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Aphrodita
Publicado: Mie Abr 30, 2008 7:10 pm Responder citando
Pegasus no Seiya Pegasus no Seiya
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Enemigos Íntimos

Aphrodita

Y la historia se repite: Me encuentro nuevamente sin PC, escribiendo en la vieja maquina de mi hermano, la cual no tiene Microsoft Word y por lo tanto no tengo más opciones que usar el txt (Yo y mis horrores ortográficos hemos regresado para atormentar a los eruditos de las letras)

x_x

Patético lo mío.

No puedo estar sin escribir y hacía mucho que no hacia nada sobre Saint Seiya. Debo echarle la culpa a Itzukiai por haber escrito sobre esta pareja...Como se que ella no lee salvo que se lo pidan (Y no pienso hacerlo porque me da vergüenza que lea esto) simbólicamente va por ella.

¿?

Que conste que no es una oficial dedicatoria, porque creo que se merece algo mejor que esto... Pero la tenía que mencionar por ser la persona que me hizo considerar mucho mas a esta pareja (Antes los había incluido en un fic, pero nunca escribí sobre ellos puntualmente)

Sin más vueltas, comienzo, espero que les entretenga al menos.



One Shot / Lemon:


Dio la vuelta para ver si de esa forma podía conciliar el tan escurridizo sueño, se tapó la cabeza con las sabanas soltando un suspiro de indignación, por ultimo tomó la almohada para cubrirse los oídos, quizás así podría evitar escuchar aquellos gemidos masculinos que surgían desde la habitación de su hermano retumbando en el Templo. Pero todo fue en vano.
Tuvo que reconocer que en esa ocasión no pudo saber con certeza quien era el amante de turno... No eran los gemidos que habitualmente Saga lograba arrancarle a sus "victimas". Por lo menos, pensó Kanon descartando finalmente la posibilidad de dormir, tendría con que entretenerse intentando adivinar durante toda la noche quien se hallaba con Géminis.

Cuando a la mañana despertó (o mejor dicho al mediodía) su gran duda fue disuelta, y no es que hubiese matado por saberlo, pero el comportamiento de su hermano ameritaba prestarle atención... Aunque el mismo General Marina prefería no ahondar demasiado en los motivos, quizás por conocerlos en el fondo.
Fue el mismo Saga quien reveló el nombre de su amante, cuando su hermano le hizo compañía en el desayuno, sin que este siquiera le hubiese preguntado, comenzó a comentar sobre lo bien que la había pasado la noche anterior.
Cuando escuchó ese particular nombre salir de la boca de Géminis, el gemelo menor no pudo evitar atragantarse con su té:

- ¿Ik-ki?

Saga solo asintió con una amplia sonrisa en sus labios, desde que el Phoenix había llegado un buen día al santuario, especulaciones sobre su estadía en el lugar surgieron entre los Santos y aunque nadie se lo preguntó era notable que el Broncino buscaba escapar de algo o alguien. El misterio, nunca había sido revelado, tal vez porque nunca se lo preguntaron directamente al mismo Ikki.

-No te das una idea, hermanito-Comentó orgulloso haciendo una breve pausa para beber su café-Lo estrecho y puto que resultó ser el indomable Phoenix.
-¿No está un poco chico para ti?-Investigó el General realizando una mueca de sorpresa.
-Naaa... -Géminis dejó su taza vacía sobre la mesa-Serán... ¿Trece años? doce u once como mucho, además ya casi es mayor de edad.

Ese "casi" profesado con descuido le arrancó una risa fugaz a Kanon.

-El poderoso Phoenix-Acotó Géminis con energía, poniéndose de pie para llevar su taza a la cocina-Resultó ser mas dócil que una muñequita de porcelana.-Gritó desde el lugar para ser oído por su hermano.

Este solo frunció su frente... El comportamiento de su gemelo le preocupaba y le cansaba, sobre todo porque en un lugar tan chico como lo era el Santuario, era sumamente fácil iniciar rumores y peleas entre los Santos... Y Saga, era siempre el protagonista.

Acaso, ¿Se había cansado de jugar con el gatito del Santuario? O mejor dicho, cambió de gatito, sustituyéndolo por un cachorrito, pues si mal no recordaba, el Phoenix se encontraba bajo el tutelaje de Aioria.
Pudo sentir, hasta palpar y oler la futura "Guerra Santa" que se avecinaba.
Pero había una verdad, y esa era que todos ya eran adultos, por ende cada uno debía hacerse cargo de su responsabilidad, pero en su interior Kanon supo que esta vez era distinto, pues el Phoenix no dejaba de ser un adolescente en el fondo. No aprobó la conducta inmoral de su hermano, pero tampoco la reprochó a viva voz, de hecho dejó el tema de lado sin darle mayor importancia.

***

Esa misma tarde, Kanon se encontraba quitando el polvo de la salida del tercer Templo, era lo mínimo que podía hacer siendo hospedado en un lugar que quizás no le correspondía, al menos no por entero. Una figura se vislumbró a lo lejos, caminando hasta donde se encontraba el General, Ikki pasó a su lado sin siquiera reparar en él, sin saludarlo al menos por cortesía.

-Si buscas a mi hermano-Las palabras del gemelo lograron que el invasor frenara su paso para prestar atención.-No está, bajó al pueblo.-Luego de decir eso, siguió barriendo con suma calma.
-Dile... -Pronunció el Phoenix tomando aire -Que mueva su pesado trasero hasta el Templo de Leo, porque no pienso volver -Le molestaba, de sobre manera, que lo citaran para luego dejarlo plantado. ¿Quien se creía Saga?
-Se lo diré.

Vestido con un traje típico griego, parecido al que llevaba Kanon solo que en vez de celeste era de color ocre, el Santo de Bronce dio la vuelta y se marchó por donde había llegado. El General no se distrajo de su tarea, en cuanto lo vio a su hermano le citó textualmente las palabras del menor arrancándole una media sonrisa irónica.
Esa misma noche, cuando Géminis llegó le pidió a su gemelo que se encerrase en su cuarto y que no saliese de allí porque tendría visitas.

-¿Ese pendejo otra vez?-Kanon frunció su frente, pareció molesto, aunque en verdad no lo estaba.

O tal vez sí, por la petición del mayor. Porque aunque no era su Templo y no tenía tantos derechos, al menos se sintió capaz de exigir usar el baño en caso de necesitarlo.

-Ajá... Por eso, quédate en tu cuarto ¿Si?

El General cerró sus ojos, se cruzó de brazos, lanzó un suspiro, elevó sus cejas... Y finalmente asintió ¿Que más daba? Era la casa de su "niisan". Y así lo hizo, otra noche más sin poder conciliar el sueño pues sí que el Phoenix tenía pulmones; ni hablar de Saga, con su potente voz vociferando un sinfín de palabras obscenas, con un gran repertorio y en dos idiomas: Griego y japonés. Eso era talento.
Sin embargo esa noche las cosas no terminaron como solían terminar, por lo menos no con el Phoenix, ya que a media madrugada el General se incorporó en su cama y curioso acercó su oreja a la puerta pues los gritos del broncino no eran precisamente de gozo. Cuando escuchó los insultos comprendió que estaban peleando.

-¡Tu no me puedes hacer esto! ¡No tienes derecho!-Recriminó el Phoenix logrando que el General prestase mas atención a la discusión.

¿Que estaba pasando?

-Tranquilízate pendejo... O te dejo de cojer.

En su cuarto, Kanon soltó un ¡Ja! de indignación, ¿hasta donde llegaba el narcisismo y ego de su hermano?.

-¡Eres un idiota, Saga! ¡Te crees la gran cosa pero no eres más que un pedazo de mierda!
-Ve a llorar al puerto
-¡No me pongas las manos encima! ¡Saga!
-¡Vete de aquí pendejo de mierda!
-¡Me iré! ¡Sí!-Aseguró Ikki con energía -¡Suéltame!

Lo siguiente que escuchó Kanon fue un golpe seco que lo puso en alerta, luego el quejido de Ikki y otro golpe seco. No supo concretamente porque, pero salió de su cuarto; su cuerpo reaccionó solo, como si de un impulso se tratase y caminó hasta la sala en donde su hermano, insultando por lo bajo arrojaba algunas prendas, cerrando la puerta de un portazo para luego encaminarse a su habitación.
El General abrió la misma abertura y gracias a la luz de la luna nueva pudo ver el cuerpo desnudo del Phoenix quien afanoso comenzaba a juntar sus ropas para vestirse y largarse cuanto antes de allí. El gemelo tardó en reaccionar, pero cuando lo hizo, divertido por la situación esbozó un:

-¿Necesitas una mano, Ikki?-Escondió esa sonrisa que pugnaba por salir, recordando la batalla contra Hades -No, creo que un hombre como tu no aceptaría mi ayuda.
- ¡PÚDRETE EN EL INFIERNO JUNTO A LA MIERDA QUE TIENES POR HERMANO!-Exclamó el Santo de Bronce fuera de sí.

Recién entonces Kanon cayó en la cuenta y su sonrisa socarrona se borró de sus labios cuando vio unas nítidas lágrimas descender por las mejillas del poderoso Phoenix. ¿Hasta donde había llegado su querido y adorado gemelo con el menor? Era notable que de alguna forma, que no lograba comprender en ese momento, lo estaba lastimando.
Ikki no tardó demasiado en vestirse y mandarse a mudar, sin nada mas que hacer allí el General volvió al Templo para ir hasta su cuarto y finalmente dormir, pero por mas que lo intentó, a pesar de tener la tranquilidad de no escuchar a dos personas matándose en una cama, no pudo... La imagen de un joven desequilibrado emocionalmente lo acosó durante toda la noche.


***

Kanon no intentó averiguar que había pasado esa noche entre Ikki y su hermano, tampoco este le mencionó algo al respecto en los días venideros. Pasó la semana, sin que el General le hubiese dedicado un solo pensamiento de más al Phoenix, sin embargo el destino quiso que se volvieran a encontrar de la manera menos esperada.
El gemelo se paseaba con paso lento por el coliseo, con el fin de bajar al pueblo y hacer las compras que Saga le había encomendado, cuando una figura reposada en el suelo le llamó la atención, como era algo común en ese sitio ver guerreros heridos por los entrenamientos no se hubiese detenido, pero al reconocer que ese sujeto inconciente era el mismísimo peliazul protagonista de la disputa con su hermano, no pudo evitarlo y se acercó hasta el:

-Ikki-Lo llamó cacheteándolo firmemente en la mejilla -Reacciona niño... Ikki.

Kanon observó a sus costados pero no había más que jóvenes aprendices en aquel arenoso lugar, ningún Dorado ni nadie que le indicase haberse enfrentado con él dando por resultado el estado lamentable del Santo de Bronce. Notando que las heridas ocasionadas en el cuerpo magullado del menor era producto de alguien con mayor nivel y por consecuente el daño era considerable, tomó la decisión de cargarlo para dejarlo reposar en el Templo de Leo.
Pero su intuición le dictó que quizás lo mejor era detenerse antes, en el Templo de Géminis y atenderlo allí para evitar que su estado empeorase. Lo recostó en el sillón restándole importancia a la sangre que sus heridas emanaban ensuciando el tapizado marrón, buscó el botiquín de primeros auxilios y con una pericia propia de un guerrero curó de manera externa las heridas del Phoenix.
Se quedó a su lado, contemplando su aspecto, notando que no corría un serio peligro aun así no pudo adivinar quien había sido capaz de lastimarlo tanto, un nombre se cruzó por su mente, pero no lo creyó a Saga capaz de dejarlo en aquel estado al broncino.

-Mghm... -Se quejó el japonés acomodándose con dificultad en el amplio sillón de tres cuerpos.
-Por fin abres los ojos.
-¿Donde estoy?-Ikki posó su mirada en el gemelo, por un instante creyó que se encontraba frente a Saga pero al reconocer al otro gemelo permitió que sus tensos músculos se relajaran.
-Géminis.-Respondió escuetamente el general-Te encontré en el coliseo, inconsciente y herido.
-Maldito Aioria.-Susurró el Santo de Bronce entre dientes intentando ponerse de costado ayudándose con su brazo derecho, pero una mueca de dolor dejó en evidencia que aun no se recuperaba del todo.
-¿Aioria?-Kanon elevó una ceja.
-Estábamos entrenando.-Soltó un quejido apagado de dolor.
-Entrenando-Pronunció el mayor asintiendo débilmente-Me parece que fue algo mas que un entrenamiento.

Cualquiera diría que se trató, más bien, de una pelea a muerte. Ikki no era un Santo cualquiera, eso muchos lo tenían bien en claro, sobre todo el mismísimo Kanon quien había combatido, tiempo atrás, descubriendo el poder que poseía el Phoenix, en el presente acrecentado por la experiencia adquirida con cada batalla.
Sin embargo, así como estaba cien por ciento seguro de las habilidades del menor, también lo estaba de Leo. Por eso no le pareció, en ese momento, tan descabellada la posibilidad de que en un encuentro de dos colosales, el resultado terminase siendo el que sus ojos presenciaban.

-Por un segundo creí que había sido mi hermano.-Confesó el general poniéndose de pie.
-¿Saga?.-Preguntó como si no supiese quien era el hermano del griego-¡Psh!...--Soltó un gesto algo gracioso-No tiene los huevos suficientes para enfrentarme-Fanfarroneó escondiendo su mirada, aquel nombre lograba ponerle los pelos de punta.-Me iré, no tengo nada que hacer en este Templo--Sentenció intentando ponerse de pie.

Con extrema dificultad, aun adolorido, lo hizo, pero Kanon frenó su partida pronunciando su nombre.

-Ikki...

El aludido, con una mano en su estomago, se quedó en su lugar, dándole la espalda al general pero prestándole atención.

-Trata... Trata de no involucrarte demasiado con mi hermano.

Ikki cerró sus ojos unos segundos al mismo tiempo que lanzó una risa algo forzada.

-Ya es un poco tarde para eso.-Con un paso lento a causa de las heridas siguió su camino pero antes de desaparecer del todo soltó un "Gracias" que apenas alcanzó a oír el mayor.

¿Ya era tarde? Kanon sonrió con melancolía, supo lo que significaban esas palabras... Cuando él quiso darse cuenta de lo mucho que se había involucrado con Milo, ya había sido demasiado tarde: Saga había hecho su parte y Aioria también. No los culpó a ninguno de los dos porque supo que la culpa la había tenido su propia debilidad, por no haber luchado, como hubiese correspondido, por el escorpión... "Ya es demasiado tarde", se había dicho en esa ocasión.


***


Esa misma noche, Saga volvió muy tarde y Kanon cenando solo tuvo el tiempo suficiente para pensar bien sus palabras, por eso, cuando su hermano llegó con un paso siempre apresurado, el General buscó la manera de que le prestase atención, ya que aparentemente el gemelo mayor pensaba volver a salir.

-Saga... ¿Porque no lo dejas en paz a Ikki?-Preguntó, aunque fue mas una sugerencia.
-Das por hecho que le estoy haciendo "algo" al pendejo.-Cuasi rió el aludido.
-Me doy cuenta por tu forma de llamarlo...
-Acaso ¿No es un pendejo?-Se burló Saga divertido.
-Por eso mismo, porque es un "pendejo"-Remarcó la palabra-No juegues con él... No es Milo.

Al oír ese nombre el rostro jocoso de Géminis varió abruptamente a uno de enojo, furioso tomó por la camiseta a su hermano menor, jalándolo hasta donde se encontraba, observándolo fijamente, con sus ojos desprendiendo ira y sus labios apretados.

-Lo que yo haga o deje de hacer... A ti no te importa.--Lo ultimo dicho por el mayor fue una afirmación que hasta el presente le dolía.
-No es cierto-Kanon tembló apenas ante esas palabras.
-¡Ja!... ¡¿Que carajo te importa Ikki? Acaso ¿Te importa alguien?!

Kanon hubiese respondido "Tu" de no saber lo que esa expresión causaría en su hermano, por eso guardó silencio.

-Si no te gusta como hago las cosas te puedes mandar a mudar, nadie te pide que metas tus narices en asuntos que no te incumben.-Terminó de decir eso y se colocó colonia en el cuello dejando el frasco de manera abrupta sobre el buró.
-Lo sé...--Exclamó Kanon-Sé que no estoy en mi puto derecho de decir o hacer nada... ¡Sé que no debería estar aquí!-Ahora el enojado era él.

Los ojos de Saga temblaron de furia y tristeza, no pudo ni quiso decirle a su hermano que se largase de allí, aunque en su orgullo le hubiese gustado gritárselo en el rostro. Sin embargo fue el mismo Kanon quien, insultando por lo bajo, se alejó del Templo de su gemelo cuesta abajo.
Géminis no lo detuvo, y el General atravesó Tauro y Aries hasta llegar a los acantilados que rodeaban el coliseo. Necesitaba estar solo y alejado del único hombre que le generaba tantos sentimientos ambiguos: Por un lado lo amaba, tanto como se le puede amar a un hermano, pero por el otro le odiaba, tanto como se le puede odiar a una persona que resulta ser el espejo de uno mismo.

Se sentó sobre una roca, pateando con furia algunas piedras que cayeron por el barranco, cuando logró tranquilizarse respiró profundo y posó su mirada sobre la luna nueva, cambió de posición, notando que a lo lejos, una figura lo observaba. Ikki hubiese tomado otro camino para evitar cruzarse con alguien, pero eso implicaba arrojarse por el acantilado, así que sin opciones se acercó al general.

-¿Tomando fresco?-Bromeó el Phoenix.
-Por lo visto tu también-Acotó el mayor.
-Por tu cara diría que estas huyendo.
-¿Huyendo?-Kanon elevó sus cejas.
-Sí... Asesinaste a alguien y huiste... ¿Es eso?

Aunque lo dicho por el broncino era nuevamente en son de burla, el General se lo tomó algo personal y por eso pronunció:

-Es algo que tranquilamente se puede esperar de mi.--Bajó su vista al suelo, notando pocos segundos después, que misteriosamente Ikki se sentaba a su lado.

Y no es que el Phoenix fuese alguien, precisamente, sociable, pero quizás esa noche en particular se vio en la necesidad de tener un poco de compañía.

-Era broma... Dragón Marino.-Acotó el japonés para restar dudas.
-El que parece huir de algo o alguien eres tu.-Contraataco el General mirando curioso al menor.
-Digamos que... No tengo a donde ir, al menos esta noche.
-¿Aioria te corrió?-Kanon se aguantó la risa.
-No somos precisamente amigos, como lo has comprobado hoy.

Entonces el griego lo recordó, por un insignificante momento lo había olvidado por completo.

-Lo entiendo.
-¿Y tu?
-Yo estoy casi igual...-Respondió Kanon-Solo que yo realmente no tengo un lugar a donde ir.

Hubo mucho mas detrás de esas palabras, pero el Phoenix no era una persona de preguntar u hondar demasiado en las vidas de los demás, por eso guardó silencio, y también por eso el General continuó hablando:

-Igual... No me refería solo a Leo.-Ante el mutismo del otro, acotó-No entiendo para que te quedas aquí teniendo un lugar a donde ir.
-No lo tengo.

Aquello sorprendió al gemelo, sintiéndose algo astuto por ir adivinando poco a poco las razones del menor que lo llevaron a terminar allí.

-Estoy cansado de dar vueltas.-Pronunció Ikki-Sin embargo ya no tengo a donde ir.
-¿Que pasó en Japón?-El geminiano no lo resistió mas, era algo propio del signo, ahogarse en la curiosidad.
-Metí la pata... Eso es todo.

El General notó la sonrisa forzada de su interlocutor, contrastando notablemente con el agobio que desprendían sus ojos grises, apenas iluminados por la luz de la luna.

-¿Metiste la pata?-Investigó Kanon con el fin de animarlo al otro a confesarse, aprovechando que el Phoenix se encontraba mas elocuente de lo que había sido en toda su vida.
-Pues sí... Lastimé a Hyoga.-Guardó silencio, pronunciar aquel nombre lo estremeció-Pero no es mi culpa...--Se defendió con energía-Que el pony tenga un culo tan cojible.

El geminiano rompió a reír por la expresión del Santo de Bronce aunque este no lo hizo, no era algo que le causase gracia o diversión.

-Bueno niño... No es tan terrible. Son cosas que suceden pero que tienen solución si se hablan.
-No, se que no es tan terrible.--El japonés cerró sus ojos y elevó sus cejas--Para mi no, pero para el Cisne si.

¿Que decir? Supo lo que su actitud había ocasionado, supo lo cobarde que había sido huyendo de la Mansión de aquella forma, pero no pudo... No pudo afrontar la situación, saber que él era el causante de una ruptura en la estrecha relación que siempre tuvieron los cinco, le sobrepasó.
Él era el "hermano mayor", él era quien supuestamente iba a cuidar de todos y velar por la seguridad de los menores, y todo por una simple calentura, todo por una entupida mentira... No solo lastimó al ruso, no solo decepcionó a su hermano de sangre, no solo lastimó a Seiya con su mentira, sino que aun peor se había ido sin dar explicaciones y se preguntó, sentado allí junto al General de Poseidón, si Hyoga realmente le creyó cuando le dijo que la culpa no había sido del Pegasus sino de él. Quizás Seiya había muerto en manos de un furioso Cisne.

-Me refería a que no fue un motivo suficiente para que lo dejases todo.
-No fue solo eso-Contradijo Ikki-Fueron muchas cosas, lo cierto es que alguien como yo no tiene nada que hacer entre ellos cuatro... Solo traigo tristeza, malos recuerdos y discordia.

Kanon sonrió, porque en el fondo el siempre se sintió así, aun más en el presente, viviendo en el Santuario ¿Cuantas lágrimas y sangre corrió por su culpa? ¿Cuanta tristeza, cuanto daño había ocasionado?.

-Ellos están mejor sin mí.--Finalizó el Phoenix.
-Por lo que veo...--Pronunció el mayor poniéndose de pie-Ya estas mucho mejor de tus heridas.--El otro solo asintió-Sanas rápido.
-No fue nada-Naturalizó el japonés.
-Fue bueno hablar contigo.--Reconoció el General yéndose con desgano.-Nunca te imaginé tan conversador.
-¿Has visto como tu hermano cambia a las personas?.-Bromeó Ikki riendo apenas.
-Créeme que lo sé.-Antes de irse del todo frenó su paso para investigar-¿Tu que harás?
-Supongo que me quedaré un rato más aquí.

Sin nada más que hacer, el griego se fue dejándolo al otro solo... Aunque el Phoenix aparentaba tener una madurez que no iba acorde a su edad, comprendió que no dejaba de ser un adolescente confundido, algo perdido, desorientado, pero en el fondo consciente de quien era en realidad.
El japonés por su lado, gracias a la corta conversación que había tenido con un antiguo enemigo, llegó a una escalofriante revelación: Que aunque no quisiese reconocerlo, se moría de ganas por estar en Japón junto a sus amigos. Aunque cobardemente, por el bien de todos, se había alejado, comprendió que necesitaba hablarlo, enmendar su error, y eso implicaba volver de nuevo.
No estaba preparado, aun, para hacerlo... Había algunas cuestiones que le quedaban por resolver en su interior, y cuando se sentía así de perdido y desorientado, recurría al exilio, para ver si de esa forma encontraba las respuestas.


***

Fueron solo dos noches después que Ikki tomó la decisión de ir detrás de esas "respuestas". Se presentó en el Templo de Saga asombrando notablemente a Kanon, este de pie en la sala solo atinó a pronunciar:

-Mi hermano no está.
-Lo sé... Esta en Leo.-Acotó el Phoenix realizando un gesto de asentimiento con la cabeza.

El General soltó un suspiro al mismo tiempo que sus ojos se posaron en el suelo ¿Que buscaba su hermano con Aioria? Lo supo, con sumo dolor lo supo. Levantó su vista y la posó en el menor, su sola expresión motivó al otro a que explicase su visita.

-Mejor... Porque he venido a verte a ti.--Una sonrisa algo lujuriosa curvó sus labios.
-Mira niño que yo no soy Saga-Se defendió riendo, incrédulo ante la felina mirada del japonés-Podemos ser parecidos pero no somos la misma persona.
-Por eso mismo, he venido...--La mirada de Ikki era mas firme, se acercó a su presa y la acorraló.
-No pienses que conmigo lograras vengarte de lo que te haya hecho Saga.
-Eso no me importa-Susurró en su rostro, logrando que el otro sintiese su calido aliento.

Kanon, sin dudas, no era Saga... Pero tampoco era de cartón y su cuerpo reaccionó, apenas pero lo hizo, con la cercanía del menor. Se sorprendió al notar la capacidad de seducción que poseía ese crío.

-La verdad es que necesito algo de... Atención-Confesó el General esforzándose por no sonreír, fijó su mirada en el otro desafiándolo.
-Bueno, yo puedo darte esa atención... Al menos esta noche.
-¿Porque yo?.--Investigó el griego realmente curioso.
-No te confundas.--Dijo el Phoenix con energía-Aunque sea un pendejo... Sé manejar mis sentimientos.
-Ah ¿Si?.--Entrecerró sus ojos, tomando sutilmente la cintura del japonés.
-Solo quiero cojer.
-Oh...--Se estremeció, de pies a cabeza, al oír esas palabras surgir de la boca de quien menos lo esperaba.
-No busco amor, ni consuelo, ni nada similar.

Mintió... Porque en parte estaba allí motivado por la necesidad de estar con alguien que le prestase unos minutos de su tiempo para consolarlo. Estaba cansado, de huir y de cumplir el papel de chico malo, por una vez quiso ser sencillo y vulnerable. Sobre todo si quedaba a merced de semejante adonis griego.
Ikki no lo podía negar, Kanon despertaba mil veces más su curiosidad y apetito sexual que Saga... Aunque fuesen iguales al ojo humano había algo en el General que le excitaba de sobremanera, quizás el saber que a diferencia del cretino de Géminis, el gemelo menor no tenia tanta diversión, y que seguramente se encontraba algo "necesitado".

-No puedes ir así por la vida...--Bromeó el griego rozando con sus labios los del menor, posando su mano en la parte mas baja de su espalda-Comportándote de esta forma, tienes una reputación que defender.
-No dejo de ser quien soy...--Ikki pegó más su cuerpo al de Kanon, para sentir la notable dureza en la entrepierna del mayor-Por disfrutar de un buen pedazo enterrado en el culo.

Esas palabras, dichas de una forma tan soez, burda y mal intencionadas, fueron la gota que colmó el vaso para el General. Aferró los glúteos del menor, hundiendo su lengua en su boca, deleitándose con el sabor del menor, este le correspondió dejándose hacer, dejándose tocar.

Sumiso y entregado... El poderoso Phoenix.

El mayor desprendió uno a uno los botones de la camisa que llevaba puesta esa noche el japonés, siguió con los pantalones sin dejar de besar, lamer y mordisquear el moreno pecho de Ikki quien se estremecía ante ese contacto, lanzando pequeños suspiros y gemidos de placer.

Por su lado, el Phoenix no se quedó quieto, una vez que estuvo completamente desnudo, con un poco mas de desesperación, le quitó todas sus prendas, que no eran muchas, al griego, dejando al descubierto un formado cuerpo cubierto de cicatrices, su miembro, ligeramente enhiesto, fue apresado por la mano del menor el cual, curioso como un niño, lo investigó... Su textura y su temperatura eran muy sugerentes, se vio en la necesidad de arrodillarse, para llevárselo a su boca y degustarlo.

Aun de pie, Kanon se sostuvo aferrando entre sus dedos la azulada cabellera del broncino, no cerró sus ojos, para así no privarse de tan magnifica escena que el Phoenix le estaba regalando. Su pene, ahora erguido en su totalidad, se perdió juguetonamente en la boca del menor quien divertido no dejaba de observar directamente a los ojos al General. Este no tuvo mas opciones que separar sutilmente a su amante para evitar eyacular tan rápido, lo tomó de la mano y se lo llevó un par de metros para acostarlo boca abajo sobre el sillón.

El menor, excitado hasta donde física y espiritualmente le fue posible, elevó apenas su trasero ofreciéndose sin tapujos a aquel hombre, pero este no pensaba tomarlo tan rápido, primero lo primero... Recorrió con la yema de sus dedos la tersa piel de la espalda del japonés, descendiendo lentamente hasta llegar a sus glúteos.
Ikki se movió apenas, buscando un contacto mas directo y al mismo tiempo dándole lugar a su propio miembro que hinchado se encontraba apresado entre su cuerpo y el sillón... Preso de la lujuria tomó con sus manos su trasero y separó sus nalgas regalándole a Kanon una perfecta vista de su sagrado orificio.

Con tan solo un dedo, el General acarició esa redondeada entrada arrancándole a su compañero un gemido de ansiedad. Sonrió, le gustaba verlo al Phoenix tan suyo... Acercó su rostro, hasta la nalga que estaba mas accesible al mismo tiempo que con sus manos tomó las caderas del broncino para elevarlas, y besó aquella zona... Apenas un imperceptible roce con sus labios.

Ninguno de los dos dijo nada, porque en una situación semejante, las palabras sobran y es el cuerpo el que habla. El japonés ya no daba más, comprendió que recién habían empezado, pero todo su ser clamaba una atención más directa. Como adivinando las necesidades de su amante, el mayor se volvió más osado, y fue su lengua la que recorrió los masculinos glúteos de Ikki, humedeciendo todo a su paso, ganando más terreno.

El Phoenix intuyó las verdaderas intenciones de Kanon por eso se acomodó mejor, quedando con sus rodillas y las palmas de su mano sobre el sillón... El General no perdió mas tiempo y acercó su lengua al acostumbrado orificio sin dejar de acariciar sus nalgas con un poco mas de presión en su trato.
El menor se dejó llevar, tanto, que terminó masturbándose lentamente, sintiendo ese calor en la parte más prohibida de su cuerpo... La lengua del griego estaba haciendo maravillas allí, dilatando poco a poco, introduciéndose indecorosamente en esa sucia intimidad.

Las manos del mayor no se quedaron quietas, iban desde los glúteos del Santo de bronce a sus testículos, los cuales masajeó delicadamente con el fin de ayudarlo a descargarse... Se las arregló para tocar la punta de su pene y fue con ese "inocente" contacto que un poco del néctar se liberó.

Ikki se mordió los labios y se apretó con cuidado la base de su hombría, incorporó apenas su espalda buscando regularizar su respiración, echó su cabeza hacia atrás sintiendo la cercanía de Kanon quien lentamente se sitúo detrás del Phoenix abrazándolo y acariciando su pecho.
Gimió sobrepasado de placer cuando sintió la lengua del General en su oreja, mordisqueándolo, luego jaló apenas de sus cabellos para poder llegar hasta su cuello y hacer lo mismo. Las manos del Phoenix, en aquella posición, buscaron las nalgas del mayor, acarició la parte externa de sus muslos incitándolo a que lo penetrase de una buena vez.

Pero el mayor lo torturó un rato mas, acercando su pene a su trasero, rozándolo apenas aun sin invadirlo... Acarició en cambio su pelvis hasta llegar a su miembro humedecido pero igualmente hinchado, supo que no se había descargado del todo. Le regaló un beso a su espalda al mismo tiempo que acomodó su miembro en el orificio del menor ejerciendo presión.

Ikki lo ayudó, relajando esa parte de su cuerpo y la punta apenas irrumpió su intimidad... No le gustaban las cosas delicadas o dulces, ni mucho menos pasivas... Por eso llevó su cuerpo hacia atrás clavándose profundamente aquella dureza. Comprendiendo las intenciones del Phoenix, Kanon no tuvo piedad y lo penetró con una fuerte y segura estocada que les arrancó, a los dos por igual, un gemido mitad placer, mitad dolor.

El vaivén no fue lento ni pausado, fue furioso y desincronizado al principio... Es que el menor no podía estarse quieto, masturbaba su propio miembro moviendo sus caderas acompasadamente... Arrodillados como se encontraban, con sus espaldas completamente erguidas, la penetración era sumamente intensa y placentera.

Kanon varió la intensidad, con el fin de retrasar su propia eyaculación, metiéndose lentamente en el interior del japonés, tomando pequeños descansos sin retirar del todo su pene, dejándolo guardado en aquella calurosa cavidad que le envolvía y le satisfacía una primitiva necesidad.
Pero lo bueno dura poco... Sus movimientos se tornaron mas furiosos a medida que su excitación alcanzaba su punto culmine... Gimiendo escandalosamente se descargó completamente dentro de Ikki.

La calma llegó, aunque los cuerpos se encontraban agitados y alborotados... El Phoenix aun sintiendo las débiles palpitaciones que la hombría del General le dedicaba en su trasero, se acomodó mejor, saliendo de aquella posición, quedando frente al mayor, sin darle tiempo a nada tomó con algo de brusquedad sus largos cabellos y lo jaló hacia abajo obligándole a engullir su miembro el cual, al tan solo sentir los labios apresando el glande, largó su copioso semen.
El menor no lo dejó incorporarse, no hasta que su pene largó la última gota asegurándose de que el griego había bebido todo. Cuando lo liberó, Kanon le dedicó una sonrisa y tomándolo por la cintura lo acostó en el sillón sobre su cuerpo.

El silencio, interrumpido anteriormente por masculinos gemidos, no fue quebrado. Se quedaron en esa posición disfrutando de una sensación gratificante que aun no los abandonaba. Sin embargo, luego de unos minutos, cuando ya el frío comenzaba a sentirse sobre la piel, el General habló:

-Será mejor que te vistas... Saga podría llegar en cualquier momento.
-No me importa-Elevó sus hombros para afirmar esa idea-¿A ti si?-Levantó su cabeza para ver la expresión del hombre.
-Pues... No debería-Suspiró-Ya estoy cansado de no tener derechos...-Se confesó, pero automáticamente se arrepintió de sus palabras-Sé que este no es mi lugar, ni siquiera soy un Santo Dorado.
-¿Porque estas aquí, entonces?-Ikki se incorporó con algo de pereza hasta quedar sentado en el sillón.
-Desde que Poseidón cayó y fui perdonado...-Frenó sus palabras, porque por primera vez el mismo se estaba cuestionando aquella lógica pregunta.

Lógica, sí... Quizás lo era por demás, pero fue recién frente al Phoenix que se vio en la necesidad de explicarse algo que no llegaba a comprender del todo.

-Supongo...-Susurró el griego poniéndose de pie, con su desnudes latente-Que tampoco tengo a donde ir.
-Y por eso soportas a tu hermano-Una sonrisa surcó los labios del menor quien observaba al otro desde abajo.
-Sé que Saga a veces es complicado.
-¿A veces?.-Mencionó estirando su brazo para tomar sus ropas y comenzar a vestirse.
-No lo juzgo...-Volvió a sentarse, vencido por tener que reconocerlo-No lo juzgo porque se que en parte es mi culpa.

El japonés guardó silencio, aunque no entendía del todo las palabras del mayor, supo que no era prudente ahondar demasiado.

-El problema soy yo...
-El problema es que está incapacitado para dar amor.-Se quejó Ikki dejando al descubierto, solo un poco, sus sentimientos.
-No, te equivocas.--Negó el gemelo con un semblante opaco-Su problema precisamente es que ama demasiado.

El Phoenix elevó una ceja, sumamente confundido.

-Ama a un hombre... Que no puede corresponderle.

Bajó su vista al suelo sintiendo como su corazón se apoderaba de un sentimiento desgarrador de desesperanza, el Phoenix había finalizado de vestirse aunque su compañero no mostró interés en hacerlo.

-Digo... ¿Porque simplemente no te largas de aquí?.-Para el menor la solución era sencilla tal vez porque no alcanzaba a concebir lo complicado del asunto.-Y dejar de depender de tu hermano mayor... -A modo de burla acotó-Ya estás algo grandecito para eso.

El griego le dedicó una sonrisa, había mucha verdad en las palabras del adolescente. Se puso de pie, se acercó al japonés y tomó su rostro con ambas manos para luego depositar un fraternal beso en su frente. Luego de eso, sin mediar palabras, Ikki se fue por donde había llegado y Kanon se vistió.

***

A tan solo un día después de lo acontecido, el General de Poseidón recibió una nota de un escudero, en ella el Phoenix lo citaba. El lugar era el coliseo... Y no es que no le sorprendiese la solicitud de aquel joven, en una zona de combate, tanto como verse involucrado en una "amistad" tan particular.
Es que el griego no solía llevar con los tipos que reflejaban en parte lo que él era, porque de esa forma podía ver sus defectos... Y vio mucho de sí, cuando era más joven, en el japonés... Solo que a diferencia de él, Ikki poseía un buen corazón libre de oscuros sentimientos.
Lo encontró, de espaldas, vestido con ropa muy occidental, un pantalón de gabardina negro y una camiseta de color blanca, sin restarle importancia a sus zapatillas y bolso.

-Has venido.
-Si me citan, acudo.-Contestó el mayor entrecerrando sus ojos importunado por los rayos del sol.
-Me voy, como verás.-Dio la vuelta y enfrentó a Kanon, con un porte y una mirada seria.
-Me parece raro...--El General sonrió de medio lado-Que el Phoenix le rinda cuentas a alguien.
-No te equivoques.-Contradijo frunciendo su frente en un gesto divertido, no era su intención contarle ni mucho menos pedirle permiso, ni a Kanon ni a nadie, él durante toda su corta vida se había movido por el mundo como una ficha de ajedrez sin tener las intenciones de comunicarlo previamente, porque la mayoría de las veces no tenia idea de cual seria su camino o destino final.
-¿Entonces?.
-Solo quiero saber si...--Sus ojos se movieron inquietos.

Esa actitud sorprendió al mayor y hasta cierto punto lo enterneció... Verlo al Phoenix tan nervioso.

-Si estarás aquí cuando vuelva.
-¿Volverás?.-Kanon ladeó apenas su cabeza.
-Lo más probable.

Considerando su situación, no podría quedarse en la Mansión por mucho que quisiese.

-¿Estarás?.-Preguntó Ikki comenzando a sentirse molesto con el mayor, cerró sus puños, tensando sus músculos.
-Lo dudo.-El General esbozó una calida sonrisa, aquella pregunta ¿encerraba otra o era solo su imaginación?.

Si estaría para él, cuando volviese, o si estaría físicamente en el Santuario. No lo adivinó.

-¿No?.-El Phoenix bajó su vista y guardó compostura, dando la vuelta para marcharse.
-Estaré en el pueblo... Lo mejor será que me aleje de Saga, por su bien.-Sus palabras detuvieron la partida del menor-Si me buscas, seguro me encontrarás.

Por orgullo no volteó. El japonés asintió y elevó su mano en señal de saludo, perdiéndose a lo lejos en la inmensidad del paisaje. Kanon aguardó unos minutos antes de marcharse, su pelo ondeaba débilmente a causa del viento y eso no le permitió observar bien la figura del Phoenix.

Habían sido enemigos... Pero un día se conocieron; escapando de lo mismo y buscando lo mismo: El amor.

Habían sido enemigos... De sí mismos.


FIN


Muchas gracias por leer.

Fic pedorro como ninguno, lo sé... Sé que quizás el argumento no es bueno y no tengo excusas al respecto. Prometo reivindicarme ¿?, pero por el momento este es el fic, así me ha quedado y así lo publico porque hay algo -no sé qué es- que de todos modos me gusta... Quizás sea el final.

Nos leemos.

Merlo, Buenos Aires, Argentina
30 de Abril de 2008
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