Bueno antes que nada, este fic contiene aspectos religiosos y una que otra agravante a la moral, quiero pedir a todo aquel que lo leea que tenga la mente abierta y que no quiero denigrar a nadie estando en una postura relijiosa totalmente neutral
La sangre del cordero
¿Que le hace falta a la gente para creer en dios?, que es lo que se necesita para terminar una venganza y darle fin al ultimo crimen; El pecado cometido por el padre el hijo lo ha de pagar rezan así las invocaciones
Capitulo 1: Victimas
En el departamento de policías un joven de tez morena terminaba de archivar los resultados de su último caso, de ojos verdes, mente vivaz y una alborotada cabellera de color castaña, el joven de no más de 29 años fue llamado por su superior un viejo regordete con la cabeza tan calva como una bola de boliche pero no tan reluciente.
-Aioros, necesito que vayas a la calle del hueso número 30, se encontró un cadáver y eres el único que no tiene trabajo en este momento.
-Pero tenía una cita y además ya termino mi turno…- la mirada que le dedicara este no le dejo tiempo de objetar nada más, salio del pequeño cubículo y marco un numero que se sabia ya de memoria en su celular- Hola soy yo- como si no supiera que de él se trataba después de todo los teléfonos tienen identificador.
-Aioros se que eres tú, la pantalla decía tu nombre
-Ok, entendí el sarcasmo Saga…solo que no podremos ir a cenar como te lo prometí- un silencio se creo en la línea-No es mi culpa el jefe acaba de mandarme a ver un homicidio en la calle del hueso.
-Deja entonces que te acompañe, no le tengo repulsión a los muertos y prometo no hacer nada que te comprometa como oficial
-No creo que sea lo más prudente, no es una cita que te gustaría presumir…
-No soy una persona común con ideales comunes o ¿si?
-Calle del hueso numero 30, en media hora entendido- Sabia que no podía contradecirle y bueno si todo marchaba como hasta ese momento le convenía que asistiera.
Calle del Hueso num. 30
Los curiosos comenzaban a rodear aquella pequeña casa, las bandas amarillas de precaución funcionaban como barrera para los curiosos, Saga llego con su típica puntualidad quedándose atrás de la valla, serio y con la mirada fija en aquella fachada azul celeste.
Aioros ya se encontraba dentro de la misma cuando un oficial le indico que le buscaba, no se molesto en salir, simplemente le indico a oficial que le trajere aquella persona y que le diera un gafete para que actuara con total libertad.
-Saga, no te alejes de mi y si vez algo que no te guste no dudes en salir de la casa entendido
-El psicólogo soy yo Aioros…no creo que pueda quedar traumado- aquel joven de mirada aguamarina y larga cabellera azul celeste se encontraba pulcramente vestido con un fino traje grisáceo, corbata azul grisácea, y unos zapatos negros que a simple vista se notaban que eran caros, con solo 20 años y ya era uno de los más grandes psicólogos contando con un doctorado en psicología criminal
-Detective, necesita ver esto- uno de los oficiales le condujo a lo que parecía ser la sala de la casa, tres oficiales se encontraban vomitando en el pasillo apoyados en la pared, sin duda adentro encontraría algo interesante- Quizás el doctor no debería pasar, por su salud claro esta- la sonrisa que se pinto en los labios de Saga no dejo objeción ni replica.
-El doctor viene conmigo- Aioros sintió escalofríos al ver sonreír a su pareja de esa forma, le recordaba aquella que el viejo Tomas, el carnicero, sostenía en sus labios cada vez que en la granja de su padre se realizaba la matanza de las reses.
Abrió las puertas corredizas, las cortinas se encontraban cerradas y apenas se podía distinguir la escena, una peste reinaba el lugar, el cadáver se encontraba cubierto completamente de moscas y larvas que le salía de todo el cuerpo, escena repulsiva, pero eso no era lo interesante.
-Su nombre es Alexander Von, lleva muerto aproximadamente una semana, el casero venia a cobrar la renta y como nadie le abría llamo a la policía…lo encontrado así.
-Alexander Von ese nombre me suena, ese el pedofilo que no pudieron enjuiciar el mes pasado por falta de pruebas?
-Ese mismo detective, pero véalo ahora-
A lo que se refirió el oficial era que la victima se encontraba en la mesa sentado frente a un plato con un trozo de pan y unos granos de sal, las manos estaban atadas como si orara, el cuerpo se mantenía erguido por que fue empalado, le faltaban los ojos.
-Fanático religioso, interesante- Saga no había dicho nada hasta aquel momento, no se detuvo mucho en examinar el cuerpo pues después de todo eso le correspondía a un medico forense mientras que él entraría en la mente de aquel psicópata- ¿Por qué no abren las ventas?
-Queríamos mantener la escena intacta- ni bien había acabado de pronunciar aquellas palabras cuando el psicólogo ya había terminado de abrirlas, las pupilas de los presentes acostumbradas a la oscuridad se dilataron, más no las de Saga, cuando Aioros pudo distinguir algo más que sombras borrosas, la escena le parecía aun más repugnante de lo que era, Saga se encontraba apoyado en la pared con la mirada fija al gran espejo que se encontraba enfrente de la mesa volvió su vista para encontrarse con un mensaje en el mismo.
“Este hombre es un pecador”
Debajo del espejo un numero romano escrito con sangre se encontraba marcado, la sangre no pertenecía, ni a la victima ni al asesino era de animal, de cordero.
-21 ¿21 que?- no encontraron más pistas el asesino fue en sumo meticuloso, se lleno el informe, tomando las fotos adecuadas para el caso, antes de retirase a descansar.
-No lo sabemos pero es posible que sea el número de victimas.
-No es eso, normalmente los asesinos seriales repiten ese procesos en todas sus victimas y esta es la primera vez que se algo de esta índole- Aioros terminaba de hacer unas cuantas anotaciones en su cuaderno
-Quizás sea una fecha importante- A Saga le gustaba ayudar a su novio cada que podía y siempre que este lo permitía.
Al llegar a la estación de policías, Aioros paso a dejar su informe con su jefe y un par de indicaciones para seguir buscando pistas al día siguiente, ser un detective de primera orden impedía que su único día libre fuese obstruido por el trabajo.
-No creo tardarme mucho- Le sonrió antes de retirarse con su jefe
Un grupo de policías y dos detectives no dejaban de cuchichear señalando a Saga que permanecía sentado en una de las bancas de la estación, sabia que hablaban de él pues constantemente le señalaban y se reían pero no por lo mismo les prestaría importancia ya sabia que eso era justamente lo que buscaban.
Uno de los policías, el más joven, fue el primero que se le acerco detrás de él venían sus compañeros, uno de los detectives le profería un odio tal al peliazul que era conocido por todos sus compañeros, el joven sonriente se sentó a su lado abrazándole posesivamente.
-¿Dime que hace una perra tan fina como tú en este lugar?
-¿Fina? Eso fue bueno Emilio pero, pero le queda mejor puta rastrera- Negó divertido con la cabeza, el detective negro, mientras que extendía una de sus manos para sujetar el rostro de Saga obligándole a mirarlo- ¿Cuanto cobras por noche preciosa?.
-Para ti- los hombres usualmente son muy manipulables y soberbios, Saga se soltó poniéndose de pie ante aquel negro, sin cambiar esa expresión de frialdad en sus ojos, le miro por un instante, bajo la vista recorriendo el pecho de aquel tanto con la punta del dedo índice como con los ojos- Ni la perra que te parió lo haría, ¿Qué te hace pensar que yo me acostaría contigo por unas miserables monedas?, vete y revuélcate con la primera hembra coja que te encuentres de tu clase perro.
-Estupido, hijo de perra me las pagaras- soltándole una fuerte bofetada que le dejo marcado el rostro tiro a Saga al piso, nunca aparto la mirada de su rostro, pero los ojos de psiquiatra sufrieron una transformación violenta, que hizo que el detective retrocediera instintivamente.
-No piensas seguir demostrando que eres el macho alfa, que patético, con razón pagas por tener sexo- le dolía el golpe pero su sangre ardía con mayor intensidad, nadie más que su padre le había golpeado, quizás la imagen de su padre o la furia que sentía en aquel momento le descontrolo, trayendo recuerdos del pasado a su ahora presente, de aquel niño débil a si mismo.
-¿Que pasa aquí?- Aioros y media estación habían escuchado el escándalo, apartando a todos los curiosos, al lograr divisar a Saga tirado en el piso, sujeto al negro por el cuello de la camisa, que parecía hipnotizado con los ojos aguamarinas de psicólogo, más Aioros no noto este cambio por que Saga al escuchar su voz fue el remedio perfecto para salir de aquel trance.
-Aioros, deja al perro no merece ni siquiera que le pongas un dedo encima, ¿ayúdame a ponerme en pie, quieres?- A regañadientes le soltó para darle la mano a Saga, dejaría las cosas para después cuando este no estuviera presente, no dejaría que le faltaran el respeto de aquella forma- Espera quiero decirle algo- soltándose del detective Saga se inclino para hablarle al oído a aquel negro aun aturdido, las pupilas del mismo se dilataron al escuchar la voz del peliazul tan cerca, satisfecho consigo mismo Saga se retiro a su casa con Aioros.
-¿Qué le dijiste Saga? se veía pálido y mucho-
-No pienso decírtelo- era muy franco y Aioros ya no se sorprendía con esos instantes herméticos que usualmente afectaban a su pareja- ¿Por qué no me dejas conducir?
-No me cambies el tema, no me gusta que hagas eso, además que te pego como quieres que lo ignore.
-Yo lo estoy ignorando, no tiene sentido seguir con la cabeza caliente una vez pasada la tempestad, te imaginas si todos hiciéramos eso este mundo estaría lleno de rencorosos e incivilizados- La mirada que le dirigía el detective le decía lo que Aioros sentía en su interior- Creo que quedaron las cosas claras y no volverá a pasar, por favor deja las cosas como están no quiero que te metas en problemas por mi culpa.
El resto del camino permanecieron callados, aun que con cada minuto que pasaba las facciones del moreno se iban relajando. Los planes de esa noche se habían arruinado, bueno no todos y Saga aun quería rescatar algo de aquella cita
-¿Quédate en mi casa esta noche Aioros?- el automóvil se encontraba estacionado enfrente de la casa de mencionado y aun que no lo admitiera Aioros se encontraba preocupado, al ser domingo al día siguen el caso entraría en carpeta, al ser el día libre del departamento, así es la seguridad, solo se recogería pruebas pero no pasarían de eso.
-Seguro, será una invitación indecorosa de tu parte para algo más Saga- Contrayendo las cejas en una mueca de disgusto Saga pensaba reclamar, aun que realmente lo fuera se suponía que el Aioros estaba molesto con él, pero los labios de Aioros se lo evitaron- lo se no te enojes.
Le amaba de tal forma que le parecía incomprensible, eran polos opuesto quizás fuera por eso, Saga para muchos era terco, necio, talentoso, narcisista, imponente en pocas palabras no era alguien normal. Su primera cita mientras el uno le hablaba de la teoría de Freud y del problema que presentaba el operador Hamilthoniano, el otro hablaba sobre cosas más mundanas como que vio en la televisión o a donde ha salido de vacaciones.
Aioros hacia reír a Saga, y aun que muchas veces no lo entendía, le agradaba su forma de ser, Saga era mas chico de Aioros por 8 años tenia un doctorado y lanzaría el 30 de Mayo, el día de su cumpleaños su nuevo libro, no socializaba mucho ni aun con sus colegas, la mayoría ya con canas frescas en el cabello, que lo tachaban de niño inmaduro.
Cenaron ligero tomando un par de tragos antes de irse a la cama para terminar su día, ni bien había terminado su copa cuando Aioros ya mordisqueaba el cuello y desabotonaba la camisa de su amante.
Iglesia de Santo Domingo
El Padre terminaba de oficiar la misa hace más de media hora pero Saga y Aioros se habían quedado un rato más, Saga tenia de costumbre confesarse cada semana o por lo menos lo había hecho en el año que venia saliendo con él.
Aioros no le molestaba aquella actitud aun que desde su punto de vista no encajaba esa tradición con Saga cuya vida era la ciencia y que incluso en diversas ocasiones llego a criticar fuertemente ese fanatismo religioso.
En el confesionario pronto entro el padre, era bastante joven no tendría más de 25 años de largo cabello rubio y una mirada llena de bondad, vestido con la sotana característica y un crucifijo de oro al cuello.
-Perdóneme padre por que he pecado
-Tus pecados será absueltos hijo mió, háblame de ellos.
-He dado el amor al odio y el odio al amor.
Unos 5 minutos más tarde Saga salía de aquel lugar para ir a comer algo con su novio, a un pequeño café colonial en la avenida Rosa.
-Sabes he estado pensado en el caso de ayer
-¿Y quieres hablar de eso Saga?- ninguno de los dos tenía repulsión de hablar esos temas mientras comían así que no importaba.
-Si, la persona que cometió el crimen es sin duda un fanático religioso como ya te habrás dado cuenta, además claro esta de que es un profesional pero por la forma de matar y el carácter de la victima pienso que su ideología le dicta como un nuevo mecías, un salvador y que su poder esta más haya de la justicia humana
-En pocas palabras me dices que tiene complejo de Superhéroe
-Correcto, pero es más que eso, Alexander tenia la boca abierta y enfrente de el un plato de plata con un trozo de pan y unos granos de sal, como si quisiera comérselos, reacuerda lo que nos hablan los eruditos de estas ciencias, bueno ciencia entre comillas claro esta, les niega la salvación, con eso se refiere al pintar en el espejo la frase “este hombre es un pecado” y no niego que lo es, por que según tengo entendido mato a más de 20 niños, el espejo siempre representa el lado opuesto a nuestra vida, otros dicen que representa realmente nuestra verdadera esencia, Alexander reflejaba su verdadero yo al espejo, en este caso el asesino solo quiso hacer semejantes ambas imágenes, las larvas que tenia en su cuerpo se encontraba en lugares inalcanzables para las moscas que depositan sus huevos solo en las heridas superficiales pero tampoco eran de mosca sino de la mariposa carroñera de alas negras.
-¿Y las mariposas de las que hablas donde se encuentran?, de la muerte crean belleza, demasiado poético.
-Pues eso es lo raro, por que solo se dan en Brasil, en el árbol del Guayabo ictius, cuando son mariposas se alimentan de ese néctar en temporada de lluvias para que en la seca deposité su huevos. No cuando lo vez desde su ángulo él solo acelera el ciclo natural de la vida…sabes que esas mariposas comienzan a comer la carne caliente, necesitan que la carne este fresca para poder digerirla ya que sus mandíbulas son muy débiles, se parecen un poco a los de las sanguijuelas secretan un acido que ablanda aun más su alimento por eso ese olor tan repulsivo.
-Ya tenemos una pista entonces el único lugar que conozco que tiene árboles exóticos el jardín Botánico y no creo que nuestro asesino tenga uno de esos árboles en una habitación de hotel- Saga terminaba su malteada de fresa, disfrutaba enormemente el ayudar a Aioros, entre ambos habían ya resuelto muchos crímenes y algunas de sus mayores inspiraciones nacieron en plena faena sexual- ¿Quieres ir al jardín botánico, dicen que es muy lindo en esta temporada?.
-Es tu día libre no el mió, tu decides- desde que había lanzado su primer libro a la venta Saga se convirtió en su propio jefe trabajando las horas que el mismo considera pertinente.- Yo siempre tengo tiempo libre para ti y lo sabes.
-Entonces vamos.
Pagaron la cuenta y en menos de media hora llegaron al Jardín botánico, presentándose con el encargado que les dio toda la información pertinente, al llegar al guayabo en la parte posterior del árbol que daba hacia la cascada se encontraba clavada con un alfiler una de las mariposas negras , Aioros la tomo guardándole en una bolsita junto con el alfiler, la humedad del ambiente pudo haber limpiado todo rastro de evidencia en el lugar pero intentaría buscar algo.
-¿Quién atiende este lugar?- El comisionado saco su libreta buscando a la persona que se encargaba de limpiar los árboles de la zona selvática.
-Su nombre es Tomas Herins, hoy es su día libre pero lo pueden encontrar en esta dirección- en un pequeño papelito la escribió entregándosela a Aioros- aun que no creo que él haya sido el culpable.
-No puedo repondré eso pero, le informo que llame a la policía y tendremos que cerrar esta zona para preservar evidencias- Cuando llego la primera patrulla le entrego el informe, de lo demás se encargarían los otros detectives, en cuanto a él iría a visitar ha ese tal Tomas.
Casa de Tomas Herins
La casa estaba pintada de blanco con un pequeño jardincito bien cuidado, en la entrada colgaba un cartel que decía: este es un hogar del señor. A un lado de la puerta se encontraban una pelota y una muñeca, un hogar familiar, eso representaba la casa.
-Saga mira eso- Desde afuera del enrejado no habían podido apreciarlo, pero en la puerta se encontraba clavada otra mariposa con un alfiler dorado.
El detective forzó el enrejado, la puerta principal se encontraba entre abierta, al examinar la mariposa el aire la abrió por completo.
-Policía hay alguien en casa- un olor metálico golpeo con fuerza su rostro, Saga saco de su pantalón un pañuelo perfumado que se llevo a la cara, al parecer desde que Aioros había visto la mariposa se había olvidado de su presencia.
-No creo que te responda nadie Aioros- Saga se notaba pálido y al pronunciar aquellas palabras no las había dicho precisamente para Aioros sino para si mismo, su mirada se quedo fija en un solo punto y pronto la de Aioros le acompaño
Capitulo 2: Los recuerdos que no se pueden olvidar
-Por dios.
-No dios no tiene nada que ver en esto sino el hombre- Saga tubo que buscar apoyo en su compañero, para este no había una escena sorprendente sino dos, nunca en su vida había visto tan turbado a Saga.
En la sala se encontraba muerta toda la familia que constaba de 4 integrantes, mama con la garganta cortada y un bordado en las manos miraba hacia el jardín, las dos niñas eran gemelas, una de ellas sentada en un sillón de una plaza tenia los ojos vendados y sus labios azulinos indicaban que fue estrangulada; Enfrente de ella se encontraba lo más impactante de todo el cuadro, el padre, desollado, fornicaba con la niña, un trabajo maestro si se toma en cuenta la dificultad que presentan desollar a una persona y fingir la penetración entre dos cadáveres para dejarlos en ese estado, la cabeza de la niña se recargaba en uno de los brazos del sillón con la boca abierta como si gritara, sus muñecas presentaban cortadas, se había desangrado hasta morir, caían flácidas a sus costado como si descansara, un descanso eterno. Por su parte Tomas tenia las manos pegadas a la cadera de su hija los ojos fijos en la misma, hincado entre las piernas de la misma, de sus caderas pendían un par de argollas que se unían a las que tenían clavas la niña en sus piernas, esto brindaba balance a la espelúznate representación.
Media hora les tomo reponerse de aquella impresión y en una hora la policía ya se encontraba revisando la zona.
-Aioros que entiendes por día libre-incluso el jefe de su departamento había acudido a la escena del crimen, no le regañaba, pero si quería que tomara conciencia de lo que a sus actos imprudencia les podían llevarle, si el acecino o asesinos se hubieran encontrado en el momento en el que el llego habría dos muertos más, Aioros no traía arma.
-Lo se y lo entiendo, se a donde va toda esa palabrería pero no… -No termino de hablar pues dos agentes federales llegaron a su encuentro
-Agentes especiales Tudor y Bechupan, de protección a testigos, podemos hacerle unas preguntas detective- los federales siempre presentaba esa arrogancia típica, pero que hacia protección a testigos en aquella casa.
-¿Si en que los puedo ayudar señores?-
-¿Usted fue el que encontró los cuerpos no es así?- el agente Tudor usaba un tono de voz medio amenazante, eso aunado a los 2.15 m de estatura hacían de aquel sujeto una persona impotente y temible.
-Si yo y mi- dudo un instante en agregar a Saga en aquel embrollo, aun que él dijera lo contrario, esta mal aun se veía pálido y no quiso regresar a la casa quedándose sentado en las escalinatas del pórtico con la vista perdida en el horizonte, el agente enarco las cejas, como si preguntase ¿y quien más? presionándole para que hablara…Aioros suspiro rendido- Saga Gemenaus, mi pareja.
-¿Donde se encuentra este joven?- el agente había escuchado ese nombre en otro lado pero aun no podía asociar exactamente en donde, redoblo la rudeza de sus palabras pues intuía que Aioros seria uno de esos casos difíciles donde se necesita emplear ese trato
-En el pórtico, es e joven de largos cabellos azules y mirada aguamarina que esta sentado en la escalinata- y efectivamente cuando los agentes y Aioros fuero a buscarle, este ultimo descubrió que su pareja no se había movido ni un centímetro de donde le dejo, y que gracias a dios presentaba más color en su piel.
-¿Señores que se les ofrece?- la calma volvía a reinar en todo su ser, más no la frialdad habitual con la que solía tratar a las personas, para una persona que había tratado con el durante un tiempo más o menos prolongado saltaba de inmediato a la vista, para incluso débil- por que no creo que hayan venido a tomar el sol y menos si son agentes de federales- Bechupan le miro contraria para ser un civil que había visto tal escena lo sentía demasiado calmado, incluso sabia que ellos eran agentes federales, bueno dice un chascarrillo popular entre los policías “Un federal es igual a una mofeta se huele a un Km. de distancia”
-Somos de protección a testigos y solo queremos saber todo lo que vieron o si tocaron algo de la escena- Saga le miro molesto parecía que los trataban como si ellos fueran los criminales, el agente suavizo entonces sus modales y se vio más accesible- Su verdadero nombre es Ignacio de Altamar, declararía ante el gran jurado por un caso de posesión de armamento ilegal, la verdad por lo que vimos tanto en las listas que se encuentran recabando y el estilo del homicidio no creemos que se trate de un ajusté de cuentas, es decir que su muerte y la de su familia se deriva de otras razones principalmente por que se llevaron la piel.
El día termino para alegría de muchos, esta vez fue Aioros quien le propuso a Saga quedarse a dormir en su casa para darle seguridad.
Casa de Aioros 1 a.m.
Una oscuridad lo reinaba todo y esa risa que taladraba sin misericordia sus oídos le hacia enloquecer, tenia miedo de abrir los ojos más aquel miedo que se apoderaba de él le obligo a abrirlos.
-Eres un niño malo Saga
Podía sentir como unos labios fríos acariciaron su cuello con aquellas palabras y el gélido aliento de aquella aparición le quemaba los huesos y congelaba la sangre
-¿Crees que no se que te has portado mal?
En aquel lugar no existía otro sonido más que el fuerte tamborileo de su corazón en ocasiones alterado por aquella voz que disfrutaba atormentándolo, la oscuridad reinaba pero más oscuro que aquellas penumbras se dibujaba la silueta de un hombre que se encontraba de espaldas y que muy lentamente se fue dando la vuelta hasta clavar su vista en Saga, este ya veía borroso al tener que forzar de aquella forma vista, miro sus manos y las encontraba más pequeñas y finas de lo que recordaba, es más todo parecía haber adquirido proporciones mayores, el mundo había aumentado su tamaño aun que en este lugar solo reinara la nada. La sombra sonrió, y en un parpadeo ya no se encontraba frente a él sino detrás suyo tocándole con esas manos tan frías como la misma muerte.
-Mereces un castigo
Esa voz tenía la familiaridad de lo espeluznante, por que reconocía en ella un pasado que siempre quiso olvidar, cuando volví abrir los ojos ya no se encontraba en aquella oscuridad pero el panorama fue aun más aterrador al reconocer el húmedo y viejo cobertizo de la casa de su infancia y ver llorar aquel niño que se había destrozado las manos al golpear contra la puerta de sólida madera, aquel lugar siempre le dio miedo su padre solía castigarle encerrándole por un largo tiempo desde los 4 años, siempre que cometía una falta o para hacerlo…
La puerta del lugar se abrió de golpe, Saga ya no era un tercero en la escena, ya no veía al niño acurrucado temblando atemorizado junta a los costales de estiércol, solo veía aquella figura recortada por los rayos luminosos que entraba al cobertizo, sus ojos se acostumbraron pronto a la luz.
-Saga, mira saga has ensuciado tu linda ropita, eres un niño muy malo mira que hacerle eso a tus padres que te quieren tanto- la voz de su padre sonó como hace tantos años no la escuchaba, el viejo cerro la puerta con llave, se quito el cinturón y desabotono el pantalón- híncate ya sabes lo que tienes que hacer o quieres que te lo repita cariño, ¿verdad que no?- el hombre le tomo por el rostro acariciándole con el pulgar los labios su voz se había vuelto tan cariñosa, pero sus ojos y esa sonrisa sádica le hacia más terrible, Saga tomo el miembro de su padre para comenzarlo a masturbarlo, pero un tirón de cabellos le indico que su padre deseaba algo más, con la repugnancia que sentía tomo pues el miembro entre sus labios lamiéndole mientras se aguantaba las ganas de vomitar, la tortura no duro mucho una vez que el mayor se vino en la boca del peliazul, le tomo pues de las muñecas y comenzó a desnudarle recorriendo su cuerpo con una lujuriosa mirada su padre no resistió mar y le beso, lo mordió dejando marcas rojizas y purpúreas sobre la piel del infante que temblaba debajo suyo, lo sentó en sus piernas peinándole el cabello.
-Abre las piernas Saga, abre tus piernitas mi niño hermoso deja que tu padre disfrute un poco de ti- Saga no le obedeció y aquel hombre que le sujetaba los cabellos en la base del cuello le jaloneo con fuerza- te dije que las abrieras- esta vez si fue obedecido, le penetro de un solo golpe desgarrando su interior, el pequeño solo sintió un fuerte golpe que paralizo todo su cuerpo cuando el miembro de su padre le invadió por completo, al instante comenzó a envestirle ignorando las suplicas de su hijo por detenerse.
-No papa me duele por favor te lo suplico- cuando el dolor llego a tal grado que se consideraría insoportable el pequeño golpeo el pecho del mayor que le insito a un más,
-Niño estupido es así como me pagas, tienes casa y comida, ¿así nos pagas a tu madre y a mi Saga?- al terminar de pronunciar aquellas palabras con un gruñido termino por venirse en el interior de su hijo, lastimándole aun más.
Salio de su hijo con una clara sonrisa de satisfacción, abrocho su pantalón y salio del cobertizo dejando encerrado a su hijo por un rato más, Saga de nuevo se encontraba sumido en aquella oscuridad y esa voz que le acechaba no dejaba de repetirle lo mala que se había portado.
-Mereces un castigo
-Cállate, ya no te quiero escuchar no soy ya el niño al que intimidabas
-Mereces un castigo
-No es verdad
-Te has portado mal mereces un castigo, por que eres un niño malo
-No lo soy
-Mereces un castigo
-No es verdad déjame en paz- La voz se iba acercando cada vez más y miles de manos invisibles se apoderaron de él, aquel rostro macabro pronto estuvo delante suyo.
-Diste amor al odio y odio al amor, mereces un castigo cariño.
Un fuerte golpe en su estomago le había hecho despertarse, se giró para reclamarle a Saga, usualmente este tenia un descanso muy tranquilo. Saga por su parte se veía más pálido que un fantasma y murmuraba cosas entre sueños mientras forcejeaba, Aioros intento despertarle pero eso le altero más, sudaba frio, sujetándole por las muñecas para evitar que se lastimara, se coloco encima de él.
-Déjame tu no eres mi dueño.
-Eres un niño malo admítelo te será menos doloroso
-Saga por favor reacciona- se sentía frió aun que respiración y todo el movimiento que realizara debía actuar de manera opuesta
-No quiero, no quiero, no quiero ya no eres nada aléjate
-Yo soy tu todo deberías haberlo aprendido
-No lo eres déjame
-Sabes que no puede me gustas mucho como para que te deje mi niño yo te protegeré de esa maldad que habita en tu interior Saga
-Me perdonaras después por esto- ya había recibido varias patas y rasguños, no se le ocurría nada más para despertarlo, más que golpearle y así lo hizo Saga se arqueo al sentir el impacto del golpe en su vientre despertando por completo.
Tenia cardenales en sus muñecas y Aioros le veía muy asustado, al parecer él mismo le había golpeado entre sueños por que tenia rasguños en todo el cuerpo.
-¿Te encuentras bien? Se que es una pregunta tonta pero…- los ojos del peliazul se humedecieron y se arrojo a los brazos del moreno llorando desconsoladamente, Aioros no entendía esta actitud por parte de su pareja, paso aproximadamente una hora para que Saga se soltara un poco de aquel asfixiante abrazo.
-Yo, Aioros no estoy bien, lo que paso hoy es una muestra de los recuerdos que me persiguen- sonrió tristemente.
-Saga no entiendo a que te refiere ¿Qué estabas soñando?- Saga palideció de golpe al escuchar estas palabras- No pienso quedarme esta vez sin saber que es lo que te pasa entiendes.
-No, no, no tuno menos que nadie lo puede saber…es pasado
-El pasado casi te mata, mira iré a prepararte un te quédate en cama descansando y no quiero protestas- Afirmo el más joven de los dos, al rato regreso el detective con un te y galletas, Saga tomo un trago pensando como zafarse de aquello- Me lo vas a contar y no quiero protestas Saga, no quiero saber que esto se volverá a repetir, de verdad que me asustases.
-¿De verdad quieres saberlo?- Aioros afirmo- Bien creo que algún día te ibas a enterar, cuando era pequeño mi padre abusaba de mi, me encerraba en un cobertizo a veces por días y mi madre no decía nada, se hacia la indiferente- apretó las sabanas con fuerza entre sus puños hasta ponerles blancos por falta de sangre- Ella lo sabia y no hacia nada.
Ahora entendía la escena de la mañana y por que la misma le había afectado tanto a Saga, el ver aquel par de muertos copulando debió ser el detonante para esos recuerdos que el Psiquiatra había guardado en lo más profundo de su ser.
-¿Soñaste que volvía a sucederte verdad?- Saga se sentía avergonzado de si mismo, no volteo a verlos Aioros enternecido, la abrazo para asegurarle que todo estaría bien a partir de ahora- Amo lo que veo y ocultas, amomo lo que muestras e insinúas, lo que eres, lo que entregas y escondes, amo lo que dices o callas, confía en mi todo estará bien a partir de ahora
-Gracias, lo haré.
Por lo ocurrido en la noche le extraño que durante el almuerzo Saga le propusiera ayudarle al recrear para él la escena de la casa de Tomas.
-No deberías venir, de hecho no debería yo traerte.
-Quiero ayudar eso es todo además ya me siento mejor y no creo que haya nadie mejor que yo para ayudarte a recrear la escena.
-Contigo no se puede discutir sabes eres muy terco
Sin alzar la vista del pequeño libro que iba leyendo ya que Aioros conducía-Eso es lo que me han dicho pero no lo se con certeza.- de entre las cosas de su pareja extrajo el fólder que habían pasado a recoger a la estación y comenzó a hojearlo, revisando las notas que el mismo Aioros había hecho a los pies de cada pagina.
-Un pecador pedofilo, Alexander Von, nos condujo a una escena incestuosa y a una victima protegida por los federales, Ignacio de Altamar, lo de pedofilo siento que nada más fue la pista para relacionarlo…las cosas que se lleva no son muy usuales unos ojos y una piel este hombre debe estar loco.
-No esta loco, solo tiene una cordura diferente a lo estándar, en el primer caso dejo pan y sal enfrente del pecador para negarle la salvación y en el segundo caso un rosario al cuello de la pequeña para otorgársela…tenemos su símbolo las mariposas, lo cual nos indica que debe ser una persona culta y que sepa anatomía por la forma en la que desolló al cadáver, además hay algo que me llaman mucho la atención la puerta no fue forzada.
-El asesino conocías a sus victimas ellas le abrieron
-Lobito pasa que hace frió, ¿por que te sonríes?....por que te voy a matar cochinito
Entraron pues en la casa que aun permanecía cercada por la policía, Aioros pensaba que en cualquier momento Saga se negaría a entrar o simplemente le vería pálido y tambaleante, lo cual claro esta nunca ocurrió.
-Cuando quieras Saga.
-Primero hay que hipnotizarte Aioros, en eso se basa la técnica, en el que el paciente sea el que rellene los vacíos que las pistas dejan brindando coherencia, por mi parte yo seré el narrador y acecino en este caso
-No me agrada esa idea, siento que te dejo- un sonrojo acudió al rostro de Saga que de inmediato trato de ocultarlo de su compañero-Si lo hacemos a la antigüita no será más fácil?
-No protestes es de las técnicas más nuevas y eficaces, además que hay una guarnición que se encuentra vigilando el lugar ¿que puede pasar entonces?
-Pero es que si dices que seré una sombra en ese espectáculo sentiré rabia de no poder terminar con ese bastardo.
-En eso consiste la técnica, mira es muy fácil yo voy dándote los datos que descubrieron los forenses y demás detectives, pero ya digeridos, la mente del hipnotizado es lógica y no solo rellenara los aspectos que faltan de la forma más coherente sino que también podrá descubrir cosas que en un principio no eran visibles o resultaron insignificantes.
-Y si me niego a seguir con esto después de todo lo que me has dicho?
Unos minutos más tarde volvería a ser domingo por la mañana.
-Hola pequeña, mira lo grande que estas- el joven de cabellos largos y azulinos acariciaba con mucha ternura la cabeza de una de las gemelas Altamar- ¿están tus padres en casa, Sofi?
-Si, ¿quieres que les hable Saga?- El mayor afirmo con la cabeza mientras la niña corrió a la casa para avisarles que tendrían visitas- Dicen que pases- hasta ese entonces el mayor no había cruzado el pórtico, en su mano derecha traía una canasta de viandas, la niña se le colgó juguetonamente de uno de sus brazos, en la sala se encontraba la gemela de Sofi.
-Hola, ¿como estas Karina?- la niña leía con suma concentración el libro de la estampida de los 100 elefantes, pero en cuanto escucho aquella voz de inmediato aventó el libro como si fuese cualquier cosa para ir al encuentro de Saga, este se agacho para cargarle, pero Sofi tampoco quería ser ignorada así que tiro suavemente de su pantalón asiéndole volverse a esta- Esta bien ya entendí quieres que te cargué a ti también
Saga se inclino para cargar a la otra gemela, pero perdió el equilibrio terminando con las dos niñas en cima suyo, al mismo tiempo que los padres de las gemelas llegaban a la sala, una escena muy conmovedora desde la perspectiva de estos últimos.
-Niñas dejen de jugar no ven que ya tiraron a Saga- Las gemelas y el peliazul se miraron llenos de complicidad antes de echarse a reír- Deja que te ayude a ponerte en pie Saga.
La madre de un rostro angelical, de piel blanca llevaba puesto un vaporoso vestido azul ceruleo, su cabello pelirrojo se encontraba trenzado. Mientras que el padre de piel morena acanelada y unos expresivos ojos azules se mantenía al margen de la situación.
-Haber pequeñitas obedezcan a su madre y vayan a jugar haya arriba en lo que yo platico un rato con ellos quieren- reafirmando sus palabras saco de su bolsillo dos paletas de colorido caramelo entregándoselas a las gemelas.
-Paletas- la madre les miro como si reprochara algo a sus hijas- Gracias por el dulce Saga
De inmediato las pequeñas subieron a su cuarto muy contentas cada una con una brillante y colorida paleta en la mano.
-¿De que quieres hablar Saga que parece tan urgente?-El muchacho peliazul sonríe tiernamente
-Sabes que me encantaría un te de violetas y naranja con un toque de ron como el que preparas Mandi-mamá se retira a la cocina regresando con unas tasas de te y unos cuantos bocadillos mientras se calienta el agua para el te, se escucha el silbido de la ollita que indica que el te esta listo- no te molestes yo ire por el después de todo fui yo el impertinente que te lo ha pedido-Mandi mueve negativamente la cabeza para indicarle que no es ninguna molestia, más el joven no desiste, Saga se pone de pie dejando a su interlocutores en la mesa.
En la cocina extrae de uno de sus bolsillos un pequeño sobre blanco que contiene pellote y un somnífero vertiéndole sobre el te de violetas y naranja. Regresa a la sala con una flamante sonrisa sirviendo tres tasa de aquel ambarino liquido junto con un chorrito de ron, es el primero que lleva la tasa a sus labios pero solo les remoja sin beber de aquel brebaje. En cambio la pareja toma largos sorbos sin notar el sabor extra que incluye la bebida.
-Mandi que precioso bordado- en una de las sillas del comedor se encontraba un bordado muy bien trabajado de un hermoso paisaje con todo y una cascada, Mandi sonrió y se sonrojo apenada pues nunca nadie más que su familia había visto sus bordados y al tenerle un extremo aprecio a Saga lo dicho por este le agradaba aun más
-No creo que sea la gran cosa, seguro que has de ver visto mejores trabajos que este Saga, pero gracias.
-Es que es verdad, no te miento es un lindo trabajo- se dio una palmada en la frente recordando a lo que venia- pero perdóneme me estoy desviando del tema les venia a informa que la colonia….
Mandi y Ignacio parpadeaban cansados la vista les pesaba y prácticamente ya no podía mantenerse en pie, ambos se encontraban tomando su tercera tasa de te mientras que Saga apenas y había tocado la suya, sin quitarse en ningún momento los guantes blancos de sus manos.
-Creo que tengo un poco de calor, sino les molesta voy abrir la ventana- Ignacio no solo hizo aquello sino que desaflojo la corbata que se encontraba atada a su cuello y los primeros botones de la blanca camisa, su piel morena acanelada lucia un tanto rojiza y sus respiraciones se hacían cada vez más rápidas, lo mismo que las de su esposa, se podría decir que estaban sufriendo de una taquicardia- Debe ser la edad que disminuye la resistencia a estas bebidas irlandesas por que ya me siento mareado como si hubiera tomado copas y copas de ron.
El peliazul sonrió divertido al ver desvanecerse a Ignacio pero Mandi tardo un poco más alcanzando a ver esa sonrisa maquiavélica en el rostro del joven antes de caer inconciente en su silla.
-No es la resistencia mi querido Ignacio es que…necesito dar un mensaje- se hincó en el suelo acariciando la mejilla del moreno apartando unos cuantos mechones rubios que se pegaban a su piel con insistencia- solo quiero tu piel no es nada personal, las niñas pronto los acompañaran, no estas orgulloso de ello podrás ver a toda tu familia reunida de nuevo no los extrañaras te lo aseguro- Las paletas que les había entregado a las gemelas tenían una sustancia activa muy parecida a la que les dio a sus padres solo que más concentrada.
De la maleta negra que traía consigo saco instrumental quirúrgico y una pequeña botellita de cristal que traía dentro un brebaje de belladona y pellote que obligo a beber únicamente a Ignacio, aun que el hombre no opuso mucha resistencia en su semiinconsciencia y Saga solo necesito echarle hacia atrás la cabeza para que aquel liquido rosado de dulce aroma resbalará tranquilamente por la garganta de aquel infeliz, como una serpiente que se retuerce siseante en su recorrido mortuorio, por que esta serpiente no se detendría hasta darle fin a la vida de aquel infeliz que le permitiera recorrer su interior.
Los músculos se contrajeron débilmente como si fueran carcomidos desde adentro, paso aproximadamente una hora para que Saga pudiera empezar a trabaja sobre aquel cuerpo sin vida, le desnudo, refrescando constantemente el cuerpo con una mezcla especial de sales aromáticas, paso después a rasúrale por completo hasta dejarlo , con el escalpelo hizo una pequeña incisión en la base de la nuca del moreno, introduciendo dos dedos para ir “despegando “ la piel del moreno con mucho cuidado, ayudándose de vez en cuando del bisturí o de las tijeras de sutura, al llegar a las rostro debía tener cuidado si no quería que el bisturí atravesara uno de los ojos o bien cortara de más la nariz, para evitar lo primero con una cucharilla galvanizada cubrió los ojos enterrando un tanto el mental en los mismos para trabajar con mayor facilidad y rapidez, cuando termino la parte posterior de la cabeza, corto la misma para continuar tranquilamente con el resto del cuerpo.
La sangre comenzaba a mancharle las manos haciendo más difícil su trabajo, pues con los guantes de polietileno sus dedos se deslizaban con gran facilidad, incluso se cambio de guantes 3 veces, guardando los que desechaba en una pequeña bolsa de plástico que metió al maletín que cargaba, con mucho cuidado fue levantando la piel del cuello evitando perforar la yugular. Alrededor de dos horas más pudo terminar aquella descabellada tarea, habiendo colocado el cuerpo sobre plástico para evitar manchar el piso o dejar huella alguna que le delatara, puesto que la sangre nunca se borra por más que se limpie, puede verse limpio pero quedara impregnada donde goteo de por vida.
Agregándole al cuerpo una solución de agua con cal para mantenerle fresco y que no atrajese la atención de hormigas o moscas en un tiempo mayor, desinfecto con cloroformo el bisturí y unas tijeras de punta de pico de pato, que son delgadas y muy puntiagudas, con cuidado sujeto el miembro viril de aquel hombre, abriendo con sumo cuidado desde la base hasta un poco más de la mitad del mismo, sin tocar los testículos, quitando la mitad del contenido, introdujo un tubo de vidrio flexible, una vez echo eso suturo la cortada maravillándose con lo que sus ojos le mostraban, el cadáver parecía extasiado, pues el miembro viril del mismo se encontraba perfectamente erecto. Una idea terrible le paso por la mente al ver aquella imagen, dejándose vencer por aquella debilidad acerco sus labios al miembro de rojiza apariencia, deleitándose con el sabor metálico que emanaba del mismo.
Un cuarto de hora más tarde y ya Mandi había perdido esos bellísimos ojos que coquetearon descaradamente a muchos incautos en las fiestas del lugar, con el bordado que había admirado Saga en sus manos, mirando hacia el jardín a espaldas de la sala.
Saga subió al cuarto de las niñas, Karina se encontraba recostada al lado de Sofi, la primera tenia los ojos cerrados como si durmiera mientras la otra aun respiraba pesadamente, para desgracia de ella puesto que Saga lo que no deseaba era ver sufrir aquellos angelitos por eso la droga que contenían las paletas era más fuerte que la que les dio a sus padres, su vista de pronto se encontró con unos pequeños trozos de caramelo colorido en el suelo y entonces lo supo Sofi no había ingerido toda la dosis por eso se encontraba así…ya no tenia tiempo, dios había desimanado que las cosas sucedieran así, ¿quien era él para contradecirlo?, quizás la pequeña después de todo tendría una que otra culpa que pagar…¿pero que crimen tan grande pudo haber cometido ese pedacito de cielo?.
-Saga a donde nos llevas- la voz de la pequeña Karina le sorprendió, ¿habría calculado mal, puesto que las dos pequeñas se encontraban en el umbral de la vida y la muerte, había dejado a Sofi en el cuarto para que no se alarmara con la escena que se desarrollaba en la sala pero Karina si la miro- Papá, que tiene mi papá.
-Tranquila Karina no pasa nada, tu padre esta desmañado pero pronto se le pasara tenlo por seguro, ahora se una niña buena y deja de hacer preguntas.
-Pero eso es mentira Saga, mi padre no deja de sangrar hay que llamar a la policía o a un medico.
Saga apiadándose de la pequeña y de la poca movilidad que presentaba su cuerpo le sentó en el sillón en el que le había encontrado, recargando ligeramente, sus manos se aferraron al frágil cuello que solo soltó un suspiro cuando el aire de sus pulmones se termino, debemos recordar que en todo este tiempo no se había quitado los guantes, así que los forenses solo podrían encontrar una marca oscura en el cuello de la infanta.
Regreso más tarde con la hermana de esta, que se encontraba más aturdida y manejable la recostó en el sofá de dos plazas y un el bisturí corto amas muñecas para hacer aun más placentero el viaje de la pequeña al reino de los cielos que poco a poco por la perdida de sangre se iba durmiendo. Alzo a Altamar llevándole a cuestas hasta sentarle frente al sofá, la niña miro asustada a su padre pero ya ni siquiera podía abrir bien los ojos, Saga la desvestía con el cuidado que se le trata a una valiosa muñeca de fina porcelana, la piel que recorrían sus dedos temblaba a la misma velocidad que perdía calor y color, al llegar al sexo de Sofi la niña soltó un débil suspiro y el ultimo aliento de vida se escapo de esos labios tan jóvenes, lo ultimo que vio Sofi fue a su padre o más bien a los restos de su padre sobre ella y dentro de ella.
Para Saga lo más difícil había sido el penetrar a la joven pues su vagina aun tierna y que poco a poco iba adquiriendo junto con el resto del cuerpo el rigor mortis eso aunado que en un sexo joven y pequeño debería meter otro totalmente maduro y ninguno de los dos le prestaba ayuda para facilitar la tarea, extrajo de su maletín un par de argollas con ganchos, sujetando la pierna derecha de la niña al muslo de su padre y así poder tener un apoyo sin que se le cayeran en cima aplastándolo o peor aun ensuciándole la fina ropa que vestía.
Sujetándole de las caderas con una mano mientras sostenía fuertemente las nalgas de la niña, de un solo golpe, bastante preciso, el miembro viril del padre entro en la hija, un fetiche muy solicitado en la actualidad, en el mundo decadente, la mancha rojiza símbolo de la virginidad de la chica se derramo rápidamente por entre las piernas de la misma, Saga salio del encanto que le producía tal visión terminando de sujetar el cuerpo de ambos con el resto de las argollas.
-Dios eres grande he cumplido tu voluntad- en una de sus manos llevaba una pequeña bomba de agua (un rociador pequeño) con la misma solución de cal y agua que antes había rociado a moreno, pero esta vez de uno de sus bolsillos sacó un frasco de esencia de rosas y jazmines que agrego a la mezcla antes de rociarla sobre su “obra divina”
En el cuello de la niña dejo un rosario de plata que apenas había comprado y traía envuelto en una mantilla roja, sabia que no podía dejar huella alguna por eso no le tomo con os dedos sino que le manipulo con la misma mantilla hasta ponerlo en el cuello de la chica.
Una solitaria lagrima se escapo de esos hermosos ojos azules que aun ahora consideraban que aquellas pequeñas no podía ser pecadoras, mas tarde se flagelaría por aquellos pensamientos blasfemos contra su dios, pues siendo él el alfa y el omega, el principio y el fin debería pues tener una razón para mandarle hacer aquello.
-Pequeño angelito, el reino de los cielos se abre para cada criaturita del señor, has sido buena pero él tiene un plan mejor para ti y me lo ha dicho, no tienes por que temer te lo puedo asegurar pues pronto te encontraras retozando entre campos interminables de flores, con el sonido de flautas y arpas que tocan los ángeles- termino besando la frente de la pequeña Sofi.
-Aioros es hora de volver, regresa por favor
Cuando el detective abrió los ojos se alarmo ante lo que veía, sus manos apresaban el cuello de Saga, lo estaba estrangulando, ese era uno de los riegos que tenia esta técnica en especial para el psicólogo ya que el paciente sentía revivir aquellas escenas, viéndolas tan reales al grado de hacer lo que no pudo cuando ocurrieron o bien odiando a la persona que le llevo a recorrer de nuevo esas vivencias, por que el rostro de aquel que nos daño y no vimos ahora parecería tan claro y nítido, pero disfrazado con una careta más amable y real.
-Por un segundo creí que serian mis últimos minutos de vida- Aioros aun no podía creer lo que le había hecho a Saga aun cuando este sobaba con insistencia su cuello para desentumirlo y eliminar el dolor, que seguro era más de lo que sus ojos le decían, puesto que Saga nunca le había gustado mostrarse débil- ¿Qué haces?- no respondió a la pregunta de su pareja solo aparto las manos de este de su cuello poniendo en sus lugar las suyas para terminar el trabajo que el otro había empezado.
-Perdóname no debí, pero es que todo se veía tan real
-No hay nada que perdonar, además que esta técnica tiene ese inconveniente… tenia que verse real, por que nos basamos en los apuntes que recolectaron los forenses y los otros detectives, los huecos que estos tengan serán llenados con cosas comunes, en ocasiones tanto que no parecen lógicas por eso no son claras para nuestro conciente en ese momento entra el inconciente que llena esos espacios en blanco como si se tratase de una película, y por lo que se ve la tuya fue muy realista- sonrió mirando en el espejo las marcas de las manos de Aioros.
-Puede que sea cierto, pero eso no me quita que me sienta un patán hasta más no poder, solo pienso en ¿Qué hubiera pasado si te hubiera matado?- una sonrisa traviesa se escapo de los labios de Saga- lo digo en serio, no se como vivir sin ti… matarte seria matar al amor, se que en el mundo frió y sin sentimientos en el que a veces te mueves esto no importa mucho incluso podrías sacarme una teoría o una técnica, quizás incluso una dependencia mal sana asía ti pero no me importa, quiero que sepas que esa- ahora quien sonrió fue Aioros mientras acariciaba una de las ya no tan blancas mejillas del peliazul- dependencia no la cambiaria por nada.
¿Cuándo uno declara su amor a otro realmente importa el lugar?, no es mera fantasía e incluso un poco de soberbia y vanidad el que todos queremos palomas blancas al vuelo, un jardín perfecto, una noche eterna bajo el calor de la chimenea ¿Por qué todo debe ser tan romántico, dependiendo del lugar?, si realmente se ama a una persona el romanticismo nace del amor que estas dos se tengan no de aspectos externos o fatuos.
Aioros guiado por el sentimiento de un profundo amor asía aquel hombre de tez blanca y cabello azulino, le empujo con suavidad para sentarle en uno de los sofás, ni siquiera se percato bien de cual era, lo único importante en esos momentos era Saga.
-Saga quiero que sepas lo mucho que te amo- rebuscando en uno de sus bolsillos sin encontrarlo- te amo con locura a pese a quien le pese por eso quiero pedirte que…
-Perdón vendré otro día- una dulce voz interrumpió el momento mágico, ambos rostros aun sonrojados se volvieron a ver aquella persona – Toque pero nadie me contesto así que decidí pasar- un hombre de larga cabellera rubia ojos cuestes que reflejaban la apacibilidad del mismo cielo y vestido con la característica sotana se disculpaba, más apenado aun que los mismos protagonistas de aquella escena, sé trataba del sacerdote de la iglesia de Santo domingo.
-Perdón padre es que no lo escuchamos, pero dígame ¿que hace usted aquí?- Saga le saludo cortésmente desde el sillón en el que se encontraba aun sin poder verle al rostro, lo sentía un encendido furiosamente de rojo, mientras que Aioros más calmado que su compañero le saludaba.
-Discúlpeme Aioros y Saga, pero es que como han de saber, esta zona de la ciudad le pertenece a la iglesia de Santo Domingo y como superior de la misma es mi deber venir a dar unas plegarias en nombre de estos fieles siervos de nuestro señor, aquí tienen la autorización firmada por el jefe de la policía para dejarme entrar- El joven rubio extendía aquella hoja, en otros casos esta medida no hubiera sido necesaria pero al tratarse inclusos de un asunto federa las cosas deberían ser lo más ordenadas que se pudieran incluso en los asuntos religiosos.
-Padre Shaka no tiene por que mostrar esos cumplidos ante el detective Aioros, yo y él le conocemos muy bien así que permítase unas cuantas libertades- Saga usualmente se iba a confesar con el padre Shaka así que le conocía en extremo bien, así como el padre conocía a Saga mejor incluso que Aioros, pero como padre debía mantener el secreto de confesión.
Shaka podía leer con extrema facilidad en los ojos de Saga que este a pesar de sentirse avergonzado por como los encontró, molesto al no saber que deseaba pedirle su pareja sentía también un profundo agradecimiento por salvarle de aquella situación y eso era algo que nunca entendería pareciera como si el psiquiatra le tuviese miedo a su pareja cuando en todas las charlas que habían mantenido jamás revelo maltrato alguno o alguna cosa semejante que su pareja le hubiese hecho.
-Si es así solo dejen rezar un poco en las habitaciones de las victimas y me iré- El peliazul afirmo antes de salir de la casa pero Aioros se quedo un poco más con el padre, necesitaba hablar a solas con él
-Padre yo quiero pedirle un favor.
-Lo que quieras hijo- Aun que Saga había salido de la casa se quedo recargado en el marco de la entrada, de espaldas a la casa, escuchando todo lo que se decían entre los dos hombres, inclino la cabeza escondiendo su rostro entre los largos mechones azulados de su cabello y de esos hermosos ojos salieron varias lagrimas que mancillaron su rostro hasta estrellarse contra el frió pavimento
-Me gustaría verlo en privado para hablar de esto, puesto que usted debe tener cosas que hacer a lo mismo que yo, le parece bien el martes a las 3 de la tarde- Shaka solo asintió dejando ir al detective que viendo a su novio el coche le sonrió recibiendo una linda sonrisa por parte de este ultimo.
-¿Ya es tarde quieres ir a comer?-aun traía jugueteando entre sus dedos una pequeña ficha roja que se encontró en la cocina con las siglas SF- debo guardar esto antes de que me pierda- tomo la fichita dejándole en uno de los pequeños compartimientos del coche al tiempo que la dejaba la mano de Saga la tomaba.
-Hablando de comida se donde podemos obtener más información para tu caso Aioros y al mismo tiempo comer algo- mostrándole la ficha- solo espero que no seas muy melindroso a la hora de comer.
-¿Conoces ese lugar Saga?
-Si es un restaurante, además no soy quien soy por ser un ignorante
El lugar al que se refería Saga era un restaurante, algo alejado de la ciudad, que se encontraba lleno de asiáticos. Amplio totalmente recubierto de una madera perfumada y tapices de color negro con adornos en color borgoña.
El hoster saludo cordialmente a Saga diciéndole algo así como “Señor hace mucho tiempo que no nos visitaba”, el peliazul solo le sonrió secamente. El hoster llamo entonces a uno de sus mejores acomodadores para que les llevara a la mesa que Saga siempre utilizaba cada vez que iba ahí.
-Oye Saga, ¿eres cliente frecuente?- le pregunto el detective mientras examinaba inquisitivamente una extraña pasta rosada con puntos verdosos, su pareja le miro extrañado, tomo uno de los palitos de pan y le hundió en la pasta.
-¿Esta bueno no quieres?- El castaño negó, aquella pasta tenía un olor raro y más que eso si le gustaba a Saga entonces era un sabor por demás particular, no entendía como era posible que alguien despreciara una hamburguesa por un plato de viseras sazonadas.
-No gracias, pero no me respondiste- El psicólogo si que se enojo ante la insistencia que presentaba el otro, aun que realmente este era un motivo secundario seguía molesto por lo que había pasado en la casa, su extraña platica con el padre Shaka y lo que intentaba decirle. Era odioso sentirse así.
-¿Es una respuesta importante?- se volvió completamente para mirarle y hablarle sarcásticamente- Que ganas si te digo que si o que no, Aioros por favor no insistas con algo tan trivial- inclinando la cabeza de cierta manera dejo al descubierto un par de moretones en su cuello, unos moretones que Aioros conocía muy bien por que él se los había hecho.
Una forma sutil de invitarle a que guardara silencio, una acción de culpa, clara y concisa, Saga adoraba esa parte de si mismo…y lo reflejaba en sus ojos aun que estos no fuera visto por Aioros.
El mesero llego a salvar de aquel silencio fatal al moreno entregándole la carta a él y a su pareja. Aioros abrió el menú ocultando la mitad del rostro bajo el mismo, y entonces lo vio, esos mismos ojos que no eran propios de un psicólogo, incluso diferentes en todos los aspectos a los de Saga, el tono verde azulado de sus ojos era un tono de fría muerte. El peliazul al sentirse observado devolvió la mirada agregando a la macabra escena de la que era testigo el detective una sádica sonrisa.
-No entiendes nada ¿verdad?- Cambiando totalmente sus facciones por unas más gráciles, le sonrió de nuevo pero esta vez con plena dulzura, lo que obviamente desconcertó al castaño que negó dos veces con la cabeza- Ya veo, ordenare por los dos… dos menudos especiales por favor.
Anotando lo que querían el mesero se retiro y con esto la actitud de Saga mejoro aun más, se levanto de su asiento para besar a su novio y volverse a sentar enfrente de él como si nada hubiera pasado.
-Los viernes suele hacer concursos de bebidas en este lugar-la pasta rosa volví a ser invadida por otro palito de pan- para entrar debes tomar una mezcla que se llama “ángel azul”, es divertido en verdad, lastima que no sea viernes- un mordisco al palito que enterró nuevamente en la pasta- ¿sabes lo que te dan en esa botellita azul?
-¿Que tiene que ver eso en esto?
-Nada y todo- de nuevo sonriéndole, refirmándole lo mucho que le amaba, saco de su bolsillo la ficha donde venia grabado SF- cada botella trae una ficha de estas, cada mes cambian de color y en este mes el color es rojo.
La copa de vino que se encontraba en la mesa tambaleo hasta verter su contenido en la mesa, todo por el fuerte golpe que Aioros soltó con los puños cerrados sobre la mesa, Saga le miro divertido, no se esperaba esa reacción, alzando su propia copa para que no sufriera la misma suerte que la del castaño. Los demás clientes comenzaban a murmurar y a dirigirle una que otra mirada despectiva a quien armaba tal escándalo.
-Lo siento- le miro de lado intentando que en su rostro se formara una sonrisa- creo que este día estoy demasiado sensible.
-Ya me di cuenta- El mesero regreso trayendo consigo una bandeja hueca con un plato de salsa rojiza en el centro y trozos de carne oscura a los lados- Gracias, Aioros quizás no sea relevante pero pienso que el asesino es un extranjero.
Aioros aun sonrojado por su anterior actitud se volvió para mirarle tras haberle dado un vistazo a la carne que le hera servida, e imitando a su compañero tomo dos o 3 trozos bañándoles con aquella salsa rojiza, para su sorpresa el sabor era agradable.
-¿Por que lo crees así?- tomo un poco de vino tinto antes de arrancar de su brocheta improvisada otro trozo de carne.
-Ve el lugar al que vino, ¿vez alguno “patriota” aquí?- sus ojos inspeccionaron curiosos el lugar, encontrándose que efectivamente todos los presentes eran extranjeros- Tu perfecto homicida no es más que un extranjero y con dinero, este lugar no es nada barato, educado por que no lo ha demostrado.
No se dijo nada más ambos se sumieron dentro de sus pensamientos buscando ese algo que faltaba en el caso de Aioros y en el caso de Saga ¿Qué es lo que estaba haciendo mal?
Terminaron de comer y gracias a los contactos del peliazul pudieron obtener la lista de participantes de aquella noche, pero la mitad eran solo sobrenombres que no sirvieron realmente para nada.
-En donde quedaron los nombres comunes.
-Cuando entras en un concurso realmente no quieres llamarte Arturo o Gabriel, necesitas un nombre que te de fuerza y seguridad.
-Yo trabajo con criminales todos los días y te diré que no hay uno solo que tenga esta clase de sobrenombres- con la punta de dedo anular comenzó a buscar aquellos que a su parecer eran los más “normales”- Cabeza de toro, Sangre negra, Cobra rosada- Saga soltó una pequeña risita al escuchar el ultimo sobrenombre- por que te burlas del pobre Cobra Rosada, por que no es venenosa ya la vas a despreciar, por que mira que ya es suficiente tragedia el hecho de que este rosada.
-No es por eso, bueno lo admito si es un poco por eso pero no lo es del todo, mira estas acostumbrado a nombres como…Demonio o Hijo de Satanás, pero esos sobrenombres que acabas de mencionar son los más infantiles los que te parecen “raros” tienen un verdadero significado, por ejemplo un equivalente de Demonio es Rhaska en hindú, tienes que tomar en cuenta que no es lo mismo nuestra forma de vida a la de ellos lo mismo pasa en el lenguaje.
-Y a ti te encanta darme esas lecciones verdad- por un instante el peliazul frunció el ceño, disgustado por la entonación que daba el otro a sus palabras- En mi vida he trabajado en muchos casos parecidos a este, pero no se en verdad que tienen este en especial que hace que se me calen los huesos.
-Solo necesitas descansar Aioros- El moreno pudo leer en los ojos de Saga una mirada maliciosa la cual respondió al entender a lo que este se refería.
-Con el pecado capital que tengo por novio no creo poder descansar mucho- sonrió cuando vio formarse un puchero en los labios del psicólogo, muy pocas veces este se dejaba llevar por un comportamiento tan infantil y eso le encantaba- Es que eres la soberbia en persona, no hay nadie más que tenga la razón, eres la ira cuando tomas las cartas en tus manos…pero para mi siempre serás lujuria que me insita con una sola mirada y me mata con un beso
Ya en el hogar del detective, Saga se encontraba recostado en la cama, escuchando unos extraños ruidos provenir del baño, Aioros llevaba ahí más de 30 minutos. Preocupado por eso sus esmeraldas brillaron un segundo antes de ir y tocar quedamente la puerta.
-¿Qué es lo que tienes?- le pregunto mientras se recargaba de lado en la puerta- mejor dicho ¿Qué medicamento necesitas que te traiga?
-No lo se, tengo revuelto el estomago- ni bien terminaba de decir eso cuando de nuevo se inclinaba para vomitar- creo que me hizo mal la comida.
Una sonrisa maliciosa se escapo de entre los labios del peliazul, mientras murmuraba por lo bajo un “te lo merecías”.
-Puede ser que tengas razón, la carne que comimos es un platillo típico de Asia, es una especie de carne tipo tártara- se llevo un dedo a la boca pensando como podría expilárselo mejor a su pareja- Miran son trozos de carne bañadas en una salsa especial, se les mete en una pequeñas ollas hasta que su color cambia a un rojo oscuro, cuando esto pasa hacen una salsa de frutillas rojas y nueces, bañándole con esta salsa.
-Me llevaste a comer carne cruda…
-No, no es carne cruda digamos que esta 2 quitas partes- su celular comenzó a sonar, en la pantalla se podía leer numero publico-Si habla Saga…Eres tú, ¿Cuántas veces te he dicho que no me llames de un teléfono publico?...sino quieres que te trate así mejor no me hables…disculpas aceptadas.
Entre tanto el castaño había dejado de vomitar al parecer su estomago por fin le dejaría en paz, alcanzando a escuchar algo de la conversación de la conversación de su pareja.
-Lo siento se me olvido que era hoy… No, esta bien dame la dirección de donde estas y voy por ti… quien te entiende, me sacas de quicio…Si estoy con Aioros…no tengo que pedirle permiso ni decirle a donde voy…mira mejor cállate que no estoy dispuesto a seguir discutiendo contigo por teléfono… que no es verdad- Saga comenzaba a fastidiarse por lo que sobaba con insistencia sus cines tratando así de prever un futuro dolor de cabeza, es que el hombre al otro lado de la línea podía ser tan terco en ocasiones-entre tu y yo sabes que hay unos lazos irrompibles, no puedo dejarte ni creo que tú me dejes.
Colgó el teléfono guardándole en el porta celular colgado a su cadera, justo en ese momento Aioros salio del baño había alcanzado a escuchar un poco más de la conversación de Saga con aquel sujeto. Si su pareja era tan selectiva con sus amistades, siendo sinceros no le conocía ningún amigo o amiga, solo compañeros uno que otro que el peliazul apreciaba en cierta medida pero nada más, así que una llamada de ese tipo quería decir mucho y nada al mismo tiempo.
-¿Vas a salir?- le pregunto curioso cuando le vio entrar al cuarto que compartirían el resto de la tarde, o por lo menos esos eran los deseos del detective, desgraciadamente estas no eran las intenciones de Saga.
-Si, nos vemos mañana para cenar- El frió se podía escuchar claramente en su voz y algo más que solo frialdad reflejaba su rostro, sus facciones se descomponían levemente en muestra del enojo que le invadía en esos momentos.
Saga parecía otra persona, no era quien Aioros había conocido, claro que nunca fue una persona, demasiado cariñosa, demasiado espontánea; Pero en estos momentos a lo único que parecía es que Saga luchaba con todas su fuerzas para no hacer algo contra él, ¿pero que?
Tan solo se había perdido unos instantes en su mente que cuando volvió a la realidad, el peliazul ya no se encontraba más en su casa, ni siquiera se despidió de él.
Aun así no daría marcha atrás en su proyecto le propondría matrimonio, ¿quizás Saga ya se había percatado de eso?, ¿seria acaso esa la razón por la cual el psicólogo le traba de esa forma?
El teléfono comenzó a sonar, sin negar que por su mente el primer pensamiento que cruzo fue el de que Saga había cambiado de parecer y quería ver si aun estaba en casa le asalto, grande fue su desilusión al escuchar la voz de su hermano.
Su padre así como el resto de su familia habían dejado de hablarle cuando se enteraron de las preferencias sexuales de Aioros, por tal motivo le sorprendió esta llamada, aun que su hermano aun le hablaba de vez en cuando no era normal, algo en el tono de voz que utilizaba se lo decía.
-Hermano, tienes que venir…nuestro padre esta muriendo y…
-No digas más haya voy- Quizás el vivir tanto tiempo con una persona te lleva a compartir una que otra costumbre, como la que acababa de suceder, Aioros normalmente alegre se comporto muy frió y colgó sin dar explicaciones.
¿Como saber si iba a ir?, ¿Sus palabras eran sinceras? Preguntas como estas rondaban en la cabeza de su hermano un chico de brillantes ojos verdosos de nombre Aioria, el actual “primogénito” como lo había ordenado su padre, aquel que traería de nuevo la decencia al hogar…pero más que nada quien conservaría el apellido.
En menos de dos horas de camino Aioros se detuvo en frente de la vieja casita pintada de blanco, con dos grandes macetones en la entrada, un pórtico algo desvalido por el tiempo…todo era como lo recordaba en su infancia, una sonrisa distraída se formo en sus labios al recordar aquellos tiempo.
Aioros había crecido dentro de una familia estable, de clase media alta, su padre no comenzó a caer en excesos sino hasta que el detective cometió el error de decirle que le gustaban los hombres, ironías de la vida, el primer y único hombre que le presento fue a Saga…creyendo engañosamente que la perfección que este poseía podría demostrarle que incluso como homosexual se podía triunfar. En aquel entonces quería que el brillo del éxito de Saga le hiciera brilla también a él, después de aquella breve visita, su padre no volvió a contestar ninguna de sus llamadas ni cobrar los cheques que se iban almacenado, amontonándose uno sobre otro, acumulando un dinero del cual solo el banco sacaba provecho. Ante estas negativas por parte de su padre y el resto de su familia ya no volvió a buscarles, ni siquiera a mandarles dinero.
Como todos los niños, cuando son pequeños quieren imitar a sus padres, el padre de Aioros fue un gran detective en su tiempo, el pequeño castaño siempre quiso ser como él en cuanto entro a la academia el primer fantasma que debía vencer era el hecho de ser el hijo de su padre, debía demostrar que valía por si mismo.
Vacilo al tocar el timbre, pero finalmente se decidió, una de sus hermanas le abrió la puerta con un claro enfado dibujado en el rostro, la furia de su padre parecía haberse también apropiado de sus hermanas de forma exponencial.
-¿A ti quien te llamo?- pregunto descortésmente Ester con su típica flema
-Eso no te importa no pienso dejar que el viejo se muera así…
-Ya veo así que lo que tú quieres decir es que vienes a atormentarlo más dentro de sus desgracias, eres tan patético Aioros, lárgate de aquí antes de que me enoje en verdad.
Una mano sujeto con fuerza la puerta para evitar que Ester le cerrar la puerta en las narices a Aioros, se trataba de su hermano Aioria, la casa de los dos morenos se regia por un régimen patriarcal y ya que su padre estaba a punto de morir el señor de la casa era Aioria y sus hermanas no podían contradecir esto, quizás el pequeño Stefan podría pero con tan solo 12 años de edad, no entendía muy bien por que su hermano mayor era tratado de esa forma, a los ojos del pequeño no había hecho nada, de hecho Stefan no conocía a Saga.
-Yo le llame, déjale pasa- Ester a regañadientes se aparto de la puerta dejan pasar a Aioros quien solo tenia ojos para su hermano, y en los ojos de este Aioria solo podía encontrar preguntas que ni él mismo le podría responde, como el hecho de ¿por que se encontraba ahí?
Ya a solas en el pasillo en frente de la recamara de su padre, los recuerdos le golpeaban la mente, todo parecía igual a como lo dejo la ultima vez que estuvo en esa casa, enfrente de la recamara de su padre se encontraba la suya, un temblor le invadió por completo, estaría igual su habitación como el resto de la casa…el árbol en el que su madre solía medirlos toco gentilmente con sus ramas la venta a un lado de Aioros, como dándole la bienvenida, Aioria había entrado unos instantes para decirle a su padre que Aioros se encontraba ahí. Curioso asomo la cabeza a través de la ventana, a lo lejos aun podía ver al ganado pastando, a las ovejas sonando escandalosamente las campanas que traía atadas al cuello junto con los corderitos que saltaban de un lado para otro, esa escena le hacia creer que el tiempo no había pasado que todo era una mentira.
-Aioros pasa- la voz de su hermano le saco de su ensoñación- ¿Estas bien?
-Si, no es nada
-Creo que deberían hablar a solas…no te preocupes nadie les molestara- el menor de los hermanos le sonrió con ternura al tiempo que le empujaba para entrar en el cuarto cerrando tras de si la puerta.
El castaño avanzo lenta y desganadamente hasta el lecho en el que descansaba el cuarto de su padre, jalo una silla labrada de roble para sentarse en ella aun lado de la cama del viejo.
-Padre se que nuestra relación no ha sido la mejor en estos últimos años hace tan solo 2 años aun me hablabas, no crees que es irónico- el viejo que hasta entonces le daba la espalda se volvió para mirarlo directamente a los ojos, de acuerdo con Aioria este ya deliraba y no solía formar muchas frases coherentes.
-Aioros, perdóname es solo que…no soy un buen padre.
-No hay nada que perdonar, pero con esto tampoco quiero decir que puedas hacer que cambien quien soy…de hecho si Aioria no me hubiera llamado, el próximo domingo tenia pensado hacerlo- un leve sonrojo adorno sus mejillas- quería decirles que me casaba con Saga.
El anciano le miro horrorizado, crispando todo su cuerpo, sus ojos azules fijos en los de su hijo, la boca entreabierta dejando salir un pequeño hilo de saliva, apenas y se podia ver una lengua ligeramente morada y el rostro encendido.
-Tú no te puedes casar con ese hombre- por fin logro formular una frase.
-¿Por qué?- pregunto dudoso el detective a su padre
-Jack esta es una misión de dos…no fue mi culpa, no debí matarle así…ese niño lo vio todo- para Aioros su padre ya había comenzado a alucinar, intento salir pero la mano de su padre le sujetaba con fuerza de la manga de su camisa- Esos ojos verdes me miraban como si yo fuera el criminal, de su cuello colgaba un pendiente pendular de cristal…el pendiente se mancha con la sangre de aquel hombre, el niño llora y a lo lejos se puede escuchar que lo llaman por su nombre…
Aquellas fueron las ultimas palabras del padre de Aioros antes de morir, su hijo piadosamente cierra los ojos abiertos del cadáver y sale del cuarto para anunciárselo al resto de su familia.
El taxi en el que viajaba Saga se detuvo enfrente de un de los hoteles más elegantes de la ciudad, el psicólogo que normalmente poseía un total autocontrol de si mismo, en estos momentos lucia como un niño primerizo.
Todo ese nerviosismo se debía a que lo vería a él, se pregunto si su vida no hubieras sido diferente de haber aceptado la propuesta de ese extranjero, negó levemente haciendo balancear sus largos mechones azulados, para sacarse de la mente esa idea que no solo resultaba imposible sino que también absurda.
-Saga, eso no es propio de ti- Escucho de nuevo esa voz tan familiar, con ese asentó que denotaba que su poseedor, aun que habilidoso en el manejo de diversos idiomas, aun conservaba el timbre de su tierra natal.
-¿Entonces que es lo que seria propio de mi, maestro?- Le contesto en un perfecto francés, girando sobre sus talones, le vio…un hombre de larga y rojiza cabellera, que años le recordaba a un río de sangre por su brillo, pero lo más atrayente de ese joven de 32 años eran sus ojos de fría caoba- Camus, no debiste haber venido…por lo menos no ahora, no es el momento y lo sabes.
-Siempre tan calido Saga, yo que esperaba que después de 3 años de no vernos me dijera algo más animado- fingiendo inocencia en su voz e ignorando por completo al peliazul continuo- ¿No me extrañaste tanto como yo cariño?
-No te queda esa fachada de niño bonito Camus- el que respondía a ese nombre le miro entre indignado y ofendido- te lo dije por teléfono…o es que comienzas a padecer de de los típicos complejos de la edad.
-Eso me tiene sin cuidado Saga- rodó sus ojos con fastidio, ¿acaso tenia que enséñale todo de nueva cuenta?
-Puede que a ti no pero a mi si, y si eso es a lo único que has venido me retiro tengo cosas más importantes que hacer que estar discutiendo del existencialismo aquí contigo…espero que nuestra siguiente reunión sea tan calida como esta o quizás más depende si se trata de tu funeral estoy seguro que será exageradamente dulce- Lo había hecho enojar más tan solo levemente, Saga siempre fue así desde que lo recordaba, no le gusta que le llevaran la contra ni que mandaran en su vida.
Ante los ojos del mayor Saga seguía igual que siempre, no había dejado de ser el mocoso irreverente que se divertía sacándolo de sus casillas y no solamente a él sino a toda la servidumbre…que tiempos aquellos, todo seria mejor si se hubiera quedado como en aquel antaño, si tan solo Saga no tuviera esa obsesión de nombre Aioros, podrían al final ser felices.
-Te invito un café- propuso el pelirrojo tomando a al psicólogo del brazo sin darle tiempo a este de si quiera protestar, cosa que de todas formas no deseaba hacer, él si le había extrañado…extraño su risa, sus ademanes, extraño cada partícula que conformaba su existencia, por que para Saga, el único que le entendía a la perfección era aquel pelirrojo que una vez le confesara que lo amo…
-Al bulevar- le indico Camus a su chofer una vez que se subió junto con Saga su limosina- Saga, dime no has pensado en volver a Francia, conmigo.
El gemelo le miro sorprendido, le sonrió compasivamente mientras entrecruzaba los brazos y afirmaba con la cabeza, para después agregar, con una voz un tanto lánguida.
-Si lo he pensado pero no puedo- su sonrisa se volvió más prominente- no puedo dejar a Aioros.
Una nube gris cubrió la frente del pelirrojo, que evitando el contacto de las verdes orbes de su compañero se giro hacia la ventana, sonrió melancólico y sin volverse continuo.
-Sabes no llegué hoy llevo cuatro días aquí- la frialdad que reflejaba en esos momentos la voz del francés, hizo que Saga temblara, recordó como la persona que se encontraba sentada a su lado le enseño todo aquello que sabia, incluso lo financió durante su carrera, lo domo…le enseño a temer.
-¿Que tanto estuviste haciendo?- pregunto temeroso incluso de sus propias palabras, sabiendo en que clase de negocios se movía el francés y que él supiera de momento no tenia ningún tipo de inversión en ese lugar.
-Tu sabes un poco de todo- se volvió mirándole sádicamente mientras sacaba de uno de los bolsos de su saco una cajetilla de cigarros- ¿Te molesta si fumo?- el menor negó débilmente, Camus le sonrió convidándole uno que el psicólogo negó, abrió la ventana de la limosina para que saliera el humo- Además que importa lo que vine o no hacer, para mi lo que me interesa, no corrijo, lo único que me importa es el verte…
-Señor llegamos- la grave voz del chofer les distrajo. Se encontraba enfrente del bulevar, Camus despidió a su chofer por las siguientes dos horas, le llamaría cuando lo necesitara, para entrar más tarde con el peliazul al bello café con música de saxofón de fondo.
-¿Qué es lo que desean ordenar?- pregunto un muchacho que fungía como mesero en aquel lugar.
-Un express bien cargado y un capuchino de crema irlandesa- le contesto sin ver la cara de molestia de su acompañante, como odiaba que eligieran por él, aun que la elección que había hecho Camus fuese del todo acertada.
Estas dos personas se completaban de tal forma que muchas veces no eran necesarias las palabras, se adelantaban a las acciones de cada uno, una especie de simbiosis difícil de explicar, más para Saga ya que este tenia un gemelo de nombre Kanon y se decía que los gemelos poseen esa característica de saber como esta el otro, pero la excepción a esta supuesta regla era el psicólogo que nunca entendió a Kanon del todo.
-Sabes que no me gustas que decidas por mi- le recrimino una vez que el mesero se fue, como el mismo Camus odiaba los espectáculos.
-Lo dices por el bastardo de tu padre- No por nada había vivido con aquel joven tanto tiempo, se jactaba de conocerle tan bien como así mismo- Saga cuando aprenderemos a dejar el pasado en el pasado…no me digas que te has vuelto abstemio por un abuso durante tu infancia- le vio fruncir el seño pero aun así no se detuvo- Cariño recuerda que yo soy tu maestro en todos los aspectos de tu vida, o ya se te olvido aquella noche en Venecia donde te me entregaste, donde te demostré lo que es en verdad hacer el amor…quizás no me haya llevado ni tu inocencia ni tu virginidad, pero si me lleve algo mucho más importante, la primera vez que realmente lo hiciste con placer, fui el primero en saborear tu esencia.
Un fuerte escalofrió sacudió el cuerpo del menor al recordar aquella mencionada noche y no solo esa sino las que le siguieron, un fuerte sonrojo lo ataco de golpe y con modestia ladeo el rostro dando así la victoria al pelirrojo que le sonreía lascivamente.
-Además ahora estas con ese fracasado detective y seguro que de vez en cuando le das el placer de tocarte, de hacerte el amor, no quiero que me mientas, entendido…de todas formas yo lo sabría.
El mesero les entrego su orden, Camus tomo el express y Saga el capuchino, ambos dieron un solo sorbo, era el turno del psicólogo para defenderse.
- A todo aquel que logra tener lo que tú no has podido le llamas fracasado, es una conducta normal entre los seres humanos- le miro inquisitivamente- y no te tengo por que negar o afirmar si me acuesto o no con Aioros- Ese nombrecito comenzaba hacerle odioso al francés, pero al mismo tiempo se moría de ganas de conocerle, siendo sinceros ya le había investigado y no parecía una amenaza.
-Buena respuesta aprendiste algo después de todo- sonrió satisfecho volviendo a beber de su café.
-Ya dime el por que estas aquí- insistió, no se dejaría engañar por la linda apariencia de Camus, ni mucho menos por las falsas palabra que este le dedicaba a menudo, se había acostumbrado a leer entre líneas y el francés le ocultaba algo, es verdad que tenían pensado verse un par de días antes del lanzamiento de su nueva novela, pero llegar con 4 días de anticipo y sin avisarle era muy sospechoso.
-¿Quién dijo que no me importaba lo que hacia en tu vida personal?, creo que se aplica lo mismo en mi caso no tengo…es más no quiero decírtelo, sino te hubiera llamado ni siquiera te habrías percatado de mi presencia, estas demasiado ocupado preparándote para el gran día o ¿me equivoco?.
-Tramposo.
-No Saga, trampa no es valerse ni del ingenio ni de las debilidades de los demás, recuerda a Mao en muchas ocasiones el peor enemigo es uno mismo.
Lo primero que paso por su mente en esos momentos fue “al diablo la filosofía barata” pero Camus no solo se refería al pequeño hecho que acaban de vivir, a ese duelo que estaba sosteniendo sobre asuntos triviales aparentemente, sino algo más profundo…se refería aquello en lo que Saga había consagrado su vida y más que eso a los hechos que estaban por darse.
Siguieron platicando por dos horas más, de lo que habían hecho cada uno después de que se vieron por última vez, de lo mucho que se extrañaban e incluso del pasado que añoraban y el futuro que deseaban.
Parecían como dos viejos amigos encontrados en una cafetería, nada fuera de lo común, ni siquiera parecían que minutos atrás hayan dicho tanto en tan pocas palabras…solo eran amigos tomando el café, cuando en realidad habían compartido muchísimo más que una simple amistad
-Es muy noche te quedaras en mi hotel ¿verdad?- le cuestiono sensualmente el pelirrojo al psicólogo que afirmo levemente, aun que solo fueran las 8 de la noche
En los pensamientos del gemelo se encendió una pequeña alerta, al parecer no iría a cenar con Aioros, tendría que arreglar ese problema.
-Si solo deja que arregle un pendiente- marco un numero en el celular y espero con impaciencia a que le contestaran, por fin sonó un calido hola- Kanon te tengo que pedir un favor.
-Si dime hermano- le contesto aquella voz tan parecida a la suya
-Tengo que ir con Aioros a cenar pero me encuentro ocupado de momento, ¿podrías ir por mi como las otras veces?- le interrogo suavizando la voz.
-No creo que deba, además te quería hablar de eso… Aioros es tu pareja ¿esta bien que le mientas?- un pequeño gruñido escapo de los labios del mayor
-No te pedí tu opinión ni un consejo si quiera, solo te pedí que fueras con él- termino diciendo ligeramente molesto, esta molestia la noto su gemelo que suspiro resignado, hasta cuando le tocaría representar ese papel, esta bien que Saga se encargaba del cuidado de los dos. Seria justo entonces que su gemelo recibiera algo cambio de esos cuidados que le prestaba.
-Esta bien, ¿En donde es la cita?- aun que este no lo pudiera apreciar el psicólogo sonrió ampliamente siempre obtenía lo que quería de todos y eso incluía a su muy amado hermanito.
-A las 9 en su departamento, quiero que regreses a casa a dormir entendido, te quiero hermano, adiós- sin más que decir y sabiendo de antemano que Kanon le obedecería colgó.
Para Kanon las cosas eran muy diferentes, la primera vez que Saga le había pedido que lo sustituyera en una de sus citas con Aioros no le dio importancia pero cuando estas se volvieron más o menos frecuentes comienzo a pensar que su hermano tenia una aventura de la cual no quería que su pareja se enterara. Pero igual que las otras veces ya lo había decidió, él debía seguirle el juego a Saga…no negaba que le daba pena el detective, las veces que había estado con él este era tan dulce con él, Saga había sido muy afortunado en encontrar a alguien que lo amara de aquella forma, por lo mismo no entendía el por que del comportamiento de su hermano.
En la limosina del pelirrojo, Saga se dejo abrazar por este todo el camino hasta el hotel donde se hospedaba.
-Aioros no sabe que tienes un gemelo ¿verdad?- le pregunto después de un rato en el que esa pregunta se mantuvo revoloteando fastidiosamente en su cabeza.
-Nunca se lo dije, el piensa que soy hijo único, ¿no es gracioso?
-No te molesta entonces que haya habido por lo menos una vez en la que haya besado a Kanon pensando que eras tú.
-¿Debería?, él piensa que soy yo así que no me engaña y celos de Kanon, no puedo tener celos de mi hermano, hubo un tiempo en el que los tuve pero ahora no.
Camus sabía que se refería al tiempo en el que su padre le violaba mientras que Kanon dormía placidamente en su camita, cuando su madre le consentía más al menor, cuando él solo era un espejo de su hermano. En aquel entonces el del carácter dominante era Kanon, es risible que los papeles se hayan cambiado de esa forma. Había sin embargo algo más en eso, Kanon sufría de culpa, una culpa por no haberse dado cuenta de lo que sucedía en su propia casa y esa misma culpa lo llevaba a comportarse tan dócilmente con su hermano complaciéndole en todo lo que este deseaba.
Subieron por el ascensor al piso en el que se encontraba la habitación del pelirrojo, sin percatarse que unos ojos negros habían visto este hecho y no lo aprobaban.
-Shura, el cliente no esta esperando- le reclamo una chica pelirroja llevándose lejos al pelinegro que respondía a ese nombre.
Esa misma noche “Saga” escucho muy atentamente el relato sobre la muerte del padre de Aioros, le consoló dulcemente. En ocasiones Aioros quedaba desconcertado ante estas actitudes, pareciera como si Saga fuera otra persona y en esta ocasión esa sensación fue más fuerte de lo normal.
Aioros le hablo de cómo había muerto el viejo en su presencia era como si lo esperara para morir. Muy poético hasta el mismo se regaño pensando ya de antemano que es lo que le diría “Saga”.
-Quizás quería disculparse contigo, los padres no pueden odiar para siempre a sus hijos, ¿No lo crees, Aioros?- de nuevo persistía esa sensación, aun que le importaba más que la persona que amaba estuviera a su lado en ese momento tan difícil.
Puede ser que en los últimos años la relación del detective con su padre no fuese buena, pero eso no quiere decir que el mismo no le quisiera. No podía dejar de querer simplemente aquella persona que represento todo en su vida, aquella que fue su modelo a seguir a la que aun pasado los años de su tierna infancia con lideraba como su héroe, por él se había vuelto detective, por él era lo mejor que había en el departamento. Suena a simple vista que Aioros podría ser clasificado como una persona dependiente de la aprobación de su padre, una persona inmadura en el habito emocional, un hecho que aprobaría esta teoría , no solo es el medio en el que se desarrollo, un patriarcado, sino también la ausencia de su madre ya que esta murió tras dar a luz su pequeño hermano, al ser el mayor de la familia su padre había dispuesto su entera confianza a un joven de 17 años, en la ciudad eso no seria nada nuevo incluso podría haber cierto rechazo de parte del menor, pero en las comunidades que forma el entorno rural esa era la máxima prueba de hombría. Aioros se dedico en alma a complacer a su padre, convirtiéndose en el hijo modelo. A pesar de todo lo que hemos dicho, Aioros no poseía una personalidad débil y eso lo demostró años más tarde cuando se decidió a decirle definitivamente a su familia sus preferencias las cuales no cambio ni bajo las amenazas de su padre.
En el polo opuesto en el que ocurría esta escena el verdadero Saga comenzaba despertar al sentir los calidos rayos del sol golpeando, la noche había sido larga y tanto él como el pelirrojo se durmieron ya de madrugada.
El gemelo termino por despertarse completamente, girándose para ver a su compañero encontrando el lugar vació, una clara sonrisa de complicidad se formo en sus labios, Camus aun seguía siendo un ave madrugadora, de todo el tiempo que le conocía ni una sola vez le vio despertar a más de las 7 y en el transcurso del día aun que no hubiera dormido lucia tan fresco como una lechuga. Una puerta cerrándose le llamo la atención volviendo sus forestas hacia el baño de donde salía su compañero perfectamente cambiado con las puntas de su largo cabello aun húmedas.
-Pensé que querías dormir un poco más por eso no te desperté- le recrimino sentándose en una de las cómodas sillas delante de la cama- ¿Quiere que pida el servicio al cuarto?
-Solo quiero fruta, no tengo mucho apetito- Camus sonrió tiernamente ante la inapetencia del otro- ¿Qué no me lo vas a recriminar?
-Esta vez no, pero será un plato grande de fruta- llevándose un dedo a los labios se entretuvo pensando que tipo de fruta era la mejor, tanto por la estación, el día y las necesidades alimenticias del gemelo- Sandia, melón y melón chino, si esas son las mejores
El gemelo comió y llamo a casa para saber como estuvo la cena con Aioros, Kanon le contó que el padre de este estaba muerto, Saga balbuceo un te veo luego y colgó. Soltando una sonora carcajada por la muerte del viejo, le odiaba como a nadie más, después de aquella visita en la que Aioros prácticamente le obligo a ir a verle y no solo eso sino también esas cartas que llegaban a su despacho con la inconfundible letra cuadra de ese hombre.
El joven abogado de 27 años fue prácticamente arrastrado por su esposa, para ver a un cliente justo en el momento preciso en el que Saga y Camus subían al elevador, los últimos no le vieron pero si les vio Shura.
Shura había sido compañero de Aioros en la escuela, en la secundaria y preparatoria, eran dos buenos amigos que como todos los chicos de su edad siempre andaban metidos en uno que otro problema.
Shura aun que acepto las preferencias de Aioros, nunca le gusto que este estuviera saliendo con Saga. Para él Saga era un persona demasiado frío, muy prepotente…incluso en una noche de copas con el detective, en la que misteriosamente, alegaría después, fueron a caer con una bruja…Shura le pregunto si saga no le había hecho vudu o tenia amarrado a Aioros.
Saga era una mala espina y el pelinegro lo sabia, cuando hablaba de esto con su esposa Marín, la cual cabe destacar que ya estaba más que harta con esta mentada discusión, solía decirle que cuando se encontraba con Saga le dolían los huesos, ese peliazul o ere un brujo o bien una mala persona, por que solo le pasaba esto cuando veía a gente de esa calaña.
Lo cierto es que a Shura no le simpatizaba Saga por que sentía que este se había llevado a su mejor amigo.
Toda la mañana se le había pasado paseándose en su habitación, pensando si debería decirle lo que vio a Aioros. Por un lado este era su mejor amigo debería creer en sus palabras, pero si Aioros llegaba a pensar que él tendría celos de Saga y todo lo decía dominado por los celos. Si Marín le engañara ¿Le gustaría que se lo dijeran?.
Por fin se decidió le diría a Aioros que vio a Saga irse con un pelirrojo, pero incluso lo que vio podría ser refutado con facilidad. Encendió la televisión buscando algo en que entretener su mente, con el comando a distancia paso por los primeros 5 canales sin que nada llamara su atención hasta que llego a las noticia.
-El famoso millonario Camus Depardieu- decía la reportera, mostrando en la pantalla unas imágenes del pelirrojo a quien había visto en compañía de Saga el día anterior.
En el reportaje mencionaba que este sujeto era el único heredero de la familia Depardieu y que siempre se encontraba viajando alrededor del mundo, algunos de los negocios en los que se encontraba el francés y conocidos del mismo…incluso se llego a mencionar que para verlo había que hacer una cita con por lo menos 3 años de anticipo pues su agenda siempre se encontraba atascada.
El ruido seco del comando a larga distancia sonó en el cuarto cuando Marín preocupada por la actitud de su esposo toco la puerta asustando a Shura que dejo caer el mencionado aparato.
-Cariño ¿te encuentras bien?- pregunto la pelirroja realmente preocupada
-Si, en un momento bajo a desayunar no te preocupes- trato de afinar su voz puesto que en esos momentos esta se negaba a salir- ¿Quién eres Saga?- termino murmurando antes de apagar la televisión.
Un hombre que tenia tales influencias no era un hombre cualquiera, si Saga conocía a esa clase de gente es que no era un simple psicólogo. Camino como zombi hasta el teléfono marcando el número de la casa de Aioros.
-Si, ¿Quién habla?- escucho la voz del castaño un tanto cansada, se pregunto mentalmente si realmente debería responde a aquella pregunta- No estoy para juego, quien es o…
-Perdóname Aioros, soy Shura pero es que me distraje un segundo- Aioros sonrió incluso rió un poco, Shura siempre fue así de cortes incluso cuando ya tenían varios años de haberse conocido seguía tratándole de esa forma- Oye no te rías- esa fue la gota que derramo el vaso Aioros ahora reía ampliamente.
-Lo siento pero tú tienes la culpa- tomando aire un par de veces recobro la compostura para continuar- Para que me querías?
-¿Estas con Saga en este momento?- debía llevar la conversación hacia donde quería y como abogado no se le ocurría otra forma
-No, se fue hace una horas, ayer el noche cenamos y se quedo a dormir en mi casa…dijo que tenia que entregar unos papeles por eso se fue temprano.
-¿Anoche cenaste con él, seguro?- su voz sonó extraña, ahora comenzaba a dudar de lo que vieran sus propios ojos, ¿era posible que hubiera visto mal? Solo había una posibilidad que Saga no se hubiera quedado mucho tiempo con Camus…aun así por la hora y la distancia, es lo menos probable.
-Shura no pienses mal, solo cenábamos yo estaba muy mal para hacerle algo más que unas codornices en salsa- Afortunadamente Aioros había malinterpretado las cosas, agradeció mentalmente- Mira llego a las 9 y cenamos una hora después.
-Bueno no importa, solo quería invitarlos a los dos a cenar- recordó que el cliente para el que trabajaba un excéntrico dueño del estadio estatal, un hombre rico e influyente le había invitado a él a su esposa y dos amigos a la cena de gala que organizaba cada año
-¿En tu casa o en donde?
-No, mira el señor Rickestes para el que trabajo actualmente me dio 4 entradas para asistir a la fiesta de gala, que él mismo organiza, de este año…me encantaría que Saga y tú vinieran es esta noche- tendría que decirle a su esposa que les había invitado, por que hasta donde la pelirroja sabia, no irían- Se que es muy precipitado y que probablemente ya tengan planes…pero de verdad me gustaría que fueran.
-No creo que haya problema Shura- Siguieron hablando por más de media hora, hasta que Aioros se percato de la hora y colgó agradeciendo de nueva cuenta la invitación
Justo después de colgar le mando un mensaje al celular de su pareja pidiéndole que fuera a verlo a su oficina.
Saga iba bajando de la habitación de Camus por el elevador cuando su celular comenzó a sonar avisándole que había recibido un mensaje. Lo leyó y sonrió con ternura
-Aioros parece que aun eres un niño- Tomo un taxi que le llevo directo a su casa, tomo un baño rápido, cambiándose de ropa una muy ligera e informal.
Vestía una camisa de mangas ligeramente acampanadas, de color azul marino con cuello en v, pronunciado, con un pequeño listo que unía ambos extremos de la prenda, muy al estilo oriental, el borde del cuello era de color dorado, unos pantalones negros de talle recto que le daban el justo toque de formalidad que necesitaba. Su piel blanca lucia aun más por el contraste de los tonos oscuros que vestía.
Tomo un taxi en la avenida central que lo llevo hasta donde trabajaba el detective, al bajar del vehiculo un par de prostitutas se le insinuaron.
-¿A donde vas precioso?, ¿necesitas compañía?- le atajo en la entrada una rubia de exuberante figura que vestía un ajustado vestido rojo chillante que apenas y alcanzaba a cubrirle.
Las 4 prostitutas eran llevada a pasar una corta estancia dentro de la cárcel, era sujetadas por dos policías uno de ellos conocía bien a Saga el otro solo era un novato.
-Ya veo que las perras saben reconocer a las de su calaña- le dijo en voz alta el policía al novato, aun que sus palabras no fueran para este. Sánchez era amigo de detective negro, Wilson, que había pedido unas semanas de vacaciones después del encuentro que tuvo con