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OTORYKAEDE
Publicado: Vie Mar 21, 2008 8:43 pm Responder citando
Seiya Adicto Seiya Adicto
Registrado: 03 Feb 2008 Mensajes: 51

**********PRÓLOGO: “MISIÓN IMPOSIBLE”**********




Tras los múltiples combates, guerras santas y demás enfrentamientos que los Caballeros de Bronce, Plata y Oro se vieron obligados a mantener primero, entre ellos mismos y luego contra casi toda la familia en pleno de su “queridísima” Diosa Atenea (que hay que ver, qué familia tan violenta y que poco amistosa que es) por el noble y honroso propósito de proteger y salvar al planeta y a la humanidad en general, y a sus propios pellejos en particular, por fin a llegado una etapa de paz y bienestar que todos desean que sea larga e indefinida. No obstante, los Caballeros (sea del material que sea), son chicos duros acostumbrados a pelear y a batallar, no dejan de lado sus entrenamientos, por si las moscas.

Y como premio a tanto valor y sacrificio el Patriarca Shion y la srta. Saori Kido, es decir, Atenea en persona, pretenden “premiar” a sus “chicos”, pues todos han resucitado, haciendo más de uno la competencia al mismísimo Ave Fénix, con una Estancia de Hermandad en el Santuario para que todos los Caballeros participen en una especie de “Seminario Vacacional” el cual servirá para intentar hacer una retrospectiva del largo camino que se ha debido de seguir hasta llegar a la anhelada era de paz y bienestar que en estos momentos disfrutan.

En este “Seminario”, como en todos los seminarios, se tocarán temas muy interesantes escogidos hábilmente por Atenea y Shion en persona como, por ejemplo: la evolución personal de cada Caballero a nivel emocional, sus esperanzas y metas para el futuro, introducción a la meditación profunda y verdadera del Ser Supremo que habita en cada uno de nosotros para que nos sirva de guía en la vida, ¿quienes somos, de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos? Y, en definitiva, un largo etcétera de temas basados en el ámbito metafísico de la vida y la muerte, es decir, un auténtico y soberano TOSTÓN de Seminario. Y, es que, se diría que estos dos, en lugar de premiar a sus respectivos Caballeros, más bien tratan de hacer todo lo contrario. Incluso el más osado podría llegar a ver en este Seminario la ocasión perfecta de terminar con éxito lo que Poseidón, Hades, Apolo y compañía, intentaron en su día: acabar definitivamente y de una vez por todas con tan aguerridos y valerosos Caballeros pero, esta vez, de una forma más sutil, cruel y refinada: el ABURRIMIENTO, llevado a su máximo exponente.

Y así están las cosas cuando, Atenea en la mansión Kido y Shión en el Santuario, deciden poner en conocimiento sus planes a sus respectivos Caballeros, pero con la suficiente habilidad como para hacerlo el mismo día y a la misma hora: algo así como una “Misión Imposible”.

Desde luego, algo sospecharían esta pareja para actuar de semejante forma. Y en pocos minutos descubrirían que no andaban, en absoluto, descaminados al comprobar las reacciones de los Caballeros.

Si tenemos en cuenta que después de tanta batalla y de que todos los Caballeros vuelven a disfrutar de una nueva vida ¿qué clase de reacción tendrán los chicos? ¿Estarán de acuerdo en ir al Santuario para asistir a ese “Seminario”, en lugar de irse de vacaciones (unas vacaciones ganadas a pulso)? Desde luego no todos los Caballeros responderán de la misma forma ante la decisión de sus respectivos superiores, sobre todo los que poseen un carácter más antisocial como, por ejemplo, un pajarillo al que le gusta volar muy a menudo en solitario… je,je,je… pobre Fénix, este “Seminario” le va a traer más problemas de los que se haya podido imaginar en su corta pero agitada vida…

Estas y otras preguntas tendrán respuesta en los siguientes capítulos… Espero que les gusten.




CONTINUARÁ…



Editado por OTORYKAEDE, Martes, 12 de Diciembre de 2006, 18:46




Capítulo 1: el “Seminario”.










Ikki se encontraba feliz y radiante, cosa poco habitual en él: por fin se habían acabado todas aquellas estúpidas guerras, había paz y la época de vacaciones había comenzado.

Aquel día se había levantado un poco más tarde de lo habitual pero ¿qué importaba? Él siempre era el primero en levantarse en la Mansión Kido y, por una vez, el mundo no se iba a acabar. ¡Pobre ingenuo! Pronto entendería que había cometido un error fatal…

Ikki bajó las escaleras para dirigirse a la cocina, tenía hambre. La enorme alegría contenida en su pecho le hizo entrar en el gran comedor con una deslumbrante sonrisa en su rostro… asustando a todos los presentes. Allí estaban sentados, alrededor de la mesa, casi todos los caballeros de Bronce charlando entre sí, algunos de ellos con tazas de té o café entre sus manos y con un cierto aire de preocupación en el rostro. Pero eso al Fénix le trajo sin cuidado, nadie, absolutamente nadie sería capaz de arruinarle SU día, ese día tan ansiosamente esperado.

Al entrar y verlos a todos allí reunidos tan sólo se limitó a saludarles el día:

- Buenos días –dijo sin más-.

- Buenos días –saludaron a coro casi todos los presentes-.

- Buenos días, niisan –saludó un Shun muy sonriente-.

- Buenos días, otouto ¿has dormido bien? –Ikki se acercó a su hermano y, como era su costumbre, le besó en la frente dulcemente-.

- Muy bien, niisan. Te veo muy contento esta mañana.

Ikki no dijo nada y se limitó a sonreír a su hermanito dirigiéndose, acto seguido, hacia la cocina.

Seiya, medio adormilado aún, aunque ya hacía un par de horas que estaba en pie, levantó el rostro al ver pasar a Ikki y haciendo una extraña mueca le pregunta al Fénix:

- Hola Ikki ¿a quién acabas de incinerar para que te veas tan alegre?

- Ja –rió el aludido sin detenerse y contestando a su interlocutor por encima de su hombro mientras continuaba su camino hacia la cocina- no creas que tus estúpidas bromas me van a molestar HOY pony.

Ikki había remarcado mucho ese HOY.

Todos los presentes se miran intrigados.

- ¿A qué se refiere tu hermano, Shun? –pregunta un Hyoga intrigado a su “amigo”-.

Shun sonríe pícaramente, pero no dice nada. El caballero de Andrómeda conoce a la perfección los planes de su hermano pero no piensa decírselo a nadie, le había dado su palabra a su niisan y la cumpliría, aunque fuese el mismo Hyoga quien se lo preguntase, su amigo más cercano, su amigo más “íntimo”, en todos los aspectos.

Ikki entra en la cocina y se prepara un espléndido desayuno a base de tostadas con mantequilla y mermelada de fresa, zumo de naranja, un tazón con leche con cacao y galletas y una taza de café. Cuando entra de nuevo en el comedor con semejante banquete, Hyoga se ríe de él:

- Ikki, si sigues comiendo de esa manera, te vas a poner como un globo aerostático, je, je, je.

Shun da un codazo de reprobación en las costillas del Cisne.

Todos se giran para ver al Cisne tirado en el suelo en medio de un charco de sangre, pero Ikki se limitó a contestar:

- Ganso idiota ¿no sabes que el desayuno es la comida más importante del día?

Todos se quedan anonadados, mientras el Fénix continuaba desayunando tranquilamente.

- De la que se ha librado –comenta por lo bajo Seiya-.

Shiryu lo mira fijamente y se decide a preguntarle:

- Ikki ¿Qué es lo que pasa hoy?

El Fénix sonríe ampliamente antes de contestar:

- HOY es el día en que comienzan MIS vacaciones –responde satisfecho el peliazul-.

- ¿Es que no vas ha venir con nosotros? –pregunta el Pegaso-.

- No.

Los ojos de su otouto se clavan en los de su niisan como dagas afiladas.

- …por ahora –rectifica rápidamente el Fénix al ver la mirada de su hermano-. Primero me iré unas semanas a un confortable, apartado y solitario volcán. Después –su voz sonaba con algo de desgana- me reuniré con vosotros en donde sea que hayáis tenido la mala y absurda idea de ir.

Shun sonrió ampliamente ante aquella respuesta. Al parecer su niisan cumpliría su palabra. “Genial –piensa el peliverde-. Estas sí serán unas verdaderas vacaciones. Unas semanas tranquilas con Hyoga, completamente a salvo, y después con mi niisan. Todo ha salido como yo quería.”

Al parecer Andrómeda se estaba convirtiendo en un verdadero “manipulador”, pero siempre en el mejor sentido. Shun conocía a su hermano demasiado bien como para saber que no era persona que aceptara demasiado bien las relaciones entre hombres. En otros casos Ikki hacía la vista gorda como en el caso de Seiya y Shiryu, los cuales eran pareja desde hacía unos meses, pero en lo que se refería a su querido otouto, el caballero de Andrómeda sabía que eso resultaría del todo punto imposible, y más tratándose de Hyoga. De todos era conocida la “rivalidad” existente entre ambos caballeros los cuales eran tan opuestos como los elementos que representaban sus propias armaduras: el hielo y el fuego. Por lo consiguiente, Shun se vio obligado, por las circunstancia, a trazar un deliberado e inteligente plan, el cual había dado sus resultados: Andrómeda permitiría a su niisan, no sin visibles muestras de profunda congoja, irse unas cuantas semanas a un volcán (el lugar preferido por el Fénix para irse de vacaciones) en una absoluta y completa soledad, a cambio de que después se reuniera con él y con los demás para continuar las vacaciones todos juntos. El Fénix encontró aceptable y justo el trato de su hermano pero sin saber, exactamente, qué era lo que su otouto se traía entre manos y es que, si Andrómeda conocía a su hermano, Ikki no se quedaba atrás con su otouto, y se había dado cuenta de que “algo” pasaba. Pero no le dio importancia, por ahora, lo único que le interesaba era alejarse unas semanas de aquella casa de locos, más adelante, cuando volvieran a reunirse ya se enteraría él de lo que pasaba. “Palabra de Fénix –pensó Ikki en su momento-. Sé que algo pasa y acabaré por enterarme, hermanito”.

- ¡Pues vaya idea tan absurda! Irse a un volcán de vacaciones en pleno verano –murmuró el Cisne pero lo suficientemente alto como para que lo pudiera oír el Fénix-.

- No tanto como irse en pleno invierno a Siberia, pato estúpido –contesta el peliazul algo molesto-.

- Pues yo creo que ambas cosas son absurdas –concluyó Seiya-.

- Mira quien fue a hablar… el total y completo absurdo reencarnado en una mula voladora…

Jabu, el caballero del Unicornio, entra en esos momentos interrumpiendo al Fénix, el cual, pese a lo dicho anteriormente, ya le estaba comenzando a hartar el Pegaso y eso que tan solo habían intercambiado un par de frases. Al parecer, SU día estaba empezando a oscurecerse…

- ¡Eh chicos… ya viene, ya viene! –susurró-.

- ¿Quién viene? –preguntó el peliazul, algo intrigado al ver la actitud del Unicornio-.

- Saori, ¿quién si no? –contesta Seiya, algo desanimado-. ¿Por qué crees que estamos todos aquí?

- Al parecer tiene algo que contarnos, niisan.

- Y debe de ser importante –añade el Dragón-. Ha pedido que la esperáramos aquí… todos –finaliza el pelilargo con intención-.

- ¿Y eso que tiene que ver con migo? –pregunta un Ikki algo inquieto, su 7º sentido se pone alerta-.

En esos momentos Atenea hace acto de presencia con una espléndida sonrisa al comprobar que TODOS sus caballeros la estaban aguardando.

- Buenos días muchachos ¿estamos ya todos? –la pelimorada recalca sutilmente ese ya, observando a Ikki, que seguía comiendo como si nada y a Jabu, al parecer el espía de los de Bronce-.

- Buenos días, Saori –responden los caballeros a coro, excepto Ikki, que sigue comiendo-.

- ¿Sucede algo malo, Saori? –pregunta el Dragón muy respetuoso y algo preocupado-.

- Nada, Shiryu. Esta pequeña reunión es para darles una muy buena noticia, no se alarmen.

Esas palabras actúan como un bálsamo para todos los asistentes, los cuales, entre suspiros de alivio y alguna risa floja se relajan por completo… excepto Ikki, que continúa comiendo.

Al ver a los chicos más relajados Atenea prosigue:

- Como iba diciendo les traigo una muy buena noticia, una estupenda noticia… bueno yo diría que es una noticia excelente –concluye con una sonrisa de total felicidad-.

Los chicos se miran unos a otros con algo de escepticismo bien solapado. Los caballeros conocían muy bien a su Diosa como para temer aquellas palabras. Incluso Ikki había levantado la vista de su desayuno para posar su mirada sobre su Diosa pero, por lo demás… continúa comiendo. Al parecer, por ahora el mundo del peliazul tan sólo gira, única y exclusivamente, en torno a su desayuno; un desayuno el cual ya casi había devorado por completo.

La pelimorada mira el reloj de pared que cuelga de una de las paredes del gran comedor, pero no dice nada. Parece que esta expectante. Los chicos la imitan, incluso el Fénix… mientras continúa comiendo. Son las 11.58 de la mañana de un soleado, caluroso y pacífico sábado del mes de Julio.

Ante el silencio general y la cara de tonta que se le ha quedado a Saori con aquella estúpida sonrisa en el rostro, Shiryu, disimuladamente, le hace señas al Pegaso para que diga algo, lo que sea (bueno, tanto como eso no pero, de todos es sabido, la peculiar predilección de la pelimorada por el Pegaso). Éste, a regañadientes, pregunta con cautela, con mucha, mucha, mucha cautela:

- Y… ¿de qué se trata… Saori?

- Ja,ja,ja,ja –ríe por lo bajo, tontamente, ocultando parcialmente su risa con una de sus manos, en un ademán cursi, cursi, cursi, el cual, provoca que a algunos de los muchachos se les ericen los bellos de la nuca-. Es una sorpresa, Seiya –finaliza, sin más-.

Todos los caballeros vuelven a mirarse entre sí. Shun mira a su hermano con ojos interrogadores y el peliazul se encoge de hombros, al tiempo que introduce en su boca el último bocado de su desayuno.

Hyoga se dirige a Saori, con bastante tacto:

- ¿Qué clase de sorpresa es esa, Saori?

Ésta lo mira y, de nuevo, mira al reloj: son las 11.59.

- Una que os va a agradar… enormemente.

Un nuevo silencio. Al parecer la Diosa no quería soltar prenda. Nuevas miradas se pasean entre los caballeros a la espera de que la pelimorada se decida, al fin, a contarles su “sorpresa”, la cual comenzaban a temer seriamente.

El Fénix que, para entonces se dedicaba a disfrutar de su café, se estaba impacientando ante tanta charada por parte de su Diosa y, al mismo tiempo que su desayuno, su paciencia, la cual no era precisamente algo elevada, había llegado a su fin y, con cierto tono molesto se dirige a la pelimorada:

- ¿De qué diablos estas hablando, Saori? ¿Tienes algo que decirnos, si o no?

Todos miran al Fénix con cierto aire recriminatorio pero, a la vez, con cierto alivio: al fin alguien se había atrevido a intentar esclarecer aquel estúpido juego que la pelimorada se llevaba entre manos.

Saori pareció no darle importancia al tono del Fénix, tan solo miró de nuevo el reloj y esta vez su sonrisa se hizo espeluznantemente más amplia: eran las 12.00 de aquel sábado de Julio que quedaría grabado en los anales de la historia de la Mansión Kido.

- Sí muchachos, he de decirles algo sumamente importante y que sé que os gustará mucho: el Patriarca Shión y yo hemos decidido celebrar un encuentro entre los Caballeros Dorados y de Bronce en el Santuario, en el marco de un “Seminario Vacacional”.

Atenea pareció extasiada después de haber soltado, por fin, la fabulosa noticia, según ella pensaba.

Los pobres caballeros no daban crédito a lo que oían. Ikki desparramó todo el café que acababa de beber sobre la mesa a la que se hallaba sentado, manchando y salpicando a algún que otro caballero y alguna que otra Diosa.

- ¡¡¡¿¿¿QUÉÉÉ???!!! –exclamó un Ikki furibundo, levantándose de golpe de su silla haciéndola caer detrás suyo, por la violencia del movimiento-.

Pero esto no intimidó en lo más mínimo a la pelimorada.

- Sem… Seminario ¿qué…? –tartamudeó el Pegaso-.

- Va-ca-cio-nal –recalcó la Diosa, algo molesta por la ¿fría?, no. ¿Helada?, tampoco. ¿Congelada?, sí. Eso se aproximaba más a la acogida de sus palabras por parte de los de Bronce-.

- Pero, pero… Saori –el Dragón intervino con su habitual calma-. Todos nosotros habíamos decidido ya nuestras vacaciones. Las reservas…

Atenea no dio importancia a ese pequeño “detalle”.

- Eso no importa. Después de tantas y tantas batallas, los caballeros de Oro y los de Bronce tan solo se han conocido y tratado en un ambiente de lucha y guerra, siendo camaradas de armas en el campo de batalla. Ahora el Patriarca y yo hemos decidido que sería buena idea que os conocierais más a fondo y en un ambiente más relajado.

- Pero, si ya nos conocemos… -apuntó un Hyoga, algo cohibido, por la mirada amenazante de su Diosa-.

- Eso es cierto… -apuntó, un no menos atemorizado Seiya-.

- Pues yo no iré –dice sencillamente el Fénix, una vez recuperado de su sorpresa-.

- Perdona… ¿qué acabas de decir?

Atenea echaba chispas por los ojos.

- Que-no-pi-en-so-ir. –recalca el peliazul, irguiéndose y apoyando sus manos en ambas caderas, en actitud retadora-.

- Eso ya lo veremos… -Atenea no se amilanaba-.

- Llevo varios meses planeando MIS vacaciones…

- Los planes han cambiado –le corta sencillamente la pelimorada, aumentando aún más la furia del Fénix-.

- ¡¿Cómo que los planes han cambiado?! Tú misma me diste permiso para irme… incluso Shun está de acuerdo.

- Es cierto Saori –le apoya el peliverde-. Mi niisan y yo hemos llegado a un acuerdo y…

- No se trata de eso, Shun –responde Atenea adivinando la intención de Andrómeda-. Pero me alegra que el descastado de tu hermano al fin piense en alguien más que no sea él mismo.

Todos se quedaron blancos de asombro en aquella habitación. Jamás habían oído hablar a su Diosa de semejante modo. Y no era para menos, hasta ahora todo lo que salía por la boquita de la Diosa era cumplido fielmente, sin quejas ni excepciones. Pero ahora, ahora estos muchachos se atrevían a cuestionar los deseos de la mismísima Atenea y del Patriarca del Santuario, y eso era algo que la pelimorada no estaba dispuesta a tolerar.

La voz del Fénix se dejó oír de improviso y en un tono que hubiera hecho temblar hasta al mismísimo demonio:

- ¡¡¡¿¿¿QUIÉN ES UN DESCASTADO ESTUP…???!!!

Pero la mano del Dragón tapó a tiempo la boca del Fénix… a tiempo de que el Ave de Fuego pudiera decir algo ligeramente “descortés”.

- Saori, creo… creo… que te estas…

Shiryu no se decidía a terminar la frase mientras aún forcejeaba con el Fénix, el cual, echaba chispas por los ojos. Todos sabían como era Ikki… pero también sabían las veces que había arriesgado su vida, incluso la había perdido, para ayudar a su hermano y amigos. Aunque eso él jamás lo reconocería, su estúpido orgullo no le permitiría demostrar ese tipo de sentimentalismo.

Atenea miró fijamente al Dragón, y éste tembló ligeramente al oír de nuevo la voz de su Diosa con un claro tono de impaciencia en su voz:

- Que estoy… ¿qué, Shiryu? Venga, habla.

- Creo que te estas pasando –contestó al fin-. No solo Ikki había echo planes… los demás también.

Todos los caballeros asintieron y algunas exclamaciones en apoyo al Dragón se dejaron oír, algunas más que otras.

- Eso… eso… Ikki y Shiryu tienen razón – exclamó un Seiya algo fanfarrón pero que es silenciado rápidamente por una mirada furibunda de su Diosa-.

Pero ¿qué era todo esto? ¿Qué se supone que estaban haciendo estos caballeretes? ¿Una rebelión? ¡Como se atrevían a desobedecer una demanda… una demanda que no una orden de su Diosa! Desde luego que no estaba dispuesta a consentirlo. Además nadie le iba a privar del gustazo que se iba a llevar al asistir al Certamen de Moda Europea que se iba a celebrar en Grecia por aquellos días ¡que casualidad más casual! Y al cual asistirían los mejores modistos de Francia, Italia o España, por nombrar a algunos de los participantes. Éste, pues era el motivo por el cual a la pelimorada le interesaba tanto realizar aquel “Seminario Vacacional” por aquellas fechas. ¡Que motivo tan noble por su parte! Y como la niña caprichosa que aún no había dejado de ser y como que no le gustaba viajar sola, pues nada, ¡llevémonos a todos los caballeros de Bronce como acompañantes!

- Lo siento mucho muchachos pero ya esta decidido TODOS, y digo TODOS acudirán al Santuario. Mañana saldremos para Grecia en el avión privado de la Fundación. Y no quiero oír ni una sola queja más. Y tú, Ikki, serás el primero en subir a ese avión. ¿Me has entendido?

El Fénix ya se había soltado de la tenaz presión que Shiryu había ejercido sobre él.

- Ja, ni lo sueñes –al parecer el Fénix no daba su brazo a torcer tan fácilmente-.

La pelimorada tampoco se quedaba atrás y, aunque comprendía perfectamente los motivos de los chicos para negarse, no sucumbiría en el combate: ¡peores batallas y adversarios había tenido que lidiar la Diosa Atenea!

- Asistiréis a ese maldito Seminario y no se hable más. ES UNA ORDEN.

- Pero… pero… ¡no es justo! –tartamudeó un descolocado Fénix-.

Al parecer la pelimorada había ganado la batalla, pero no la guerra. El que les obligara a asistir a ese estúpido, asqueroso, aburrido, etc, etc, etc, seminario de pacotilla no significaba que tenían que “colaborar”, precisamente.

- Bueno. Una vez que todo quedó aclarado, me marcho. Seguro que tenéis que preparar vuestras maletas. Hasta luego, chicos.

Y sin decir más, Atenea se da media vuelta y se marcha, dejando a un nutrido grupo de caballeros confundidos, asqueados y enormemente enfadados, sobre todo uno que no coge en sí debido a su rabia contenida y que, en cualquier momento, puede estallar de la forma menos insospechada.

- ¡Maldita sea! Hoy no debería de haberme levantado de la cama… mejor dicho… tendría que haberme levantado al amanecer, como hago siempre. –bufó un Ikki muy, pero que muy enfadado-.

- No te quejes tanto –exclama el Cisne, también muy contrariado por la perspectiva de no disfrutar de su “amigo” en paz y calma-. No eres el único que tenías planes…

- Oye, tú no te metas en lo que no te importa, rubio de pacotilla.

- Cállate pollo desplumado, yo tenía planes y también me los han jorobado…

- ¿Qué me has llamado, rubio oxigenado? –replica un Fénix amenazante, elevando un poco su cosmos-.

- No me amenaces, pajarraco… -le contesta el Cisne imitándolo-.

- Maldito plumífero congelado…

- ¡Basta ya! –grita un Shun exasperado por la tonta discusión-. A todos nos han fastidiado pero no podemos hacer nada, tan solo obedecer y ya está.

- Para ti es fácil decirlo –salta un Seiya, algo enfadado-. Shiryu y yo habíamos echo planes y teníamos las reservas de un hotelito muy romántico…

El Dragón no puede menos que sonrojarse intensamente por semejante declaración de aquel bocazas ¿era necesario que lo proclamara a los cuatro vientos?

- Tan solo Shiryu es tan tonto de acompañarte –exclama Ikki-.

- ¿Qué quieres decir con eso? –pregunta un Dragón molesto-.

- Nada… nada… amor. Ikki está bromeando.

- No estoy bromeando –ataja el peliazul, molesto por que alguien se ha atrevido a poner palabras no dichas en su boca-.

- ¿A qué te refieres, Ikki? –el Dragón esta cada vez más interesado, sobre todo, al ver el creciente nerviosismo del Pegaso-.

Shun no deja de mirar la escena algo apenado por aquella tonta discusión.

- Vamos, dejadlo ya.

- Eso, eso. Dejadlo ya… -el Cisne interviene con visibles muestras de nerviosismo-.

El Pegaso esta cada vez más nervioso e intenta llevarse al Dragón fuera de allí.

- Venga, vamos, Shiryu… -el Pegaso tira de la manga de la casaca de su novio-.

- No me iré hasta que Ikki no me aclare a qué se esta refiriendo…

- ¿A qué me estoy refiriendo…? –el peliazul parece no comprender y, dirigiéndose a Seiya le dice-. Me dijiste que se lo habías dicho y que te había perdonado, ¿no es cierto?

El nerviosismo sacudió aquella habitación como una descarga eléctrica de gran voltaje. Por un lado, Seiya tiraba de Shiryu en una dirección y, por otra, el Cisne había comenzado a hacer lo propio de Andrómeda.

- Vamos, Shun, esto se va a poner feo. Vámonos.

El Dragón miró a Seiya con una mirada interrogante:

- ¿Qué era lo que tenía que perdonarte, Seiya?

- Nada… nada… amor.

Pero el Pegaso no sabía mentir y el Dragón notó que su amor le ocultaba algo.

- Parece que el mentir es algo habitual en ti, ¿no pony? –sentenció un peliazul malintencionado-. A mí también me has mentido.

El Pegaso no sabía donde meterse. Estaba sudando copiosamente y sus ojos se movían rápidos en busca de una excusa, de una buena excusa.

- ¿Seiya? Estoy esperando –la voz del Dragón sonó dura-.

El peliazul miraba con interés aquella escena, al parecer Seiya no le había explicado a su “amor” lo que él mismo le había visto hacer con el Cisne hacía tan solo unos días. Tras los cuales el mismo Seiya le había contado a Ikki que lo había solucionado todo con su “amor”, y que todo estaba bien. El Fénix no le dio mayor importancia al asunto en cuestión pero, por lo que se veía ahora en aquella habitación, Seiya no había sido del todo franco ni con su “amor”, ni con él. Pero en fin, a él eso no le importaba en lo más mínimo. El tema había surgido de la manera más tonta; él no sabía que el pony había preferido callar ante su “amor” y él no tenía por qué estar enterado de todas sus idas y venidas amorosas. Eso era un problema exclusivamente de aquel facilón de Seiya. El peliazul se limitó a contemplar la escena.

El Pegaso ante la insistencia del Dragón se vio obligado a confesar su delito:




CONTINUARÁ…
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OTORYKAEDE
Publicado: Vie Mar 21, 2008 8:47 pm Responder citando
Seiya Adicto Seiya Adicto
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Capítulo 2: “Dos por el precio de una… “


- Pues… verás –comienza a hablar el Pegaso sin demasiado convencimiento- el otro día, yo y… y…

- ¿Y qué? –atajó el pelilargo-.

- Y… otra persona nos besamos –al ver la reacción de su novio, Seiya se apresura a decir- pero, no fue nada serio. Shiryu… te lo prometo… yo, te amo.

El rostro del Dragón se oscureció por la sombra del dolor.

- ¿Cómo… cómo, pudiste? –soltó Shiryu con lágrimas en los ojos-.

- Te lo puedo explicar… todo… -intentaba hablar el Pegaso-.

- ¡Qué explicación me vas a dar, Seiya! Yo confié en ti… pese a todo… confié en ti.

Las lágrimas del pelilargo surcaban sus mejillas a raudales. Shiryu conocía la “ligereza de cascos” (una persona irreflexiva, N.A.) del Pegaso y lo voluble que era en cuestión de chicos, pero llegó a creer que con él sería diferente, que lo respetaría. Sin embargo, el amor que el Dragón le ofreció al Pegaso, un amor puro y primerizo, al parecer no fue suficiente.

- Shiryu, por favor… te lo puedo explicar –seguía insistiendo el castaño- …sólo fue un beso…

- No seas hipócrita, pony –intervino el peliazul-. ¡Pero si casi le metes la lengua hasta la campanilla, al rubio!

Seiya taladra al Fénix con la mirada ante aquellas palabras.

- Ikki ¿por qué no cierras de una vez el pico?

El peliazul ni se inmuta ante esta amenaza y contesta en tono de burla.

- Perdona, chaval, pero en esta situación te has metido tu solito.

- El… rubio –tartamudea Shiryu y, girándose hacia el Cisne- ¿Tú… Hyoga?

El aludido no sabe dónde meterse. Todos los ojos están fijos en él, aunque hay unos cuya mirada es más dolorosa que mil muertes.

- Hy… Hyoga…

Murmura un Shun completamente incrédulo.

- Shun… Shuny… te lo puedo explicar…

Es entonces, al escuchar esta corta frase, cuando las alertas antimisiles, las sirenas y las luces rojas, se instalan en el cerebro del Fénix, todas a la vez.

- ¿Qué tienes tú que explicarle a mi hermano, grajo del demonio?

Aquella enorme habitación se había caldeado en cuestión de segundos, como si de un volcán se tratase, un violento y peligroso volcán a punto de entrar en erupción.

- Yo… yo –tartamudeó un asustado Hyoga al verse enfrentado, esta vez, a los dos hermanos a un tiempo-. Pue-puedo explicarlo…

- Shun ¿dime qué está ocurriendo aquí?

Andrómeda se sobresaltó al oír, la no muy amistosa voz de su hermano. Lo que minutos antes parecía que iban a ser las mejores vacaciones de su vida, se había transformado en la extraña calma que precede a la tormenta: por un lado Hyoga, la persona por la cual desde hacía unas semanas había comenzado a sentir algo muy especial, algo mucho más fuerte que la amistad o el simple cariño entre amigos, algo como… ¿amor? Y que, sorprendentemente, le había correspondido a sus sentimientos, se la había “pegado” (ser infiel, N.A.) a las primeras de cambio. Y, por otro lado, su niisan, la persona a la que tanto quería, respetaba y a la que tanto debía… y a la que había manipulado, mentido y ocultado algo tan importante como su reciente descubierta orientación sexual. Aquella situación escapaba del control del joven caballero.

- ¡¡Shun…!!

La voz del peliazul sacó al peliverde de sus angustiosas reflexiones.

- ¡No le grites! –intervino el Cisne, interponiéndose entre los dos hermanos-.

El peliazul apartó al Cisne de un empujón de su camino, el cual, afortunadamente para él, cayó sobre un sillón cercano. Lo más importante para el Fénix en aquel momento era descubrir, de boca de su propio hermano, qué narices estaba ocurriendo allí, más tarde, ya obtendría más información del pato, en persona y… a solas.

Ikki agarra a su hermano por los hombros y, ante el silencio de éste y su mirada baja, lo zarandea para hacerle reaccionar.

- Shun… te he hecho una pregunta. ¿Quieres hacer el maldito favor de contestarme?

Los nervios del Fénix no estaban muy calmados que digamos, muestra de ello era la palpitante vena que latía en su sien izquierda.

El pobre Andrómeda comenzó a temblar compulsivamente y no pudiendo retener por más tiempo el llanto, éste sale de sus dos esmeraldas en las que se reflejan todo el dolor y el sufrimiento que en esos momentos azotan a su dolido corazón mientras eleva su mirada para, atemorizado, encontrarse con la furiosa de su hermano.

Al verlo llorar de ese modo tan desconsolado, Ikki suaviza un tanto sus facciones mientras le pregunta con voz menos estridente:

- Shun… ¿qué te…

Pero no puede finalizar la pregunta, Andrómeda se ha refugiado en el pecho de su hermano llorando aún más desconsoladamente.

- Ni… i… san… -tartamudea un acongojado peliverde-.

El Fénix lo único que puede hacer por el momento es abrazar a su hermano.

- Otouto –dice dulcemente, besando la frente de su hermanito- no llores, por favor…

Ikki no deja de acariciar la verde y sedosa melena de su hermano.

- Vamos, tranquilízate…

El llanto de Andrómeda parece que va disminuyendo pero al joven caballero aún le resulta imposible enfrentar la mirada de su hermano mayor.

Seiya, viendo la actuación del peliazul, intenta imitarle queriendo abrazar a su vez al lloroso Dragón.

- ¡No me toques! –exclama el pelilargo muy furioso y, mirando al Cisne, al cual también le resbalan unas lágrimas por sus mejillas, espeta al Pegaso-. ¡Ve a consolar a Hyoga!

- Pero… mi Dragón…

- Yo no soy tu Dragón… y no sé si alguna vez lo he sido, al menos, para ti.

Ese comentario hace que el Fénix vuelva a fijar su “mirilla láser”, instalada en sus centelleantes ojos, sobre el Cisne.

- ¿Qué le has hecho a mi hermano, depravado?

- Yo no soy un depravado –contesta un Cisne entre apenado y ofendido-.

- ¿Ah, no? ¡Entonces me podrás explicar el por qué mi hermano se encuentra en este estado!

- Todo este lío lo ha comenzado Seiya –se defiende el Cisne algo cobardemente, ante la mirada asesina del Fénix-.

- ¿Qué yo… qué?

Un tembloroso Seiya da unos cuantos pasos hacia atrás ante las miradas, no muy amistosas, de todos los presentes.

- ¡Eso no es justo! –se defiende-.

- Seiya yo… yo… no quiero saber nada de ti…

Y el Dragón se marcha corriendo, no pudiendo soportar por más tiempo el dolor y el desengaño que oprimen su corazón.

El Pegaso, ni corto ni perezoso, sale en pos de su “amado”.

- Shiryu… Shiryu…

El peliazul se queda mirando la escena de “persecución por amor” y con un tono de hastío, comenta:

- ¡Estúpidos niñatos! Y pensar que esos dos han enfrentado tantas y tantas batallas ante atroces y despiadados enemigos y ahora, a las primeras de cambio, se van corriendo llorando como un par de niñas. ¡Dioses! ¿Eso es lo que ser gay provoca en los Caballeros de Atenea, el convertirse en niñas lloronas? ¡Par de “maricas” sin agallas!

Andrómeda, al oír aquellas palabras, no puede evitar que su llanto surja con más fuerza. La posibilidad de que su niisan lo aceptase tal y como era, parecía haberse esfumado.

El peliazul observa la reacción de su hermano y eso le recuerda que todavía tiene que aclarar con él ciertas “cosas”.

- Otouto, vamos, deja de llorar y mírame…

Andrómeda se resiste, la vergüenza, el temor y el dolor le impiden acceder a la petición del peliazul.

Éste separa un poco a su hermano de sí mismo y le obliga a alzar la barbilla para que sus miradas se encuentren. La expresión insólitamente tierna y dulce que el peliverde encuentra en los ojos de su hermano le da fuerzas para hablar. Quizás no esté todo perdido (¡¡ingenuo!!).

- Ni-niisan… yo…

- Tranquilízate Shun, y explícame por qué te has puesto así. ¿Tiene todo esto algo que ver con ese paja… digo, con Hyoga?

El astuto Fénix había cerrado la trampa alrededor de su otouto, con tiernas palabras le haría hablar. En realidad, no le gustaba utilizar ese tipo de artimañas con su hermano pero “en circunstancias desesperadas… medidas desesperadas”.

El inocente peliverde se limita a asentir bastante más tranquilo, ante la sosegada reacción de su hermano.

Ikki, que no era tonto (aunque sí muchas otras cosas), ya se había imaginado algo así pues, en las últimas semanas, había notado que su otouto y el ganso siempre andaban de un lado para otro, aunque no le dio mayor importancia, al fin y al cabo, estaban en tiempos de paz y era normal que los chicos se divirtieran y disfrutaran de la vida. Pero, aún y así, su 7º sentido le había avisado de que todo aquello no era tan “inocente” como parecía. Sin embargo, no era lo mismo sospecharlo que acabar de recibir una confirmación explícita y categórica por parte de su hermanito. El Fénix tuvo que contenerse de una forma extraordinaria para no saltar sobre el ganso y asarlo allí mismo. No, todavía no podía darse esa satisfacción. Tenía que conocer todos los detalles aunque, no estaba seguro, si en realidad estaba preparado o quería conocerlos. La idea de que su inocente e ingenuo otouto se pudiera convertir en… en un… (un escalofrío recorre la espalda del Fénix al pensarlo) en un “mariposón”… un “marica”… un gay o, peor aún… ¡en alguien parecido a Seiya!... le ponía los pelos de punta. ¿Y todo gracias a quién? a ese estúpido, imbécil, idiota, atontado, necio, cretino (el peliazul se estaba quedando sin adjetivos), de rubio oxigenado… y para colmo, ruso.

“Bueno, calma –se dijo mentalmente el Fénix, al notar que la sangre le comenzaba a hervir- antes de “chamuscarlo” para toda la eternidad, debo de conocer todos y cada uno de los nauseabundos detalles (una mueca de asco aparece en el rostro del peliazul). Quién sabe, todavía no esta todo perdido”. (Qué conmovedor, los dos hermanitos piensan lo mismo y es que “la esperanza es lo último que se pierde”).

Por su lado, el Cisne tan sólo puede contemplar la escena entre los dos hermanos esperando cuál de los dos le sacudirá primero. El miedo, los remordimientos y la pena, le están matando. Le gustaría coger de la mano a aquel ángel de ojos verdes y explicarle toda aquella absurda situación… ¡Oh, Dioses! ¿Por qué tendría que haber sido tan tonto? ¿Por qué tuvo que seguir los estúpidos consejos de un estúpido Seiya, de un alocado que lo único que tiene dentro de aquella enorme cabezota cubierta de pelo es un pequeño y diminuto cerebro hecho papilla por tantos y tantos golpes como había recibido en el pasado?

El Cisne se encontraba totalmente hundido sin saber a qué temer más, a la furia desatada e incontrolable del Ave Fénix o a la mirada llena de pesar de su amado “niño”… como a él le gustaba llamarle.

Hyoga suspiró profundamente atrayendo, involuntariamente, la atención de ambos hermanos.

El peliazul le mira por unos instantes y luego a su hermano y descubre, en los lagrimosos orbes de éste, el desengaño, la tristeza y el despecho.

- Shun… -comienza a hablar dulcemente el peliazul- ¿tú y Hyoga… tenéis algún tipo de… relación más fuerte que… que la amistad?

Al Fénix le quemó la lengua al tener que pronunciar semejante pregunta. Todo aquello lo estaba sobrepasando, le parecía una situación tan… tan irreal. Jamás pensó que tendría que mantener semejante conversación con su otouto, con su tesoro, con su pequeño niño, con su ángel. Por lo tanto y, “haciendo de tripas corazón”, intentaría averiguar por todos los medios a su alcance quién intentaba corromper (según el paranoico Fénix) a aquel representante de la pureza, en todos los sentidos.

- Sí –admitió el menor con gran aplomo-. Yo… yo pensaba decírtelo… niisan, pero… tenía, miedo.

- ¿Miedo… dices?

El peliazul continuaba con la misma táctica de sonsacar todo lo posible a su hermano y, al hacerlo, éste le saltaba con el ¡miedo! ¡Dioses! ¡¿Miedo… decía, aquel pequeñazo?! ¿De qué? ¿Por qué? Y, lo que es más importante ¿de quién?

Ikki se sintió algo desconcertado ante semejante confesión y un profundo dolor le oprimió el corazón.

- Shun, pequeño… tú sabes que puedes confiar en mí ¿no es cierto?

El Cisne ante tanta calma proveniente del Fénix comenzó a preocuparse seriamente por su integridad física. Y para colmo, ahí estaba Shun dispuesto a contarle “todo” a su niisan.

“Eres demasiado ingenuo, Shun –se dijo para sí el Cisne-. Espero… espero que no le cuentes todo…”. El rostro de Hyoga se había tornado de un color azul.

Un rápido vistazo de Ikki al Cisne le hizo comprender su nerviosismo. El peliazul no sabía por cuanto tiempo más podría aguantar aquella mascarada de calma y sosiego, cuando en aquellos momentos lo que más le apetecía era abrir, de forma oficial, la veda de la caza indiscriminada del estúpido ganso ruso. Pero “Todo llegará… todo llegará, patito –pensó el Fénix-“.

El peliverde, por su parte, creyó INGENUAMENTE (¡a veces, qué cortito que es el pobre!), que aquel sería un buen momento para desnudar su alma y, los secretos que ésta escondía, ante su hermano. Y es que, el pequeño Shun, en su santa inocencia pensaba que, el autoproclamado heterosexual y orgulloso Fénix, no le importaría tener un hermanito gay y un ¿futuro “cuñado”? Bueno, de eso no estaba tan seguro. Hyoga le había traicionado… y eso era un dolor demasiado fuerte para su corazón. Además, los “problemas” uno por uno, por favor.

Shun deshecha este último pensamiento y, respirando hondo, decide confesarse ante su hermano mayor.

- Niisan, desde hace un tiempo… he descubierto que… que… -al parecer, la teoría era más fácil que la práctica-.

- ¿Si… otouto?

- … Que los chicos… que los chicos me atraen más que las chicas –por fin lo había soltado-.

Shun ha hablado a tal velocidad que al Fénix le ha resultado “algo” difícil comprender a su hermanito.

Ante el silencio del peliazul, Andrómeda continúa con algo más de calma y de confianza en sí mismo. Al parecer, el estallido de ira de su hermano no se ha producido. ¡¡¡Que bien!!!

El Fénix intenta asimilar el significado de las palabras del peliverde con mucha, mucha, mucha dificultad y con una enorme lentitud.

- Otouto… ¿me estás intentando decir con eso que a ti te gustan los… los… -aquella pregunta le hacía arder todo su cuerpo-… los… hom… hombres?

Shun se queda algo extrañado por aquella tonta pregunta pero ¿si ya se lo había dicho hacía tan sólo unos segundos? Pero el peliverde cree mejor no decir nada, tan solo asiente afirmativamente con su cabeza.

Ikki pasa su mano derecha por su rostro (en tan solo unos segundos el peliazul se siente envejecer unos 40 años de golpe) y mira hacia el techo por unos segundos.

“Dadme paciencia, Dioses –piensa-“.

- ¿Estas… seguro? Yo creí que a ti lo que… lo que te iban eran las.. chicas, como habías salido con algunas… yo creí… que…

- Si niisan, pero eso tan solo era un… un experimento –acertó a decir el peliverde de la forma más ingenua-. Tenía que saber si, en realidad, me gustaban o no. Al principio todo iba bien, pero cuando la relación se hacía más… -Shun pareció dudar-… más…

- ¿Más qué… otouto? –la voz del Fénix apenas sí le salía del cuerpo-.

- … Más íntima, niisan.

- ¿Íntima? –pregunta el moreno algo extrañado-.

Una dulce sonrisa y un leve sonrojo de las mejillas de Shun le dan una pista.

- Sí… tu ya sabes… el sexo.

¡¡¿¿SEXO??!! ¡¡¿¿Había dicho SEXO??!! ¡¡La palabra PROHIBIDA!! El corazón del Fénix comenzó a acelerarse rápidamente, latiendo de forma violenta. Pero la voz del peliverde le devuelve de nuevo a la cruda y cruel realidad.

- … No estaba mal… era agradable… sentir todas aquellas sensaciones.

Las palabras y las frases llegan a los oídos del moreno de forma fragmentada, sin que su cerebro sea capaz de procesarlas debidamente (o eso cree él). El pobre Fénix se ha convertido en algo así como un autómata, que solo reacciona ante determinados estímulos.

- Pero… pero con los chicos, es diferente –continúa hablando el peliverde-… me siento más pleno… más feliz… experimento sensaciones… nuevas.

Experimento… sexo… pleno… feliz… CHICOS… ¿Qué significaban todas aquellas palabras? El aire parecía faltarle en sus pulmones, un extraño ensordecimiento atacó a sus oídos, la vista se le nubló y por un instante el Fénix pareció desfallecer. ¡¿Había escuchado bien?!¡¿Su otouto… su niño… ya había mantenido relaciones sexuales?! Y lo peor de todo ¡¿lo habría hecho con… con… algún HOM… HOMBRE?! ¡Eso era imposible! ¡Eso no podía ser verdad! ¡Aquel dechado de pureza! No, no, eso era del todo punto imposible. El Fénix se negaba a creer semejante locura.

- Ikki… Ikki… -le llamó su hermano- .

El peliazul abre la boca y con un enorme esfuerzo:

- ¿S-si?

- ¿Te encuentras bien, niisan? –el peliverde estaba preocupado al ver el silencio y la palidez que se había adueñado del bronceado rostro de su hermano mayor-.

- ¿Qué… que si estoy bien… me… me preguntas si estoy bien… otouto?

Una extraña y pavorosa sonrisa se dibuja amenazadora en los labios del Ave de Fuego. ¡La tragedia se palpa en el ambiente!

“Oh, oh, esto no va bien… nada bien –piensa el Cisne-“.

Ikki se gira hacia la enorme y pesada mesa de roble maciza que se haya en medio de la habitación y la cual tiene una capacidad aproximada para 50 comensales, apoya sus manos en ella y deja caer su cabeza hasta casi tocar con la barbilla el pecho, en un gesto como de derrota.

- Pues no… la verdad es que no, hermanito –la voz del peliazul ha adquirido un marcado tono mordaz y cínico (es decir, el habitual en él), la dulzura y la calma de antes se han esfumado… por completo-.

Shun, al notar el cambio producido en su hermano y sabiendo que aquello no podía augurar nada bueno, dio un par de pasos hacia atrás esperando la segura reprimenda, la cual parecía inevitable. Sin embargo, el peliverde no se podía imaginar hasta dónde llegaría su hermano…

Ikki observa la cautelosa retirada de su otouto por encima de su hombro izquierdo. La voz del moreno se dejó oír de nuevo muy, muy pero que muy enfadada.

- ¿Por qué te alejas… Shun? ¿Es que piensas que te voy a hacer daño?

Shun denegó rápidamente con la cabeza.

- No… niisan… yo me preguntaba… si te encuentras bien…

- PUES NOOOOOO!!!! ¡¡¡No me encuentro nada bien!!!

Al fin, la rabia contenida del Fénix había estallado… ¡Todos a cubierto!

En un arranque de ira el peliazul levanta uno de los extremos más largos de la mesa y con la extraordinaria fuerza de sus brazos la lanza contra la pared, quedando la mesa volcada en el suelo y provocando un estruendoso ruido. ¿Quién ha dicho que romper y lanzar objetos no sea un buen sistema para descargar adrenalina?

Desde luego el Fénix había descargado una buena parte con esta demostración de fuerza hercúlea… pero esto no se acaba aquí: el Ave de Fuego aún tenía bastantes reservas de adrenalina.

- ¡¿Cómo quieres que me encuentre después de que mi hermano… mi propio hermano me confiesa que es… que es…?!-la palabra se resistía a salir de su boca-.

Shun que al principio se había asustado enormemente al ver la violenta e impredecible reacción de su hermano, decide hacerle frente. ¡Ya era hora de que dejara de tratarlo como a un niño… carajo!

- ¡¡¡GAYYYYY!!!! –grita Shun-. Soy GAY ¿y qué?

Por unos instantes el peliazul se queda algo parado al ver la reacción de su hermanito.

- ¿Y qué… dices? ¡¡Pues que no te lo permito!!

- ¿Qué no me lo permites? –el enojo de Shun empieza a crecer en su interior-. Perdona Ikki pero esto no es algo optativo: se es o no se es, y yo LO SOY.

El Fénix no se da por vencido.

- ¡Tu tan solo eres un niño, aún. Estás confuso y no sabes lo que quieres!

- Si para luchar y arriesgar mi vida, soy mayor… para esto también –contesta un Shun muy cortante-.
Ikki se queda muy sorprendido ante semejante respuesta. Aunque no quiera admitirlo (y no lo admitirá… na,na,na) su hermano lleva algo de razón pero… su orgullo, el famoso y conocidísimo orgullo del Ave Fénix, toma de nuevo las riendas de la disputa.

- ¡No digas tonterías, eso es totalmente diferente!

- ¡No Ikki, sólo es diferente en tu mente, en tu cabeza llena de estúpidos prejuicios, manías y fobias!

- Ey –se molesto el Fénix- yo no soy un homófogo, si es eso lo que estás insinuando.

- Yo no insinúo nada, ¡LO AFIRMO!

- ¡Estás muy equivocado! –estalla el moreno-.

- ¡No lo estoy!

- ¡Si lo estás! Yo… yo no soy eso que has dicho.

- ¡Si lo eres! –afirmó categórico el peliverde-. Si no ¿por qué te molesta tanto que sea gay?

- No eres gay. Sólo… sólo estas… confuso… Eso es todo. Además, deja de decir esa palabra.

- ¿Gay? Es que lo soy –protesta el peliverde ofendido y, para molestar a su hermano, añade-. Gay, gay, gay, gay…!!!

El enorme estruendo provocado por la mesa y la fuerte discusión han atraído a algunos curiosos: Tatsumi y Jabu, los cuales se quedan a las puertas del comedor sin ninguna intención de entrar. El caballero del Unicornio le pregunta a un Cisne que, viendo el cariz que iba adquiriendo la “conversación” entre los hermanitos, decide batirse en retirada:

- Hyoga ¿qué sucede aquí?

Aquella pregunta activa un resorte en el desquiciado cerebro del Fénix, el cual se había olvidado por completo del Cisne y una escalofriante mirada asesina llena de un fuego incombustible se detiene en la figura del ruso.

Ikki deja de prestar atención a las palabras de su hermano para concentrarse en su nuevo objetivo el que, según el peliazul, es el verdadero culpable de todo aquello.

- ¡¡¡TÜ!!! –dice el Fénix, arrastrando las palabras-. ¡¡Todo esto es culpa tuya. Maldito ganso desplumado!! ¡¿Qué locas y asquerosas ideas le has metido a mi hermano en su cabeza?! ¡¿Adónde crees que vas?! ¡¡Maldito pajarraco del demonio te voy a desplumar y me voy a hacer una almohada con ellas!!

Ikki contempla furioso la digamos “hábil” retirada del Cisne, el cual escapa hacia el hall de la mansión. El peliazul va en su busca acelerando el paso pues no quiere que su “presa” se le escape.

Shun intenta retener a su hermano asiéndole del brazo, conoce perfectamente el “peculiar” carecer del Fénix y, pese a todo lo ocurrido, no quiere ver a su hermano en la cárcel, acusado de asesinato o, peor aún, acusado de la caza de especies volátiles rusas en peligro de extinción.

- Niisan… espera, por favor –implora un asustado peliverde-.

El Fénix hace oídos sordos y se suelta fácilmente del agarre de su hermano, se gira hacia él y se limita a mirarle con la furia impresa en su rostro y el dedo índice de su mano izquierda levantado en señal de advertencia. Tras unos segundos, reanuda a grandes zancadas su camino hacia el hall de la mansión: la ruta de escape del pato.

- Ikki… ¿qué vas a hacer? –le pregunta un preocupado Jabu al pasar a su lado-.

- ¡No es asunto tuyo, cuadrúpedo entrometido! –contesta con un furor que va en aumento y, apartándolo de un empujón, prosigue su camino-.

Tatsumi, o es más inteligente o más cobarde (yo, en mi modesta opinión, apuesto por lo segundo, ji,ji,ji), pues el tipo ni se inmuta al ver como se acerca el moreno. Bastantes barbaridades les hizo pasar a los chicos en su infancia, sobre todo al caballero del Fénix, como para interponerse en ese preciso momento en el camino de una locomotora desbocada.

El Fénix al pasar por su lado, ni le mira, cosa que agradece Tatsumi interiormente… al haber pasado inadvertido a los ojos de aquel desequilibrado, pues no otra cosa reflejaban en aquellos momentos los ojos del peliazul.

Por su parte, el Cisne ya casi ha llegado a la puerta principal de la mansión, el pobre ha decidido (tampoco es que tuviera muchas opciones donde escoger: se va o… se va) poner cuanta mayor distancia posible entre el Fénix y él. El moreno no puede dar crédito a lo que está viendo, a la bochornosa cobardía de uno de los caballeros más valientes de Atenea y esto, unido a la inminente huida del rubio, provoca que su ira se renueve con nuevos bríos (¡este chico parece no tener límites!).

- ¡¡MALDITO COBARDE DESGRACIADO, BASTARDO ASALTA CUNAS!! ¡¡VUELVE AQUÍ AVE DE CORRAL RASTRERA Y PELEA COMO UN HOMBRE, SI ES QUE AÚN LO ERES!! –la atronadora voz del Fénix se deja oír por toda la mansión, sus jardines y por medio Tokio-.

El Cisne se gira y con voz entrecortada y con bastantes signos de temor, pues no había visto así al Fénix ni en la peor de las luchas en donde habías combatido juntos.

- Ikki… yo… yo…

- ¡¡¿¿TÚ QUÉÉÉÉ??!! MALDITO GUSANO PROXENETA…

Aquel sin duda no era el mejor momento para que el rubio pudiera hacer entrar en razón a aquél demonio peliazul.

Estos nuevos gritos del moreno hicieron temblar hasta los cimientos de la Tierra, haciendo salir a Saori de su despacho, el cual se encontraba en el primer piso. Seiya y Shiryu también acudieron desde puntos diferentes de la mansión.

- ¡¡Te voy a arrancar todas las plumas y te las voy a hacer tragar… una a una, patito. Maldito desvergonzado!! – continúa insultando el Fénix a un Cisne cada vez mas pálido-.

- Ikki… lo siento… pero yo… yo no he hecho nada malo… -intenta apaciguar el Cisne-.

Craso error pues ¿cómo se intenta apacigua a un tsunami, detener un huracán o apaciguar a un volcán en plena erupción?

- ¡¡VEN Y NO HUYAS COBARDEEEE…!!

Es entonces cuando el Cisne abre la puerta principal para escapar al exterior y es también cuando comete uno de sus mayores errores de toda su vida, al decirle al Fénix:

- Ikki… por favor… no te enfades con Shun… yo… yo… ¡¡LO AMO!! Por favor, Ikki… dile, dile a Shun que… ¡¡LO AMO!!

Todos los presentes se han quedado lívidos, con la sangre helada en las venas y estáticos como estatuas de mármol ¡A ver quién era el valiente de intervenir! (Sin embargo, Saori como buena Diosa que era y adelantándose a los acontecimientos, comienza a repasar mentalmente el inmenso armario ropero que posee para ver qué atuendo puede utilizar para asistir al entierro del Cisne, por supuesto, de luto riguroso pues el rubio no se merecía menos). El ruso había firmado su sentencia de muerte, había él mismo, clavado el último clavo de su ataúd: la veda del pato siberiano había quedado abierta y el Fénix había adquirido la única licencia disponible.

El peliazul no da crédito a lo que acaba de oír: ese miserable, ese abusador y desgraciado ganso le acaba de gritar, delante de todos, que AMA a su hermano y que... y que… se lo comunique en su nombre… ¡Ja! Como si ahora el moreno se dedicara a hacer trabajitos de celestina. ¡¡Aquello era el colmo de la desfachatez!! Y eso era algo que el Ave de Fuego no podía consentir.

Los ojos del Fénix ya no pueden contener mas odio, rencor, locura, ansias asesinas y demás sentimientos no muy favorables para la integridad física del rubio.

Su mirada furibunda se dirige a un sillón cercano el cual coge en peso para lanzarlo contra el aterrorizado Cisne el cual puede esquivarlo gracias a sus reflejos bien entrenados pero no así una de las hojas de la puerta la cual sale disparada al exterior, junto con el sillón, haciendo un enorme estrépito al caer, ambos objetos, resbalando por la pequeña escalinata de la entrada y yendo a parar al jardín, en mitad del césped.

El Cisne ya no puede ya no puede dudar más de que su presencia no es muy deseada en aquellos momentos por lo que decide escapar a todo correr, e Ikki, a buen seguro, hubiera salido tras él de la mismo forma si la enfadadísima voz de su Diosa no lo hubiera detenido en seco.

- ¡Ikki ¿qué demonios crees que estás haciendo?!

El Fénix, jadeando por el esfuerzo y la rabia contenida, eleva su vista hasta encontrar a Atenea junto a la barandilla del primer piso y a todos los demás “mirones” que no dejaban de observarlo con caras de absoluta sorpresa por el espectáculo ofrecido.

- Nada… -contesta el peliazul con un tono de total cinismo- hacía “limpieza”.

- Ikki, quiero verte en mi despacho inmediatamente –ordena la Diosa con voz fría como el hielo-.

El Fénix murmura por lo bajo muy molesto.

- Maldita histérica entrometida…

- ¿Decías…? –el tono de voz de Saori no aceptaba, ni un no, ni una broma-.

- Que me daré mucha prisa… -replica de mala gana-.

Atenea se da media vuelta y se dirige hacia su despacho con cierto aire altivo.

- Bruja… si n fuera por que te has metido en donde nadie te llamaba, a estas alturas a ese maldito pato bobo –dijo esta palabra con un marcado desprecio- ya lo habría convertido en paté.

Al notar que todos los presentes aún lo continuaban observando, Ikki les espeta:

- ¡¡¿Y vosotros que carajo miráis?!!

Nadie se atreve a contestar, y no por falta de ganas, pero al ver que Shun se acercaba a su hermano muy lentamente, deciden callar y dejarlos, alejándose de allí. Más adelante le dirían cada uno por separado y cuando el Fénix se encontrara menos exaltado, alguna que otra “cosilla” con respecto a su comportamiento, a ese gallito que tanto se jactaba de su heterosexualidad.

Sin embargo, antes de retirarse, el único que se atreve a replicar al Fénix es Shiryu.

- Ikki, eres un total y absoluto imbécil, bruto e hipócrita.

Jabu temió que la pareja del sillón que había salido volando a través de la puerta, surcara ahora los cielos hacia el Dragón pero, sorprendentemente, no sucedió así. Es más, no hubo ningún tipo de reacción violenta por parte del peliazul al escuchar las calmadas pero serias palabras del pelilargo, salvo una extraña y confusa mirada, con la que el Fénix obsequió a su interlocutor. Incluso toda la furia del Ave de Fuego pareció desvanecerse como por arte de magia en pocos segundos. Tal fue el sorprendente efecto de las pocas palabras que el Dragón le dirigió al Fénix (que raro, que raro ¿qué se traerán estos entre manos?).

Pero, para alguien, aquello no había acabado todavía: al girarse el Fénix se encuentra con el rostro, mitad enfadado, mitad entristecido de su hermano, sin embargo, la voz de éste sonaba extrañamente calmada y con un claro tono de decepción.

- ¿Es esto… -dice, haciendo un amplio gesto con su mano derecha, indicando los destrozos que momentos antes había provocado su hermano-…la clase de confianza que quieres que tenga contigo… con mi hermano… con el ser en el cual más confío y del que más espero su apoyo? No niisan… yo no quiero que me ofrezcas esta “clase” de confianza.

Ikki se quedó parado ante aquel reproche. Al esfumarse su ira y su rabia, se dio cuenta de los destrozos que había ocasionado.

- Shun yo… lo siento… -y rápidamente añade- te prometo que lo arreglaré todo.

El peliazul calló al ver el gesto negativo que su hermano hacía con la cabeza y la triste sonrisa que aparecía en su rostro.

- No entiendes Ikki… eres tan… tan… ¿sabes? Yo te quiero mucho… -Andrómeda hacía grandes esfuerzos para contener sus lágrimas- pero eres incapaz de … entender…

Hizo una pausa para tomar aire e intentar tranquilizarse en la medida de lo posible. Aún tenía que decirle a su hermano unas cuantas cosas más y quería estar lo más calmado posible y mantener su mente lo suficientemente fría para que sus sentimientos no le traicionasen y para no caer en la tentación de arrojarse entre aquellos brazos que tanto apoyo y protección siempre le habían dado y en donde él encontraba el consuelo que necesitaba y que su niisan siempre le brindaba sin ningún tipo de reserva alguna… así como su amor, un amor tan fuerte y poderoso que incluso le había llevado a arriesgar su vida en incontables ocasiones, llegando a perderla con tal de que su pequeño Shun no sufriese el mas mínimo daño. Y ahí era donde radicaba el problema que el “pequeño” Shun, ya no era tan pequeño, que había crecido en todos los aspectos.

Y eso, precisamente, era lo que el peliverde quería hacer entender a su hermano aunque la tarea resultase mucho más ardua y “peligrosa” que todas las batallas y combates en los que habían intervenido en el pasado, pues era la única forma en que realmente llegarían a ser felices en la paz que tantos sacrificios les había costado alcanzar. Shun continuó hablando.

- Eres incapaz de entender… todo esto son cosas que, como bien has dicho, se pueden arreglar… pero ¿qué pasan con las personas, con sus sentimientos y corazones? ¿También se pueden arreglar?

- Shun… -intenta interrumpir el mayor, con voz dulce-.

- No Ikki, no se arreglan tan fácilmente ¿sabes? –y continuando con una voz más dura, añade- Tú… tú me has engañado.

El peliazul abre la boca para protestar, pero su hermano le ignora nuevamente.

- Me has hecho creer que realmente te preocupaba lo que me sucedía para después… para después utilizar lo que te he dicho en mi contra y no… y no para ayudarme, precisamente.

Unas pequeñas lágrimas surcan ahora las mejillas del peliverde el cual, hacía enormes esfuerzos para que éstas no salieran a raudales. La emoción contenida hace que su voz se entrecorte.

- …Me has hecho explicarte algo… algo que para mí es sumamente embarazoso e importante pero tú… tú ni tan siquiera te has dignado a intentar comprender mis sentimientos…

- Shun… eso no es cierto –consigue decir el peliazul, pero con un gran dolor en su corazón-. Yo… yo tan solo me he… me he… sorprendido… nada mas.

- ¡Eso no es cierto, y tú lo sabes! –replica enfadado el peliverde-. El problema que tienes Ikki, es que no aceptas que yo haya crecido… y que pueda escoger mis propias decisiones… como por ejemplo mi orientación sexual. Eres demasiado… demasiado estrecho de miras, limitado y orgulloso para admitir que a mí… que a mí me gustan los hombres. El que tu seas hetero no significa que también tenga que serlo yo.

- Shun, pequeño, lo que pasa es que tu no has tenido… -Ikki intenta buscar la palabra adecuada- una experiencia adecuada en este campo. Pero tu no te preocupes por nada, en realidad, la culpa es sólo mía, por ir tanto tiempo de un lado para otro y no prestarte la suficiente atención. Pero eso ya se acabó, Shun –el mayor hablaba visiblemente emocionado ante un rostro de completo enojo por parte de su hermanito-. Ahora estamos… y estaremos juntos. Yo te ayudaré a superar este “problema” (si el Ave de Fuego sigue por este camino me parece que le van a cortar las alas de golpe y, sin no lo hace el peliverde, yo me presto voluntaria. ¡ay que ver que chico tan obtuso!) –y guiñándole un ojo pícaramente, continúa-. Yo te echaré una “manita” para que… consigas aclararte.

- ¿Una manita… para aclararme? –Shun hablaba con calma pese a su enojo-.

Ikki asiente con la cabeza sin saber que acaba de abrir la caja de Pandora, la cual de seguro que está poniendo el grito en el cielo.

- ¿Y cómo lo vas a conseguir? Me pasarás los teléfonos de tus ex novias o de tus ex amantes? Me parece recordar que aún los tienes anotados en esa libretita negra que guardas tan celosamente en el primer cajón de tu mesilla de noche –la voz del peliverde sonaba tan mordaz como la de su hermano mayor en sus mejores momentos-. Por cierto, es una lista bastante extensa, yo diría que en ella se encuentra la mitad de la población femenina de Tokio. ¿O piensas, quizás, llevarme al Salón de Madame Linet? Allí también tienes muchas “novias” ¿no es así, hermanito?

“¿Cómo diablos este pequeño demonio sabe lo de Madame Linet? –se pregunta el peliazul visiblemente ruborizado-“.

- No Ikki… no… esa no es la ayuda que yo necesito…

Las lágrimas corrían ahora sin control por las pálidas mejillas de un muy afligido peliverde.

- Yo… yo… sólo qui-quiero que… tu me… me a-aceptes… tal y co-como soy…

El Fénix al ver a su hermano en tal estado se acerca para abrazarlo pero éste da unos cuantos pasos hacia atrás, evitando así aquel contacto… tan deseado.

- Ya no soy un niño… Ikki… he crecido y mis… mis sentimientos van en una dirección… diferente a los tuyos… Pero lo que más me duele, lo que más me ha entristecido ¿sabes que es?

El Fénix deniega con un lento movimiento de cabeza.

- El haberme dado cuenta que, al parecer, te importa más que yo pueda ser gay, al dolor que me ha provocado saber que la persona a la que yo comenzaba a amar se estaba besando con otro… y que ese otro resultó ser uno de mis mejores amigos. No te has dado cuenta, pero tu estúpido orgullo y tus trasnochados prejuicios, han hecho que hoy se rompan dos parejas –Shun sonríe con tal tristeza que al peliazul se le hiela la sangre-. Felicidades hermano hoy has conseguido toda una ganga: dos por el precio de una.

Dicho esto, Shun rompe a llorar y se va corriendo escaleras arriba en dirección a su habitación para encerrarse en ella bajo llave y dar rienda suelta a todo el dolor acumulado en tan poco espacio de tiempo: perder al primer amor y, por primera vez, sentir el rechazo de su niisan.

Un Fénix extraordinariamente afectado por las palabras de su otouto, palabras que expresaban toda la decepción y la tristeza que jamás hubiera querido ver en los ojos de su hermano pequeño, se quedó solo, en medio del hall, intentando averiguar cómo podía ser tan sumamente estúpido y necio de dejar las cosas así; cómo podía quedarse allí, inmóvil, en lugar de salir corriendo escaleras arriba detrás de su otouto para consolarle, para animarle, para apoyarle… para contarle…

Pero quizás no… quizás sería mejor… esperar.

- Maldito pollo moscovita –murmura muy bajo el Fénix con un renovado “malestar” en contra del rubio- todo esto ha pasado por dejar a mi otouto rodeado por esta… por esta panda de degenerados.

Ikki suspiró profundamente y se miró las manos y los brazos, aquellos brazos que se habían quedado esperando, por primera vez en su vida, el poder acoger entre ellos el cuerpo tembloroso y sollozante de su pequeño… de su otouto.




CONTINUARÁ…

12/Dic/2006 18:40 GMT-3 Perfil · Privado · Desconectado
Gadya
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Mensajes: 720
Desde: 18/Sep/2006 #5RE: EL SUSTITUTO DE CUPIDO IKKIx? PRÓLOGO, CAP. 1 Y 2

DIOSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!! Y yo que lo vengo esperando desde que lo vi en amor yaoi!!!!! T.T Lo dejaste ahi y no seguiste TOT Espero que ahora si lo sigas XDDDD
14/Dic/2006 13:50 GMT-3 Perfil · Privado · Desconectado
OTORYKAEDE
Usuario Frecuente



Mensajes: 59
Desde: 12/Dic/2006 #6RE: EL SUSTITUTO DE CUPIDO IKKIx? PRÓLOGO, CAP. 1 Y 2

HOLA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Muchas gracias por leer el fic, lo intentaré seguir lo antes posibles, perdona las molestias BESOTES Y FELIZ NAVIDAD!!!!!!!!!!!
17/Dic/2006 17:13 GMT-3 Perfil · Privado · Desconectado
Alandra_Andromeda
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Mensajes: 109
Desde: 18/Sep/2006 #7RE: EL SUSTITUTO DE CUPIDO IKKIx? PRÓLOGO, CAP. 1 Y 2

Hasta ahora me ha gustado lo que llevo leido, pobre pollo, en verdad no fue su dia y parece que la cosa ira as peor.

Espero que continues y que a mi me de tiempo a ponerme al dia.

ALANDRA
17/Dic/2006 21:39 GMT-3 Perfil · Privado · Desconectado
OTORYKAEDE
Usuario Frecuente



Mensajes: 59
Desde: 12/Dic/2006 #8RE: EL SUSTITUTO DE CUPIDO IKKIx? PRÓLOGO, CAP. 1 Y 2


HOLA Y FELIZ NAVIDAD!!!!!!!

Muchas gracias por leer el fic, me alegro de que te haya gustado. Lo he dejado muy olvidado, al igual que otros que he subido al foro, porque me he concentrado más en uno de Navidad que estoy escribiendo y en otro de Ikki y Hyoga, pero prometo continuarlo porque cuando lo comencé, me hizo mucha gracias al escribirlo. Muchas gracias de todo corazón BESOTES

25/Dic/2006 15:19 GMT-3 Perfil · Privado · Desconectado
Mihaell_Night
Seiya Adicto



Mensajes: 510
Desde: 24/Sep/2006 #9RE: EL SUSTITUTO DE CUPIDO IKKIx? PRÓLOGO, CAP. 1 Y 2


XD...que buen fic..me gusta como esta quedando...pobre Ikki..si sigue asi le va dar una ulcera o algo XDDDD
Espero que continues pronto.

sayonara!!

26/Dic/2006 22:39 GMT-3 Perfil · Privado · Desconectado
OTORYKAEDE
Usuario Frecuente



Mensajes: 59
Desde: 12/Dic/2006 #10RE: EL SUSTITUTO DE CUPIDO IKKIx? PRÓLOGO, CAP. 1 Y 2

HOLA!!!!!!
Muchas gracias por leer el fic, me alegra mucho de que te esté gustando. Desgraciadamente, este fic lo empecé hace tiempo y todavía no lo he podido seguir por estar liada con otros pero, no te preocupes, lo continuaré ¿cuando? No lo sé, pero espero que sea pronto porque, la verdad, me gusta mucho hacer sufrir al pollito... es mi debilidad, pero también lo quiero mucho... BESOTES Y FELIZ AÑO NUEVO!!!!!
27/Dic/2006 11:21 GMT-3 Perfil · Privado · Desconectado
Mihaell_Night
Seiya Adicto



Mensajes: 510
Desde: 24/Sep/2006 #11RE: EL SUSTITUTO DE CUPIDO IKKIx? PRÓLOGO, CAP. 1 Y 2


XD...tu tambien? parece que tenemos algo en comun XD..me encanta poner a Ikki neurotico
Bueno, espero que no te tardes tanto en actualizar

sayonara!!
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