Pegasus Fantasy
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<  Yaoi Oscuro   ~  Falling From Grace (Songchapter) [MinosxAiacos] Cap1

Derkez
Publicado: Mar Mar 25, 2008 5:33 pm Responder citando
Myu de Papillon Myu de Papillon
Registrado: 30 Jun 2007 Mensajes: 131 Ubicación: En algún lugar del Inframundo, rodeado de flores Reputación: 3.1

Esta es una historia que significa bastante para mí. Surgió durante el verano, a raíz de cierto art en el que Minos sale con ropajes rojos, ojos del mismo color, y dos armas en las manos. De ahí en adelante ha sido condimentada con una larga lista de canciones que aún ando seleccionando para poder entrelazarlas con la trama.

Sé que todavía tengo dos fics sin terminar como para empezar con una se semejante extensión, pero no podía pasar por alto la oportunidad que se me brindaba. Ha decir verdad no pensaba presentarla al evento por una y mil razones; no obstante, finalmente me decidí. Cabe destacar que, supuestamente, cumplía un año como ficker a principios de marzo; mas hasta ahora no me da por manifestarlo XD

No prometo actualizar pronto; de hecho esta es la primera parte del Capítulo uno que aún no tengo terminado pero que espero traer antes de la fecha de conclusión en el evento señalada. Es una historia larga, muy larga de la cual aún no logro descifrar el final. Está basada en dos canciones de Rage que conforman una historia, por así decirlo, homónimo el nombre de la pareja al de la historia. Ambas las incluiré también en la trama. Mi idea es que dividan las dos partes en las que se centra el relato; ya veremos si conservo la idea para cuando llegue el momento.

La idea del Crossover fue porque Naruto me brindaba una serie de personajes que me era imposible obtener en otro lugar. Espero que liarla con ello.

Sólo espero que sea del completo agrado del lector.



Dedicado a todas aquellas personas que, de una u otra forma, han significado algo durante todo este tiempo. Comienzo la larga lista:


Evelyn: ¿cómo no podías estar aquí? Yo sé que quizás ni aquí lo leas, pero ya me encargaré de irte mandando todo esto conforme lo vaya haciendo, para que lo leas y me lo betees ^^ No es necesario decirte algo que ya sabes; a veces las palabras sobran n.n'


Shalafi: ¡ud, sí! ^^ Este es uno de los regalos que quería entregarle. Perdone que sea compartido, pero ya le entregaré cosas para ud única y exclusivamente. Yo espero que le guste, es algo en lo que he puesto demasiado empeño ^^u

Kari: he de agradecerte por todo este tiempo que, aunque no con mucha profundidad hayamos interactuado, muchas veces no hacen falta palabras. Te agradezco por la confianza en mí depositada y el haberme otorgado el privilegio de poder haber podido hablar contigo de una u otra forma. Sólo espero que este fic esté a tu altura.

Andry: ¡tú también! He de agradecerte profundamente haberme dado la oportunidad de haber podido conversar con una persona tan apacible como tú. Lamento que últimamente no podamos hablar con tanta frecuencia, sólo espero que tu "tortura" termine pronto x_x

Mid
y Sao: gracias por todo. Vuestro esfuerzo por ANTRO ha sido incomparable, así como el apoyo que le brindáis a cada uno de los Songfickers que lo conforman, entre los cuales me incluyo.

Sol: bueno, ya te dije por ahí todo, por lo que no tengo nada más que agregar a lo que anteriormente expresé. Miles de gracias.

Dai: tengo que agradecerte el haber aceptado mi propuesta así como el hecho de soportar todas mis deshilachadas ideas.

Aphrodita: sí, y quizás te parezca raro esto; mas he decirte que admiro la forma tan particular que tienes de envolver al lector con tus historias, así como el hecho de saber cómo llevar una historia a su perfecto término. Además de eso el mero hecho de poder haberme concedido el honor de haber cruzado unas cuantas palabras con tan espléndida ficker. Mi más sincera admiración hacia tu persona, chica.

Enkil, PatoNejo, Sidh y En: ya sé, que mucho no hemos hablado, pero quería también incluiros aquí debido a la oportunidad de haber podido interactuado con vosotros de alguna manera.


Y es posible que alguien se me pase (mi súper memoria -.-), por lo que también quería agradecerle a todos aquellos que, de una u otra forma, me permitieron interaccionar con ellos.



Iré dejando aquí la lista de canciones con los links correspondientes para quienes las quiera escuchar. Hay dos versiones de esta canción. Yo, por lo personal, tomé el principio de la versión normal y el resto de la alterna (es que Mille Petrozza hace mucho XDD). Dejo ambas ^^


Mysteria - Edguy

Mysteria (Alternative Version) - Edguy



El trozo empleado de letra traducida la dejo aquí, luego lo mudo XD




Misterio


"Señoras y señores - Bienvenidos al Show de Monstruos"

Oh, sí...

El mundo a mi alrededor me está matando
Sin rayo, viento y lluvia
Las anguilas se están arrastrando por todas partes
Componiendo el juego

Aplasta el ejército, la muerte viviente, sin destino
La muchedumbre sin cara está afuera para matar toda clase de variaciones

Estás intentando pisotear mis sueños
Un disparo en la oscuridad

Misterio - El espíritu elevándose
Eldritch llora desde la colina
Misterio - los fuegos están ardiendo
Su malvado banquete está destrozando el fotograma

Siete días y noches a la semana
Girando como una rueda
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Derkez
Publicado: Mar Mar 25, 2008 5:36 pm Responder citando
Myu de Papillon Myu de Papillon
Registrado: 30 Jun 2007 Mensajes: 131 Ubicación: En algún lugar del Inframundo, rodeado de flores Reputación: 3.1

<div align="center">"Ladies And Gentleman - Welcome To The Freakshow"







1


El despertar del misterio
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Oslo, Noruega. Invierno de 1845.






La lluvia golpeaba con fuerza las ventanas empañadas del calor procedente de una chimenea, rechazando así el inclemente frío del exterior. El incesante sonido de las gotas contra los cristales no era eclipsado por el crepitar de las llamas que consumían la madera. El viento parecía azotar con desenfreno los muros de la construcción, dejando oír su silbido en el interior de la vivienda.

Mas aquello a él no le importaba. Sentado sobre una silla de exquisita manufactura, descansaba su cabeza sobre el respaldar, mirando la danza que las brasas ejecutaban, un tanto burlonas. La embriagadora temperatura del lugar comenzaba a hacer presa de él, arrullándolo para que se entregara a las sombras del sueño; pero no les prestó atención, concentrado como estaba en observar el fuego.

Un sonido chirriante se dejó oír entre el estruendo de la tormenta, pasando después al sonido de un mecanismo en movimiento y una aguja rasgar la superficie de una hoja. Se giró para mirar hacia el lado indicado, a tiempo de ver el telégrafo que poseía moviéndose bajo las órdenes de otro, el cual le hacía escribir aquél mensaje. El aparato se agitaba con insistencia, representando en el papel los símbolos que las pulsaciones emitían.

Se levantó una vez hubo terminado, decidido a averiguar qué nuevas le traería el día. Tomó el telegrama con cuidado, examinando el escrito en Morse. Se acercó a la luz que desprendía la chimenea para facilitar su lectura.

"Ofirg. Presencia tuya solicitamos. Noticias inquietantes. No demorar. Traer protección. Esperando. Sueño."

Acto seguido, arrojó la nota a las llamas, dándole carta libre a estas para que la devoraran. Sus ojos rojos resplandecieron con la luz de las lenguas de fuego. Permaneció allí, inmóvil, sumido en un mar de pensamientos.

Hacía ya algunos días que no había salido de la casa y deseaba abandonar aquello de una maldita vez: odiaba estar encerrado. No obstante, sabía que aquél mensaje que había recibido no era algo que tomarse a la ligera. Se preguntaba qué hechos habrían ocurrido para que se arriesgaran a darle algunos datos que bien podrían haberle facilitado una vez se reuniera con ellos.

Tras unos minutos, disipó su meditación encaminándose para tomar todo lo necesario, cubrirse con un abrigo y un sombrero negro, y abandonar el lugar.

Caminó por las solitarias y mojadas calles, sin importarle que la violenta lluvia azotara su cuerpo sin misericordia. Se arropó más en aquella gruesa tela y se caló aún más la chistera, impidiendo que el agua tomara represalia con sus ojos. El sonido de sus botas de caña alta era amortiguado por el piso empapado.

Minutos después, llegó a lo que era uno de los más prestigiosos edificios de la ciudad. Rápidamente, se introdujo en él, pasando a lo que era una pequeña recepción.

-¡Ah, señor, ya ha arribado! -comentó un hombre de baja estatura y facciones escurridas-. Dispénseme un momento, le haré saber de su llegada a los señores.

El mayordomo abandonó presuroso el lugar dejándolo sólo en aquella pequeña habitación para volver pocos minutos después.

-Puede pasar, señor -le informó, despojándole de su abrigo y su sombrero empapados para dejarlos sobre un perchero junto a la puerta-; le están esperando.

-Gracias, Zeros -fue la seca respuesta que salió de sus pálidos labios antes de atravesar una puerta que lo conduciría a un oscuro pasillo.

Recorrió casi la totalidad del edificio, llegando a la parte interior subterránea, la más alejada de la entrada. Llamando a una puerta de exquisita madera, la abrió, pasando así al interior. En la sala, tres figuras lo esperaban, dos de ellas sentadas y una de pie. Al entrar él, volvieron hacia su persona sus ojos.

-¡Vaya! Pensábamos que ya no vendrías -comentó el que se situaba a la derecha, un hombre de facciones jóvenes, ojos rojizos, casi naranjas, y cabello lacio y oscuro-. ¿Qué pintas son esas? -reprendió frunciendo el entrecejo a la vez que lo observaba.

-Disculpad mi... mala presencia -respondió él-, pero no me es posible hacer nada contra los designios de la naturaleza.

Ante aquél comentario, el hombre sentado a la izquierda, de ojos celestes y cabellos de un rubio muy claro soltó una carcajada, la cual hizo que el primero que había hablado lo observara duramente.

-Zeros podría haberte dado algo para que te secaras un poco -comentó el hombre situado en el centro, de facciones duras y joviales, ojos intensamente rojos y cabellos negros como alas de cuervo, mientras contemplaba el charco que había dejado en el suelo los chorreantes cabellos del citado-. Toma asiento.

Este así hizo, dejando caer su cuerpo sobre un butacón de alto coste. Apoyó uno de sus brazos a lo largo de la parte superior del respaldar, cruzando las piernas mientras se giraba a encarar a los otros tres hombres. El blanco cabello le caía húmedo por la espalda y cara, pegándosele al pálido rostro. Sus ojos rojos, se centraron en el hombre del centro.

-Escucha, Minos -dijo este-. Lo que vamos a contarte ahora de seguro no será de tu agrado, así como tampoco lo es del nuestro -el aludido asintió, dando pie al otro a continuar. El moreno de ojos rojos tragó saliva para luego dejar escapar un suspiro de sus labios-. Tenemos problemas bastante graves. Esta noche nos enteramos de que el cuerpo de Poseidón había sido encontrado sin vida en su propia casa -el semblante de Minos no cambió, limitándose a observar fijamente a su interlocutor. Este continuó-. En un primer momento pensamos que se había tratado de una jugarreta de Odín; mas cuando nos dimos cuenta de que él no había estado enterado de la estadía del difunto en esta ciudad, nos planteamos la posibilidad de un ataque desde dentro de la propia comunidad.

-¿Una especie de rebelión? -preguntó el noruego.

El hombre de la derecha asintió.

-No obstante, eso no es lo importante -continuó él en lugar del otro-. Tras buscar con insistencia en las posesiones del fallecido, no hallamos ninguna huella de cierto libro de mortal importancia. ¿No te suena nada de eso? -le cuestionó.

Los ojos rojos del noruego se abrieron lo suficiente para mostrar sorpresa.

-El Oráculo de los Dioses -susurró.

-Así es -afirmó el moreno de ojos rojizos y anaranjados-. Te estás volviendo más hábil, Minos, no eres tan inútil como pensaba.

-Tanatos, es suficiente -interrumpió el hombre del centro-. No es necesario que andes lanzando semejantes pullas a uno de nuestros más confidenciales y eficaces aliados. Minos goza de mi entera confianza.

Sus ojos rojos brillaban fríos, con cierto tono de cólera.

-Como quieras, Hades -fue lo único que contestó Tanatos, haciendo un gesto con la mano.

Volvió a centrar su mirada en el de cabellos blancos, a tiempo de ver cómo una sonrisa burlona se hacía presente en sus labios.

-Supongo, Minos, que eres consciente de lo que semejante noticia implica -continuó hablando el otro hombre de cabellos dorados, a lo que el aludido asintió con un gesto de cabeza.

-En el peor de los casos, si consiguen descifrar el contenido de las páginas, no podrán hacer mucho -observó-. ¿De qué les sirve un objeto que habla sobre el futuro si no pueden acceder a él? Pueden preparar todo para cuando llegue ese momento, pero entonces nosotros ya habremos actuado.

Hades sacudió la cabeza.

-Las malas noticias no finalizan ahí. Antes de que atentaran contra su vida, Poseidón tenía en su posesión un objeto clave para el desarrollo de la humanidad que debía sernos entregado esta noche, aquél objeto que permite llevar a cabo lo que acabas de expresar.

Los ojos de Minos se abrieron aún más que antes.

-Sí, es lo que piensas -prosiguió ahora Hypnos-: el Reloj Astral. Con él y el libro, pueden echar por tierras todos nuestros planes.

El noruego nada dijo, perdiendo su mirada en algún lugar de la habitación mientras intentaba digerir toda aquella información. ¿Tanto tiempo había durado la conspiración contra Poseidón y no se habían dado cuenta de ello? No era él el encargado del espionaje, pero sabía que aquél que estaba al cargo de semejante trabajo lo desempeñaba a la perfección.

Suspiró con resignación al intuir que un arduo trabajo le esperaba. Paseó su sangrienta mirada por los tres hombres, deteniéndose en los ojos de su directo superior.

-¿Cuáles son los planes? -preguntó, directamente.

El moreno sonrió.

-Como es lógico y ya habrás previsto, necesitamos conseguir ambos objetos a toda costa -comenzó-. No sabemos ninguno de los planes de los traidores, pero contamos con el hecho de saber que uno de ellos es originario de Finlandia. Suponemos que allí se instalarán, pero no tenemos nada confirmado -hizo una pausa para poder ordenar las ideas que iba a expresarle al noruego-. Tu misión ya la conoces -acompañó las palabras con un leve gesto de aquellas oscuras cejas-. Pandora está esperándote en Alemania, en el castillo Heinstein. Deberás reunirte con ella mañana a la puesta de sol.

Hypnos se levantó para tomar algunas cosas que esperaban sobre la superficie de unos muebles exquisitos, de complicados labrados, que luego depositó en la mesa.

Minos lo imitó al incorporarse.

-¿Qué hay de Lune? -preguntó mientras se acercaba a los tres hombres.

-Ya viene de camino a Oslo -respondió Hades-, esta noche, mañana al amanecer como muy tarde, lo tendrás contigo.

El noruego desvió su mirada hacia los objetos depositados sobre la tabla de madera mientras se ajustaba los negros guantes.

-Está bien -dijo, examinando unas dagas de carísimo engaste en piedras preciosas y hoja de fiable metal, perfectamente pulida.

Tras asegurarlas en su cinturón metálico, sus ojos se posaron sobre lo que parecía ser una brújula. Frunció el ceño preguntándose para qué demonios quería una. Iba a tomarla cuando Tanatos se adelantó.

-Ten mucho cuidado con esto, no es algo con lo que se pueda jugar -advirtió, mostrándole la cerrada cajita que no era adornada por ninguna inscripción. El de ojos anaranjados la observó-. Aunque a simple vista parezca una brújula, no lo es. Este objeto es una réplica del Reloj Astral. Entenderás ahora el por qué de su valía. Por suerte Cronos sabe ser precavido en algunos casos, y este nos lo entregó en persona hace ya mucho tiempo. Es inexacto y sólo funciona cuando hay luna nueva, desde el principio del ocaso hasta el final del amanecer.

Dirigió la mirada hacia Minos, quién se la sostuvo sin ninguna dificultad. Le tendió el objeto con cierta reticencia, a la vez que sentía la mirada fulminante de Hades sobre su persona.

El de blancos cabellos cogió la réplica para abrirla momentos después. En el interior, un círculo con las constelaciones del zodiaco estaba representado con engastes de plata, quedando en el centro un pequeño reloj de arena que era atravesado por su parte más estrecha por una varita de metal, cuyo cristal parecía ser extremadamente delicado. Cerró la caja y la guardó en uno de los invisibles bolsillos de su casaca, asegurándose así de que no se perdiera.

-Deberás usarla para encontrarte con Pandora -le dijo el de ojos rojos-. Ella te espera en el siglo XXI, la actual fecha de hoy del año 2017.

-¿Qué hay de vosotros? -preguntó, frotando lentamente sus manos enguantadas.

-Aún tenemos cosas pendientes que hacer aquí -respondió Hypnos, entregándole una pistola envuelta en una funda de cuero con lujosos retoques-. El cuerpo de Poseidón merece poder permanecer en un lugar más adecuado.

-No obstante -continuó Hades-, Aiacos y Radamanthys te acompañarán, por lo que deberéis reuniros mañana cuando partáis.

Minos se permitió el lujo de enarcar una ceja tras su flequillo, mostrando así su sorpresa y exasperación. La simple idea de tener que soportar a aquellos dos no le hacía la pizca de gracia. No sabía si aquellos tres lo hacían por fastidiarlo o no, pero no dejó que nada de su inconformidad saliera al exterior y ninguno pudiera notarlo.

Asintió con la cabeza para aceptar aquél hecho. Se giró para encaminarse a la puerta cuando se detuvo tras haber dado dos pasos. Había recordado algo.

-¿Sólo las Marinas son causantes de traición? -cuestionó de espaldas a las tres miradas que lo contemplaban.

-Todo aquél que deba morir -respondió Hades con voz fría.

El noruego sonrió, captando el mensaje. Reanudando sus pasos, abandonó aquella sala, dejando a los tres solos.

-¿Qué tanta confianza tienes en tus aliados? -le preguntó Tanatos al moreno de manera seca.

El de ojos rojos rió entre dientes.

-Son más poderosos de lo que imaginas -contestó-, y muchísimo más de lo que siquiera ellos llegan a pensar.

Hypnos cerró los ojos a la vez que tomaba aire con lentitud. Iba a ser una temporada bastante larga y llena de sorpresas.



<div align="center">------x------</div>



Caminaba de regreso a su casa bajo la agonizante lluvia que se había transformado en débiles gotas. Las suelas de sus zapatos chapoteaban ante los charcos que se encontraban presentes en la adoquinada y húmeda calle que en esos momentos enfilaba. Las tristes lámparas de aceite que trataban de iluminar un poco las sombras de la noche, le permitían ver sólo lo inmediato a su posición.




<div align="center">The world around is killing me
No thunder wind and rain
</div>




Se caló más el sombrero y subió el cuello de su costoso abrigo negro, más para ocultarse que para protegerse del frío. La lluvia ya había cesado por completo, la tormenta había pasado y el viento parecía haber muerto de agotamiento. Una extraña tranquilidad se había apoderado de aquella parte la ciudad, algo que lo inquietó. Nadie pasaba por allí, ningún alma parecía haber en aquél conjunto de construcciones.

Continuó caminando mientras analizaba toda la información recibida. Se alegraba de aquél cambio que había dado su vida y que, de seguro, aún tendría algo más que trastocar. Le estaba matando la situación inútil que estaba viviendo. No había hecho otra cosa que aguardar oculto instrucciones de Hades para llevar a cabo aquél plan que habían estado urdiendo desde hacía mucho, idea que fue tirada por tierra con los últimos acontecimientos.

Sabía que la acción estaba servida, al igual que algún que otro secreto que acabaría descubriendo sobre aquellos dioses; pues, si algo no había pasado desapercibido a sus ojos y su ávida mente, era el hecho de que los tres eran divinidades muy poderosas, aunque intentasen hacerse pasar por humanos corrientes.




<div align="center">Eels are crawling everywhere
Compounding with the game
</div>




Dobló un recodo y salió a una calle bastante ensombrecida, pero más directa y segura hacia su lugar de destino. Gracias a su innato sentido de la alerta, no le pasó desapercibido el casi imperceptible movimiento de unas sombras en los callejones laterales. No se detuvo ni se volvió a examinar nada, únicamente continuó caminando. Todos sus sentidos se había agudizado hasta lo inimaginable; él no era un humano cualquiera.

El silencio era dueño y señor del momento, por nada quebrado. Y entonces, sucedió. Sintió el aire rasgarse a pocos centímetros tras de sí cuando se movió con gran rapidez, evitando que aquél que había emergido de las sombras lograra atraparlo. Girándose, deslizó su pie tras el tobillo del atacante, haciéndolo caer de un sólo movimiento. De inmediato, se volvió a encarar a otra figura que ya se cernía sobre él, apartándose a tiempo de su camino y golpeándola en el trayecto.

Notó como unos cuantos más salían de las sombras, con el objetivo fijado en su persona. La partida a la cual había sido invitado como un jugador más había empezado mucho antes de lo que esperaba, y alguien ya parecía mover sus fichas contra él; algo que no le decía otra cosa que era una verdadera amenaza para los planes que contemplara.




<div align="center">Grind the army, the living dead, without destination
The faceless crowd is out to kill all kinds of variations
</div>




Esquivó como pudo los ataques que le vinieron, salvándose casi de milagro. No podía seguir así si quería sobrevivir. El abrigo que llevaba puesto le dificultaba el movimiento, ante lo cual debía de recurrir a otros métodos de los que no quería hacer uso tan pronto. Pero habían empezado tomándolo no por sorpresa, sino en unas condiciones para nada aptas. No obstante, él siempre tenía un as bajo la manga.

Aprovechando uno de sus movimientos, enterró sus manos en la gruesa prenda que lo cubría, sacando con rapidez dos pistolas de excelente manufactura, acabadas en labrados de oro y piedras preciosas. Disparó con habilidad, con la firme intención de, por lo menos, herir considerablemente a las víctimas.

Varios cayeron al suelo, sangrando debido a los balazos. Mas no todos sus agresores eran humanos. Esqueletos desprovisto de carne alguna se movían de manera tosca, haciendo crujir los expuestos huesos y sonriendo de manera macabra con sus desnudas mandíbulas.

-Así que quieres acabar con una molestia, ¿verdad, Tanatos? -le preguntó a la nada, como si el aludido pudiera oírlo de alguna manera-. ¿O será que quieres ponerme a prueba? Sea como fuere, semejante afrenta no podré perdonártela.

Del interior de su abrigo sacó un frasco de fino cristal que contenía un líquido blanquecino: un preparado especial fabricado por Hypnos. Este se lo había dado hacía ya bastante tiempo atrás, por si una situación así se presentaba. Él, a pesar de haberse mostrado reticente en un principio, no confiaba en aquél hombre de ojos anaranjados, por ello siempre llevaba el recipiente encima, preparado por si había de utilizarlo.

Lo destapó con cuidado y corrió hacia los esqueletos animados, esquivando los brazos de estos y vertiéndoles unas gotas del contenido. Una nube grisácea se elevó, envolviendo a los muertos vivientes para, momentos después, desaparecer, mostrando lo que no era otra cosa que un montón de polvo blanquecino sobre el húmedo suelo.

Algunos de los heridos se levantaron para intentar atentar contra él. Tuvo que esquivarlos, viéndose obligado a rematarlos.

Fugazmente, observó cómo uno de aquellos atacantes sostenía un revólver entre sus manos que luego disparó. Escapó de aquella bala asesina por muy poco. Giró la mano para poder responder a aquella acción, cuando se dio cuenta de que el hombre huía con prisas por un callejón cercano, en un "heroico" intento por salvar su vida.




<div align="center">You're trying to trample down my dreams
A shot in the dark
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Corrió hasta él, persiguiéndolo, con toda la intención de atraparlo y hacerle confesar quién demonios lo había enviado. No creía que Tanatos fuera a enviar a algunos hombres, ¿a quién enviaría en caso de que así fuera? Él conocía a todo aquél que trabajaba para los tres dioses y le era imposible pensar que el de ojos anaranjados fuera a entretenerse en contratar a una panda de matones para acabar con él.

Sentía necesidad por saber quién había sido aquél que se había atrevido a acabar con su vida, sus sueños y todas sus aspiraciones. Quizás no fueran las que todo el mundo deseaba, pero era las suyas, a fin de cuentas.

Se detuvo cuando supo que no podría darle alcance con aquella ropa que llevaba. Fastidiado, alzó el arma y disparó a las sombras que se encontraban frente a él, haciendo que el sonido de los engranajes de la pistola quebraran el sepulcral silencio. Segundos después se oyó caer algo pesado al suelo.

No se paró a comprobar si había matado a aquél hombre, únicamente giró sobre sus talones y regresó a la calle que había sido testigo de su batalla. Con un lento movimiento guardó sus armas en dónde antes reposaran tranquilas.

Se agachó junto al cadáver de uno de aquellos atacantes para inspeccionarlo. No parecía tener nada de utilidad para él, por lo cual palpó un poco las ropas, hallando en uno de los bolsillos una pequeña nota. Una sonrisa se pintó en sus pálidos labios mientras la tomaba para desplegarla y leer el contenido.

"Una negra sombra como la noche con retoques blancos, deberá perecer".

Eso era lo que rezaba la grafía allí impresa. Con una exagerada exhalación, dobló ágilmente de nuevo la nota y la guardó. Más tarde se entretendría analizándola.

Se incorporó, mirando en derredor. La noche comenzaba a dejar caer su relente sin ninguna piedad, haciendo que un frío penetrante empezara a molestarlo. Cobijándose más en su abrigo, abandonó aquél lugar con paso rápido.

Llegó poco después a aquella concurrida parte la ciudad, ahora solitaria y desamparada por la oscuridad del ciclo nocturno, divisando el edificio lujoso y refinado, con cierto aire abandonado, del cual era dueño. Moderó su paso cuando observó una figura detenida justo a la entrada, envuelta en una pesada capa de un verde caserío y dejada caer en la fachada del edificio, la cual parecía esperar que le permitieran el paso al interior.

Deslizó su mano con precaución y tranquilidad hacia sus bolsillos, lugar del cual podía obtener una rápida y eficaz defensa en caso de que fuera atacado. Se acercó a ella, deteniéndose a una distancia prudencial.

-¡Buenas noches, insospechado! -lo saludó con cierto énfasis en la voz-. ¿La lluvia hizo estragos en vuestro cuerpo y venís en busca de refugio?

Un risa se dejó oír bajo aquella gruesa tela como predecesora de una respuesta.

-¿Desde cuando tan cortés con los desconocidos, Minos? -cuestionó, de manera burlona.

Sus ojos rojos refulgieron tras su blanco flequillo el cual no era ocultado enteramente por su sombrero. Conocía demasiado bien aquella voz, de hecho, le fastidiaba como nada volver a oírla y más aún al saber que se mofaba de él.

La figura se movió, irguiéndose mientras se descubría. Unos ojos, con un extraño tono entre rojo y morado, lo observaron. Un oscuro cabello como alas de cuervos enmarcaban unas morenas facciones sobre la que se dejaba ver una desdeñosa sonrisa. Una vez más volvía a contemplar aquél semblante maldito que tanto odiaba.

-Parece ser que estabas ansioso de volver a encontrarte conmigo -comentó el de blancos cabellos, sacando unas llaves de uno de los bolsillos de su abrigo para juguetear con ellas-. ¿Desde cuando obedeces tan inmediatamente las órdenes de Hades?

El otro pronunció más la sonrisa. Minos le estaba devolviendo sus comentarios.

-Parece ser que en dos años no has cambiado para nada tus ponzoñosas respuestas -aquella curvatura de labios se tornó de irónica a sensual-. Me gusta -desvió su mirada hacia la puerta-. ¿Piensas dejarme aquí? ¿No me vas a invitar ni siquiera a una copa, como en los viejos tiempos?

Notaba sobre sí los penetrantes y gélidos ojos de su acompañante, taladrándolo. Un tintineo metálico se dejó oír cuando las llaves fueron introducidas en la correspondiente cerradura. La puerta se abrió, y Minos, con un gesto de su mano derecha, lo invitó a entrar.

Le dio las gracias con un movimiento de cabeza para luego adentrarse en el edificio. El interior de este lucía bastante más apetecible que desde el exterior, en el cual bien podría apreciarse las gastadas superficies de la piedra. No cabía duda que era un buen engaño. Minos parecía no haber perdido tampoco su exquisito gusto por la decoración.

Deshaciéndose de su capa y tras colgarla en un costoso perchero, se dirigió a unos sofás que no parecían ser precisamente una baratija. Iba a sentarse sobre uno de ellos cuando algo lo hizo detenerse. Algo envuelto en un espeso pelaje entre blanco y plateado lo amenazaba arrugando el hocico y mostrando sus uñas y dientes. Un zarpazo le fue dado, arañándole la mano.

-¡Agh! -se quejó-. ¡Maldito gato del demonio...!

Las pisadas de las botas de su anfitrión se oyeron en el lugar. Este caminó hasta sentarse sobre un butacón de elegante tela, acomodándose en él.

-Satasha, ven aquí -llamó.

La felina siguió dirigiéndole su nada amistosa mirada de aquellos ojos rojos para descender del mueble y acercarse con pasos elegantes a su dueño. De un ágil salto, se instaló en las piernas de este para luego enroscarse y dejar que aquellas pálidas y delgadas manos acariciaran su suave pelaje.

Doliéndose de la mano herida, se dejó caer sobre la mullida superficie del amplio sofá, prendiendo su atención en aquellos profundos ojos que se dejaban entrever tímidamente tras una cortina de cabello marfil.

-¿Así que este es el recibimiento que obtengo de tu parte, desgraciada? -le cuestionó a la gata, quién sólo agitó una de sus orejas en señal de que lo había oído.

Una ladeada sonrisa se hizo presente en el rostro de Minos.

-Nunca le has caído bien -habló, teniendo como fondo el ronroneo que aquél ser emitía gracias a las caricias que le eran propiciadas-. No obstante, alégrate al saber que te ha extrañado; le faltaba ese "algo" con el que desquitarse.

El de blancos cabellos rió entre dientes a lo que su interlocutor respondió frunciendo el ceño, evidentemente molesto. Satasha giró la cabeza para mirarlo. Al moreno se le antojó que, de haber sido humana, habría esbozado una sonrisa cínica.

No quedaba duda de que aquello que decían de los animales y sus dueños, era más que cierto; no tenía más que mirar a Minos y a esa condenada gata para reafirmar aquél dicho. Los dos eran igual de fríos, independientes e indiferentes, así como también eran unos completos desgraciados.

-Aiacos, mejor cambia esa cara y dime qué es lo que te han encomendado -le dijo el noruego, aún riendo.




<div align="center">Mysteria - the spirit arising
Eldritch cries from the hill
Mysteria - fires are blazing
Their wicked feast shattering the still oh
</div>




El aludido se dejó caer sobre el respaldar del mueble, mientras apoyaba su tobillo derecho sobre su rodilla izquierda. Extendió ambos brazos por la parte superior del sofá, dando así cierto porte arrogante a su figura. Debía de darle a entender a aquellos dos que aquél rasguño no le importaba, aunque lo cierto era que le escocía. Movió su mano con ligereza, tratando de estirar la piel. Quizás se le infectaría; pero no iba a dejar que ninguno de ellos se mofara al solicitarle algo de curación.

-¿Acaso no lo adivinas? -contestó, retadoramente, sintiendo ansias de poder ver algún atisbo de cólera en aquél pálido semblante iluminado por la anaranjada luz de las llamas de la chimenea-. Creo que Hades se ha dado cuenta de que cada uno tenemos nuestro propio campo y no desea que nos inmiscuyamos en las tareas de los demás.

Minos no respondió, limitándose sólo a seguir con su mirada fija en él. Sus facciones no expresaban nada, tan sólo aquella inagotable paciencia que parecía pertenecerle de por vida.

Fastidiado por la falta de reacción en el otro, el nepalí se limitó a continuar hablando.

-Por el momento no me han dicho nada más que debo de reunirme con Pandora, ella me dirá cuales son mis misiones.

El silencio se estableció entre ellos, siendo sólo interrumpido por el crepitar de las llamas consumiendo la seca leña. Aquellas brasas captaron la mirada del moreno, sin que en realidad les prestara atención.

Minos tomó a Satasha del pecho con una de sus manos, acercando a su rostro el de ésta, para poder restregarlos en gesto de afecto. La gata, en respuesta, ronroneó más fuerte y se dedicó a juguetear con unos mechones de cabello blanco.

-¿Crees que nos dieron toda la información? -preguntó Aiacos, sin volverse a mirarlo.

El noruego tornó más seria su expresión. Su compañero parecía tener los mismos temores que él y es que, precisamente el hecho de que fuera aquella morena mujer la que les pusiera al tanto de la situación, no le gustaba nada.

Dejó la atención que le profesaba a la felina para soltarla de nuevo sobre su regazo. No obstante, a Satasha pareció no gustarle aquello y continuó jugueteando con aquellos largos mechones marfil.

-No estoy seguro -confesó-, pero en realidad se me hace bastante raro que casi no le hayan dado demasiada importancia al hecho de que Poseidón fuera asesinado -reflexionó-. Es cierto que lo más importante era el Reloj Astral, pero... ¿cómo pudo morir el difunto de manera tan... fácil? Quizás si examinara el cadáver...

-No es posible -lo interrumpió Aiacos, mirándolo con fijeza. Minos selló sus labios, esperando paciente la respuesta del otro sin ningún atisbo de enojo-. Intenté hacer que me dejaran echarle un vistazo, pero me respondieron que el cuerpo estaba siendo preparado para darle una digna sepultura -hizo una pausa, dejando que ambos pudieran pensar los suficiente del asunto-. ¿Desde cuando ellos tres se han preocupado de tales pormenores como el entierro de un fallecido?

El nórdico iba a responder cuando se oyó un sonido seco en la puerta de entrada al edificio. Satasha saltó con agilidad, yendo a parar a la parte superior del butacón en el que se encontraba Minos sentado. Este se incorporó de un salto con sus dos pistolas prestas para disparar. El moreno se giró rápidamente, palpando en sus ropas. Maldijo por lo bajo cuando se dio cuenta de que no estaba armado.

El noruego le hizo una señal para que dejara de hacer ruido y se mantuviera quieto. Otro golpe, esta vez con mayor potencia, retumbó por aquellas paredes. El de cabellos inmaculados le indicó a Aiacos que permaneciera en aquél salón mientras él se encaminaba hasta la entrada con paso amortiguado y silencioso. Se deslizó hasta llegar a las puertas cerradas justo cuando las golpeaban de nuevo, con más ahínco aún. Preparó sendas armas en caso de que tuviera que dispararlas. Por una diminuta rendija, observó el exterior de la casa, tras haber descorrido la pequeña y oscura tela que la ocultaba.

Con un movimiento de sus manos, devolvió las pistolas a sus fundas. Abrió una hoja lo suficiente como para poder introducir a la figura que esperaba afuera en el interior. Inmediatamente la cerró, lanzándole una asesina mirada al hombre rubio.

-¿Qué maneras son esas, Minos? -cuestionó, evidentemente molesto por el trato.

El aludido sólo se limitó a dirigirse de vuelta al salón, ignorándolo. El recién llegado, fúrico ante aquella acción del que se suponía debía de ser su anfitrión, lo siguió. Se encontró, para su sorpresa, que Aiacos ya estaba allí, al parecer bastante ocupado en vigilar los movimientos de un ser de pelaje blanquecino que lo miraba desafiante.

El de cabellos blancos corrió todas las cortinas de la sala, no queriendo que nadie más supiera que aquél edificio era habitado.

-¿Que no me vas contestar? -continuó hablando el hombre, mirándolo intensamente.

El moreno desvió su atención hacia el otro, molesto por el hecho no haber sido saludado. Minos se volvió, encarando al rubio.

-Radamanthys, confórmate con haber entrado en la casa -fue la frase que expresó con sus facciones gélidas, que nada tenían de diferencia con aquella nieve que se agolpaba en aquella tierra en la que se encontraban-. Y bien, ya que estamos los tres reunidos, mejor será que nos preparemos para mañana -continuó hablando-. Ya sabéis cuales son vuestras habitaciones o, si lo preferís, podéis dormir en el suelo o en el sofá.

Dicho esto, giró sobre sus talones para abandonar el lugar acompañado del sonido de sus botas golpear la fina loza. Satasha bajó de la mesita en la que se encontraba y, con el blanco y peludo rabo erguido, siguió al noruego con parsimonia y paso relajado.

El recién llegado volvió entonces su atención al nepalí, quién no se limitó ni a mirarlo siquiera, dándole la espalda de inmediato y encaminándose hacia su cuarto, evidentemente molesto por aquella acción de Radamanthys.

El inglés maldijo por lo bajo antes de mirar de reojo aquellas brasas agonizantes y disponerse a buscar la que, supuestamente, debería de seguir siendo su habitación.




<div align="center">Seven days and nights a week
Spinning like a wheel
</div>




Dejó la puerta entreabierta de sus aposentos, los cuales se encontraban al otro lado de la casa, alejados de los cuartos de los invitados. Le gustaba la tranquilidad, la soledad y la quietud, y eso sólo lo conseguiría de esa manera. Satasha se coló hábilmente por el resquicio abierto, cerrándola después con sus patas delanteras.

Se subió a la cama de un salto mientras Minos se cambiaba de ropa a una más propicia para entregarse al sueño. El noruego ladeó la cabeza mientras se abrochaba el largo camisón blanco, observando cómo la gata se entretenía con uno de los costosos cojines, el cual tuvo que arrancarle de un manotazo para que no acabara destrozándolo. La felina, en represalia, se tumbó sobre la mullida almohada.

-Satasha, no tengo ganas de jugar, así que será mejor que te vayas ya a dormir -le advirtió el de cabellos blancos antes de dejarse caer sobre el colchón.

Ésta, tras emitir un quejido, se levantó y acurrucó a los pies del lecho, enroscándose. Mañana se vengaría de él como era debido.

Una vez acostado, Minos contempló el danzar de una vela que llameaba inquieta sobre una mesita de noche. Llevaba ya varios días sin poder poner paz a sus pensamientos. Últimamente muchas cosas se habían sucedido y él, aunque no tenía idea de lo que estaba ocurriendo en realidad, pese hacerse una vaga idea, notaba cierta inquietud en los demás. Le había dado vueltas sin parar al asunto, intentando adivinar lo ocurrido; mas ahora, cuando ya era conocedor de los sucesos más recientes, sus temores no hacían más que profundizarse.

Y encima de todo, entonces volvía a aparecer aquél maldito nepalí que tantos dolores de cabeza le hubiera ocasionado en el pasado. Maldecía su suerte y la de volver a cruzar sus caminos. Había vivido lejos de él durante mucho tiempo en el cual casi ya se había olvidado de su existencia, pero tal parecía que había alguien empeñado en que no lo hiciera.

Sopló con fuerza, extinguiendo la llama y la luz de la habitación. Si quería encontrar el descanso, las sombras serían las más propicias para hacerlo.



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Hasta aquí puedo colgar, de momento. En estos días espero traer el resto del capítulo. ¡Gracias por leer! n_n
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