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<  Yaoi Oscuro   ~  Las Puertas del Abismo (Songfics) [MinosxAiacos] Capítulo 6

Derkez
Publicado: Sab Jul 14, 2007 2:20 pm Responder citando
Myu de Papillon Myu de Papillon
Registrado: 30 Jun 2007 Mensajes: 131 Ubicación: En algún lugar del Inframundo, rodeado de flores Reputación: 3.1

¡Buenas! Este es el primer fic que he escrito sobre Saint Seiya, así que es posible que decepcione a más de uno Timido Está ambientado en lo que ocurre después de la Saga de Hades, así que me he tomado la libertad de cambiar alguna que otra cosilla. En principio, no tengo pensado ningún lemon, pero es posible que al final decida incluirlo, así que aviso desde ya. No obstante colocaré la advertencia en el principio del capítulo que lo contenga. Cuando se me ocurrió, pensé hacerlo como un One-Shot, pero finalmente me decidí a escribir una historia, quizás algo larga, todavía no lo sé.




Bien, pues aquí os dejo ya el fic.











<div align="center">Prólogo</div>





"Silencio. Eso es lo único que me rodea. Hace ya tanto que te fuiste... Has dejado algo en mí que nunca esperé que nadie fuera capaz de dejar. ¿Qué embrujo me lanzaste? Porque ya no puedo mirar hacia delante sin que tu único recuerdo acuda a mí. Me siento un esclavo de tu memoria. Cada noche siento tu presencia junto a mí. ¿Acaso ya empiezo a delirar? No sabría que responder a nada de lo que me ocurre en este momento. Cuando te marchaste, olvidaste entregarme una parte de mi ser, que ahora siento que me falta. Antes creía que mi único incentivo para la batalla era mis creencias y mi propia ansia de estatus, ahora me doy cuenta de cuan errado estaba. Si batallaba, en gran parte era por ti, por ese lazo que nos unía. Amistad. ¿Amistad? ¿De verdad lo es? Si la respuesta es afirmativa respóndeme entonces porqué no puedo sacarte de mi mente y tenerte como el recuerdo del único amigo que una vez tuve. Quizás no estaba preparado para este paso. Siento como si a mis pies se abriera el mismo Yomotsu, esperando ansioso que dé un paso en falso para tragarme irremediablemente. ¿Quién pensaría que yo, Minos del Grifo, Estrella del cielo de la Nobleza, uno de los tres Kyotos, el más poderoso del Inframundo, acabaría extrañando la presencia de alguien? Y lo más importante es que no es la de alguien cualquiera, sino la tuya. Tenías que ser tú al que extrañara, ¿verdad? De seguro te estarás riendo acogido en el seno de nuestro dios. Si al menos pudiera visitarte y hablar contigo... Pero eso sería ir en contra de las leyes de Hades. Al fin y al cabo el Infierno es nuestra casa, ¿qué más da visitar a los muertos? Absurdas, pero reales. Soy el único de los tres que queda en pie. Radamanthys cayó en una lucha contra Kanon. Ese estúpido, siempre se ha creído demasiado. No supo aceptar que el gemelo era más poderoso que él, fíjate que lo acabó sin que la armadura lo protegiera. Un momento... ¿por qué te cuento esto? De seguro ahora estás con Radamanthys al lado, conversando sobre los momentos pasados. Los dos, olvidándome, por el simple hecho de seguir con una vida que no estoy seguro de querer continuar, y es que es tan extraño este sentir que se apodera de mí... Sí, tengo que confesárselo al silencio: tu ausencia me pesa y mucho."




<div align="center">Ahora que ya tú no estás aquí
Siento que no te di
Lo que esperabas de mi
</div>




"No sé exactamente qué me creías de ti. ¿Acaso no eras mi amigo? Eso me dijiste cada vez que salíamos de reportarnos ante Hades. Sin embargo dudo la veracidad de esas palabras que me dedicaste. Los amigos no abandonan a sus seres más allegados, y la manera en que tú lo hiciste fue demasiado repentina y absurda, todo sea dicho. No comprendo cómo ese Caballero de Athena pudo vencerte. ¡Eras un Kyoto! Por Hades que lo subestimaste. ¿Cómo se llamaba? ¡Ah, sí! Ikki, Ikki del Fénix, un simple Caballero de Bronce. Aún creo que estoy soñando. Un sueño demasiado cruel y extraño. Pero no, hay indicios que me demuestran que no es una mala pasada de mi propia conciencia."




<div align="center">Ahora que todo terminó
A quién de mi te alejó
Yo le quisiera pedir
Que me deje sólo un día más
Para poder hablar
De lo que eras para mi
</div>




"Heme aquí ahora, sentado en mis aposentos sobre esa silla de caoba con un grifo labrado que tanto te gustaba, mientras un aire pesado y agobiante se cuela tímido por la ventana agitando las moradas cortinas. Ni las sombras aquí presentes pueden comparase con lo que has dejado en mí al llevarte una parte de mi alma a la tumba. Siento que debí decirte algo cuando tuve oportunidad, que he desaprovechado el tiempo que he tenido junto a ti. Mi conciencia me grita lo iluso que fui, y ahora pago mi error con lamentos vanos gritando a oídos sordos el cómo te necesito aquí y ahora. Si tan sólo pudiera verte una vez más para decirte todo lo que ni yo mismo sé que guardo, todo esto que se arremolina en mi interior... quizás tú sepas qué me ocurre; quizás tú puedas ayudarme."




<div align="center">Que me deje disfrutar
De tu voz, y contemplar
Tus ojos una vez más
</div>




"Juro que cada vez que paso frente a la puerta de tu habitación noto una brisa fría que me incita a abrir la puerta con la esperanza de verte ahí, recostado en la cama con una sonrisa divertida, jugando con uno de mis hilos entre tus dedos, como era tu costumbre cada vez que querías sacarme de mis casillas, y es que sigue siendo una de mis manías. Igualmente, cada vez que paso a visitarte a tu tumba en el Palacio de Hades creo escuchar tu voz, aquella melodía que antes adoraba escuchar sin importar qué expresaba, que me intenta reconfortar. No niego que echo de menos mirar tus ojos, aquellos profundos pozos de color violeta (*) que tan bien había aprendido a descifrar."




<div align="center">Te escribo esta líneas
en papel,
Espero que donde estés
El correo llegue bien
</div>




"No sé qué hago entregándole estas palabras a alguien que no me escuchará, más siento que me libero de un peso sobre los hombros. ¡Cuanto me gustaría poder expresarte estas palabras cara a cara! Mi propia mente es la que almacena cada frase que te dedico, mas no plasmo nada en ningún lugar, ya que sé que nunca lo leerás por más que me empeñe en buscarte: al lugar que has ido me está prohibida la entrada."




<div align="center">Por aquí todos estamos bien
luchamos por seguir
como aprendimos de ti
</div>




"Tras la batalla con Athena pocos son los que han quedado con vida, por no decirte que prácticamente nadie ha tenido la oportunidad de librarse de sus Caballeros. Esto siempre estuvo bastante silencioso, quieto, tranquilo, mas tu sola presencia irradiaba una indescriptible calidez en mí y en los demás. Pandora fue quién más lo notó. Por eso es que ella sabe de mi sentir; es muy hábil. Sabe de mi sed de venganza para con ese Caballero de Bronce que te acabó, y es por eso que me dijo que ni pensara en dañarlo. Al parecer siente algo por él. ¿No es irónico? Ellos que prácticamente han estado enfrentados, ahora permanecen extrañamente unidos por un lazo que sólo ella ha visto."




<div align="center">Echo de menos
el llegar y oír tu voz,
echo de menos
No tener tu apoyo, ¡no!
</div>




"Y... ¡Ah! ¡Cómo extraño nuestras extrañas charlas nocturnas, aquellas a las que a veces se unía Radamanthys! Tal vez no fueran algo importante, pero gracias a esas aprendimos a compenetrarnos más. No eran pocos los días en los que los tres nos retábamos, explotando nuestros cosmos en duros entrenamientos. Pero creo que lo que más echo en falta es el no tener a alguien con quién conversar, a quién poder contarle mi sentir. Nunca fui muy abierto, pero contigo sentía que sí podía hacerlo, que no por ello te ibas a carcajear. Ahora me paso los largos días en silencio, confesando mi soledad antes las sombras que se agolpan en torno a mí, sedientas de oír lo que mis labios tienen que expresar, aquello que a mi alma le gustaría gritar."




<div align="center">No creo en el más allá,
No sé donde buscarte
Y aquí no estás
No creo en la eternidad,
Necesito encontrarte
Y estar en paz
</div>




"Aún recuerdo como si fuera aquél día cuando retaste al Fénix. Menuda paliza le diste. Pero debido a la soberbia que te gastabas, lo subestimaste, cayendo derrotado a sus pies en medio de los innumerables agujeros que creó el cuerpo del Caballero al caer en el sitio que indicabas. Recuerdo como el Caballero desapareció, para que luego Kanon corriera hacia el Giudecca, siendo seguido por Radamanthys, fue entonces que tuve la oportunidad de acercarme hasta tu cuerpo inerte. Nunca podré borrar de mi mente cuando tuve entre mis brazos tu cuerpo golpeado, sin vida, los ojos cerrados y los labios abiertos en el intento de reclamar una explicación. No puedo expresar lo que en ese momento se formó en mi interior; numerosas emociones me embargaron. Tengo que confesar que lloré, amargamente derramé mis lágrimas sobre tu rostro y tu cuerpo, sin saber el motivo exacto por el cuál lo hacía. ¿Tanto habías significado para mí?"




<div align="center">Necesito terminar
lo que un día empezamos
A planear.
Lo que quiero es tenerte
y no recordar
</div>




"Tu Sapuri quedó hecha un completo desastre, y aún lo está, junto a tu tumba, aún custodiando tu cadáver a pesar de ser una sombra hecha trizas de lo que en otro tiempo fue la Sapuri de Garuda. Haciendo un gran esfuerzo volví a dejar tu cuerpo sobre el lugar en el que caíste, para que mis pasos me dirigieran hacia el Palacio de Hades, dónde se estaban desarrollando acontecimientos de suma importancia, además de poder cobrarme la venganza que tanto deseaba en ese momento. Odié, odié sin reservas a ese maldito Caballero de Atenea, y aún ahora lo odio como no te puedes hacer ni idea. Él fue el que te llevó de mi lado, fue quién acabó aquellos sueños que planeamos para un posible futuro, aquellas promesas que nos hicimos. Todo, para que el viento se las llevara como si de cenizas se tratase."




<div align="center">Espera donde estés
Pues tengo que vivir
y cuando muera iré
A charlar junto a ti
</div>




"Siento que ya nada me une aquí. Quizás la batalla que libramos contra Athena ha tenido más repercusiones de las que creía. Hades terminó sellando un pacto con Athena, después de que casi matara al Caballero de Pegaso. Creo que sabe lo que está por venir y nos conviene permanecer en el bando de la diosa de la Sabiduría y la Guerra. No sé qué será lo que tenga en mente Hades, pero todavía siento algo que me motiva a seguir con esta vida a pesar de mis propias ansias por entregarme al olvido. ¿Acaso tú me estás dando aliento a seguir desde el más allá?"




<div align="center">No he apreciado
lo que he tenido,
no lo he apreciado
Hasta que lo he perdido
</div>




"No lo he hecho. No supe valorarte lo suficiente en aquellos momentos y es ahora por lo que me lamento inútilmente, pidiéndole a las sombras que me brinden un poco de la compañía que tenía junto a ti, que me escuchen de la misma manera que tú lo hacías, mas todo es en vano. A veces me pregunto si hice bien al escuchar la advertencia de Pandora de cruzar el Muro de los Lamentos salvándome de una muerte casi segura (^). Quizás no, quizás tuve que continuar adelante, de esa manera ahora estaría junto a ti; de esa manera no sentiría esto que me carcome por dentro."




<div align="center">Y si la fortuna o el azar
Me dan la oportunidad
De volvernos a ver
Juro que jamás te ocultaré
Lo que hay dentro de mi ser
Te abriré mi corazón
</div>




"Tal vez esa sea la única manera de permanecer en paz con ambos; puede que así ya no siga arrepintiéndome por el curso que tomó el destino. Ahora entiendo eso que nunca he comprendido a pesar de los largos años que he estado presente en este mundo (+), los cuales no son pocos. Yo nunca llegué a decirte qué representabas para mí, si bien sabía que nos unía cierta amistad, no te lo expresé, sin embargo quiero creer que tú sabías interpretar mis callados sentimientos, mis gestos y manera de actuar. El hecho de ser uno de los tres Jueces no te impedía hacerle caso omiso a tu naturaleza."




<div align="center">Te echo de menos,
Un beso, adiós, cuídate.
No nos olvides, muy pronto,
Nos volveremos a ver
</div>




"El cosmos de Hades emana temeroso, preocupado en cierto modo, anunciando la cercanía de una nueva batalla, puedo sentirlo. ¿Podría ser esta nueva Guerra Santa nuestro encuentro? Quiero creer que así es, necesito creer que de esa manera será. Mas mientras espero el cumplimiento de los designios del destino, debo seguir caminando por mi senda, defendiendo los ideales del dios al que sirvo, al que ambos servíamos juntos. Ahora que ni tú ni Radamanthys estáis será más complicada la victoria, porque sé que enemigos poderosos me esperan, mas no sé si más poderosos que el Kyoto del Grifo o no."




<div align="center">No he apreciado
lo que he tenido,
no lo he apreciado
Hasta que lo he perdido
</div>




"Ahora descanso en la soledad que me brinda este lugar que otrora fuera la morada de los Tres Jueces de Hades, velando por vuestras almas, esperando que hayas obtenido el descanso del que tanto me dijiste te gustaría gozar. Tan sólo pido que algún día me perdones por mi error de no valorarte lo suficiente."




<div align="center">Ahora que ya tu no estás aquí...</div>




"Espero que allá dónde quiera que descanses en el seno de nuestro dios no me hayas olvidado. Yo aún sigo con tu recuerdo a flor de piel, sin dejarme descansar como me gustaría. Una sonrisa adorna mi rostro, una de esas que me costaba tanto esbozar pero tú conseguías sacarme. Es lo único que te puedo ofrecer desde aquí, espero que sea suficiente.
Intentaré dormir ahora, como todas las noches, arropando el recuerdo de haberte conocido y con la ilusión de que no me olvides, Aiacos."









Canción: Réquiem de Mägo de Oz



Aclaraciones:


(*): En el anime, a Aiacos le he visto los ojos de dos colores: amarillos y morados O.o Así como no tengo idea si es simplemente una flipadera mía o no, le dejo ese color, ya que me gusta más y, además, son diferentes a los de Minos.
(^): Sinceramente no me he leído el manga, pero tengo intención de hacerlo. Creo que eso es lo que pasa, por lo que he leído por ahí (tengo un imán para los spoilers impresionante T_T), así que no estoy segura. En mi fic, Minos no cruzó El Muro de los Lamentos. Perdón si ofendo a alguien cambiando eso.
(+): Según tengo entendido, Minos aparece en el manga de Lost Canvas que se desarrolla en el siglo XVIII, que trata sobre la reencarnación de Hades y Atenea en esa época. Tampoco me lo he leído (aunque tengo intención), por lo que sólo reflejo el hecho de que ya lleva algunos añitos viviendo XD



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El prólogo son los pensamientos de Minos, en un primer momento pensé en reflejarlo como una carta que le escribe a Aiacos, pero no me parecía algo coherente, así que lo dejo de esa manera. Lo siguiente ya será el primer capítulo, ahí ya narraré en tercera persona.



¡¡¡Gracias por leerme!!! ^^


Ultima edición por Derkez el Sab Jul 14, 2007 2:34 pm, editado 1 vez
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Derkez
Publicado: Sab Jul 14, 2007 2:34 pm Responder citando
Myu de Papillon Myu de Papillon
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<div align="center">1

Memorias
</div>





Caminaba con paso firme sobre la calcinada superficie, haciendo resonar sus pasos por allí dónde pasaba. Llegó hasta el pie del castillo y subió las escaleras. Las botas recubiertas de la armadura acompañaban su andar con la música del metal golpear contra el suelo. Las enormes puertas se abrieron a su paso sin que este se detuviera para anunciar su presencia. Caminó sobre la alfombra roja que adornaba las lozas y que conducía hasta el trono que se hallaba frente a él. A unos metros de los escalones se detuvo, hincando una rodilla en el suelo mientras bajaba la cabeza, en una reverencia.

-Minos del Grifo a su servicio, Señor Hades -proclamó como saludo.

-Puedes levantarte -expresó el dios.


Minos se incorporó, sosteniendo en sus manos durante todo momento el casco de su Sapuri. Miró directamente al dios a la cara, a pesar de que este se encontraba sentado en el trono al final de la larga escalinata.

-¿Cuál es vuestro deseo? ¿Por qué motivo me habéis mandado llamar?


Hades permaneció unos instantes en silencio, quizás meditando la forma en que le comunicaría aquello que quería expresarle a su Kyoto.

-Como supongo, eres consciente de nuestra situación actual, los hechos que han acontecido para que ahora estemos del lado de Athena -Hades hizo una pausa en la que el Juez asintió, dándole pie a continuar con su conversación-. Eso significa que a partir de ahora tendremos que atender a los llamados que nos haga, sin embargo, no estamos preparados para la Guerra Santa que está en ciernes. Eres el único al que le puedo encomendar la misión de prepararse para la batalla que tendrá lugar quizás más pronto de lo que esperamos. Necesito que vayas a la Primera Prisión dónde permanecerás hasta mi llamado; la muerte de Lune ha retrasado las actividades que se estaban llevando a cabo en aquél lugar. Ocúpate de ellas como así era antes de la guerra contra Atenea.

-Como ordenéis, mi Señor Hades -Minos hizo una leve inclinación de cabeza-. ¿Algo más que queráis encomendarme?
-Por ahora no, parte sin demora.


El Kyoto volvió a hincar la rodilla en el suelo a modo de despedida para girar sobre sus talones y perderse en las sombras del Palacio que conducían al exterior.

-¿Qué hay de lo que teníais planeado? ¿Ya lo habéis dejado a un lado?


Hades no se volvió a mirar a Pandora, quién acababa de salir de las sombras junto a una columna.

-Para nada -el dios apoyó la barbilla sobre la mano, reposando el codo sobre el apoyabrazos del trono-. Quiero que antes que nada se prepare tanto física como mentalmente para el combate; no quiero más errores.


Pandora sonrió sarcástica.

-No os quedan más Espectros, mi Señor.

-Lo sé, y por ello que él es el único que queda no me gustaría saber de su abandono antes de la batalla, además necesito que termine de reunir las Sapuris que faltan.


Hades le indicó que le comunicara una nueva orden al Juez del Grifo. Pandora salió tras Minos a buen paso, decidida a alcanzarlo antes de que este terminara de descender todos los escalones del exterior del templo. Al salir, lo encontró justo dónde deseaba.

-¡Minos!


Al oír su nombre, el Juez detuvo su avance dejando el pie derecho en suspensión, deteniéndose antes de dejarlo caer sobre el último escalón. Se volvió por completo, ya que aquella que le hablaba no era otra que su superiora. Quizás si hubiera sido un compañero sólo si limitaría a girar el rostro.

-Señora Pandora, ¿ocurre algo?


Ella notó que el Kyoto ya se había ajustado el casco a la cabeza, ocultando sus desafiantes ojos miel tras el flequillo.


Descendió algunos escalones para quedar más cerca del Juez.

-El Señor Hades olvidó mencionarte la tarea de terminar de agrupar las Sapuris destrozadas a causa de los ataques de los Caballeros de Atenea.


Minos alzó una ceja.

-Creía que ya estaban todas junto a los cuerpos de sus correspondientes Espectros.

-No todas -respondió Pandora-. La Sapuri de la Arpía aún reposa junto al cuerpo de Valentine en el Cocyte, además de las de otros Espectros menores.

-Ya veo... ¿y qué pasará con aquellos que cayeron en el Santuario de Athena? -razonó Minos.

-Atenea nos ha prometido devolver los cadáveres a Hades, así como los restos de las armaduras; es un pago por un favor...

-¿Tiene que ver con sus Caballeros caídos? -preguntó Minos, audaz.


Pandora mostró cierta sorpresa ante la respuesta que obtuvo. Ninguno de los dos había hablado con el Juez sobre semejante tema. En cierto modo... ¿de qué se sorprendía? ¿Acaso no hablaba con uno de los Tres Kyotos? Asintió como respuesta.

-¿Algún lugar en especial dónde tenga que dejarlos? -preguntó Minos.

-Es deseo del Señor Hades que tanto los cuerpos como las Sapuri reposen juntos en la Sala de los Lamentos -respondió la mujer de cabellos azabache mezclados con tonos morados.

-Así se hará.


Minos hizo una leve inclinación con la cabeza para darse la vuelta y continuar su camino, mas la voz de Pandora lo detuvo de nuevo.

-Aún lo extrañas, ¿cierto?


El Juez detuvo su caminar pero no se dio la vuelta. Pandora observaba intensamente su figura con la intención de no perderse ninguna reacción en este. Minos agradeció estar dándole la espalda, pues sus ojos se cerraron y un suspiro involuntario escapó a través de sus labios. No respondió; no podía. Su cerebro parecía haber olvidado en ese instante el cómo formar palabras.

-No tienes que avergonzarte de ello -continuó Pandora.


Minos apretó más los ojos. Su puño derecho se había cerrado, conteniendo las emociones que sentía. No quería oír ninguna palabra que le recordara a él. Pandora notó la tensión de su cuerpo, así como su indecisión. El autocontrol que tanto había utilizado a lo largo de su vida comenzó a apoderarse de su ser, como si tuviera un tranquilizante corriendo por sus venas. Relajó la mano, pero no deshizo el puño.

-Señora, nuestro señor seguro que la necesita. No le gustaría hacerlo esperar, ¿verdad? -fue lo único que logró articular para seguir su camino sin detenerse ni volver la mirada hacia atrás. Quizás fue algo grosero, pero en realidad no le importaba.


Pandora lo observó marcharse en silencio. Lo entendía. Entendía perfectamente por lo que estaba pasando el Juez del Grifo. Si bien la situación que ella vivía era algo diferente, era como si en verdad fuera exactamente igual. Ambos tenían una situación prácticamente imposible. ¿O no? Inspiró profundamente el aire viciado que circulaba a su antojo y, dándose media vuelta, entró de nuevo en el palacio.



<div align="center">------x------</div>



Sus pies se movían solos ya que el cerebro que los gobernaba se encontraba ausente. El viento le azotaba el rostro sin compasión, al igual que el cuerpo, provocando que las alas de su Sapuri quedaran suspendidas en la corriente. Pero él no parecía ser consciente de nada de lo que ocurría entorno suyo. Todo estaba en calma, sumido en una completa quietud que le provocó cierta melancolía.


Aquél lugar nunca se había caracterizado por ser ajetreado, pero la tranquilidad que se respiraba era demasiado inusual. El aullar del viento se colaba por sus oídos protegidos por el casco, provocándole incomodidad. Sus pies se detuvieron en el camino que seguía. Miró alrededor, recordando qué había encontrado allí una vez terminó la batalla contra la diosa de la Guerra y la Sabiduría. Todavía había marcas de batalla grabadas en la arena. Se encontró con un cadáver en el que antes no había reparado.


Se agachó a examinarlo, acuclillado junto al cuerpo inerte. Contempló los golpes que había recibido y frunció el entrecejo. No había sido una víctima de Caballeros de Bronce; los golpes había sido más certeros y violentos. Recordó antes haber visto los mismo golpes en el cuerpo de Juez del Wyvern.


-Kanon -susurró con la mirada perdida en el cielo-. Así que tú acabaste con otro más además de Radamanthys, Lune y Flegias.


Bajó la cabeza mientras cerraba los ojos, de forma que el blanco flequillo volviera a caer sobre sus ojos. No se esperó que el gemelo fuera un rival tan terrible. Le llegaron a la memoria imágenes del momento en el que se encontró con él mientras caminaba hacia la Primera Prisión.




<div align="center">I'm wandering the town all light off
I don't know where I'm leaving for
The muddy rain start to fall on me
And I'm walking down to subway
</div>




Él y Aiacos habían llegado en ayuda de Radamanthys cuando este recibía una paliza por parte del General Marino y Caballero de Athena, impidiendo de que el gemelo Géminis acabara con la vida del Juez. Quizá hubiera sido mejor eso. Al menos no estaría ahora con el corazón en un puño por el cúmulo de emociones encontradas que se agolpaban en él. El Juez de Garuda había golpeado a Kanon con la intención de acabar con él. Pero, Radamanthys interrumpió el ataque de Aiacos, haciendo que este no terminara el ataque y Kanon cayera al suelo antes de tiempo.


Aquella ocasión fue aprovechada por Minos, quién alegó que sería necesario que el gemelo sufriera más antes de morir, controlándolo con su poder. Le había hecho contorsionarse de tal manera que sus brazos estaban desencajados, así como sus piernas, además de tener un dedo roto. Estaba decidido a darle el golpe de gracia cuando de nuevo, Radamanthys metió las narices de por medio, pidiéndole que le dejara acabar a su oponente.


Haciendo caso omiso de él, el Juez del Grifo se dispuso a ahogar a Kanon cuando alguien cortó las cuerdas que controlaban el cuerpo del Géminis. Era uno de esos objetos que su dueño tenía la maldita manía de lanzar siempre en el momento menos oportuno. Entonces fue que apareció él, ese maldito Fénix.




<div align="center">I can't see all around me
Get me out of here
Talk to me if someone is in this darkness
</div>




Minos golpeó una piedra ennegrecida del camino que seguía al recordar. Ese Caballero de Bronce osó interponerse en aquella batalla que no le competía. Kanon le reveló entonces que Hades se había adueñado del cuerpo de su hermano, lo que lo dejó en un estado de meditación. Fue en ese momento cuando él aprovechó para desafiar al Fénix sin saber que no lo escuchaba. Aiacos. El ataque alcanzó al Caballero, si bien no llegó a hacerle demasiado daño. Minos sonrió al evocar la escena. En ningún momento pensó que las cosas iban a tornarse de aquél color que finalmente adquirieron. ¿Quién demonios pensaría que un simple Caballero del más bajo rango de la orden de Atenea acabaría con un Kyoto?




<div align="center">I'm out of my head
Out of my mind
Tell me where I'm what's going on, oh please
</div>




Aiacos no supo, al igual que sus dos compañeros, que contra quién se medía el Juez que portaba la armadura de Garuda tuviera semejante poder. La batalla que habían mantenido Kanon con Radamanthys era mucho más igualada que aquella... o, al menos, eso pensaron.

-¡Qué iluso fuiste, Aiacos! -murmuró Minos.


Alzó la mirada. Había llegado ya frente a las puertas de la Primera Prisión. Se acercó a ellas y las abrió con un gesto, sin llegar a tocarlas. Giró la cabeza, buscando algo. Sobre una mesa cercana situada en lo más alto de unas escaleras reposaba el látigo que Lune siempre solía llevar con él completamente destrozado. El Espectro del Balrog fue el primero en notar la presencia de Hades en Shun.


Extendió su mano para tocar el arma dividida. Estaba fría, más fría que de costumbre. Se sentó sobre la silla: la silla que solía ocupar Lune en su ausencia y que él mismo había ocupado tantas otras veces en el pasado. Las alas de su Sapuri quedaron extendidas a ambos lados, haciendo más cómoda su postura. Reposó el mango del látigo sobre sus piernas. Cerró los ojos soltando un suspiro. El Espectro del Balrog intentaba hacer su trabajo de la mejor manera. Siempre se dirigía hacia él con más respeto que a los otros dos Jueces. A Minos aquello lo divertía.




<div align="center">Something is hiding me off
Is this the wall of my heart

I have been lost so many things I've got
For long time I've been searching for my way
</div>




Nuevamente, los recuerdos hicieron presa de él, atormentando una vez más su mente. Imágenes del combate desfilaron ante sus ojos como si de nuevo lo estuviera viviendo. La segunda vez que el Aletazo de la Garuda se cernió sobre Ikki, este no cayó pasado los tres segundo que estimaba Aiacos para su ataque.


Apenas tuvo tiempo de avisarle a su amigo de que el Fénix se encontraba tras él después de haber evitado su ataque, pero el hombre de cabellos azabache no tuvo el tiempo suficiente para reaccionar. Como consecuencia, Ikki le golpeó por detrás, tumbándolo de cara al suelo. El Caballero de Bronce se mostró bastante altivo ante aquél golpe, pero Minos sabía que hacía falta algo más que ese golpe para acabar con el Juez de Garuda.


Tan ensimismado estaba en los recuerdos que no se dio cuenta de que sus dedos habían empezado a acariciar suavemente la superficie del pedazo de látigo que todavía permanecía unido al mango. La mirada ámbar del Kyoto se perdía en algún lugar de la enorme sala, en la oscuridad dónde no llegaban la luz de la lámpara que pendía del techo, la cual siempre permanecía encendida.




<div align="center">I carry on, carry on...</div>




De nuevo una sonrisa adornó sus labios al recordar la rapidez con la que Aiacos se levantó y atacó al Caballero de Atenea, tumbándolo. Mas todo fue en vano. Los Tres Jueces creían que la victoria estaba de su lado, por lo que Aiacos atacó al Fénix con la Ilusión Galáctica, en lugar de lanzarle nuevamente el Aletazo de la Garuda, ya que esta no tendría efecto sobre él. Tampoco sirvió para vencer aquél poderoso ataque que salió de las manos del Juez.


Ikki se volvió a levantar, lanzándole a Aiacos aquél ataque tan raro en el que el Juez, a pesar de no haber sentido nada en un principio, acabó sudando y respirando agitadamente. Aquella no era una reacción corriente en Aiacos, por lo que Minos no pudo evitar preocuparse. Más el Kyoto de Garuda continuó con sus burlas hacia el Fénix, hasta que el Caballero de Bronce se decidió por acabar de una vez la batalla, lanzando las Alas Llameantes del Fénix, que acabó destrozando la Sapuri de Aiacos y quitándole a este la vida.


Minos no creía que Aiacos hubiera podido morir, fue por ello que no se preocupó, hasta que por el deseo del propio Hades, Ikki fue teletransportado hasta el Palacio, Kanon corrió para alcanzarlo y Radamanthys fue tras él. Cayó en la cuenta de que el Juez no se había movido desde que cayera pesadamente en tierra.




<div align="center">I'm so spiting to their ugly heart
To this so stood world

Everyday I forbear to fall the tears
Don't wanna be down

Everynight hurt is so deep in my heart
Is this my life
Oh! Show me please
</div>




Su puño descendió golpeando con fuerza y furia el apoyabrazos de metal, descargando en el golpe toda su frustración e impotencia, a la misma vez que su cabeza se inclinaba y de sus ojos cerrados con fuerza manaban amargas lágrimas que descendían por su pálido rostro hasta ir a morir sobre la superficie de su negra armadura. No sabía el porqué de aquellas malditas lágrimas, pero la sola presencia de estas le molestaba. ¿Es que acaso su vida se iba a convertir en un vacío de dolor y soledad? ¿Qué no se suponía que era él, Minos del Grifo, el Juez más templado? Sin embargo helo ahí, completamente deshecho ante el doloroso recuerdo que se formaba en su cerebro.




<div align="center">The wall close to me
It's so painful, stop it!
Is there someone to help me
Please get me out of here
Oh! Get me out!
</div>




Al parecer su mente no estaba lo suficientemente atormentada que continuó con sus memorias. Evocó el momento en el que se acercara al cuerpo inmóvil del Juez de la Estrella del Cielo de los Héroes y lo girara una vez que se hubo acuclillado junto a él para encontrarse con aquellas pupilas moradas cerradas, y el cuerpo flácido, inerte, completamente pálido y frío. No pudo evitar reprimir aquellas lágrimas que pugnaban por salir, por lo que acabó llorando sobre el pecho del Juez de Garuda como un desconsolado. ¿Por qué demonios se sentía y comportaba de aquella manera?


Era cierto que Aiacos había sido para él una persona muy especial; se había convertido en su mejor amigo, su quizás único amigo, pues no sabía bien que tipo de relación tenía exactamente con Radamanthys. Le pareció cómo si el tiempo se hubiera detenido, quedando aquella escena, en la cual no le importaba nada que no fuera ahogar sus penas de aquella forma. Pero se encontraba en medio de una batalla y los Caballeros de Athena aún seguían en el Infierno. Sintió el cosmos de su dios desaparecer, lo cual interpretó como la señal indicada para abandonar aquél lugar.


Luchó contra esa parte de sí que, inexplicablemente le instaba a permanecer allí, junto al cuerpo sin vida de Aiacos, entregándose al dolor para mitigarlo de la mejor manera que se le ocurría en ese momento: seguir llorando. Finalmente su razón pudo más y corrió hacia Giudecca, con las lágrimas aún deslizándose por sus mejillas sin volver a mirar hacia atrás ni un sólo instante para darle si quiera el que quizás fuera el último adiós. Su deber para con su deidad era mayor que nada; era lo que siempre había tenido presente.




<div align="center">Dead or alive, no place to run
Get it settled once and for all
Dead or alive, can't live in the past
Only one way to live
</div>




Su mano ascendió hasta su rostro para secarse bruscamente el rastro de lágrimas presente en sus mejillas y reprimir el que más lágrimas continuaran saliendo de sus ojos color miel, sin prestarle atención a cómo la armadura le arañaba la piel, provocando que esta adquiera un tono rojizo. Sentía una opresión en el pecho que nunca antes se le había hecho presente. No tenía idea del porqué de todo aquello, pero la muerte de Aiacos lo había devastado de una manera abrumadora.


Con un movimiento brusco, agarró el mango del látigo que agitó con todas sus fuerzas, golpeando la pared con el arma para de esa manera descargar toda su frustración y sus pesares. El chasquido se propagó con cierto eco a lo largo de la Primera Prisión, muriendo lentamente. El objeto cayó flácido para, instantes después, dejar que la gravedad hiciera efecto en él junto con el brazo que lo sostenía. Este último se detuvo al quedar apoyado sobre uno de los laterales de la silla, que impedía su caída, pero el látigo prosiguió su descenso, al deslizarse el mango entre los dedos del Juez sin que este si quiera fuese consciente de ello.




<div align="center">Give me heart finishing blow
If I could only turn my back
Let me do screaming high
Squeeze the throes of death for me

It comes here the blame I'd done before
Fall on me as if it grow in my brain
The ugly side of myself tears me up
At this time I can't go back
</div>




Le dolía que Aiacos lo hubiera abandonado de aquella manera, que aquél maldito Caballero de Bronce se lo hubiera arrebatado de la forma más cruel. Sentía el peso de la culpa sobre sus hombros al no haber intervenido en ningún momento. Sabía que a Aiacos no le hubiera gustado para nada aquello, pero prefería que luego descargara sobre él su ira a sentirse miserable como en ese preciso momento se sentía. Su exceso de confianza en la superioridad del Juez de Garuda no había hecho otra cosa que mostrar cuan errado estaba. No le valía de nada lamentarse ya; el daño estaba hecho.




<div align="center">Give my heart finishing blow
If I couldn't run from the past
Let me do screaming high
Disclose the feeling inside of me

Dead or alive, can't live in the past
Only one way to live
</div>




Sentía una necesidad terrible de gritar hasta desgarrarse la garganta, aliviar aquella agonizante sensación que sentía correr por sus venas, mas no pudo articular sonido alguno. Quería olvidar todo, incluso si aquello conllevaba el olvidarse de Aiacos, pero cada vez que lo intentaba era en vano.


Había llegado un momento que había creído pensar que también había muerto. ¿Podía sentirse semejante agonía durante la vida? Irónico. Después de haber pasado no sabía exactamente cuanto tiempo desde que comenzara su existencia, se daba cuenta de que no había pasado por todas las situaciones como creía. Otro error más que añadir a su lista.




<div align="center">Give my heart finishing blow
If I couldn't run from the past
Let me do screaming high
Disclose the feeling inside of me
</div>




No le importaba si en ese preciso instante el destino decidía darle muerte allí mismo. Quizás no se verían tan abrumado por el dolor como en ese momento. ¿En qué punto se encontraba que deseaba la muerte cuando siempre lo que quiso era vivir? Ahora comprendía lo que los dioses solían decir de los humanos y le costaba aceptar que no se equivocaban. ¿Por qué él iba a ser una excepción? A fin de cuentas era humano, un humano más.




<div align="center">The fight is over
The mad rain had gone past over me
Blood is flowing down
Tear is flowing down
Now I'm alive and I'm walking to town again
</div>




Sentía las fuerzas abandonarle, así como su cuerpo haciéndose cada vez más y más pesado, albergando en su interior el mismo sentir que el de un chiquillo que acaba de perder a toda su familia. Las lágrimas por fin cesaron para ahora dar paso a un sentimiento de tranquilidad. Su cuerpo resbaló inconscientemente por la silla, yendo a parar al suelo quedando de rodillas, las manos posada sobre ambos muslos. El danzar de la luz y las sombras lo acompañaban una vez más en esas emociones que entregaba única y exclusivamente a la soledad. No le importó quedar en aquella posición, por lo que se movió de manera que pudiera apoyar los brazos sobre el asiento de la silla.


Perdió la noción de cuanto estuvo allí, entregado al dolor que en aquella ocasión había decidido no guardarse y, por lo menos, sentirse algo más aliviado. Tan fatigado estaba, que no se dio cuenta de que Morfeo comenzó a seducirlo, entregándosele sin ninguna oposición, exhausto emocionalmente.



<div align="center">------x------</div>



Se dejó caer sobre la puerta una vez que entró en sus aposentos y la cerró. Con ambas manos apoyadas sobre la madera tallada con formas elegantes, dejó caer un poco la cabeza mientras un suspiro abandonaba sus labios. El cabello oscuro como azabache resbaló por sus hombros para quedar pendido a ambos lados del rostro. En un movimiento quizás algo brusco, levantó la cabeza hasta quedar apoyada de manera que pudiera ver el techo de la habitación.

-Ikki... -susurró, entregándole aquellas palabras al viento-. ¿Qué tan lejos estás de aquí?


Ella sabía que tarde o temprano tenía que aparecer, su diosa protegería a todo aquél que ahora se adentrara en aquella tierra gobernada por el dios del Inframundo, ayudándolo a alcanzar el Octavo Sentido. Atenea tenía que reportarse con Hades muy pronto cosa que indicaba que algunos de sus Caballeros habrían de acompañarla.

-¿Serás tú?


Caminó lentamente hasta llegar hacia la cama, sobre la cual dejó caer su cuerpo, girando la cabeza para mirar por la única ventana presente en el cuarto. Su tridente reposaba apoyado sobre una de las cinco sillas presentes en la habitación. Sus ojos violetas se detuvieron escasos segundos sobre él, con el pensamiento presente de que quizás no estaba lejos el día en que tuviera que utilizarlo. Quizás.







Canción: Alive de X Japan



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Traducción de la letra:




Vivo - X Japan



Voy vagando por el pueblo, las luces están apagadas
No sé a dónde estoy yendo
La lluvia empieza a caer sobre mi
y me meto al subterráneo

No puedo ver a mi alrededor.
Sácame de aquí.
Si hay alguien en la oscuridad que me hable.

Me estoy volviendo loco.
volviendo loco.
Dime donde estoy, que es lo que está pasando, oh, por favor.

Algo me está ocultando.
¿Son estas las paredes de mi corazón?

He perdido tantas cosas que tube.
Durante tiempo he estado buscando mi camino.

Y continuo, continuo...

Estoy tan enfadado con sus feos corazones
tan enfadado con este mundo congelado

Todos los dias evito llorar,
no quiero estar deprimido.

El dolor de cada noche está metido tan profundo en mi corazón
¿Es esta mi vida?
¡Oh! Por favor, dímelo.

Las paredes se cierran
Duele tanto, ¡Detente!
¿Hay alguien que me ayude?
¡Por favor, sácame de aquí!
¡Oh! ¡Sácame de aquí!

Vivo o muerto, no tengo lugar a dónde ir
Entiéndelo de una vez por todas
Vivo o muerto, no puedo vivir en el pasado
Solo hay una manera de vivir

Dale a mi corazón el último golpe.
Si sólo pudiera darte la espalda
déjame hacerlo gritando fuerte.
Ahorca a la muerte por mi.

Aquí viene la culpa de lo que he hecho,
y viene a mi como si creciera en mi cerebro.
La parte fea de mi me destroza.
Ya no puedo volver.

Dale a mi corazón el último golpe.
Si no pude escapar del pasado
déjame hacerlo gritando fuerte.
Revela los sentimientos en mi interior.

Vivo o muerto, no puedo vivir en el pasado.
Sólo hay una manera de vivir

Dale a mi corazón el último golpe.
Si sólo pudiera darte la espalda
déjame hacerlo gritando fuerte.
Ahorca a la muerte por mi.

La pelea ha terminado
La lluvia loca ha pasado sobre mi.
La sangre está cayendo.
Las lagrimas están cayendo.
Ahora, estoy vivo, y camino de nuevo hacia el pueblo.









Este es más que nada un capítulo introductivo a lo que será en sí todo lo demás. No me termina de convencer porque me parece repetitivo con respecto al prólogo, así que no espero que os guste. El segundo ya entrará bastante en materia XD


¡¡¡Gracias por leerme!!! ^^
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Derkez
Publicado: Sab Jul 14, 2007 2:42 pm Responder citando
Myu de Papillon Myu de Papillon
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<div align="center">2

Tráeme a la Vida
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No sabía a ciencia cierta cuanto tiempo había transcurrido desde que su dios le encomendara la cansina tarea de llevar los últimos cadáveres junto con sus Sapuris correspondientes a Giudecca. Había pasado tanto tiempo allí encerrado, a la entrada de la Primera Prisión que había perdido la completa noción del tiempo, algo que no le ocurría desde hacía ya años, demasiados años. Sentado sobre la silla, apoyaba sus brazos sobre la mesa de caoba sobre los cuales había dejado caer la cabeza.


Había hecho un gran esfuerzo por mantener la mente en blanco. El trabajo que había realizado durante cierto tiempo lo había ayudado en su empresa de olvidar. Pero esto no iba más allá que no fuera no recodar por unas horas. El látigo de la Sapuri del Balrog lo había dejado junto con lo que quedaba del cadáver de Lune y su armadura; el ataque que Kanon había lanzado sobre el Espectro fue devastador.


Empezaba a quedarse dormido cuando notó la presencia de varios cosmos conocidos. Alzó la cabeza sin moverse, mirando las enormes puertas. La enorme lámpara de luz azul que se hallaba en el centro del techo a considerable altura, le permitía la visión sin ninguna dificultad. Al seguir notando los cosmos, arrastró un poco la silla hacia atrás permitiéndole incorporarse con una mayor facilidad para luego descender la larga escalinata de mármol y dirigirse hacia las puertas.


Las abrió provocando que el chirriar de estas se propagara por el silencio sepulcral de la sala principal del Palacio del Juicio. Salió al exterior, encontrándose con cinco figuras que esperaban al pie de las escaleras que ascendían a la entrada principal del Palacio. Descendió elegantemente, haciendo resonar el metal de su Sapuri contra los escalones, provocando que las cinco figuras centraran su atención en él.

-Bienvenidos a la Primera Prisión del Inframundo -saludó, haciendo una reverencia frente a la única mujer que formaba parte del quinteto-. ¿Deseáis que os conduzca hasta la presencia del Señor Hades?


La mujer sonrió.

-Por favor, Minos del Grifo -Atenea inclinó la cabeza devolviéndole el saludo cortésmente al Kyoto-. Hades me comunicó que estaría esperándome.

-En ese caso, síganme -Minos echó a andar seguido de Atenea, quién era escoltada celosamente por el Caballero de Pegaso.


Los otros tres Caballeros de Bronce siguieron a los demás sin intercambiar una sola palabra, dedicándose a contemplar de nuevo el paisaje en el cual, meses atrás, se había desarrollado una Guerra Santa. Atenea apresuró un poco el paso para quedar a la altura del Juez quién parecía no haberse dado cuenta de que la diosa se encontraba a su lado.


Seiya se pegó más a Saori, mas la mirada que esta le lanzó le indicó que debía guardar distancia. Al Caballero de Pegaso no le gustó la idea de dejar a Atenea sola, tan cerca del Kyoto y, resignado, se situó a la altura de sus otros tres compañeros.

-¿Qué ocurre? -preguntó Shiryu frunciendo levemente el entrecejo.

-Creo que Saori quiere mantener una charla privada con el Espectro -respondió Seiya.

-¿Qué tendrá que hablar con él? -reflexionó Hyoga, extrañado por la reacción de la diosa.


Seiya se encogió de hombros y continuaron la marcha en silencio, el cual era roto cuando pasaban frente alguna de las Prisiones.


Atenea se dedicó a seguir caminando al lado del Kyoto sin mediar ninguna palabra. Mas cuando ya pasaban la Quinta Prisión, la diosa hizo un comentario.

-Es ahora cuando me arrepiento de todo esto -murmuró.


No lo había dicho como medio para entablar una conversación con el Juez, sin embargo, su pensamiento se expresó lo suficientemente alto como para que Minos lo oyera. El Juez del Grifo giró su rostro escasamente unos centímetros para observar mejor a la diosa.

-Es algo irremediable en toda batalla.


Atenea dejó de contemplar el desolado paisaje para centrar su atención en los ojos del Kyoto ocultos tras el blanco flequillo.

-Nunca quise semejante guerra -expresó ella, seria.

-Al parecer, es voluntad del Olimpo que una Guerra Santa a mayor escala se desate -Minos no parecía mostrar demasiado interés en la conversación que se había instalado entre los dos.

-Y como consecuencia los humanos son los que pagan siempre el mayor castigo -acabó Atenea frunciendo el entrecejo molesta del cariz que habían empezado a tomar las cosas para la humanidad.

-¿O referís a los Caballeros? -preguntó Minos.

-No sólo a ellos, sino a la humanidad en concreto -respondió la diosa-. Pero en cierto modo sí, aquellos que prestan su servicio a una deidad son los que salen peor parados.

-Cada uno de ellos así lo decidió, aún a riesgo de su vida.


La diosa detuvo su andar, provocando que Minos se girara para mirarla, intrigado.

-¿Hasta qué punto son tan capaces de llegar los humanos? -le preguntó, fijando sus ojos en dónde suponía debían de encontrarse los ojos ámbar del Juez.


El hombre esbozó una sonrisa.

-Si tan intrigada estáis en ello, Atenea, ¿por qué no lo comprobáis vos misma?


Ella levantó una ceja en expresión de duda. No sabía a qué se refería el Kyoto hasta que este miró más allá de ella, para luego volver a ponerse en camino. Atenea giró el rostro para saber qué había mirado el Juez, cuando observó a sus cuatro Caballeros de Bronce aparecer por un recodo del camino.


Volvió la mirada hacia Minos quién ya seguía su camino y varias preguntas acudieron a su cabeza. Tal y como parecía, los Jueces de Hades no eran humanos corrientes y menos él, Minos, a quién había ya conocido hacía mucho tiempo atrás aunque aquello no fuera más que un vago recuerdo. Echó a correr hasta alcanzar al Kyoto.

-¿Hades está solo en el Palacio? -preguntó, decidiendo cambiar de tema.

-La Señora Pandora lo acompaña -respondió Minos-. Lamento que tengáis que presenciar semejante paisaje... -agregó al notar cómo la diosa no dejaba de buscar el menor rastro de vida por cada sitio que pasaba.

-Temo que Hades fue el que salió peor parado con aquella guerra -susurró, más para ella que para el Juez. Acto seguido, alzó el rostro para encarar al Kyoto-. Eres el único superviviente, ¿verdad? -Minos dejó que el silencio respondiera por él-. ¿Cayeron incluso hasta dos de los Tres Jueces?


Atenea no supo que aquellas palabras se colaron por los oídos del Juez cargadas de algo que le congeló la sangre y le detuvo el corazón. Se volvió sin entender el motivo por el cual Minos se había detenido tan bruscamente. Gracias al yelmo de su Sapuri la diosa no pudo ver la expresión de sus ojos eclipsados por su flequillo marfil.


El sonido de los pasos de los Caballeros de Bronce llegó débilmente transportado por el viento pero Minos no reaccionó. Shiryu frunció el ceño extrañándose de que el Juez se hubiera detenido. Seiya miró a Saori, la cual esperaba expectante que Minos reaccionara. Hyoga se dio cuenta de que se encontraban ya en la Séptima Prisión por lo cual el Palacio de Hades debía estar cerca. Shun tenía intención de preguntar cuando notaron la presencia de un cosmos más que pareció hacer reaccionar al Juez del Grifo.


A Minos aquél cosmos se le hacía extrañamente conocido aunque no recordaba su procedencia. Giró la cabeza para poder distinguir una figura andar tras una cortina de niebla. ¿Niebla en aquél desolado Infierno? Desde la Guerra Santa que Hades había librado contra Atenea todo se le antojaba inexplicable.

-Ikki, al fin te apareces -le recriminó Seiya a la figura que emergía de la niebla.

-¡Hermano! Creía que no nos acompañarías -Shun sonrió.

-Atenea, he cumplido con la misión que me encomendó -Ikki se dirigió a la diosa sin reparar en los demás.


La diosa sonrió.

-Muchas gracias, Ikki. Ahora si quieres puedes acompañarnos.


El Fénix iba a rechazar la propuesta de su diosa cuando sintió los ojos del Kyoto sobre él, fulminándolo con la mirada. Cambió de opinión al instante, aceptando a servir de escolta a la diosa, aunque más que nada era para incomodar a Minos, a quién parecía no haberle hecho ninguna gracia la aparición del Caballero del Fénix.

-Será mejor que sigamos adelante, ya sólo nos queda una Prisión que atravesar antes de llegar al Palacio de Giudecca -dijo Minos, volviendo a caminar, esta vez, con un paso más vivo.


Atenea lo siguió de inmediato dispuesta a llegar de una vez a su encuentro con el dios del Inframundo. Shun no pasó por alto la sonrisa satisfecha que se dibujó en los labios de su hermano mas no le dijo nada, limitándose a seguir a la diosa y al Kyoto.


Una vez subieron las escaleras de mármol que conducían a las puertas del Palacio, el Juez les indicó que se detuvieran y esperaran. Él se adentró en el lugar para comprobar que todo estaba en orden. Se inclinó como señal de respeto frente a su dios, quién permanecía sentado en el trono de mármol.

-Atenea y sus Caballeros están en las puertas del Palacio, mi Señor -anunció Minos-. ¿Les permito el acceso?


Hades asintió y Minos se volvió para dirigirse de nuevo hacia las puertas, sin pasar por alto la presencia de los cadáveres y las armaduras de los Espectros que habían caído en el Santuario, los cuales se encontraban en una parte de la enorme sala. Tras indicarle a la diosa y sus Caballeros que entraran, se retiró para ocultarse en las sombras del lugar como simple medida de precaución.

-Atenea -Hades se incorporó inclinando levemente la cabeza en un gesto de saludo a la diosa-. Disculpa la descortesía de no tratarte de la manera apropiada pero como supondrás, no estamos pasando buenos momentos...


Minos sintió la mirada de su dios fijarse un instante en dónde él se encontraba.

-No tienes de qué preocuparte, Hades -Atenea igualmente inclinó levemente la cabeza-. Ya sabes bien a lo que he venido y que, por tanto, no me quedaré. Como habrás visto, mi Caballero te trajo los cadáveres junto con sus correspondientes Sapuris de todos aquellos Espectro que cayeron en el Santuario -Hades percibió cierto arrepentimiento en la voz de la diosa-. Ahora, te pediría que por favor, me des el pago correspondiente a lo que pactamos.


Hades descendió las escaleras con cierta galantería mientras el frufrú de su túnica resonaba en el silencio de la sala. Se detuvo frente a Atenea, mirándola a los ojos.

-¿Podría saber dónde están? -preguntó Hades.


Atenea asintió desviado su mirada a Ikki. El Caballero del Fénix únicamente se limitó a girar su rostro hasta el lugar en el que descansaban los cadáveres y las Sapuris. Minos soltó un suspiro ante el descaro del Caballero. Hades le sonrió, cínico, a modo de agradecimiento para luego dirigirse hacia el lugar indicado.

-¡Pandora! -llamó el dios una vez examinó que no faltaba nada. La aludida salió segundos después de entre las sombras para detenerse al pie de las escaleras, a cierta distancia del grupo de la diosa-. Por favor, conduce a Atenea a la Sala de Intermedio. Necesito preparar algunas cosas antes de partir.


Pandora asintió y le indicó a Atenea que la siguiera encontrándose antes de volverse con la mirada de Ikki. Seiya hizo intención de seguir a Saori cuando esta lo detuvo.

-A partir de aquí ya he de ir sola. No os preocupéis, Hades ahora es nuestro aliado, nada me pasará -agregó con una reconfortante sonrisa al ver las intenciones del Caballero de Pegaso de replicar.


Los cinco Caballeros permanecieron quietos, siguiendo con la mirada a las dos mujeres que se perdieron en la oscuridad de los laterales de la sala. Hades tampoco estaba ya allí.

-¿Y ahora qué? -inquirió Seiya cruzándose de brazos, fastidiado.

-No sé vosotros, pero yo regreso al Santuario.


Ikki ya se daba media vuelta cuando el brazo de Shun lo detuvo.

-Hermano, ¿crees que de verdad es buena idea dejar a Atenea sola con Hades? -preguntó el Caballero de Andrómeda.


Ikki se encogió de hombros para luego soltarse del agarre y continuar su camino.

-Será mejor seguirlo -propuso Hyoga.

-¿Y el Espectro? -preguntó Seiya.


Los demás se encogieron de hombros antes de mirar a su alrededor y abandonar el Palacio en pos del Caballero del Fénix, sin saber que desde las sombras de la sala Minos los observaba dejado caer en la pared y de brazos cruzados.



<div align="center">------x------</div>



Atenea esperaba sola en un sala de aspecto lúgubre en la cual no había prácticamente nada, tan sólo en el centro de la habitación, bajo la luz tenue que derramaba una lámpara que colgaba del techo, se hallaba una mesa de un tamaño mediano de madera negra pútrida y sin ningún detalle que la adornara.


Esperaba de pie, a un costado de la mesa, paseando cansinamente los ojos por toda la extensión de la pequeña habitación. Parecía como si al entrar en aquél lugar no existiera tiempo ni espacio, creándole una sensación de vértigo a quién entrara. Atenea empezaba a desesperarse cuando la puerta de la sala se abrió dejando paso a la luz de los pasillos exteriores y a una figura.

-Perdona el retraso, pero debía de saber la localización exacta del lugar -se disculpó Hades cerrando la puerta tras de sí.


Atenea hizo un gesto con la mano para restarle importancia a aquél hecho.

-¿Estás preparada? -continuó Hades. Atenea asintió ante lo que el dios prosiguió-. Entonces dame la mano.


La diosa no dudó y le tendió la mano que el hombre de cabellos azabache tomó con sumo cuidado con su mano izquierda. Con la derecha colocó su espada sobre la mesa junto con una réplica algo menor del tridente de Poseidón. Hades no pasó por alto la mirada interrogante que Atenea le lanzó.

-Deja sobre la mesa tu cetro -le pidió.


Atenea, algo recelosa, hizo lo que el dios le pedía, colocando el objeto de forma que formara un triángulo junto con los otros objetos, dejando en el centro el mismo centro de la mesa. Una tenue luz blanca se alzó bañando con ella toda la sala. La diosa observó que en el centro de la mesa, había un pequeño reloj de arena incrustado en la madera atravesado en su ecuador por un fino cilindro de metal que lo unía al mueble, el cual había desprendido la luz. Hades tocó el reloj a la misma vez que elevaba su cosmos. El reloj cambió de color tres veces: primero morado, luego dorado y por último azul.

-Concéntrate en el lugar al que quieres ir -le indicó Hades.


Atenea obedeció, viendo cómo el dios del Inframundo hacía girar el reloj sobre aquél eje antes de cerrar sus ojos. Se centró en evocar el lugar al que deseaba ir, haciendo más intenso el pensamiento. Pasados unos segundos notó como si el suelo empezara a temblar, apoderándose de ella una incómoda sensación de vértigo. En un acto reflejo tuvo la intención de abrir los ojos, pero un suave apretón en su mano izquierda le hizo reaccionar.


Al parecer Hades había notado su tensión. Después de unos segundos que a Atenea se le antojaron interminables en los que el vértigo se apoderaba más y más de ella mientras luchaba por no borrar de su mente la imagen del lugar, el vértigo desapareció. Notó tierra firme bajo sus pies, así como un líquido tibio que no le llegaba más allá de las rodillas. Para cuando se dio cuenta, Hades ya había liberado su mano. Con cierta inseguridad, la diosa abrió lentamente los ojos.


Frente a ella se encontraba una estatua de piedra marrón, en la cual se podían apreciar los cuerpos de catorce hombres como si hubieran sido tallados por manos expertas en el arte de la escultura. Un movimiento captó su atención, deslizando la mirada de la estatua hasta Hades, quién se había situado al pie de semejante obra. A su lado estaba Poseidón, dios de los Mares. Este último se volvió y le indicó a la diosa que se les uniera mientras una sonrisa adornaba sus labios. Ella se acercó sintiendo extrañamente ligeros los pies para situarse entre los dos dioses como le indicaron.

-Atenea, antes que nada, necesito que de nuevo me vuelvas a responder... -Hades la miró de reojo-, ¿estás segura? Es casi seguro que esto desate la furia de los dioses.


Ya sabía la respuesta pero nada perdía por asegurarse. Pudo vislumbrar una completa seguridad en los ojos de la diosa.

-Si por hacer esto, me gano la ira de los dioses, que así sea -respondió resuelta-. Y con ello no obligo a ninguno de vosotros a respaldarme.


Hades sonrió ante las últimas palabras de Atenea. Sin añadir nada más, se remangó la túnica negra para luego alzar los brazos en dirección hacia la estatua de piedra mientras encendía su cosmos. Esta comenzó a temblar mientras cambiaba de color. Poseidón, tras también encender su cosmos, alzó el tridente provocando que las aguas que custodiaban la estatua se alzaran en espiral, rodeándola. Cuando la piedra fue adquiriendo un color anaranjado, Atenea traspasó las aguas con su báculo, sin llegar a rozar la piedra, aprovechando para elevar ella también su cosmos.


Las aguas salpicaban dicha estatua, humedeciéndola. Hades, quien mantenía los ojos cerrados, continuaba con el ritual hasta que la piedra adquirió un color carne. Entonces, alzando su espada, instó a los otros dos dioses a imitarlo. Los tres objetos se unieron entrelazados, mientras los tres dioses quemaban al máximo sus cosmos.


La velocidad a la que ascendía el agua en espiral había aumentado considerablemente, provocando una fuerte brisa que les movía a las tres figuras los ropajes. Movidos por el cosmos de los tres dioses, los objetos tocaron la superficie de la piedra, provocando que una fuerte luz blanca estallara, inundando todo a su alrededor junto a una fina lluvia. Aguantaron de pie como pudieron, ya que la fuerza del estallido de los tres cosmos frente aquella roca sellada por los demás dioses había sido muy violenta.


El resplandor blanco fue desapareciendo progresivamente, aunque había cegado temporalmente a los dioses, quienes se afanaban en poder distinguir algo. Momentos después que sus ojos se fueron adaptando al entorno, observaron catorce cuerpos suspendidos sobre la superficie del agua donde antes hubiera estado la enorme estatua; esta había desaparecido sin dejar rastro alguno de su anterior existencia.


Atenea cayó de rodillas, agotada; Hades respiraba agitadamente mientras intentaba controlar la respiración apoyando sus manos en las rodillas, a la vez que Poseidón se apoyaba sobre su tridente, clavado en el suelo. Había sido aquél un terrible esfuerzo que casi les cuesta la propia vida a los tres. Pasados unos minutos en los cuales intentaron recuperarse, Hades recuperó la compostura, acercándose hacia los cuerpos inmóviles de los Caballeros. El primero de ellos fue Shion. Hades se detuvo al lado del cuerpo desnudo del Caballero, colocando una mano sobre la frente fría de este.

-¿Qué... qué ocurre? -jadeó Atenea todavía intentando controlar los latidos de su desbocado corazón.


Poseidón le colocó una mano sobre el hombro para tranquilizarla. Hades no respondió, únicamente cerró los ojos a la misma vez que encendía su cosmos. Shion comenzó a moverse, abriendo la boca e intentando hacerle llegar aire a sus pulmones lo más rápido posible. El antiguo Caballero de Aries se incorporó, confuso. Miró a Hades que se encontraba a su lado. Acto seguido dirigió su mirada hacia los otros dos dioses que se encontraban a unos pasos de ellos.

-Respira de nuevo aire fresco, Shion, Patriarca del Santuario de Atenea, pues de nuevo la vida vuelve a fluir por tus venas; esa fue la voluntad de tu diosa.


Sin más que agregar, Hades se volvió hacia el siguiente cuerpo que flotaba sobre la superficie del agua: Mu.


Hades colocó nuevamente la mano sobre la frente del Caballero, cerrando los ojos y volviendo a alzar su comos. Mu se limitó a respirar agitadamente, como si hubiera estado a punto de ahogarse, deseando darle oxígeno a sus pulmones. Su mirada esmeralda se centró en Hades, quién sonrió.

-Mu, Caballero de Aries de la Orden de Atenea, Custodio de la Primera Casa, reúnete con tu diosa ahora que gozas de una nueva vida, pues esta es su voluntad.


Dicho esto, se dirigió hacia el siguiente Caballero a la misma vez que Mu se incorporaba, desorientado, intentando encontrarle una explicación a todo aquello. Vislumbró a Shion junto a su diosa, mientras Poseidón permanecía algo más apartado, con una sonrisa pintada en el rostro. Hades atendía en aquél momento a Aldebarán que igualmente volvió a la vida, incorporándose de un salto, dispuesto a defenderse de aquello que lo atacara, mas el cosmos de Atenea lo calmó.


Hades se dirigió entonces a continuar con su labor con los demás Caballeros, aplicando el mismo procedimiento que con los anteriores. A Saga le siguió Máscara de Muerte, luego Aioria, Shaka, Dohko, Milo, Aioros, Shura, Camus, Afrodita y, por último, Kanon. Al despertar, este último se agitó violentamente, como si quisiera desprenderse de algo mientras su respiración era agitada y ruidosa. Se levantó volviéndose hacia Hades, quién sólo se limitó a mirarlo con una profunda mirada.

-Kanon, General Marino de Poseidón, portador de la Escama del Dragón Marino y también Caballero de la Orden de Atenea al aceptar esta tu redención, camina ahora hacia tus dioses con la vida nuevamente en tu cuerpo, pues ellos así lo han querido.


El dios del Inframundo se dirigió con Atenea, a la cual rodeaban sus Caballeros de Oro. Le pedían que les explicara la situación, pero esta les pidió que se calmaran, que lo primero era ahora regresar al Santuario y que descansaran.

-Atenea, si quieres proteger a tus Caballeros de Oro de los dioses, tendrás que hacer el último sacrificio -le indicó Hades mirándola a los ojos para luego mirar los de Poseidón-, al igual que tú, Poseidón.


Ambos dioses permanecieron un momento en silencio, sopesando aquellas palabras. Sabían perfectamente a qué se refería Hades, así como también el riesgo que corrían. Aceptaron el reto decididos, mas cuando fueron a darse cuenta, el dios del Inframundo había desaparecido. Atenea volvió su mirada hacia dónde antes estuviera la estatua de piedra. No había tenido ocasión de preguntarle a Hades sobre aquél reloj de arena, el cual le recordó a cierto dios, y se prometió no saltarse ese pequeño detalle la próxima vez que se encontraran.



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Derkez
Publicado: Sab Jul 14, 2007 2:52 pm Responder citando
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Había aprovechado que Hades no estaba presente en el Palacio para, una vez más, visitar la tumba de mármol con algunos símbolos grabados que sólo los dioses entendían. Hades tenía esa manía: marcar todas las cosas como propiedad de los dioses, de él. Ninguno de sus Espectros, ni siquiera los Tres Jueces sabían del significado de esos complejos símbolos, ni siquiera él que tanto había vivido. Pandora era tal vez la única que había llegado a comprender algo su significado, si así era, nunca había dado muestras de saberlo ni de interesarse por ello.




<div align="center">How can you see into my eyes
Like open doors
Leading you down into my core
Where I've become so numb
Without a soul my spirit's sleeping somewhere cold
Until you find it there and lead it back home
</div>




Pasó su mano por la fría superficie del sepulcro. Una sensación de frío anormal se apoderó de él. Le parecía que el propio cadáver contenido en aquél lugar emanara semejante aura. Sin embargo no retiró la mano. No le importaba congelarse allí mismo. Las puntas de los dedos no las sentía; se le habían quedado completamente heladas. La armadura le había protegido en cierto modo el resto de la mano. La retiró del sepulcro para mover las articulaciones. Estas respondieron, haciendo que una sonrisa irónica se pintara en sus labios. Si podía mover sus dedos casi congelados, ¿por qué demonios no podía deshacerse de ese maldito frío que le atormentaba por dentro?




<div align="center">(Wake me up)
Wake me up inside
(I can't wake up)
Wake me up inside
(Save me)
Call my name and save me from the dark
(Wake me up)
Bid my blood to run
(I can't wake up)
Before I come undone
(Save me)
Save me from the nothing I've become
</div>




Iba a agacharse junto a la armadura cuando notó una presencia en la sala. Se volvió hacia la puerta que comunicaba aquella sala con la principal del Palacio. En el marco de la puerta, podía distinguir una figura femenina, vestida con un largo vestido. Pandora se acercó a él con una mirada viva. Minos pensó que debía de ser por la fugaz presencia que había tenido en aquél lugar ese maldito Caballero de Bronce del Fénix.

-¿Temes que Hades pueda encontrarte aquí? -preguntó Pandora pasando de largo ante él para detenerse junto a la tumba de igual tamaño que se hallaba al lado de la que custodiaba en aquél momento el Juez del Grifo.


Minos no respondió, extrañado del hecho de que Pandora estuviera junto a la tumba de Radamanthys, aquél al que siempre había considerado un completo inútil. Ella decidió evitar que el Juez sacara aquél tema, por lo que continuó preguntándole.

-¿No temes que yo pueda comentarle de tu visita a este lugar en su ausencia?


Minos esbozó una sonrisa ladeada.

-En ese caso yo me vería obligado a comentarle de su creciente interés en ese Caballero de Athena -replicó.


Pandora soltó una carcajada.

-Así es, ambos compartimos ciertos secretos -ella se dejó caer sobre el mármol que contenía el cuerpo del Juez del Wyvern-. Aunque, déjame decirte que yo, al contrario que tú, sí sé qué es lo que une con él.


Minos alzó una ceja, sin comprender.

-¿A qué os referís...?


Pandora hizo un gesto con las manos.

-Tendrás que descubrirlo por ti mismo, Minos.




<div align="center">Now that I know what I'm without
You can't just leave me
Breathe into me and make me real
Bring me to life
</div>




El Kyoto desvió la mirada hacia los símbolos labrados sobre el mármol. Los resiguió con un dedo bajo la escrutadora mirada violeta de Pandora, lo cual no hizo otra cosa que confirmar las sospechas de la mujer. Sin embargo, apartó rápidamente el dedo como si hubiera recibido una descarga. Miró fijamente a Pandora, quién no podía ver la expresión de sus ojos ya que estos estaban ocultos tras aquél flequillo blanquecino.

-Ruego que me disculpe, pero he de volver a mis deberes... -dejando la frase en el aire, el Juez del Grifo abandonó el lugar seguido de la mirada de Pandora.


¿Qué deberes se suponía que tenía él? Quizás había decidido entregarse a su tarea de enviar las almas a uno de los Infiernos mientras intentaba deshacerse de la sombra que se había instalado en el interior de su alma. La mujer se acercó a la tumba de Aiacos, pasando los ojos por los caracteres grabados en el mármol.


Sonrió al leerlos. ¿Así que Hades en verdad lo haría? Se volvió a mirar de nuevo la tumba de Radamanthys para apreciar unos caracteres casi idénticos a los de la otra tumba. Abandonó la sala, dispuesta a preparar todo. Si Hades había marchado con Atenea a lo que ella suponía, el dios del Inframundo no iba a quedarse atrás.



<div align="center">------x------</div>



Hades llegó a su Palacio algo cansado. Si bien la liberación de los cuerpos de los Caballeros de Atenea de aquella escultura de piedra que había servido de sello lo había dejado sin muchas fuerzas, el hecho de devolver a los catorce Caballeros a la vida había terminado por agotarlo físicamente. Nada más entrar en el Palacio se dirigió hacia la Sala de los Lamentos. Sin embargo, cuando disponía a ir hacia sus aposentos, Pandora le salió al camino.

-Mi Señor, ¿vais a llevar a cabo aquello que habíais planeado días atrás? -preguntó.


Hades ladeó el rostro, sintiendo que todo no estaba en el mismo sitio que cuando él se había marchado. Reparó entonces de que todo estaba dispuesto para que él sólo tuviera que llevar a cabo el ritual. Fijó sus ojos en los de Pandora, quién se mantuvo firme. Sopesó la opción de ir a descansar por unas horas ya que casi no podía con su cuerpo, pero sabía que era ahora o nunca.

-Prepara los últimos detalles -le ordenó a Pandora.


Ella asintió y salió de la sala. Hades se apoyó sobre la tumba que tenía más cerca: la de Radamanthys. Cerró los ojos intentando concentrarse y deshacerse del cansancio. Un cuarto de hora después, Pandora volvió a aparecer por la puerta portando esta vez una bandeja de plata en la cual traía una copa de oro negro con símbolos de los dioses grabados en la superficie junto con unas vendas de algodón.



Hades le indicó que dejara la bandeja sobre una mesa situada junto a una de las paredes. Pandora acató la orden para luego salir del lugar y cerrar la puerta. Hades, dentro de la sala, deslizó las lozas de mármol que ocultaban los cadáveres que descansaban dentro del las tumbas haciéndolas a un lado, permitiendo que la luz de las lámparas que iluminaban aquella sala pudiera acariciar los rostros pálidos de los dos Jueces. Se detuvo frente a la primera, colocando una mano sobre la frente del cadáver y la otra sobre el pecho de este, a la altura del corazón.



<div align="center">------x------</div>



Se encontraba tumbado en su cama, con la mirada perdida en el techo y las manos situadas tras la nuca. Su Sapuri descansaba a un lado del lecho, formando la silueta de aquella criatura a la que él representaba. De nuevo estaba perdido en los recuerdos. Parecía haber encontrado la forma de no venirse abajo al evocar la memoria del Juez de Garuda, aunque no podía deshacerse de esa sensación de vacío que se apoderaba de su estómago. Giró el cuerpo para quedar de costado en la cama, contemplando su Sapuri. Ella parecía haberse convertido en su única compañera en aquellos instantes de soledad, pues podía contar con ella cuando la necesitara. Nunca había desoído ninguna de sus llamadas.




<div align="center">(Wake me up)
Wake me up inside
(I can't wake up)
Wake me up inside
(Save me)
Call my name and save me from the dark
(Wake me up)
Bid my blood to run
(I can't wake up)
Before I come undone
(Save me)
Save me from the nothing I've become
</div>




Elevó lo suficientemente su cosmos para poder sacar una de esas cuerdas que formaban parte de su ataque y con la cual se dedicó a juguetear, liándola entre sus dedos. A su mente acudieron escenas de momentos en los cuales Aiacos solía hacer aquello. En alguno de sus entrenamientos, el nepalí había logrado engañar a Minos, haciendo que este último sólo llegara a acertar agarrar su casco con sus cuerdas invisibles, provocando que Aiacos cortara algunos hilos para quedárselos y así, hacer montar en cólera al noruego.


Después de momentos como ese, Minos podía pasarse días sin hablarle, en los cuales Aiacos siempre estaba encima de él, intentando sacarle conversación, lográndolo cuando el otro sentía que su paciencia no soportaba más. Sonrió recordando aquellos momentos, instantes en los cuales nunca pensaba que pasaría lo que hacía meses ocurrió.




<div align="center">Bring me to life
(I've been living a lie, there's nothing inside)
Bring me to life
</div>




Molesto por entregarse al pasado, lanzó el hilo por el borde de la cama para luego ascender por el colchón hasta llegar a la almohada, sobre la cual dejó caer la cabeza. Empezaba a dejar que Morfeo hiciera presa de él, cuando algo lo alertó. Notó cosmos alzarse en el Palacio de Hades. ¿Qué demonios significaba aquello? No se detuvo a examinarlos e, incorporándose de un salto del lecho, se vistió con su Sapuri.


Salió presuroso de la habitación, echando a correr hacia el Giudecca, preocupado porque alguien pudiera estar atacando a su dios. ¿Acaso la Guerra Santa contra los dioses del Olimpo había dado inicio? Y en el caso de que así fuera, ¿cómo era que no había notado ningún cosmos de los tantos que ahora habían allí presentes en ningún momento?




<div align="center">Frozen inside without your touch
Without your love, darling
Only you are the life among the dead
</div>




Subió sin ningún problema la escalinata que conducía a las puertas del Palacio, las cuales abrió de un empujón sin preocuparle lo pesadas que estas eran. Moderó su paso al entrar en la Sala dónde se hallaba el trono de Hades. Miró a todos los lados inspeccionando el lugar, pero no percibió ninguna presencia.


Se detuvo para concentrarse en los cosmos que ahora se habían hecho más débiles, mostrándose más calmados, no como antes, los cuales habían parecido perturbados y coléricos. Encontrando el lugar de la fuente se dirigió hacia la puerta que daba a la Sala de los Lamentos, cuando una figura le salió al encuentro. Minos se preparó.

-Tranquilo, Grifo, ¿ya no distingues a amigos de enemigos? -inquirió una voz desde las sombras.


No sabía cuantas veces había escuchado aquella gruesa voz, pero lo cierto es que eran incontables. Relajó su cuerpo, frunciendo el entrecejo extrañado. ¿Quizás sus oídos le jugaban una mala pasada? Minos oyó pasos para luego apreciar la figura que salía a la luz desde las sombras. Sus sentidos no lo habían engañado.

-¡¡¿¿RADAMANTHYS??!! -no pudo reprimir el grito de asombro que salió de su garganta.

-¿Quién creías sino? -replicó el inglés.


Allí se hallaba el Juez del Wyvern tal y como era antes: sus cabellos cortos y dorados, las cejas pobladas y del mismo tono que el cabello, las pupilas igualmente doradas, pequeñas y desafiantes, el rostro inexpresivo y aquella postura arrogante.

-¡¿Có.... cómo es posible?! ¿Acaso Hades....? -Minos no podía dar crédito a sus ojos.


Radamanthys se ajustó el casco de su Sapuri completamente reparada y más viva que nunca.

-Yo también te he echado de menos -resopló burlón el inglés.


Minos no hizo otra cosa que sonreír lacónico. Se había acostumbrado ya al retorcido sentido del humor de Radamanthys. Fue entonces, cuando se disponía a hacerle una pregunta, que escuchó el resonar del metal contra las lozas del suelo. Una figura se movía entre las sombras tras Radamanthys. Aquél cosmos se le hacía familiar, demasiado familiar.

-Minos, ¿por qué no pasas adentro de la Sala?


Aquella voz se le antojaba condenadamente conocida, pero su cerebro no podía trabajar, era como si hubiera quedado congelado en aquél momento. Los pasos se acercaron lo suficiente para que la figura fuera bañada por la luz de la sala, provocando que Minos abriera sus ojos miel desmesuradamente.




<div align="center">(All of this time I can’t believe I couldn’t see
Kept in the dark but you were there in front of me)
</div>




-Aiacos...







Canción: Bring me to Life de Evanescence




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Traducción (1ª parte):




Tráeme a la Vida - Evanescence



¿Cómo puedes ver en mis ojos
como puertas abiertas?
Llevándote hasta mi interior
Donde me he hecho tan insensible
Sin alma mi espíritu está durmiendo en algún lugar frío
Hasta que la encuentras ahí y la llevas de vuelta a casa

(Despiértame)
Despiértame por dentro
(No puedo despertar)
Despiértame por dentro
(Sálvame)
Dí mi nombre y sálvame de la oscuridad
(Despiértame)
Ordena a mi sangre que corra
(No puede despertar)
Antes de acabar incompleto
(Sálvame)
Sálvame de la nada en la que me he convertido

Ahora que sé lo que soy sin tí
No puedes simplemente dejarme
Respira en mí y hazme real
Tráeme a la vida

(Despiértame)
Despiértame por dentro
(No puedo despertar)
Despiértame por dentro
(Sálvame)
Di mi nombre y sálvame de la oscuridad
(Despiértame)
Ordena a mi sangre que corra
(No puede despertar)
Antes de acabar incompleto
(Sálvame)
Sálvame de la nada en la que me he convertido

Tráeme a la vida
(He estado viviendo una mentira, no hay nada dentro)
Tráeme a la vida

Congelado por dentro sin tu roce,
Sin tu amor, querido.
Solo tu eres la vida entre la muerte

(Todo este tiempo no puedo creer que no pude ver
Escondido en la oscuridad pero tu estabas enfrente de mí)







Ya sé que es una canción bastante conocida y demás, pero, no encontré otra mejor para el capítulo.


¡¡¡Un Saludo y gracias por leerme!!!! ^^
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Derkez
Publicado: Sab Jul 14, 2007 3:01 pm Responder citando
Myu de Papillon Myu de Papillon
Registrado: 30 Jun 2007 Mensajes: 131 Ubicación: En algún lugar del Inframundo, rodeado de flores Reputación: 3.1

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<div align="center">3

Incoherencias
</div>





Su cuerpo no respondía. Era como si estuvieran utilizando su propio ataque contra él. Por más que deseaba hacer el menor gesto con la mano, su sistema nervioso parecía no oír las ordenes de su cerebro. Sus ojos se habían quedado centrados en la imponente figura del Juez de Garuda, negándose si quiera a parpadear como si al cerrar los ojos por un mínimo instante, la visión fuera a desaparecer.


Agradeció a Hades el hecho de que el blanquecino flequillo de su cabello ocultara sus ojos ambarinos como era su costumbre. Sin embargo, aquello no impidió que sintiera los profundos ojos morados de Aiacos traspasarle el alma. El nepalí se detuvo junto a Radamanthys, quien miraba divertido al noruego.

-¿Te han atrapado con tus propios hilos, Minos? -se burló el Juez del Wyvern.


Minos ni siquiera escuchó su burla, sus sentidos se habían quedado embotados ante aquella presencia que aún creía una visión. Aiacos se acercó más hacia el Juez del Grifo, colocando sus manos en los hombros de este. Pareció que el simple contacto de los dedos del nepalí en su Sapuri despertó su sistema nervioso, haciendo que un frío inexplicable recorriera su espina dorsal y se estremeciera.


Aiacos era real, no era una simple ilusión. Podía sentir su respiración cerca de él, chocar débilmente contra la superficie de su Sapuri. Cerró los ojos embriagándose de la presencia de aquél que se hallaba frente a él. ¡Cuánto la había extrañado!



<div align="center">I've been sleeping a thousand years it seems
Got to open my eyes to everything
</div>



Aiacos empezó a preocuparse al no ver reacción ninguna en su amigo. Lo zarandeó con sumo cuidado de los hombros, provocando que Minos abriera los ojos para fijarlos directamente en los del Juez de Garuda. Aiacos se sintió sobrecogido a sentir su mirada, a pesar de que no pudiera verle los ojos. No obstante pudo apreciar que el Juez del Grifo esbozaba una sonrisa.

-Así que esos cosmos que había sentido eran de vosotros... -reflexionó en voz alta.

-¿No nos reconociste? -inquirió Radamanthys.


Aiacos giró levemente el rostro para mirar duramente al inglés.

-Si hubieras sido tú el que hubiera estado en su lugar, Radamanthys, ¿te hubieras dejado guiar por tus sentidos aún cuando pareciera imposible? -le preguntó.

-Quizá... -respondió Radamanthys-. Bueno, como sea, tengo muchas cosas que hacer ahora que Hades me ha concedido otra oportunidad; he de saldar una cuenta... -empezaba a alejarse cuando la voz de Minos lo detuvo.

-Si te refieres a Kanon, déjame decirte que ahora Atenea es nuestra aliada -le dijo formando una sonrisa ladeada con sus labios, sarcástico.


Radamanthys se detuvo.

-¡¡¿¿Qué??!! -preguntó, atónito el inglés, volviéndose para mirar al Juez del Grifo.


Aiacos abrió desmesuradamente los ojos, incrédulo por lo que oía.

-Así como lo oís -Minos se apartó de Aiacos para andar unos pasos. Había empezado a sentirse realmente reconfortado ante la cercanía del nepalí, cosa que no le agradó demasiado-. Hades no llegó a matarla ni a ella ni a ninguno de sus Caballeros de Bronce.


Dirigió su mirada a Aiacos, quién al oír la tres últimas palabras pareció sentir las ansias de venganza revolverse en su interior.

-Déjate de bromas, Minos, ¿acaso quieres devolvernos de nuevo a la tumba? -Radamanthys se acercó al Juez del Grifo.

-¿Qué motivo tendría para mentir? -replicó Minos-. Si no me crees ese es tu problema, Radamanthys, pero no creo que a Hades le haga mucha gracia que le tomes por bromista -se alejó unos pasos de los dos Kyotos-. ¿Hades se encuentra en el interior de la Sala de los Lamentos?


Aiacos asintió con la cabeza, manteniendo sus ojos perdidos en algún lugar de la Sala, digiriendo la información que acababa de proporcionarles el Juez del Grifo. Radamanthys dejó caer su cuerpo en un pilar cercano, encontrando el necesario punto de apoyo que necesitaba en aquél momento.


Minos entró en la Sala empujando la puerta entreabierta que daba el acceso a esta. Hades se encontraba allí, de espaldas a él. El Juez del Grifo se acercó hasta su dios luego de dedicarle una reverencia.

-¡Ah, Minos! Has venido en el momento oportuno -Hades giró su rostro para verlo.


El Kyoto observó una herida en el brazo izquierdo de Hades de la cual manaba sangre constantemente, que iba a caer sobre un montón de restos apilados que distinguió como una de las Sapuris.

-Quítate la Sapuri y déjala ahí -Hades señaló un lugar junto a la Sapuri sobre la cual se encontraba.


Minos acató la orden, obligándole a la Sapuri a adoptar la forma de Grifo una vez que las piezas de esta abandonaron su cuerpo. El noruego observó el brillo que envolvió a la Sapuri destrozada y el cómo esta tomaba forma. Hades situó su brazo sangrante sobre la formada armadura del Grifo una vez la otra Sapuri quedó completamente restaurada.


Al tomar contacto la sangre divina con la superficie de la Sapuri, esta comenzó a desprender un brillo más potente que el que había emitido la otra armadura. El dios tomó un paño blanco que descansaba sobre una bandeja cercana y lo colocó en su muñeca, empapando el trozo de tela con su sangre para luego proceder a envolver el corte con unas vendas, en un intento de detener el flujo de sangre. Minos apreció que su Sapuri había adquirido un tono más oscuro, además de parecer más brillante.


Cuando se ajustó las piezas al cuerpo, notó que esta parecía poseer vida, creyendo sentir unas leves palpitaciones. Iba a pedirle el permiso de su dios para abandonar el lugar cuando se dio cuenta de que Hades ya no se encontraba en allí. Al salir de la sala, se dio cuenta que ni Radamanthys ni Aiacos seguían allí.


Minos esbozó una sonrisa melancólica, mientras sus pies ponían rumbo hacia el Palacio del Juicio. El hecho que sus compañeros de armas hubieran regresado de la muerte por la voluntad de su dios no era excusa para descuidar sus deberes. Tras recorrerse el gran tramo que separaba el Palacio de Hades de la Primera Prisión, entró en dicho edificio. Cuan grande fue su sorpresa al encontrarse a Lune en aquél lugar, sentando sobre la silla tras la mesa de caoba.


El Espectro giró la cabeza para asesinar con la mirada a aquél que hubiera osado interrumpir la tranquilidad del lugar con el chirriar de las puertas sobre los goznes, mas tuvo que guardarse aquello que hubiera ideado para castigar a aquél inoportuno. Lune se incorporó con extremada rapidez y descendió las escaleras hasta llegar a la altura de su visitante.

-¡Señor Minos! Per... perdone, pero no sabía que había vuelto a ocupar su lugar... - jadeó el Espectro del Balrog haciendo una absurda reverencia ante el Juez quién alzó una ceja, divertido por su reacción-. Cre.... creía que estaría... tratando temas de suma importancia con los otros dos Jueces.


Minos chasqueó la lengua fastidiado. ¿Es que a cada paso que daba el destino de las arreglaba para recordarle aquél nepalí? La resurrección de Aiacos todavía seguía en su mente como un espejismo, a pesar de que todo indicara que no era una alucinación suya, así como el hecho de que Lune estuviera allí, ocupando su puesto en su ausencia.

Hizo un gesto con las manos para restarle importancia a la explicación del Espectro y, pasando junto a él, ascendió la escalinata de mármol que lo conducía hasta su asiento.

-Será mejor que te reúnas con los demás -le recomendó Minos-. Posiblemente tengamos que enfrentarnos muy pronto a enemigos poderosos y me parece que no te vendría mal entrenar para quizás, aumentar tus poderes.

-Así será, Señor Minos -dijo el Espectro para hacer una reverencia ante el Juez y marcharse del Palacio del Juicio.


Minos se recostó en el respaldar de la silla, apoyando los codos en ambos apoyabrazos para luego entrelazar sus manos sobre su regazo. Miró el libro de considerable tamaño situado sobre la mesa. No supo qué fue lo que le motivó a abrir ese tomo y buscar una serie de nombres que antes aparecían. No estaban. Volvió a buscar de nuevo, mas no encontró ninguno. Recordó algunos otros, pero estos tampoco aparecían reflejados en las hojas.

-¿Qué significa esto? -preguntó al silencio sepulcral que se adueñaba de la sala, sólo roto por su voz.


En la amplia habitación se propagó el sonido del libro al cerrarse. No encontraba una explicación a aquello. No a menos que... ¿Eso era posible? ¿Acaso Hades había marchado con Atenea para llevar a cabo lo que sería la gota que colmaría el vaso de la paciencia de los dioses moradores del Monte Olimpo? Esa era la única respuesta que resolvía el enigma del porqué los nombres de aquellos hombres habían desaparecido. Atenea y Poseidón volvían a contar con todos sus Caballeros. Hades los había revivido.



<div align="center">------x------</div>



Se encontraba en sus aposentos después de haber pasado meditando en el Palacio del Juicio durante interminables horas. Aún le costaba asimilar algunos acontecimientos. La muerte de Aiacos había sido demasiado prematura, así como su retorno a la vida. No quería encontrarse con el Juez de Garuda de nuevo, no antes de saber el porqué había reaccionado de aquella manera absurda cuando lo volvió a ver.


La excusa de que era la impresión de haberlo visto de nuevo exultante de vida cuando lo creía muerto no le valía, al menos, no en parte. ¿Por qué entonces no había reaccionado de la misma manera con Radamanthys? Se había sorprendido, eso no podía refutarlo, pero no le había dado el vuelco al corazón que le produjo volver a contemplar aquellas facciones que se les había aparecido en extraños sueños.


Acariciaba la superficie del yelmo de su Sapuri completamente sumergido en sus pensamientos. Fue por eso que no notó la puerta de su habitación abrirse ni oyó los pasos de aquél que se acercaba para impedirle la visión con sus manos. No sabía porqué, pero sintió su estómago revolverse. Con cierta sonrisa de la que no era consciente, alzó su mano derecha hasta tocar las del otro.

-No te preguntaré quién soy porque creo que es más que obvio -a sus oídos le llegó la voz que por tanto tiempo había ansiado escuchar.

El corazón del noruego palpitó desbocadamente cuando el otro apartó las manos de sus ojos y lo obligó a girar su rostro para mirarlo.



<div align="center">(Without a thought, without a voice, without a soul)
Don't let me die here
(There must be something more)
Bring me to life
</div>



Aiacos mostraba una tierna sonrisa que a Minos se le antojó hermosa y demasiado inocente.

-¿Qué quieres? -preguntó algo molesto el noruego.

-¿Así es cómo me recibes después de tanto tiempo sin vernos? -replicó el nepalí alzando una ceja en gesto de reproche.

-Al parecer te sigue gustando interrumpir a los demás cuando intentan evadirse un rato del mundo -resopló Minos.


Intentaba aparentar que estaba molesto con Aiacos por el simple hecho de no haber llamado a la puerta antes de entrar, pero lo que más le molestaba al Juez del Grifo era el no sentirse preparado para mantener una conversación con él. El Juez de cabellos azabache se apartó de Minos, acercándose hacia la cama para sentarse y apoyar las palmas de las manos sobre ella.

-¿Y bien? -Minos lo instó a hablar mientras cruzaba las piernas-. ¿Qué es lo que te ha traído hasta mi habitación?
Aiacos dejó caer su cuerpo sobre el lecho, quedando de espaldas a la cama.

-Hades ha preparado una reunión para hablarnos sobre Atenea para cuando despierte -dijo, con su atención captada en sus propias manos que examinaba frente a sí.


Minos enarcó una ceja mientras se cruzaba de brazos.

-Creía que sólo Radamanthys era el único que tenía el privilegio de ser el "recadero" de Hades... -comentó divertido.
Aiacos soltó una carcajada.

-Yo en tu lugar no hablaría muy alto sobre él; lo vía antes venir hacia aquí.


Minos se permitió el privilegio de sonreír escasamente, una de esas sonrisa sinceras que tan sólo esbozaba en la presencia de su amigo. Un incómodo silencio se instaló entre los dos. Minos no sabía la razón pero deseaba que Aiacos hablara cualquier cosa, como si el sonido de su voz fuera el único elixir que motivaba su existencia.



<div align="center">(Wake me up)
Wake me up inside
(I can't wake up)
Wake me up inside
(Save me)
Call my name and save me from the dark
(Wake me up)
Bid my blood to run
(I can't wake up)
Before I come undone
(Save me)
Save me from the nothing I've become
</div>



El Juez del Grifo no pudo dejar de contemplar la figura de Aiacos, percibiendo el hermoso perfil que mostraba el nepalí. Sin embargo, cuando parecía que se quedaría allí eternamente sin dejar de contemplar aquél perfecto rostro de marcadas facciones masculinas y piel bronceada, se oyó una llamada desde el exterior de la habitación.

-¡¡Aiacos!! ¿Dónde infiernos te has metido? -bramó la voz de Radamanthys.


Un suspiro salió de entre los labios de Aiacos, quién se incorporó de la cama.

-A saber qué querrá ese dragón bípedo -murmuró dirigiéndose hacia la puerta.
Antes de salir se fue detenido por Minos, quién lo agarró de un brazo. Aiacos volvió su rostro para mirarlo, encontrándose con aquellos hermosos ojos ámbar que tanto había echado en falta los cuales mostraban cierto atisbo de indecisión.

-¿Ocurre algo? -preguntó Aiacos al no ver ningún gesto por parte del noruego que indicara reacción.


Minos cerró fuertemente su puño libre, clavándose las uñas en la palma. Lo cierto era que no había sido su intención impedirle la salida, pero su cuerpo lo había traicionado. Si había detenido de aquella manera al nepalí, ya no podía echarse atrás; había deseado poder decírselo cuando no estaba, por lo que ahora, que lo tenía frente a él, no le queda otra opción. Haciendo acopio de todo su autocontrol, soltó el brazo que había apresado, decido a hablar.

-Radamanthys puede esperar. Antes de que te vayas me gustaría decirte algo.


Aiacos miró la puerta entreabierta antes de volverse a hacerle un gesto afirmativo al noruego. Minos tragó saliva y desvió su mirada hacia otra parte, evitando aquellos ojos que lo ponían nervioso.

-Tú siempre me has dicho qué es lo que yo era para ti, sin embargo, yo nunca te lo he dicho -hizo una pausa de unos segundo para tragar, siendo el completo centro de atención de Aiacos que lo miraba con interés-. Cuando.... cuando te fuiste sentí la necesidad de decirte lo que para mí representabas, pero fue demasiado tarde. Por eso ahora quería decírtelo... -volvió a tragar saliva mientras apretaba más el puño-. Tú siempre has sido mi amigo, mi mejor amigo.


Aiacos sonrió ante el inusual leve, pero apreciable, sonroje que mostraban las pálidas mejillas del noruego. Y es que sabía lo mucho que a Minos le costaba formar palabras de ese tipo. Con su dedo índice bajo el blanco mentón, el nepalí lo obligó a mirarlo. Aiacos no pasó por alto lo hermoso que se veía el Juez del Grifo con los evidentes signos de vergüenza sobre su piel de porcelana. Ante le perplejidad del otro, Aiacos lo estrechó contra sí fuertemente, de manera casi posesiva.



<div align="center">Bring me to life
(I've been living a lie, there's nothing inside)
Bring me to life
</div>



A Minos no le gustó la sensación que sintió en su estómago, así como el desbocado latir de su corazón. No podía negar que el tener a Aiacos cerca como en aquél abrazo le había agradado sobremanera. Sentía pánico al darse cuenta de que no quería que aquél contacto acabara. Después de unos instantes que se le antojaron eternos y la vez demasiado cortos al noruego, el nepalí se separó mostrándole una sonrisa sincera.

-No tienes porqué avergonzarte de decir esas palabras -le dijo con sus manos sobre los brazos de Minos.


El Juez del Grifo agradeció y maldijo el momento en el que se volvió a oír otro grito de Radamanthys, esta vez más insistente.

-Te veo en otra ocasión -se despidió Aiacos sin dejar de mirar los ojos del otro hasta que salió de la habitación.


Una vez sólo, Minos se dejó caer pesadamente sobre la silla, completamente confundido. En su interior, sentimientos encontrados libraban una batalla y pareciera que él se hallara en medio. Apoyó los codos en la mesa que se hallaba a un costado suyo para luego ocultar su rostro entre las palmas de sus manos. ¿Acaso el tener de vuelta a Aiacos no significaba ya la tranquilidad consigo mismo? En ese caso, ¿por qué no era así?







Canción: Bring Me To Life de Evanescence




Traducción (2ª parte):