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<  Otras Parejas Yaoi   ~  Debiste irte. Kanon x Milo. NC-17.

iri20
Publicado: Vie Jul 06, 2007 7:51 am Responder citando
Kanon del Dragón Marino - Moderador Kanon del Dragón Marino - Moderador
Registrado: 24 Jun 2007 Mensajes: 703 Ubicación: En un país multicolor... intentando conquistar el mundo. Reputación: 64.8
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Apenas había caído el día cuando se dirigió a la taberna. Era el último en llegar, lo sabía porque podía reconocer todos los cosmos que se encontraban dentro. No le gustaban aquellas reuniones, mientras estaban sobrios la conversación era amena y gentil pero con el consumo de alcohol se volvía estúpida y generalmente hiriente. Nunca iba más allá de lo meramente cortés, a nadie le importaba su vida, pero siempre había alguien que con un par de copas de más decía a las claras cual era su parecer sobre él.



- ¡Después de derrotar a Hades debiste irte!



La voz almibarada y algo pastosa de Milo golpeaba duro. Pensó después de que le perdonase la vida que tal vez hubiera un acercamiento, pero no fue así. El orgulloso caballero decía agradecer su ayuda, aunque siempre terminaba la frase con un “ aquí ya no eres de utilidad”.

Lo cierto era que no sabía porque seguía allí, ni porque, semana tras semana, acudía a unas reuniones que le eran desagradables, no solo por ser insultado abiertamente por Milo sino por ser excluido totalmente.

Oía desde fuera del local los gritos y las risa de ¿ sus compañeros de armas?, no sabía ni si lo eran.

Por un momento, uno solo, su corazón se aceleró y se permitió soñar con un inesperado suceso que le acercase a quien tanto lo odiaba. El segundo pasó y volvió a ser el mismo y en su razón tomó de nuevo el control.

Entró ya resignado. Las risas y los gritos cesaron dando lugar al mismo murmullo de siempre, ese que acompañaba a su llegada. Buscó a su hermano, hundido en el cuello de Aiolos. Desistió de acompañarle y se sentó, solo al final del local. Siempre era igual.

Algún que otro cortés saludo y muchos silencios y miradas recelosas.



- Debí marcharme.

Dijo intentando ver su futuro en el fondo de un vaso de Whisky.



- Por lo menos eres consciente de ello.



Dijo la conocida voz a sus espaldas, no precisó girarse para saber quien era, ni para contestar.



- Me lo repites cada viernes, tarde o temprano se memorizan las frases y las tuyas son muy simples.



- Y tus problemas de fácil solución... si estás aquí es porque conoces la salida del Santuario.



- ¿Y dejar de joderte con mi presencia? Jamás.



Milo se marchó airado, ese maldito geminiano nunca se rendía, nunca cedía la última palabra. Lo que le molestaba de él era que no adoptase un aire sumiso, después de todo lo que había hecho tendría que mostrarse arrepentido y no contradecir sus palabras.

No era así, y eso le fascinaba. Ver como contestaba uno a uno los insultos siendo tu el que quedabas como un estúpido y muy cabreado. Cuando aquellos ataques empezaron se dijo a si mismo que aspiraba a vencerle a que algún día el gemelo le dijese: “ Si soy un maldito traidor, e igual que un día aguanté tus golpes aguantaré tus insultos sin decir palabra”. Aunque sabía perfectamente que no era, ni mucho menos, así.

No le disgustaba su presencia, ni realmente desease su partida, sino que necesitaba, desesperadamente llamar su atención, no serle indiferente y que por una vez el geminiano se dejase ganar por el.

No soportaba que hablase con alguien que no sea él, o que el gemelo lo ignorase, quería hablarle, proponerle algo más pero no sabía como hacerlo fuera de la agresión, era su manera de comunicarse con el, aunque por ahora no le valiese muchos éxitos.

Bastaba que hablase con alguien que no fuese él enseguida iba a insultarle o a exigirle que se fuese llevado por los celos y la ira. Su intención era todo lo contrario, era que se quedase y que solo lo viese a él. Por eso cuando oyó de sus labios la frase tan pronunciada por los propios se asustó. Pensó que tal vez después de tanto repetirle que se fuese este lo estaba considerando de manera seria. Al fin y al cabo, nadie sabía porqué se había quedado, si nada le ataba al Santuario. La relación con su gemelo era fría y distante y el resto de compañeros o le atacaban o le ignoraban.

¿Porqué se quedaba entonces?

Tal vez era cierto lo que decían y se había enamorado de Saori a pesar de ser solo una niña, era difícil pensar que un hombre como Kanon estuviese siempre listo y a la orden de cualquier pequeño capricho de la consentida Diosa.



Al gemelo lo que le dolía no eran sus insultos, le dolía que fuese él quien se los dirigiera, por algún motivo Milo le hacía sentir algo y en su fuero interno maldecía ese sentimiento, ya que sabía que era eso y nada más lo que le ataba al Santuario. Se odiaba a si mismo por ir todas las semanas a recibir sus insultos, por quedarse solo para poder pasar todas las mañanas y noches por Escorpio y ver esos ojos que le quitaban el sueño, aunque sus labios acompañaran esa mirada con la palabra traidor. Sabía que Milo jamás le miraría, no le tocaría ni con pinzas.



Kanon se terminó el whisky, se despidió de su hermano y salió del local.

¿ Y si estaba en lo cierto y no volvía a verle más? A Milo le dolió el corazón al pensar en eso, no era posible que se marchase sin siquiera haberse acercado a él.

Salió detrás de él. Los caballeros que lo vieron marcharse imaginaron que se armaría una buena pelea, supusieron que ambos arreglarían su problemas solos, aunque si Kanon salía magullado tampoco les importaba mucho.



El gemelo caminó un buen rato hasta la entrada del Santuario, acabó en el Coliseo, se sentó en las gradas a mirar la arena, añoraba el combatir, extrañaba el Santuario marino, el único lugar que llegó a considerar su casa. Ahora no tenía a donde volver ni con quien luchar, era lo malo de las eras de paz, que los guerreros se aburren.



Oyó pasos tras de si y enseguida reconoció el cosmos de su portador. Milo. Un hastío comenzó a recorrerlo, a menos que quisiese pelea era mejor que se marchara de allí.



- ¿ Qué quieres bicho?



¿ Bicho? Aquello era una provocación! El escorpión respiró hondo, se había prometido a si mismo ser amable y confesar de una vez lo que quería e insultar a Kanon no era buena idea.



- ¿Qué haces aquí tan solo?



Se sintió estúpido en cuanto las palabras salieron de su boca. Ya conocía la respuesta.



- ¿ A ti que te importa?



Pues si, le importaba.



- Yo solo lo decía por empezar una conversación sin insultos.

- Una conversación. ¿ Tu y yo?... parece cuanto menos imposible. ¿ Porqué el magnífico Santo del Escorpión querría hablar con un traidor que debió irse?

- Es el día del marginado.



Eso había sido cruel, lo sabía. No lo había pensado cuando lo dijo, siempre hacía igual.



- Oye, lo siento. Solo quiero que nos llevemos bien.



Kanon le miró con una sonrisa irónica en los labios. De todos era sabido que Milo le odiaba a muerte. Aunque, pensándolo bien, no le perdonó la vida y ahora estaba allí intentando hablar.

La voz del escorpión sacó al gemelo de sus cavilaciones.



- ¿ Te vas a ir de verdad?

- Ah! Venías a confirmar la noticia. Ya decía yo que un cambio de actitud por tu parte era imposible, los bichos no tenéis la inteligencia suficiente para cambiar.



- La inteligencia ya te sobra a ti, aunque la usas más bien para traicionar Dioses.



Aquello era un golpe bajo. En la mirada de Kanon algo brilló pero giró la cabeza y cuando volvió a mirar al escorpión ese reflejo ya no estaba allí.



- Lo siento.

Eso si era nuevo, Milo disculpándose.



- No te he tratado muy bien, pero no es porque me caigas mal. Tu lealtad a Athena ya la demostraste. Es solo que...



“Soy un traidor”, pensó Kanon. Soy de lo peor y no merezco haber nacido...



- ¿ Qué?



Los ojos de Milo se clavaban en las verdes esmeraldas del otro, ni el sabía lo que deseaba decirle. No tenía claro lo que quería, no sabía si le quería, lo único de lo que su entendimiento tenía certeza era de que no quería que se fuese, de que esos labios carnosos debían ser suyos. No sabía como llamarlo si deseo o amor, pero se había convertido en una dolorosa obsesión el tener a Kanon entre sus brazos.



No sabía como decirlo con palabras y la gran cantidad de alcohol ingerida no ayudaba, así que hizo lo que realmente su corazón le dictaba a gritos. Acercó su rostro al de Kanon y agarrando su mandíbula con la derecha le dio un profundo beso, al principio esperó contestación aunque viendo que Kanon no se movía ni un solo milímetro apartó sus labios, quedando aún a escasos centímetros de la boca del gemelo.

Reír, llorar, dejar de respirar... el mayor no sabía que hacer. Ese era su sueño y se estaba haciendo realidad, pero la exaltación dio paso al pensamiento racional y entonces algo dejó de cuadrarle.

Kanon parpadeó, un segundo, después su rostro se puso rojo de furia y la respuesta a aquel beso fue un empujón que mandó a Milo a la arena.



- ¿Quién te piensas que soy? ¿ Un estúpido? Este repentino cambio de actitud es una mera burla. Cuando tu vas yo ya he vuelto niño. Todos los puñeteros insultos eran la muestra de que yo te gustaba, que bonito, digno de una telenovela.



Milo se sentó en la arena, iba a decir “ exacto” pero enseguida vio que las palabras de Kanon iban cargadas de rencor e ironía.

El gemelo seguía hablando aunque el escorpión ya no estaba escuchando, solo pensaba que Kanon, le estaba rechazando porque creía que le despreciaba. Sin que Milo percibiese aviso alguno, recibió un golpe en la cara que lo hizo salir de su ensoñación.



- ¿ Me estás oyendo, estúpido?



No aguantó más y empezó a llorar. Eso hizo que Kanon se parase y se pensase dos veces lo que estaba diciendo. ¿ Sería posible que...? A lo mejor si era verdad que lo había hecho todo para llamar su atención.



Se sentó ante él, viendo como las lágrimas rodaban por sus mejillas. Sintió una oleada de ternura hacia a aquel muchacho, siempre pensó que era el único que decía lo que pensaba a cerca de él y ahora resultaba que no lo hacía, solo que el pensaba lo contrario que el resto.

No pudo evitarlo y le abrazó, el menor se aferró a el como si fuese su vida y siguió llorando.

- No era necesario que me insultaras para llamar mi atención, de hecho creía que me odiabas.



Lejos de consolar , como era su intención, Kanon consiguió otra oleada de sollozos. Lo acarició y meció como si lo que tuviese en sus brazos fuese un chiquillo.



- Solo quería que supieses que tu ya llamas la atención por ti mismo... esos ojazos no pueden pasar desapercibidos.



Kanon se puso rojo, le parecía imposible ser él quien decía aquello.

Ahora fue el quien acercó el rostro para besar. Su contacto fue cálido, puro. No hubo ninguna duda en aquel beso que Milo, todavía entre lágrimas, contestó con ferviente devoción. Estuvieron un buen rato así, besándose, los labios las mejillas, el cuello. Esos contactos hicieron que el escorpión empezase a suspirar por más, deseaba fundirse con esa carne para siempre.

Milo se colocó a horcajadas encima de su amante, para poder besar su cuello arrancado de aquella garganta unos gemidos mi sugestivos.

Pronto comenzaron los roces de caderas, ya los dos estaban ardiendo. Kanon quitó la camiseta del otro dejándola tirada en la arena, y empezó a besar el suave pecho de Milo, primero despacio pero luego con una intensidad salvaje que hacía gemir al otro de una manera febril.

En aquel lugar podía verlos cualquiera, y se armaría un buen escándalo...

En aquel momento, ya sea por la excitación o por el consumo de alcohol en el caso del escorpión, no les importaba a ninguno.



Kanon tiró también su camiseta y empezó a desabrochar los vaqueros de Milo, lo bajó junto con la ropa interior y sin avisar se metió el tremendo miembro del otro en la boca y empezó a chupar.



Milo creía que acaba al instante, la frecuencia de las succiones aumentaba y sentía la lengua del gemelo jugar con su pene. Cuando creía que ya no aguantaba más Kanon paró, recibiendo un gemido de queja por parte del otro.



Finalmente el propio Kanon se quitó lo que le quedaba de ropa y empezó a jugar en la intimidad del escorpión que gemía al compás del movimiento de los dedos de su amante. Pronto estos fueron sustituidos por algo mucho más grande, que arrancó gemido a ambas partes.



Milo se movía frenético sobre Kanon mientras este los masturbaba, la frecuencia de las embestidas y el ritmo de la mano de Kanon aumentaron hasta que finalmente todo terminó con estrepitosos gemidos, que solo por casualidad no alertaron a los caballeros de guardia esa noche.



Ambos exhaustos se acurrucaron el la arena en el centro del círculo formado por sus prendas en la arena.



- Deberíamos irnos de aquí. Todavía nos van a pillar.



El escorpión se incorporó, no estaba muy conforme con desprenderse del calor de su lindo Kanon, pero él tenía razón, podían verlos.

Se vistieron y volvieron a sentarse en las gradas.



Kanon le abrazó, le había faltado decir algo que le comía por dentro.



- Milo... no lo he dicho, pero ¿ Sabes que te quiero, no?



Lo cierto es que en ese mismo instante el escorpión se lo preguntaba pero contestó simplemente que el también le quería.

Se fueron, abrazados de vuelta a géminis donde Milo pasó la noche.

La mañana siguiente fue dura, pues todo el mundo comentaba la repentina aventura que tenía aquellos dos. No se vio con muy buenos ojos pero tanto a Milo como a Kanon se la traía floja.

Desde entonces cuando algo salía mal, Milo le decía a Kanon a modo de chanza “ Debimos irnos”.
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