo, descubriéndole con cada roce sus más profundos secretos, lo abrazó y cubrió con caricias ese cuerpo que tan bien conocía si haberlo sentido nunca. Su hermano se enredaba con sus piernas en las suyas, mientras perdía sus manos en su melena azulada. Sentía su pecho contra el suyo, su calor inundando su ser, y las sábanas sobre ambos, cómplices de ese juego macabro que estaba soñando.

Comenzó a besar su cuello suavemente mientras le bajaba los pantalones, única prenda que Kanon llevaba puesta, y se dio cuenta de lo excitado que estaba su gemelo, tanto como él mismo. Podía sentir sus manos enredadas en sus cabellos, y cada gemido que le arrancaba le hacía perder la razón. Lo deseaba, lo deseaba con todo su ser, lo necesitaba y quería tenerlo suyo, aunque más no fuera esa noche, aunque más no fuera en ese sueño. Kanon lo separó de su piel y le sonrió, indicándole que también quería ser partícipe y no sólo víctima de esa locura, y le tatuó el cuerpo con sus besos, con su lengua, con toda la lujuria que emanaba, avivando el fuego de la hoguera de sus mórbidas fantasías. Describió recorridos perfectos en su abdomen, mil y un caminos para llegar al delirio atravesando la vorágine de sensaciones que conformaban su existencia, el altar de los pecados que estaba consumando. Saga sintió como sus propios pantalones abandonaban sus piernas, y de pronto quedó desnudo, totalmente desnudo en cuerpo y alma, a merced del hombre que quería para sí, y que ahora jugueteaba felinamente en su entrepierna, anulando toda capacidad de pensamiento racional.

Kanon lamió su intimidad con maestría, con la candidez de un niño y la seguridad de un experto amante; disfrutó cada centímetro con lujuria, casi con demencia, y los gemidos de su gemelo llenaron sus oídos, gritos sordos de pasión irrefrenable, incontenible que se derramó en su boca, inundándolo por completo. Saga sintió a su hermano derramando su propia esencia sobre su cuerpo, esencia que momentos antes había sacado de él, arrastrando hasta su alma, y que ahora bañaba su torso, que se expandía y contraía torpemente a causa de la respiración agitada. Jaló suavemente sus cabellos, y Kanon regresó sumiso a besarlo, a devolverle la excitación que con su boca se había llevado.

Sentir su cuerpo contra el suyo, su miembro erguido rozando su humanidad húmeda de su propia saliva, le despertaron un deseo delirante, conducido por sus más bajos instintos. Volteó a Kanon, quedando sobre él, y lo besó salvajemente, mientras que con su mano masturbaba a su hermano, buscando devolverle el placer que él le había proporcionado.

Lo escuchó jadear en su oído, ahogar gemidos de prohibido goce, crear rutas escarlata en su espalda con sus dedos, como críptica petición de que el final de aquel momento no llegara jamás. Poco a poco, las piernas de Kanon fueron abriéndose, permitiéndole el paso, invitándolo a adentrarse en aquel mundo de entera sumisión, de verdadero placer que era su cuerpo. Saga ni siquiera pensó lo que estaba haciendo, se zambulló en el caldero de fantasías prohibidas que era su hermano, entró lentamente, mientras con la lengua repasaba los contornos de su oreja; escuchaba su nombre ahogado en los gemidos de su amante, su carne, su sangre, tan suyo y a la vez tan de nadie, que sucumbió ante sus besos, sus caricias, enredado en su cuerpo como la negrura de la noche. El contacto entre sus cuerpos lo embriagaba, cada roce lo llevaba al más sublime de todos los placeres inventados por los dioses, y entre besos y arañazos lamentó que aquel paraíso fuera tan sólo un juego de su mente, tan etéreo como el perfume del rocío. Entró por completo, y por un momento se quedó quieto, observando al objeto de su deseo, el más grande de todos sus anhelos, su gemelo; sus cuerpos encajaban perfecto, como hechos a medida, con el único fin de complementarse mutuamente.

Kanon lo sujetó de la cadera, y mientras lo besaba furibundamente, fue subiendo con sus dedos por su espina dorsal, haciéndole temblar y despertar de la ensoñación en la que se había sumido al sentirse en su interior.

Saga comenzó a moverse rítmicamente, al compás de los gemidos de Kanon, primero lentamente, disfrutando del calor de la húmeda intimidad de su hermano, emborrachándose de su piel, de su pasión, de su entrega. Su mano aún continuaba en el sexo de su gemelo, haciéndolo delirar de placer, gemir sin pudor alguno, y llamarle Egisto con la voz ronca de lujuria y desenfreno. Los gemidos de ambos retumbaban en el Templo, multiplicados infinitamente por la acústica, llevando a los gemelos al total delirio, a la exaltación de todos sus deseos prohibidos, mórbidas ilusiones imposibles. Las embestidas de Saga eran cada vez más profundas y frenéticas. Su juicio estaba totalmente nublado por la hechizante presencia de Kanon rodeando su virilidad, moviéndose bajo su cuerpo, jadeando y gimiendo en su oído, desgarrándose en aquella lasciva locura que estaban protagonizando.

Las manos de Kanon descendieron a su trasero, tocándolo descaradamente, y sólo eso necesitó Saga para llegar al orgasmo más perfecto de toda su vida, se descargó en el interior de su hermano con un grito ensordecedor que evidenciaba cuánto había deseado ese momento, cuanto lo había soñado o imaginado, cuánto lo había esperado. Momentos después, Kanon de derramó en la mano de su gemelo, bañándola de aquel viscoso líquido blanco que Saga sintió como regalo del cielo. Se acercó al oído de Kanon, y luego de lamerlo seductoramente, dijo:

-Eres mío, Eneas, mío.-

-Tuyo, Egisto, por siempre- respondió Kanon con la respiración entrecortada.

Se besaron nuevamente con pasión, con deseo y desenfreno, entregándose toda la noche a la demencial lujuria; y enredado en aquel onírico milagro permaneció Saga, hasta que la luz de la mañana dio directo en sus ojos.

Se encontró desnudo y sucio, tan sucio como las sábanas de su cama, manchadas con semen. Aquel sueño tan vívido le había hecho hacerle el amor al espacio que él habría ocupado en su cama si hubieran pasado la noche juntos. Se levantó cansadamente y prendió el agua de la regadera. Luego se encargaría de lavar las sábanas sin que su gemelo se enterara... su gemelo... Tiritó bajo el agua fría, pero estaba bien. Iba a necesitar de todo su autocontrol para enfrentarlo a la hora de desayunar después del sueño que había tenido.

Vio a Kanon sentado a la mesa con una taza de café en su mano, y sintió cómo su corazón se aceleraba. Entró en la cocina con la cabeza gacha, y saludó a su hermano al pasar, para ir directamente a abrir la heladera y servirse un vaso con leche.

-No sabes que sueño tan extraño tuve anoche, Saga- Saga sonrió después de dar el primer sorbo a su vaso. ¿Qué podría haber soñado su gemelo que fuera más extraño que su propio sueño?

-¿Qué soñaste?-

-Soñé que me hacías el amor, Saga, y qué bien me lo hacías!- El vaso se estrelló estrepitosamente contra el suelo, y Saga se volvió a ver el rostro de su hermano, presa del pánico. No podía ser. Hubiera jurado que lo había soñado, y ahora... en cada caricia le había desnudado su alma, en cada beso le había mostrado su corazón, todo creyendo que era un sueño. Pudo ver su pálida expresión reflejada en los ojos de su hermano, que se acercaba preocupado. -¿Qué sucede, Saga?- No podía articular palabra. Estaba perdido. Sin confesar le había confesado a su hermano la más odiosa de las verdades, y en el aire lo descubrió.- No fue un sueño, ¿verdad? Si me hiciste el amor anoche... - Kanon se acercaba peligrosamente, Saga hubiera querido huir, pero sus piernas no se lo permitían. El Dragón Marino siguió avanzando, hasta quedar demasiado cerca... Podía olerlo, podía sentir su cuerpo rozando el suyo, sus labios tan cerca de su boca que tan sólo un movimiento le hubiera bastado para besarlo. Sus ojos resplandecían de lujuriosa picardía.-¿Y qué estás esperando para hacerlo de nuevo?-

Aquel insólito reclamo lo hizo bajar a la tierra. Kanon lo deseaba... Le rodeó la cintura con los brazos y lo atrajo hacia él, permitiéndole a sus cuerpos en ansiado contacto.

-Cuando quieras, Eneas- dijo sonriendo.

-Ahora me parece un buen momento- Saga rió ante la ocurrencia de su hermano, quien lo besó demandante.

-Ahora será, entonces.- dijo mientras su mano se colaba bajo la camiseta de Kanon, recorriendo la espalda que anoche había sido de su propiedad, y empujándolo con su cuerpo rumbo a su habitación

Ambos cayeron pesadamente sobre la cama, que aún ostentaba los trofeos de la noche anterior, y Kanon rió al verlas.

-Vas a tener que lavar esto, Saga- dijo, y Saga le dedicó su mejor sonrisa

-Pero ya no voy a tener que hacerlo a escondidas-

Y lo besó, y en aquella cama, sucia de su terna pasión prohibida, volvieron a disfrutarse, a encontrarse, a cumplir sus imposibles fantasías in reproches, y ahora convencidos de que, esta vez, no era un sueño.
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