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| Derkez |
Publicado: Sab Jul 07, 2007 7:29 pm |
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Myu de Papillon

Registrado: 30 Jun 2007
Mensajes: 131
Ubicación: En algún lugar del Inframundo, rodeado de flores
Reputación: 3.1  
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¡Hola! Este es un fic que en su día hice para cierto evento en otro foro. No es lo que quería hacer, peeeero, es lo que me salió T_T Siento que sea tan... dramático, pero la canción me empujó a ello u.u
<div align="center">Advertencia: Este fic contiene lemon (bueno, vale, no mucho, pero algo... O.o Por si las moscas, aviso y ya).</div>
<div align="center">Libera al Cisne</div>
Más allá del lejano horizonte que podía observarse desde el más hermoso parque de la ciudad, el sol se disponía a realizar, una vez más, su incesante rutina, ocultándose de aquella parte del mundo por unas horas. Los cromatismos de la bóveda celeste mostraban la usual pereza en ellos, rehusando entremezclarse para quedar unos encima de los otros, dominando sobre el lienzo amarillento, los tonos rojizos, anaranjados y violetas. Estos, a su vez, eran contemplados por unos ojos melancólicos, cuyas pupilas parecían haberse apoderado de aquél claro tono azul que poseía el cielo horas antes.
El viento soplaba implacable, haciendo que su frío contacto le calara los huesos, mientras jugaba envidioso con sus cabellos dorados como espigas de trigo, azotándolos sin consideración alguna. Mas no se inmutó. De entre las ramas de los árboles de hoja caduca, desprovistos en aquella fecha de su verdoso abrigo, se podía oír el trinar de las aves que se preparaban para pasar la noche. La melodía parecía flotar en el aire y dirigirse hacia el mismo sol, como si aquellos seres dotados de alas se despidieran de él.
Una de aquellas aves revoloteó entre las ramas, sobre él, haciendo que sus ojos se prendieran en ella debido al crujir de una rama cuando esta se posó. Él contempló aquél ser, fijándose en sus ojos. El gorrión, al saber que era el centro de atención de aquél chico de cabellos como el trigo, lanzó un graznido y se perdió entre el ramaje.
Un suspiro salió de sus pálidos labios, resecos y quemados por la temperatura del lugar. Un chapoteo cercano llegó hasta él, volviendo el rostro hasta el lugar de procedencia de este. En un hermoso estanque atravesado por un puente construido con la madera de un fresno, nadaba un cisne. El ave poseía unas deslumbrantes plumas de un vivo tono nácar, el cual contrastaba sobremanera con aquél antifaz negro que le cubría el rostro. Este se deslizaba con una abrumadora elegancia, inclinando su cabeza cada cierto tiempo para poder contemplar su reflejo sobre la superficie del agua, mientras esquivaba con suavidad los nenúfares que flotaban en el líquido, los cuales exhibían su colorido, en un vano intento por eclipsar la belleza del ave.
<div align="center">All those beautiful people
I want to have them all</div>
Él lo contemplaba maravillado. Siempre, desde niño, había amado aquellos seres. Recordaba cómo su madre, quién ahora descansaba en las profundidades del eterno sueño, siempre le decía que él había nacido siendo como aquellas aves, tanto física, como psicológicamente. Sin embargo, a él le costaba creerse aquello. Se había entregado a los brazos de la completa soledad cuando ella murió, consumiéndose solo en el dolor y el mutismo, cerrándose al mundo. Por esa razón, no tenía amistades a tener en cuenta.
Sabía que las necesitaba, deseaba poder hablar con alguien, mostrarles todo aquello que guardaba dentro de sí, pero el hecho de perderlas de igual forma que a su madre, lo aterraba. No obstante, algo se agitaba en su interior cada vez que veía a un grupo de chicos hablar animadamente, compartir opiniones y risas, apoyarse mutuamente unos a otros. Y aquella vez no fue la excepción.
La atención de sus ojos celeste fue captada por la presencia de un grupo de cuatro chicos que se acercaban por el camino regado de hojas secas de tonos marrones y amarillentos. Estos hablaban entre ellos, mostrando unas envidiables sonrisas, las cuales daban fé de la alegría que los invadía.
Uno de ellos, de cabello castaño claro, ojos verdes como el pasto de primavera y eterna sonrisa infantil, les indicó a los otros tres que miraran en dirección al estanque. Estos lo hicieron, encontrándose con aquél cisne que seguía deslizándose casi imperceptiblemente por el agua.
El ave, ladeó un poco el delgado y esbelto cuello, posicionando el pico anaranjado hacia el chico de cabellos como el trigo. Uno de los otros tres que formaba el grupo, de cabellos tan oscuros como el manto de la noche, deslumbrantes ojos grises que reflejaban la mortecina luz que por aquél entonces regaba aún el sol, y facciones de expresión dura, volvió su mirada hacia él, siguiendo la tímida e indirecta indicación del cisne. Ambas miradas se sostuvieron durante largo rato, hechizando a los ojos del contrario.
No obstante, el chico de cabellos dorados se levantó de su asiento, interrumpiendo la visión del otro, y, sin más, echó a andar por la larga vereda sembrada de hojas caídas, haciéndolas crujir cuando pisaba alguna. El otro muchacho lo contempló alejarse. No había pasado por alto aquellas profundas emociones que había podido leer en los ojos del otro.
<div align="center">All those porcelain models
If only I could make them fall</div>
Aquella mirada gris se quedó un tiempo en su mente. Podría decir que notó que algo se había agitado en su interior. No sabía qué podría haber sido, mas la sensación le había agradado, llegando a darle la calidez que le faltaba. Se preguntaba el porqué se había marchado de aquella forma del lugar. Aquél grupo de chicos no parecía ser desagradable, por lo que no le hubiera venido mal haber hablado algo con ellos y, quizás, llegar a entablar cierto vínculo.
Sacudió la cabeza, intentado sacarse aquella idea de la mente. Aquél grupo no se fijaría en él, un chico repudiado por la sociedad por el único hecho de no ser igual al resto. Deseaba poder acabar con todos aquellos malditos estereotipos que se habían impuesto en la sociedad, haciendo que la gente lo mirara de mala forma, llegándose a sentir fuera de lugar en todas las situaciones. Parecía ser capricho del destino que aquella se convirtiera en su eterna carga.
<div align="center">Be my heart a well of love
Flowing free so far above</div>
Sus pies continuaron su marcha hasta detenerse frente a lo que parecía ser una tienda de objetos fantásticos. Contempló todas las figuras, sintiéndose extrañamente atraído por una que representaba a un ave de plumas ardientes en pleno vuelo. Iba a entrar en la tienda a preguntar su precio cuando alguien lo agarró del brazo para volverlo.
-Perdona, se te olvidó esto -era el chico de cabellos azabache, quién le tendía la carpeta que llevaba siempre consigo.
El aludido lo miró a los ojos. Con tranquilidad, tomó el objeto que se le tendía.
-Muchas gracias. No me dí cuenta de que no la llevaba -le respondió-. Perdona la molestia que te causara.
-¡Oh, no! No fue ninguna molestia, al contrario -el otro esbozó una sonrisa que al chico de ojos azules se le antojó demasiada sincera. Al ver que su interlocutor no iba a articular palabra, habló de nuevo-. Yo me llamo Ikki.
-Hyoga -fue la respuesta algo desconfiada que emergió de los labios del otro, al entender que sería una falta de respeto no presentarse una vez que el otro lo hubiera hecho.
-Mucho gusto, Hyoga -Ikki le tendió la mano.
El de cabellos como el trigo la aceptó, sintiendo como el otro se la estrechaba efusivamente. Iba a excusarse cuando el resto del grupo del muchacho de cabellos oscuros se les acercó.
-Ikki, ¿quién es? ¿Un amigo tuyo? -preguntó el chico de cabello castaño claro, mirándolo con esa sonrisa que parecía caracterizarlo.
-Podría decirse... -respondió el aludido-. Dejad que os lo presente. Él es Hyoga. Hyoga, estos son Shiryu, Seiya y mi hermano Shun -dijo, señalando primero a un chico de cabellos largos, negros como el carbón y ojos grises, luego a un chico de cabellos y ojos castaños, y, por último, al chico de la sonrisa.
Los cuatro dijeron al unísono un sonoro "encantado". Los tres del grupo de Ikki, ansiaban preguntarle algunas cosas, pero las facciones del chico parecían mostrar que no respondería ninguna cuestión. Por lo que, con la ilusión de un niño, Shun se volvió a Hyoga.
-¿Te gustaría tomar algo? -le ofreció correctamente, en un tono que no admitía una respuesta negativa.
Ante aquello, Hyoga asintió, a pesar de que él hubiera rechazado la propuesta. Siguiendo a aquél grupo, la misma cuestión de antes volvió a asaltarlo. ¿Qué tenía de malo que entablara una relación con aquellos chicos? Se veían buenas personas, además de educados, por lo que no perdía nada con intentarlo.
<div align="center">------x------</div>
Tres meses de cálido otoño pasaron desde aquél día. Había llegado a entablar cierto vínculo con aquél grupo, sobre todo con aquél chico de cabellos negros como alas de cuervo y ojos grises. Se encontraba apoyado sobre el mármol de la ventana, contemplando, como de costumbre, el ocaso, mientras anotaba algunos versos que se le venían a la mente ante aquél espectáculo que presenciaban sus ojos.
<div align="center">A wintry eve
Once upon a tale
An Ugly Duckling
Lost in a verse
Of a sparrows carol
Dreaming the stars</div>
Evocó en su mente el momento en el cual Ikki le había pedido que fuera su pareja, hacía casi dos semanas. Tenía que confesarlo: se había enamorado perdidamente. La relación que ambos mantenían no era mala, todo lo contrario, se compenetraban muy bien. Parecía que había encontrado por fin aquél soporte que siempre había necesitado. En aquella ocasión mataba el tiempo, ansiando que llegara el instante en que aquél que había ocupado sus pensamientos en todo momento, llegara a su hogar, tal y cómo habían acordado.
Dejó sobre una mesa su pluma de escribir y sus folios, apoyando ambos brazos sobre el marco de la ventana para poder fundir sus ojos celestes en aquél horizonte tras el cual ya no se veía el sol. En ese momento, fue consciente de que un gorrión piaba sobre la rama de un árbol cercano. Hyoga lo contempló, deleitándose con la melodía del ave. Esta pareció darse cuenta de que gozaba con toda la atención de aquél chico, por lo que comenzó a cantar mientras hinchaba el pecho, orgulloso. Abrió escasamente las alas, haciendo a su pequeña silueta más hermosa. Hyoga se dejó arrullar, sumergiéndose en un mar de sueños por aquella melodía.
El muchacho ansió ser el poseedor de aquellas alas, poder alzar el vuelo de aquél lugar y ascender en el cielo, viajando entre las nubes, al más allá. Deseaba tener la oportunidad de sentir el viento golpearle en todo el cuerpo, sin compasión alguna, sentir cómo podía flotar en el aire, la máxima expresión de la libertad.
Mas sabía que todas aquellas fantasías eran vanas. Sentía su alma apresada en aquella cárcel que representaba su cuerpo. Innumerables veces había soñado con aquella sensación de vivir en el cuerpo de un ave, de ser un verdadero cisne y no una vana fantasía. Aún seguía soñando con el mundo ideal, con el amor perfecto.
Tan ensimismado se había quedado, que ni cuenta se dio de ruido alguno hasta que unos brazos se cerraron en torno a su cintura. La caricia de una respiración sobre la piel de su cuello, hizo que esta se le erizara para, momentos después, ser él la presa de un estremecimiento. Se percató entonces de que aquél gorrión que antes cantara para él, ya no estaba. En el oscuro lienzo de la noche, las estrellas titilaban con insistencia, captando toda la atención que podían otorgarle aquellos ojos azules.
-No pensaba encontrarte aquí -comentó Ikki, cercano a su oído.
Hyoga se volvió para mirarlo directo a los ojos.
-¿Por qué tenías tanto interés en que te esperara? -le preguntó, sin andarse por las ramas.
-Porque -Ikki lo tomó de la mano y lo guió hasta la habitación-, hoy es veintitrés de Enero.
Hyoga iba a dejar salir otra cuestión de sus labios cuando el otro los selló con los suyos. A pesar de que se sorprendió por el acto del muchacho de cabellos oscuros, se dejó llevar por el impulso de este. Pasaron cierto rato así, fundiéndose en besos, hasta que ambos sentieron que deseaban algo más que aquello.
<div align="center">Be my heart a well of love
Flowing free so far above</div>
Acabaron desnudos en escasos minutos, siendo sólo sus cuerpos cubiertos por la tenue y mágica luz que la luna llena regaba sobre la habitación. Tras sostener durante unos minutos la mirada del otro, como si los ojos de ambos hablaran entre ellos, volvieron a unir sus labios en un profundo beso, acompañado en un principio por tímidas caricias, las cuales se fueron haciendo cada vez más intensas y encendidas, según aumentaban las emociones que se agolpaban en el interior de los dos chicos. La excitación también se había hecho presente, aumentando con cada movimiento que ejecutaban.
Entonces, cuando ya sabían que necesitarían de algo más que deleitarse con tocar el cuerpo del otro, se separaron a penas un poco, fijando ambos ojos en los opuestos. Hyoga se movió, con intención de tenderse de cara al colchón, pero la mano de Ikki lo detuvo. En un rápido movimiento, invirtieron posiciones, quedando él abajo. El otro arqueó una ceja, visiblemente confuso, mas la expresión segura del otro le hizo saber que no admitiría réplica alguna.
Se posicionó entonces sobre él, custodiando las caderas de su pareja con sus piernas, mientras acomodaba las de Ikki a ambos lados de su cintura. Este se sujetó al cuerpo de Hyoga, entrelazando sus piernas tras la espalda del otro. El muchacho de cabellos que nada habían de envidiarle a la noche por su oscuridad, privó al otro de la visión de sus hermosos ojos grises, preparándose para lo que sabía que debía de llegar. Sintió cómo Hyoga le tomaba de las manos para posicionarlas entre ambos cuerpos.
Y, entonces, lo notó dentro de sí. Sintió la necesidad de expresar, con un quejido, el malestar que lo embargó, mas los labios del otro lo silenciaron, haciendo que aquél sonido muriera en su boca. Luego de unos momentos, en los cuales Ikki trató de adaptarse a la situación, ambos comenzaron con aquél movimiento que los transportaría a lo más alto.
La ventana de la habitación estaba abierta, permitiéndole el paso sin impedimento alguno al travieso viento, quién, pícaro, se dedicaba a tratar de susurrar palabras de amor entre ambos amantes, mientras acariciaba la piel de estos como si fueran plumas de aves en pleno vuelo. Y, tal vez por su iluso pensamiento, fue que transportó una blanca pluma desde sólo él sabía dónde hasta aquél lugar, dejándola caer sobre la mano del chico de cabellos como el trigo.
Hyoga sentía cómo aquél, al que en ese instante reclamaba de su pertenencia, se apoderaba cada vez más de su alma, robándole un pedazo de esta con cada beso, con cada caricia, con cada movimiento. Fue entonces que supo que ya no tenía nada de él, cuando, en un movimiento, acabó culminando aquél momento en una incontrolada sacudida, vertiendo su propia semilla en el interior del otro.
Ikki, al sentirse completo en aquella ocasión, imitó al otro, descargando todo su placer entre los dos cuerpos. Los jadeos de ambos se propagaron por la habitación iluminada tenuemente por la plateada luz de la luna, quién había logrado ganar una batalla contra las sombras, recluyéndolas en los rincones. Ambos rostros sudorosos permanecieron cercanos, una vez los dos chicos se acomodaron para poder acceder al mundo del descanso, dónde Morfeo los esperaba.
Mas Ikki no cerró sus ojos en seguida, decidido a contemplar una vez más el sereno y hermoso semblante de aquél ser que había tenido el completo privilegio de tener junto a él. Sus facciones, así como sus movimientos, siempre le habían recordado a los de un cisne. Incluso momentos antes, cuando ambos hacían el amor, Hyoga había sacado a relucir aquella innata elegancia que le había sido concedida por los dioses.
Al mover un poco su mano, notó algo sobre las sábanas. Al tomar aquello, se fijó en que era una pluma de cisne, de un exquisito blanco. Acarició su superficie, notando su suave tacto de terciopelo. Fue entonces cuando comprendió su error. Era ya tarde para arrepentirse, mas no de enmendarlo. Dejando la pluma sobre el cuerpo de aquél que yacía a su lado, cerró sus ojos, dispuesto a entregarse al sueño.
<div align="center">In my world
Love is for poets
Never the famous balcony scene
Just a dying faith
On the heaven's gate</div>
Los rayos del sol lo despertaron, haciendo que buscara aquella presencia que debía hallarse junto a él. Sin embargo, el lecho sólo se encontraba ocupado por su desnudo cuerpo. Con desgana, se levantó, buscando algo con lo que protegerse del inclemente viento que entraba por la ventana. Encontró su objetivo en el salón, mirando a través de una de las ventanas. Se acercó a él, dispuesto a robarle un beso, pero el otro se apartó, contemplándolo fijamente. Hyoga conocía aquella dura y seria mirada presente en los grises ojos del otro, la cual, le indicaba que tenía algo que decirle.
No sabía por qué, pero el miedo se apoderó de él. Iba a preguntar algo cuando el otro habló, diciéndole que nada podía haber ya entre ellos. La expresión de completa sorpresa se hizo evidente en el rostro del chico de ojos azules, los cuales se encontraban desorbitados. Hyoga creía haber oído mal, pero Ikki volvió a repetirle lo que expresara momentos antes. El otro le pidió una explicación por aquellas palabras, algo que le indicara que no estaba soñando, mas Ikki nada expresó, sabiendo que no podría hacerlo por más que las palabras se agolparan en la punta de su lengua, batallando entre ellas por salir.
Rato después, Hyoga se encontraba preparando su maleta. No había obtenido respuesta alguna de los labios de aquél que creyó que sería suyo para siempre. Era ahora cuando se daba cuenta de cuán errado volvía a estar. Desde luego el destino parecía haberse encaprichado con hacerlo sufrir, privándolo de algún sentimiento de sosiego. Aquél mundo de sueños que hubiera construido durante aquellos tres meses se derrumbó estrepitosamente, amenazando con arrastrarlo a él hasta las profundidades. Nada era como él deseaba. El mundo perfecto y el amor no existían, eran erradas creencias para los ilusos, entre los cuales él se había contado durante todo ese tiempo.
Una vez terminó de empacar sus cosas, salió del lugar, pasando por el salón. Allí se encontraba todavía aquél que había protagonizado todos sus sueños derruidos. Tenía la esperanza de que el otro se volviera y se lanzara a sus brazos, pidiéndole que no se fuera, disculpándose por sus hirientes palabras. Mas nada de aquello sucedió. Ikki permaneció estático en su lugar, de espaldas a él, contemplando la nada a través del ventanal. Un suspiro abandonó los labios de Hyoga antes de que este reemprendiera su caminar para salir de aquella estancia.
Poco después de dejar de oír las pisadas del otro perderse por los corredores, a Ikki le llegó el sonido de una puerta cerrarse. Mientras seguía con la mirada perdida, sus ojos captaron el movimiento de una figura más allá de los cristales, caminando por la calle, alejándose de aquél edificio. Ikki siguió aquella silueta que amaba más que a su alma con la mirada, contemplando por última vez aquellos elegantes andares propios de un auténtico cisne. No salió al balcón a despedirse del otro; no aquella vez. Había decidido dejarlo en libertad, por mucho que su alma ardiera de dolor. Lo había comprendido la noche anterior, cuando había tenido aquella blanquísima pluma en su mano.
A un cisne se le podía amar con toda la intensidad que fuera posible, mas nadie era lo suficientemente valioso como para llegar a ser amado por tan espléndido ser. No le importó someterse la noche anterior, no si con ello lograba conservar la pureza que habitaba en el interior de Hyoga. Él, un simple pájaro en una bandada, no merecía reclamar aquello que quedaba muy por encima de sí. No sabía cómo lograría reponerse, mas sabía que nunca olvidaría aquél maravilloso cisne que una vez conoció. Ese sería, quizás, su único motivo para seguir subsistiendo.
<div align="center">Crystal pond awaits the lorn
Tonight another morn for the lonely one is born</div>
No había sido consciente de que aquél a quién había entregado todo su amor lo había observado marchar, intentando contener sus emociones mientras sostenía su corazón en su puño, intentando mitigar el dolor que aquello le producía. Sus ojos, más melancólicos de lo que alguna vez estuvieron, se habían quedado prendidos en el horizonte, haciéndose la promesa de no volver a sufrir, de enterrar aquellos sentimientos que salían a flote en su corazón. Había llegado a comprender que su destino estaba junto con la soledad, resignado a vivir con una libertad que no deseaba.
Aspirando el aroma del invierno al pasar por aquél parque, sintió que debía de curar él mismo sus heridas, sin necesidad de nadie más. Para ello tendría que dejar atrás todo su pasado, comenzar desde cero. Moraría entonces en Siberia, un paraíso helado que siempre le fascinó; el lugar perfecto para que un cisne como él pudiera vivir, solo, sin que nada ni nadie le hiciera perder aquella belleza única que poseía.
Canción: Swanheart de Nightwish
Traducción de la letra:
Corazón de Cisne (Swanheart) - Nightwish
Toda aquella hermosa gente
Quiero darles todo
Todos aquellos modelos de porcelana
Si sólo pudiera hacerlos caer
Mi corazón es una fuente de amor
Flotando libre tan alto
Una noche invernal
Había una vez una leyenda
Un patito feo
Perdido en un verso
Del gorjeo de un gorrión
Soñando con las estrellas
Mi corazón es una fuente de amor
Flotando libre tan alto
En mi mundo
El amor es para los poetas
Nunca la famosa escena del balcón
Sólo una fe moribunda
En un portal del paraíso
Lago de cristal que espera al sin amigos
Esta noche otra mañana para aquel solitario que nace
El título del fic lo he sacado de una canción de My Dying Bride n_n (menuda imaginación que tengo yo para títulos, ¿eh? XD)
Ehm... sí, sé, temática rara de narices, pero entre que lo he hecho con prisas y que la idea única que se me venía a la cabeza era esa... T_T De seguro habré decepcionado a más de uno que haya esperado una historia "alegre", gomen ne ><
Gracias por leer... esto O.o
¡Saludos! |
Ultima edición por Derkez el Sab Oct 27, 2007 9:37 pm, editado 1 vez |
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| luribel |
Publicado: Sab Ago 04, 2007 12:24 pm |
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Seiya Adicto

Registrado: 05 Jul 2007
Mensajes: 73
Ubicación: La Comarca
Reputación: 9.1  
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Este fic ya me parecio precioso la primera vez que lo leí.... Es uno de esos fics que se pueden saborear al leerlos. Pura posesía y gracia.
De verdad que me encanta ...
Un saludo
L |
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Hazlo. O no lo hagas. Pero no lo intentes
Maestro Yoda, El Imperio Contraataca |
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