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| Ice-Spirit |
Publicado: Lun Jul 16, 2007 8:17 am |
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Seiya Delirante en Potencia

Registrado: 28 Jun 2007
Mensajes: 4027
Ubicación: Esquina de Larco con La Marina, Haciendole 'cosas' a Anhell jajajajaj XD
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Galardonado como el Ikki más uke de la historia, mi vida pende de un hilo por publicar esto en el foro de Dazi(esa loca me odiara por esto jajaja). Cuidado, no apto para cardiacos y/o defensores acérrimos del Ikki seme
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Hacía ya un buen tiempo que Hyoga estaba obsesionado con Ikki. Todo comenzó un día de verano, hacía un calor de órdago y la piscina de la mansión estaba vacía, para ser exactos, seca. Saori acababa de ordenar que la limpiaran, por lo que la habían desaguado; mientras tanto, los habitantes de la mansión agonizaban lentamente. Hyoga, sabiéndose la única fuente de frío en el caserón victoriano, que ni siquiera tenía aire acondicionado, decidió solidariamente esconderse, para no convertirse en el ventilador ambulante de todo mundo. Para ello, huyó a una zona recóndita del extenso jardín, en la que improvisó con su cosmos un área libre de calor. Luego de esto, escondió su presencia reduciendo su cosmos al mínimo y se quedó quietecito a la sombra de un árbol.
Los demás al no encontrarlo en ninguna parte, no tuvieron otra opción que marcharse, pues estar en esa casa era el verdadero infierno, uno que ni Hades en su reino poseía. Saori se fue a un Club de Ricos y famosos, arrastrando consigo a Seiya y Shiryu, además de Shun que no quería quedarse solo a conversar con su hermano. No que no lo quisiera, pero todos sabemos que el Fénix no es hombre de muchas palabras. Por su parte Ikki ni se inmutaba, pues el calor no tenía efecto en él, por lo que quedarse o irse para le daba lo mismo. Los dorados que andaban por ahí se fueron a la playa. Así, el cisne pudo sentirse tranquilo al sentir las cosmoenergías salir una a una de la casa.
Cuál no sería su sorpresa cuando de improviso vio al Fénix salir al jardín. El ruso mantenía su cosmos apagado, por lo que no creía haber sido descubierto, pero igual mantuvo su cautela mientras veía que se traía Ikki.
Sigilosamente, el fénix tomo una de las mangueras con las que regaban el jardín, mirando a todos lados que no hubiera nadie alrededor. Luego de conectarla al caño, la fue extendiendo hasta llegar, oh suerte divina, cerca de donde se encontraba Hyoga. Allí sin más se quito las prendas que traía, hasta quedar en unos boxers negros pequeños y apretados y dejo correr el agua sobre su cuerpo moreno y bien formado. Mientras el agua lo recorría, el japonés se iba tocando indecorosamente, al a vez que tanto él como Hyoga se iban calentando. Llegó a un punto en que el ave de fuego perdió la razón y arrancó los boxers con sus propias manos, quedando tal y como vino al mundo. Las imágenes vistas ya habían hecho su efecto en el siberiano, que estaba a mil, pero a esto se agregó una sorpresa más del fénix: este tomó la manguera y la apuntó a su trasero, para luego comenzar a frotársela. Los ojos de Hyoga querían salir de sus órbitas, al ver como gemía Ikki al sentir el tubo entre sus nalgas, de no ser por el agua que salía, seguro se lo hubiera metido. El peliazul se masturbaba rabiosamente mientras con la otra mano movía la manguera con una desesperación que nunca se había visto en él. Finalmente el pobre moreno se acabó con tal fuerza que su esencia recorrió un par de metros antes de caer al suelo. Hyoga a su vez, estaba tan impresionado que no se dio cuenta cuando se había corrido. Estaba a punto de acercársele al fénix con la intención de chantajearle un poco a ver si se dejaba, pero notó su expresión avergonzada al ver la manguera que hacía instantes había sido instrumento de su placer. Repentinamente contrajo su rostro y huyó desnudo de ahí a la velocidad de la luz. Hyoga salió de su escondite y se acercó a la escena del crimen. Recogió las ropas del japonés, las cuales estaban llenas del olor de Ikki, el cual aspiró deleitándose con su masculinidad, pues, por qué negarlo, siempre le pareció atractivo ese moreno que estaba para comérselo. Estaba por irse, pero sus ojos tropezaron con la dichosa manguera. Un impulso la hizo cogerla y contemplarla absorto. ¿Cómo un vil trozo de plástico había conocido las intimidades del sagrado trasero japonés, que muchos habían deseado sin éxito? ¿Qué había en la cabeza de Ikki para que impidiera al mundo tocar ese culo que se caía de bueno, pero lo regalara sin asco a una miserable manguera?
Desde ese día la duda lo corroyó. Comenzó a seguir al Fénix a donde quiera que fuera, para ver si encontraba una razón, al menos eso es lo que se decía a sí mismo. Muchas veces casi lo pescan, pero ese verano había aprendido a ocultar su cosmos muy bien, por lo que el fénix nunca estuvo seguro si lo estaban acechando o eran imaginaciones suyas, producto de la intensa culpa que sentía por hacer esas cosas.
Ikki siempre había sido el mas viril de los santos de bronce, sin embargo dentro de él había algo que ardía y no era precisamente el cosmos de fuego. Tenía la intensa necesidad de sentir algo en su trasero, no sabía por qué, pero tener algo duro entre las nalgas lo hacía sentir en el cielo.
Sabía sin embargo donde empezó su vicio. De niño en la isla donde entrenó, los muchachos mayores aliviaban sus necesidades entre ellos. En las barracas, el pequeño peliazul vio muchas veces como se penetraban entre sí, intercambiando lugares con gusto cada cierto tiempo. Si alguno osaba rehusarse los demás lo forzaban y se la metían hasta que le guste. Al principio con Ikki no se metían, pues era muy niño para ser parte de sus juegos, pero llego una edad en la que se fijaron en el cuerpo bien formado del japonés, ya con vello en el vientre, señal de que estaba apto para complacerlos. Ikki siempre había visto con curiosidad las cosas que hacían sus compañeros, alguna vez deseando saber como se sentía. Por las caras que ponían parecía que era muy agradable.
Cuando le llego el día a él, un muchacho se sentó sobre su hombría, refregándose sin pudor en ella. Uno a uno se fueron turnando para sentir la dureza del peliazul, hasta que alguien lo volteo para hacerle sentir su miembro. Al principio la curiosidad de Ikki hizo que se mostrara dispuesto a recibir aquellas caricias, llegando a deleitarse en el roce, pero en un momento se vio a sí mismo, como si fuera un espectador externo, el orgulloso Ikki, sumiso y entregado al miembro del otro chico, disfrutando ser disfrutado. En ese momento sintió asco de sí mismo. En un arranque de furia se liberó de los que lo rodeaban y los noqueó, quien sabe como, con su cosmos.
Nadie se le volvió a acercar con esos propósitos, pero el sabía en su interior que deseaba compartir su cuerpo con otro, quería que lo tocaran, que lo acaricien en sus zonas mas intimas, deseaba entregarse sin reparos a otro hombre para que haga de él lo que quisiera; sin embargo, su orgullo podía más que él. Hyoga fue testigo de las variadas ocasiones en las que Ikki fue a bares gays, ligándose a hombres muy atractivos, que sin más llevaba al baño. Pero en el momento de recibir el miembro de su ocasional compañero, el fénix se espantaba y acababa con él de un golpe para huir inmediatamente de ahí.
Ese día, el fénix salió alrededor de las 10 de la mañana, a comprar unas cosas que le había encargado Shun. Hyoga salió discretamente al uno de los jardines de la casa, solo para saltar el muro y seguir al moreno sin que nadie sospeche. Ikki caminó y caminó hasta llegar al centro comercial. Mientras iba a la tienda que tenía que visitar, pasó frente a una tienda de música. En ella un grupo de chicos, evidentemente gays, hacía escándalo en el local. Al parecer el dependiente era amigo suyo, así que estaban aprovechando para oír discos gratis. El peliazul se acercó disimuladamente a donde estaban los posters de esos grupos dark que tanto le gustaban, mientras que el ruso se sento en una banca a espiar, discretamente cubierto por un periódico. Hyoga notó algo extraño, los pies de Ikki se movían acompasadamente (cosa de por si insólita) y no con un ritmo cualquiera, sino siguiendo la extravagante música que sonaba en la tienda. Hyoga río para sus adentros, que darían Seiya, Aioria o Milo por saber esto, harían tantas bromas sobre el Fénix, que el pobre peliazul no podría asomar su rostro enrojecido por la sala en semanas. Para colmo no solo eran los pies, sino que Hyoga notó como Ikki movía sus caderas solapadamente. El cisne dejó sus planes de chantaje para regalarse la vista con el trasero perfecto del japonés moviéndose de esa manera tan excitante para él, que pronto tuvo que usar el diario con el que se ocultaba para tapar su erección. De pronto uno de los tipos que armaban jaleo en la tienda notó el movimiento de Ikki y se comenzó a acercar peligrosamente. El japonés, que era un manojo de nervios cuando le sucedían estas cosas, lo notó al instante y huyó de ahí inmediatamente, dejando al rubio con las ganas y maldiciendo al tipo ese. No hubo más incidentes en el centro comercial, pues el moreno se había puesto nervioso; se apresuró a terminar lo que tenía que hacer y salió de allí.
Fuera del centro comercial, Ikki notó que ya se había hecho algo tarde, era la hora punta del metro, pues muchos salían a almorzar. Él no solía ir en metro, él caminaba y todos los sabían, o al menos eso creían. Producto de sus observaciones, el ruso había descubierto que al peliazul le gustaba subirse cuando los vagones iban más llenos, le gustaba ir apretujado entre varios hombres y así sentir sus hombrías bajo el pretexto de la falta de espacio. No faltaban los que “apreciaban” el gesto del fénix y tenían un viaje sumamente agradable, pero la mayoría ni se daba cuenta. Estos paseos de Ikki eran los que menos gustaban a Hyoga, moría de celos cuando veía su firme trasero contra la entrepierna de otro, odiaba no poder acercarse y sentirlo él mismo por temor a ser descubierto. Sin embargo, ese día decidió arriesgarse, aunque luego el asustado fénix lo matase para ocultar su secreto, él quería sentir a Ikki restregarse contra su vientre aunque sea una vez.
Ambos subieron al vagón por puertas separadas, Hyoga evitando a toda costa ser visto; el plan del cisne era acercarse lentamente por la espalda y luego aprovechar los instintos del fénix. Sigilosamente comenzó a acercarse mientras observaba la rutina del peliazul, que siempre estaba en las zonas más abarrotadas. Ya estaba cerca del pollo, cuando el tren llegó a una estación, en la cual para desgracia de Hyoga subió alguien que reconoció. Era un tipejo al que Ikki se había encontrado antes y al que en más de una ocasión le había hecho el viaje más placentero. El tipo estaba completamente al tanto de lo que hacia el fénix, muchas veces incluso había dejado que el japonés sacara su miembro por la bragueta en medio del tren. Ikki lo reconoció inmediatamente y el tipo sonrió maliciosamente al verlo.
El hombre se colocó detrás de Ikki y este arqueó la espalda levantando su trasero. Suavemente y procurando que nadie se diera cuenta, se frotaban uno al otro. El ruso no podía creer su mala suerte y dentro de su coraza de hielo ardía en celos, quería saltarle encima al tipo y congelarle el alma ahí mismo. El vaivén de los otros continuaba, acentuándose con el más mínimo movimiento del tren. El hombre mostraba una sonrisa pervertida mientras se aprovechaba de la sumisión de Ikki, completamente rendido a su miembro, al parecer le excitaba mucho tener a un hombre como ese a su merced.
Por su lado el cisne quería borrar a golpes esa sonrisa artera. Comenzó a acercarse, empujando a los pasajeros, fuera de sí, en el trayecto iba imaginando mil maneras de exterminar al tipejo, que ahora se movía a un lado para permitir que Ikki saque su miembro. El peliazul sobaba con rudeza el miembro del tipo, haciéndolo ver las estrellas.
Hyoga ya iba a matarlo, cuando tantos años de entrenamiento con Camus dieron resultado. Una idea brillo en la mente del ruso; en lugar de golpearlo brutalmente como tenía planeado, comenzó a avanzar, como si quisiera llegar a la puerta, pidiendo permiso cortésmente en algún caso, pero cuando llegó adonde estaban ese hombre e Ikki, fingió tropezarse, arrastrando al tipo consigo. Hábilmente logró caer de espaldas al fénix, para impedir que lo reconozca, a la vez consiguiendo que se hiciera un gran espacio en el vagón, en medio del cual, cayó el tipo con el miembro erecto y afuera. Las mujeres gritaron, algunos hombres se rieron cómplices, otros se enfadaron, pero al final, el tipo salió corriendo apenas se abrió la puerta de la estación, para decepción de Ikki y agrado de Hyoga. El japonés pasó desapercibido por su aspecto y el rubio se ubicó detrás de él. Ahora el fénix sabría lo que es un hombre, el ruso pego su cuerpo con fuerza al trasero de Ikki, golpeando su pelvis contra el trasero de este. El peliazul se sobresaltó, pues era siempre él el que se restregaba contra otros, nunca había sido abordado así. Se irguió para dar vuelta y encarar al que se restregaba contra él pero fue detenido por Hyoga, quien fingiendo otra voz, lo amenazó.
-Shhh nene, quédate tranquilo nomás. Ya vi lo que hacías con el otro tipo así que ahora te aguantas. Además sabes que te gusta, ¿o no?
Las palabras de Hyoga iban acompañadas por suaves golpes de su entrepierna contra el trasero del fénix, mientras una de sus manos se deslizaba por la cadera y la cara interna de los muslos. Acercando su rostro al cuello de Ikki, comenzó a susurrarle cosas obscenas, mientras apretaba el paquete del japonés. Este a su vez, sentía que una corriente eléctrica lo recorría de pies a cabeza, su piel se erizaba con cada cosa que minuciosamente le describía el rubio, que le contaba algunas de las fantasías que había tenido acerca de él desde que lo vio aquel día con la manguera. Lástima que la estación a la que iban era la siguiente por lo que el cisne se frotó por última vez contra el trasero de Ikki y salió de ahí antes que este lo reconociera.
Por su parte, el moreno salió del bus completamente rojo y sudando como si viniera de un sauna. Nunca se había sentido tan excitado como hacía unos momentos. Hasta ahora todo había sido iniciativa suya y eventual colaboración de los otros, pero ser abordado por un desconocido y tocado de esa manera, había sido, electrizante, por decir lo menos.
Cuando llegó a casa, hacía un buen rato que el cisne había regresado, sin que nadie se diera cuenta. Por precaución, el ruso había cambiado de ropas y se hallaba en el comedor cuando Ikki llegó.
-Oye pato, has visto a mi otouto?
-Debe estar en el jardín pollo, bien sabes que a esta hora Shiryu, Seiya y él se la pasan ahí esperando el almuerzo.
-Pues aquí están sus cosas, yo me voy a mi cuarto.
-¿Te cansó mucho el viaje gallina vengadora?
-¿Quién eres tu para reprochármelo? ganso pecho frío, si tu te levantas a almorzar.
Hyoga se río para si mismo, en la casa el fénix seguía siendo el mismo de siempre, sin sospechar que él sabía su secreto.
Una vez en su cuarto, Ikki se tumbó en la cama con las manos detrás de la nuca. Cerró los ojos para tratar de descansar, pero al caer sus párpados, aparecieron los recuerdos de esa mañana. El centro comercial, el tipo aquel, el peliazul comenzó a meter sus manos bajo la ropa, buscando autocomplacerse. Cuando llegó al momento en que era abordado por el desconocido (Hyoga) comenzó a gemir y sudar. Se deshizo de la ropa y comenzó a masturbarse, mientras que con la otra mano acariciaba su entrada, deseosa de ser ocupada por el miembro duro de aquel extraño. Recorría con sus dedos los pliegues de su intimidad, humedecidos por el sudor, abriendo las piernas mientras imaginaba a aquel desconocido sobre él, poseyéndolo, haciéndole gritar su nombre. Su imaginación llegó más allá, haciendo que el japonés se diera vuelta, mientras imaginaba que aquel hombre misterioso lo ponía en cuatro para poseerle. Con sus dedos recorría el espacio entre sus nalgas, imaginando la hombría del otro. En eso, pensó que se estaba volviendo loco, pues oyó la voz del desconocido del tren.
-Se ve que te encanta tener algo en el culo.
Ikki volteó a todos los lados buscando el origen de la voz. Cual no sería su sorpresa al encontrarse a Hyoga sentado en el alfeizar de la ventana.
El peliazul dio un salto, el terror en su rostro era evidente pues ahora se veía descubierto y nada menos que por el ruso desalmado. Imaginó en un instante mil penurias por las que ese ganso lo haría pasar, las burlas de todos, la vergüenza. Hyoga sin embargo estaba tranquilo, casi sonreía. Se aproximó lentamente al aterrado fénix, mirándolo a los ojos mientras se desnudaba. LuegoSe pegó a su cuerpo, aprisionándolo contra la cabecera de la cama y colocó su rostro a escasos milímetros de él.
-Te gusta no pollo, te encanta sentir mi miembro en tu culo-mientras decía esto, frotaba su erección contra la entrada expuesta de Ikki.
-Hyoga bájate de encima y sal de aquí o sino yo…
-¿Tú que pollito? ¿Me golpearás? ¿Me echarás a patadas? Eso no fue lo que hiciste en el tren.
-Cállate! Tu no sabes nada.
-Claro que lo sé, sé que eres un gran…
Aquí el ruso comenzó a contarle todas las cosas que había visto, incluyendo los detalles más sórdidos. Ikki enrojecía de vergüenza ante la evidencia y algunas lágrimas pugnaban por escapar de sus ojos. Todo esto era acompañado por el vaivén del cuerpo de Hyoga, que lo hacía sentir peor.
El ruso no ignoró esto y acercándose aún más le plantó un beso al fénix. Este no supo como reaccionar; a pesar de sus variadas experiencias sexuales, nunca había sido besado, todos los hombres anteriores solo se habían aprovechado de su cuerpo, sin preocuparse por él. El moreno cayó rendido y no protestó más, suavemente correspondió el beso, abrazando a Hyoga mientras este se posicionaba mejor. Sin darse cuenta ambos comenzaron a tocarse apasionadamente y por un momento el japonés olvidó sus prejuicios y se dejó hacer por su compañero. Realmente estaba disfrutando tener al rubio encima, sintiendo sus blancas manos recorrer su piel y sus formados músculos y no se quejó cuando este se ubicó audazmente a sus espaldas. Tendidos de costado, Hyoga besaba el cuello del moreno mientras que con una mano, acariciaba sus muslos, levantando el libre para dejar expuesta la entrada. Acercó la punta de su miembro al virgen orificio, pero en ese instante Ikki reaccionó y sus miedos hicieron que quisiera huir.
-No Hyoga, no puedo hacer esto, déjame ir- decía un ansioso fénix mientras Hyoga lo sujetaba por las muñecas.
-No te voy a soltar pollo infernal, ya es hora de que te dejes de estupideces. Sabes que quieres esto, sino no lo buscarías tanto.
-Basta por favor-respondió el otro sollozando-no puedo, tengo vergüenza de lo que siento.
-No Ikki-dijo el cisne mientras dejaba caer todo el peso de su cuerpo sobre la espalda del otro- Ya es hora de que aceptes tu realidad como un hombre y dejes de huirle a esto.
El ruso encajó su miembro entre las piernas del peliazul y comenzó a presionar, con un ritmo constante, sin escuchar las súplicas de Ikki. Mientras tanto, trataba de calmarlo mesando su cuello y espalda, susurrándole al oído cosas como “tranquilo, pronto terminará y verás como lo disfrutas” o “vamos Ikki, yo se que tu aguantas”, las cuales calmaron un poco al fénix, pero aún tenía que sujetarlo de las muñecas.
Ikki sintió como poco a poco el miembro duro del rubio se adentraba en su trasero. Al principio fue muy incómodo y doloroso, pero llegó un punto en que esas sensaciones se convirtieron en algo raro, calido y placentero, como sentirse satisfecho. No supo cuando comenzó a gemir; su mente, perdida en el mar de sensaciones que le proporcionaba el ruso, no supo nunca en que momento comenzó a disfrutar aquello de lo que tanto había huido.
Hyoga por su parte estaba en los campos elíseos, disfrutando el trasero japonés con el que había soñado por tanto tiempo. Se sintió satisfecho cuando notó que el moreno comenzaba a colaborar con el acto, moviéndose acompasadamente y levantando un poco la cadera, gestos que fueron recompensados por apasionados besos. Mientras recuperaba el aliento, fue sorprendido por la voz serena de Ikki.
-Gracias Hyoga.
A lo que el ruso respondió abrazándose fuertemente al cuerpo de Ikki, para aumentar la fuerza de sus embestidas y finalmente acabar copiosamente en el interior, haciendo que Ikki también llegase al clímax.
Ambos cayeron exhaustos en la cama y se durmieron juntos. Al despertar, Hyoga vio los ojos de Ikki mirándolo fijamente.
-¿Qué pasa?
-Yo no se que sentir sobre lo que pasó hoy.
-Pues, que fue excelente.
-Estoy de acuerdo. Pero aún hay algo en mí que no me deja tranquilo.
-¿Y qué es?
-Dime Hyoga, ¿Dejarías que alguien te de por el culo?
Hyoga sonrió y dijo- Pues creo que sí, pero solo si eres tú.
Ambos se besaron y en su interior Ikki supo que a lo que le tenía miedo era a confiar en el otro, por eso no podía entregarse en cuerpo y alma. Sin embargo ahora tenía a Hyoga, quien le había demostrado que valía la pena hacerlo, pues existe la oportunidad de recibir la confianza del otro a cambio.
FIN |
_________________ TODO ES TU CULPA!
por qué? pues porque YO lo digo XD
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| Pajarraca |
Publicado: Sab Jul 21, 2007 12:16 am |
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Albiore de Cefeo

Registrado: 03 Jul 2007
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Ubicación: Yaoilandia y de visita en pajarracolandia xD
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Este...yo ya lo había leído y aunque casi más me dan ganas de salir a matar gente...lo acepto perdimos en la guerra. Dios pescado frito que locura la tuya del Ukki ainnss >_< me da escalofrios ese nombre. Saludos XDD
*deja un cartel* IKKI SEME 4REVER!!!!! |
_________________ ~*Sakudila*~
Buscando un camino hacia Japón |
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| Ice-Spirit |
Publicado: Sab Jul 21, 2007 2:11 am |
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Seiya Delirante en Potencia

Registrado: 28 Jun 2007
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Ubicación: Esquina de Larco con La Marina, Haciendole 'cosas' a Anhell jajajajaj XD
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JAJAJA
Sabes que nadie puede detener los instintos del Ukki
Ademas ahora que poseo los poderes del fenix puedo hacer cenizas tu cartel
*Ice deja su propio cartel: "Ukki seme cuando el infierno se congele"(más o menos cada vez que lo voy a visitar, por algo soy Ice-spirit * |
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| Pajarraca |
Publicado: Sab Jul 21, 2007 6:44 pm |
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Albiore de Cefeo

Registrado: 03 Jul 2007
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Jjajajjajjj deja en el tapete del fic otro cartel...
*"podras quemar todos los carteles, pero yo tengo muchos de reserva...muajajaj IKKI SEME!!!!"* |
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| Ice-Spirit |
Publicado: Dom Jul 22, 2007 3:52 pm |
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Seiya Delirante en Potencia

Registrado: 28 Jun 2007
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*El cartel de sakura es tragado por la tierra*
*Ice pone otro cartel: "No pueden ganar, Ice siempre esta un paso adelante, VIVA UKKI!"* |
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| Pajarraca |
Publicado: Lun Jul 23, 2007 12:33 am |
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Albiore de Cefeo

Registrado: 03 Jul 2007
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Jjajajajaja OMG!! esto parece la guerra XDDD.
*Sakura saca otro cartel* IKKI SEME!!!!!!!!! FOREVER AND EVER * aparece y desaparece dicho cartel para q hice no pueda hacerlo añicos* |
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| Ice-Spirit |
Publicado: Mar Ago 07, 2007 11:33 pm |
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Seiya Delirante en Potencia

Registrado: 28 Jun 2007
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Ice bosteza.....
Ice coloca ina nube de tormeta sobre el cartel, no importa si aparace y desaparece si nadie lo va a ver.
Ice coloca una estatua de Ikki siendo ukeizado con gusto por Hyoga. en la base se lee una placa que dice
"La verdad, la amarga verdad"
G. J. Danton
JUAS! |
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| luribel |
Publicado: Mie Ago 08, 2007 7:03 pm |
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Seiya Adicto

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| Ice-Spirit |
Publicado: Jue Ago 09, 2007 10:04 pm |
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Seiya Delirante en Potencia

Registrado: 28 Jun 2007
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JAJAJA
eso es, mi queridisima Luri, porque en realidad soy partidario del intercambio frecuente de posiciones en la cama... Pero más Ikki uke jajajaja |
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