Pegasus Fantasy
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Aphrodita
Publicado: Mie Sep 19, 2007 11:31 pm Responder citando
Pegasus no Seiya Pegasus no Seiya
Registrado: 21 Jun 2007 Mensajes: 3368 Ubicación: En el teatro 'Solo para locos' Reputación: 170
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Lo que el viento nunca se llevó


Aphrodita


¡Por fin! Si, ya sé que había prometido el Shiryu x Seiya, hace cinco fics que lo vengo prometiendo. Pero esta vez va en serio, traigo este fic y después el cochino Dragón x Ponny >.<

Advierto que este fic está catalogado como NC-17, aunque no habrá lemon al principio. Pero están advertidos, menores por favor abstenerse de leer ¿?. Demás está decir que los personajes y Saint Seiya no me pertenecen en absoluto (que más quisiera yo u_u)


Mierda de foro que no me deja subir el fic en una sola respuesta


Ultima edición por Aphrodita el Sab May 31, 2008 7:41 pm, editado 4 veces
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Aphrodita
Publicado: Mie Sep 19, 2007 11:32 pm Responder citando
Pegasus no Seiya Pegasus no Seiya
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Capítulo 1: “Las luces te guiaran a casa”...


La pelimorado se paseó impaciente por toda la extensa Mansión, no pudo, aunque lo intentó, ocultar su sonrisa.

Su larga cabellera no había variado en longitud y volumen a pesar de los años, más su rostro profesaba el paso del tiempo.

Vestida con su solero estampado de delicadas violetas, salió al exterior, para ver si de esa forma lograba calmar sus ansias. La noche se encontraba serena, las estrellas en todo su esplendor y la luna iluminando el agua quieta de la piscina.

Escondió el secreto porque ella amaba las sorpresas, aunque los otros inquilinos de la Mansión sospechasen que algo ocultaba, la Diosa se las ingenió para no soltar bocado. Sobre todo frente a un insistente y persuasivo Seiya.

Con su gran sonrisa caminó por el amplio jardín atestado de rosas blancas. Una sonrisa que se plasmó en sus labios desde que había recibido la noticia de Shiryu. Se entretuvo, desde entonces, a imaginar como serian sus vidas una vez todos reunidos.

Aunque la vida era muy tranquila, luego de la batalla contra Hades, a su vez se había tornado aburrida y ¿Porque negar que además extrañaba horrores volver a ver a todos reunidos?. Quizás precisamente ella no había tenido una buena relación con los cinco, pero ese cariño, por todos las momentos vividos y las pruebas superadas, consiguió que anhelase poder estar todos reunidos como cuando eran niños, en la Mansión de su abuelo.

Su difunto abuelo ¿Cuántas noches le había rezado para que el milagro ocurriese?...

Un milagro, ya que no había grandes probabilidades de que los muchachos volviesen a reunirse ¿Por qué? Porque ya no eran los mismos, las guerras, el sufrimiento, la tristeza los había cambiado; eran “otros” por un lado, aunque por el otro no dejaban de ser ellos mismos. Algo de contradicción.

Respiró profundo, agradeciendo al cielo la inminente llegada del Dragón. Poco a poco, los hermanos Kido volvían a juntarse.


***

El castaño apagó la consola resoplando con fastidio, no tenía gracia jugar solo o contra la máquina. A decir verdad casi todo había perdido interés para el aguerrido Santo del Pegasus, quizás debido, a lo que los adultos llaman “Crisis de la adolescencia” Que le había llegado un poco tarde, pero últimamente todo le generaba apatía.

Se echó sobre su cama, simplemente a mirar el techo blanco de su cuarto. ¡Odiaba estar peleado con Shun! Porque cuando se peleaba con él sentía aun más desgano ¡No tenía con quien hablar!.

Revisó su celular, notando la pantalla encendida por un mensaje entrado hacia algunas horas ¡Odiaba también su celular! Por no tener la opción de personalizar el tono, y el simple “clic” que casi nunca, por no decir nunca, escuchaba.

“¿Cómo estas?”

Profesaba el mensaje enviado por Seika. Los ojos de Seiya se aguaron por un instante.

Seika...

Luego de Hades su vida había dado un vuelco importante con la llegada de su hermana a sus días. Su querida, perdida hermana mayor. Habían pasado algún tiempo juntos, hasta que inevitablemente la vida los distancio; Físicamente hablando, pues ese sentimiento fraternal nunca los abandonó, por el contrario se acrecentó con los años de caricias y cuidados ausentes.

Es que desde la separación con ella, el castaño siempre estuvo necesitado de afecto y contención, aunque no lo confesaba abiertamente, sus grandes ojos de avellana hablaban por él.

“Estoy bien ¿Y tu?”

El Pegasus envió el mensaje y dejó el aparato sobre su mesa de luz. A veces tenia ganas de agarrar su pequeño bolso de mano y partir, rumbo a Grecia, junto a ella. Pero cuando se detenía a analizarlo dos segundo se daba cuenta de que carecía de sentido.

En Japón él lo tenia todo, la Mansión, la comida, su gente. Tenia muchas cosas “por perder” al irse a otro país, o eso creía él... La verdad era que se cagaba de miedo al imaginarse solo y sin sustento.

Hay que admitirlo, era un Santo de Athena, en desuso pero lo era. Sin embargo sin su apellido no era nada, no había finalizado sus estudios y en su vida había trabajado. No se imaginaba a los 18 años prácticamente solo contra el mundo.

Además Seika era solo su hermana y ella estaba bien donde estaba. La distancia era simplemente geográfica, ya no era como antes, él ahora sabia con exactitud donde se encontraba su hermana y donde hallarla... Eso le dio una paz que creyó perdida.

Clic.

Mensaje nuevo

“Bien. Te extraño mucho”

Ahora si, sus ojos se empañaron y una lagrima amenazó con descender su mejilla... Y esa pregunta que rondaba su cabeza desde hacia dos años ¿Qué carajo estaba esperando para mandarse a mudar?

¿Tanto tenia por perder?

O mejor dicho ¿Qué estaba esperando? No lo supo, y quizás no lo supiese nunca, pero así como habían pasado dos años, seguirían pasando otros haciéndose la misma pregunta.

Se quitó la ropa, se colocó su pantalón deportivo que usaba como pijama y se acostó en su cama apagando la luz del velador. Le costó conciliar el sueño, dio vueltas unas cuantas horas hasta que por fin se quedó profundamente dormido en la quietud de la inmensa y abandonada Mansión.


***


El pelilargo subió las escalinatas de la Mansión con sigilo, llegó a la planta alta donde se encontraban los cuartos y con una sonrisa algo picara abrió con cuidado la puerta de Seiya. Lo conocía perfectamente, aunque desfilase una orquesta por el cuarto del menor, este no se despertaría.

Lo observó dormido en la cama, destapado y todo despatarrado, con las sabanas caídas a un costado, sobre el suelo, y la almohada a punto de sufrir el mismo destino, de no ser porque el rostro del Pegasus la mantenía aprisionada contra la mesa de noche.

Una mano y un pie caía también desordenadamente a un costado de la cama, la boca del castaño ligeramente entreabierta, quizás babeándose. Ante esta idea el Dragón aguantó la risa y armándose de coraje camino entre las ropas y revistas desperdigadas por el suelo hasta llegar al amplio ventanal. Abrió las cortinas dejando entrar la luz que impactó de lleno el rostro del castaño... Este ni se inmutó, dio la vuelta quejándose dormido y siguió su sueño.

- ¡Arriba Santo del Pegasus! –Exclamó Shiryu con su voz grave como cual Saga de Géminis--¡¿Qué es eso de quedarse dormido en plena batalla?!
- ¡¿Eh?!. –Despertó Seiya súbitamente --¡¿DÓNDE ESTÁ HADES?!

El pelilargo no aguantó mas y rompió a reír estrepitosamente. A veces las reacciones del pequeño Kido eran muy previsibles. No había nada que pudiese interrumpir el sagrado sueño del Pegasus, salvo cuando se trataba de su Diosa. Saori podía estornudar y así despertar al castaño, mientras que podía explotar una bomba a su lado sin lograr el mismo efecto.

- ¿Shiryu?

Seiya se tuvo que frotar los ojos, acaso ¿Estaba soñando? ¿Era su amigo en verdad o solamente sus ganas de tenerlo allí?.

- ¡¿Shiryu?!

El Pegasus se puso de pie, sobre su colchón, al mismo tiempo que el aludido asintió con una sonrisa en sus labios.

Como cual niño, el Pegasus saltó de la cama y se arrojó a saludar efusivamente a su amigo y medio hermano. No cabía en su cuerpo de la emoción.

- ¡Shiryu! ¡¿Cuándo llegaste?!
- Recién. –Sacudió la castaña cabellera del otro –Ha pasado el tiempo ¿No?

Ambos estaban cambiados, no solo en apariencia. Y aun así ese cambio era mínimo comparado al interno, pues la cabellera del Dragón siguió igual de extensa, quizás un poco más larga, pero era su rostro el que reflejaba sus 19 años.


***


Kotek, este de Siberia


El joven rubio ajustó su campera marrón y se colocó la capucha de la misma para evitar que la nieva humedeciese su cabellera. Observó la rosa roja que había depositado segundos antes sobre el hielo y emprendió su retorno al pueblo.

Llegó a la entrada de la cabaña y limpió sus zapatos cubiertos de nieve y barro, abrió la puerta y saludó al niño de doce años que detrás del mostrador le regaló una sonrisa:

- Hola Jacob ¿Alguna novedad?
- Ninguna Hyoga... –Respondió el lugareño --¿Quieres que te prepare algo caliente de beber?
- No te molestes, yo me lo haré. –El Cisne fue hasta la pequeña cocina y tomando la tetera de la hornalla se preparó la infusión. –Dime ¿Han llegado las provisiones?
- Si, Nadezhna ha ido por ellas.
- ¿Por qué no me esperó? Yo le dije que iba a ir.

Hyoga dejó de lado su té y volvió a tomar la campera, no podía dejar sola a la muchacha con las pesadas cajas. Pero cuando llegó a la puerta esta se abrió dando paso a una joven de enrulada cabellera negra, recogido con una hebilla, dejando algunos bucles librados al azar que adornaban su ovalado rostro.

- Nadezhna... –Reprochó el ruso –Me hubieses esperado...
- No te preocupes Hyoga. –Interrumpió la dama –Me han ayudado...

Por la misma entrada, un hombre maduro de contextura enorme y cara redonda dejó una pesada caja junto a la puerta, para luego quitar su sombrero y saludar a los dos muchachos.

- Muchas gracias Stephen, no se hubiese molestado.
- No hay de que Hyoga, te debía una por la leña...
- Eso no cuenta. –Negó el Cisne rotundamente pues en su situación, cualquiera lo hubiese hecho, sin embargo Stephen no olvidó el sacrificio que tuvo que hacer Hyoga para alcanzarle un poco de leña a él y su familia en la última gran nevada.

Los caminos se hallaban cortado por culpa de la nieve y la leña escaseaba... Para un Santo de Athena un clima de esas magnitudes no significaba nada, al igual que restar un poco de madera a las provisiones de las cabañas. Stephen era un hombre pobre y muy humilde de corazón, con seis hijos y sin esposa, se las apañaban para sobrevivir en una región tan remota y olvidada como era Kotek.

Cuando se quedaron solos, la joven observó el rostro del rubio. Con los años transcurridos, había aprendido a reconocer las expresiones de su amigo y supo que la decisión aun no la había tomado.

- ¿Qué harás Hyoga?
- No lo sé... –Respondió este abriendo las cajas y separando la mercadería.
- No debes preocuparte por mi y por mi hermano, estaremos bien... Stephen nos ayudará y a cambio nosotros también lo ayudaremos pagándole con provisiones.
- Lo sé Nadezhna es que...
- Estaremos bien. –Reafirmó la muchacha tomando entre sus finos y delicados dedos el rostro del Cisne.

Pero a decir verdad Hyoga no podía irse tranquilo dejándolos solos, aunque supo que contaban con la ayuda de Stephen, aunque estaba seguro de la capacidad de la mujer para administrar las cabañas y de la madurez de Jacob... No pudo evitar sentir esa sensación de culpa.

- Debes ir Cisne. —Dijo Nadezhna perspicaz, era una de las pocas personas, junto con Jacob, que sabían en el pueblo, quien era él en realidad.
- No es que deba ir. –Contradijo el joven agachándose nuevamente para seguir con las cajas.
- Quieres ir, te mueres de ganas por volver.

Eso era verdad, se moría por ganas de verlo ¿Por qué negarlo? Aunque no estaba seguro de hallarlo en la Mansión ¿Y si no estaba? ¿Y si había partido como él? No lo supo, fue el primero en irse y desde hacia unos meses se le había anidado en el pecho el imperioso deseo de volver.

Nadezhna dejó la conversación allí, debía realizar el inventario de la mercadería recién entrada, sin embargo antes de desaparecer por la puerta lateral, acotó firme:

- Para el sábado a la mañana... No quiero hallarte en tu cama ¿Entendido?

Nadezhna era una muchacha muy ambigua, dulce cuando se lo proponía o cuando las cosas le afectaban, pero a su vez rígida y segura... Esa misma seguridad con las que sus palabras habían salido de su boca.

Hyoga lo supo, era una chica muy capaz, se las apañaría sola con su pequeño hermano; además aun estando él, ella hacia todo sola pues era muy independiente. No tuvo opciones, cuando su madre falleció dejándolos solos, necesitó serlo para mantenerse en pie y darle una vida digna a Jacob.

La hostería era lo único que les quedaba y era un buen sustento económico aunque pocos viajeros paraban allí. Tenia buena fama, la comida era exquisita y era atendido por una mujer hermosa, que antes era la madre de Nadezhna, otra cosa que había heredado de su difunta madre.

Al final las palabras de la muchacha surtieron efecto. Para el sábado, cuando Nadezhna fue a despertarlo por el desayuno no lo encontró en su cama, si en cambio una nota que profesaba un escueto pero sincero “Gracias”.

Corto, conciso, así era Hyoga: Hombre de pocas palabras, pero palabras que valían mucho. Por lo menos para ella. Con una sonrisa, la joven dio la media vuelta y cerró la puerta, en su interior siempre supo que ese no era el “lugar” del Cisne. Y él debía hallar su lugar en la Tierra.


***


El peliverde se encontraba impaciente, supo aunque no se lo quisieron confirmar que alguien más, además de Shiryu, llegaría a la Mansión. “Como regalo de cumpleaños” Le habían dicho y ese 9 de septiembre se le hizo eterno, largo, desesperante.

Para colmo la visita se hizo rogar, Hyoga no pudo hacer más rápido y llegó justo a la hora de la cena. Ingresó el amplio portón de la Mansión observando con detenimiento el largo camino que lo conducía a la entrada. A simple vista todo seguía exactamente igual.

Llegó a la puerta y tocó timbre, un torbellino verde fue rápidamente a abrir, con una sonrisa en sus labios que desapareció un instante al notar al Cisne del otro lado. El recién llegado notó esta expresión en Andrómeda y una punzada atravesó su corazón, sin embargo Shun se lanzó a sus brazos y lo recibió con alegría.

Si, esperaba a su niisan, el día de su cumpleaños. Seiya se dio cuenta de ello al ver la expresión de decepción en su mejor amigo y en su interior maldijo a aquel hombre ausente por causar esa tristeza en el peliverde.

Es que acaso ¿Ikki había olvidado por completo a su otouto? El Pegasus no esperaba que volviese por ellos, la verdad, pero al menos si por Andrómeda. Aparentemente el Phoenix se encontraba perfectamente bien sin saber nada sobre su hermano menor, y le dolía ver como Shun esperaba y esperaba, pacientemente su llegada.

- Lo siento Shun, no pude comprarte nada. –Se disculpó el Cisne.
- No importa Hyoga, con que estés aquí para mi es más suficiente. –Recordó todo los cumpleaños pasados y el gran gesto del Cisne al mandarle todos los años un regalo.

¿Y de su niisan? Ni una llamada. O bueno, eso si... Pero Andrómeda necesitaba verlo, ya casi estaban todos, solo faltaba él.

- Que linda sorpresa. –Comentó el peliverde interrumpiendo sus propios pensamientos –Hace menos de una semana que llegó Shiryu, y ahora tu... Faltaría solo Ikki...

No pudo evitar que lo ultimo se escapase de su boca como una no tan secreta confesión. Hyoga frunció su frente, algo molesto por ver la tristeza de su compañero y no poder hacer nada al respecto.

Impotencia, por no tener con que consolarlo.

Lo observó, de arriba abajo, notando que ya se había convertido en todo un hombre con sus 19 recién cumplidos. Esbozó una escueta sonrisa y profirió un cálido:

- Feliz cumpleaños Shunny.

El aludido observó el rostro del otro y tomándolo de un brazo lo llevó a la sala donde todos esperaban para comenzar con la cena. Se sumó otro plato y el festejo dio inicio. Todos hicieron lo posible por hacer de ese cumpleaños uno inolvidable para el peliverde.

La verdad que lo fue, después de cuatro años volver a verse había sido lo que Andrómeda había deseado todo ese tiempo como regalo, y aunque no estaba completo, se sintió feliz de poder ver otra vez el rostro de sus compañeros de batallas.


***

Las luces de los altos faroles en aquella avenida acompañaban e iluminaban su lento paso. Se detuvo un instante para encender un cigarrillo y siguió su camino.

Los autos pasaban a su lado a una considerable velocidad, se sentía cansado, verdaderamente cansado de dar vueltas y mas vueltas. Necesitaba detenerse, parar. Pero sencillamente no podía, así era él.

Luego de un buen trecho encontró un teléfono publico ¡Por fin! Pareció ser que el destino había conspirado para hacerle el día más difícil, sin embargo al observar la hora en su reloj dejó el tubo y siguió adelante.

Era muy tarde, seguramente ya se encontraba dormido. Y aunque no fuese así, ya era 10 de septiembre, careció de sentido realizar esa llamada. Bueno, la verdad es que odiaba escuchar el tono desahuciado de su otouto al otro lado de la línea, odiaba escuchar su voz quebrada y ser él, el motivo de tristeza.

No podía con su genio.

Apagó el cigarrillo cuando encontró un hotel de mala muerte en donde pasar la noche. Las luces de neón titilaban con suma dificultad, indicándole el camino.


***

Un nuevo día en la Mansión Kido y una nueva visita; Jabu nunca fue santo de devoción de ninguno, pero fue el colmo ver las caras de decepción de sus compañeros... Estaba bien, intuyó acertadamente que esperaban a Ikki, pero no era forma de recibirlo.

Había tenido un viaje largo y agotador desde Oran, para llegar a su supuesta casa sintiéndose un invitado ¡Maldición! Él no era uno de los “desertores”.

Aun así, puso la mejor cara, en el fondo, muy en el fondo le alegraba ver al equipo casi unido, aunque a él no lo considerasen parte de ese equipo.

Se entretuvo en la tarde comentándole a Saori como había sido su año en Argelia, era casi con la única persona que se sentía realmente cómodo. La Mansión era enorme y pareció ser que esa misma distancia, entre cuarto y cuarto, lo distanciaban de Seiya y Shun.

Lo cierto es que esos dos últimos mencionados tenían una amistad envidiable que rayaba lo dudoso. El Unicornio no esperaba menos de esa dupla, habían combatido juntos un centenar de veces, incluido todo lo que fue la Batalla de Hades.

No podía pretender ser parte del “grupo” si el mismo se apartaba. Como un Ikki cualquiera, pasaba un año fuera de la Mansión y otro en la Mansión, así sentía menos esa distancia; total, cuando volvía a “su” casa, Seiya y Shun seguían en las mismas.

A simple vista pareció ser que era el único que no había cambiado por dentro... Si, seguía portando el mismo orgullo que antes, nada mas que mesurado, pero en esencia era el Jabu que todos conocían.

¿Del resto? Poco y nada se supo después de Hades, June se había instalado también en la Mansión, pero como solía decir Jabu: No toleraba ver que su candidato preferido patease para el mismo lado. Traducción: Odiaba ver que Shun le diese mas importancia a Seiya que a ella.

Cosa de chiquilines, pero bueno, era un motivo mas que valido para la Amazona de Bronce mandarse a mudar al igual que el resto. Desde ya que cada uno tuvo sus motivos para hacerlo. Los únicos que no movieron un pie fuera de la Mansión fueron, evidentemente, Seiya, Shun y Saori.

De Saori siempre lo tuvo en claro, siendo la Mansión de su difunto abuelo y no teniendo a donde ir, era lógico que se quedase en su casa. De Shun pudo adivinarlo sin dificultad: Su niisan. Ya que no podía ir con él, por lo menos se quedaba cual princesa enamorada esperando la llegada de su príncipe (peli) azul.

Solo con Seiya nunca tuvo la certeza. Luego de las Guerras había estado un año entero con su hermana, en Grecia y un buen día, sin motivo aparente, regreso a la Mansión para quedarse. ¿Por qué? ¿Por quien? El Unicornio jamas pudo averiguarlo.


***


June llegó una semana después disculpándose lastimosamente con Shun por no estar el día de su cumpleaños. Pero aunque la Amazona se quejase de que Andrómeda prefiere jugar a los videojuegos con Seiya antes que estar con ella, el peliverde se le iba la vida por su amiga.

En buena medida, Shun siempre fue muy devoto y atento con aquellos que consideraba amigos. Se sintió contento de poder tener en la Mansión a su buena amiga, aunque nunca entendió sus viajes.

Es que acaso ¿Había algún problema con él? ¿Por qué todos los que él quería terminaban por abandonarlo? Sonaba extremista, pero así lo sintió por mucho tiempo, quizás por eso adoraba tanto a Seiya sembrando la duda en los demás.

Porque bien o mal, el Pegasus siempre estuvo, siempre... No se mandaba a mudar como su niisan, como Hyoga o como June. El castaño aguantó durante esos cuatro, o mejor dicho tres años, todas sus crisis, que las tenia, desde ya, cuando Ikki no aparecía ni daba señales de vida, cuando Hyoga no le respondía las cartas, cuando June lo trataba mal por teléfono gritándole eufórica “¡Vete con Seiya entonces!”.

Y aunque no lo demostrase tan abiertamente, había desarrollado un cariño fraternal hacia Jabu. ¡Maldición! Que los únicos que rondaban su vida eran ellos, contando a Tatsumi.

¡Hasta Tatsumi era mas cercano a él que su propio y ausente niisan! El mayordomo de la casa, que mas que mayordomo era un inquilino y de la familia, estaba al tanto de sus problemas, de sus alegrías, de sus cosas.

Apostaba su cadena a que ni Hyoga, ni Ikki ni June sabían que su sabor favorito de helado era el chocolate. En cambio el señor Tokumaru si lo sabia... Y muchas otras cosas mas que solo se saben con la convivencia.

***

Fue Tatsumi, que desde el sótano había escuchado el timbre sonar, subió las escaleras refunfuñando y cuasi maldiciendo a los inquilinos de la Mansión, que muy cómodos se hallaban en sus cosas sin inmutarse por la molesta melodía.

- Maldición, son todos unos vagos perezosos... –Llegó a la puerta cuando el timbre volvió a sonar –Por Zeus si me pagaran, en verdad, por todas las veces que abro la puerta, tendría mi propia Mansión... ¡Ya va! Maldición.

La puerta se abrió dejando ver a un ojeroso peliazul con cara de pocos amigos quien espetó de malos modos:

- Tuve que saltar la reja porque no me reconoció la clave y encima me quedé esperando en la puerta...
- ¡Señorito Ikki1. –Interrumpió el señor Tokumaru ¿alegre? o.O –Es que han cambiado la contraseña señorito...
- ¿Qué? ¿Por seguridad?. –Investigó risueño, mas sereno por la inesperada reacción del hombre, ingresando a la Mansión con su bolso sobre su hombro –Me imagino lo que un ladrón podría hacerle a Santos de Bronce, Diosa incluida... Un desastre.
- ¡Ikki! ¡Que alegría verte!. –Exclamó Saori de pie en la sala, por un instante iba a darle un abrazo pero recordó quien era y se quedó en su lugar con una sonrisa.

Aquel grito femenino llamó la curiosidad de un siempre curioso Seiya, con su tostada en la boca salió de la cocina encontrándose con ese tipo en la sala de su casa. Su rostro lo dijo todo, había llegado un “poquito” tarde al cumpleaños de su otouto.

- Seiya, que grande te has venido. –Reconoció el Phoenix observando al otro de arriba abajo.

No supo porque, pero el Pegasus se sintió incomodo con aquella invasión visual ¡Que era su cuerpo! ¡¿Qué tenia que andar mirándolo ese peliazul salido del Averno?!. Pero era cierto, había dejado de ver al grupo cuando el menor de los Kido, el castaño, tenia tan solo 14 años... A diferencia del resto Ikki no había tenido viajes esporádicos de retorno, y verlo con sus 18 años le pareció ver a otro Seiya, extraño y ajeno hasta cierto punto.

- ¿Ikki?.—Investigó una voz sumamente masculina (Tenía que ser Shiryu u_u).
- Shiryu. –Correspondió el mencionado sorprendido, no esperaba verlo allí –Hyoga. –Su tono fue un poco mas frío, pero de sorpresa al fin.

Ambos mencionados por el peliazul bajaron las escaleras para sumarse al desconcierto del resto.

- Cuando Shun sepa que estas aquí, va a entrar en crisis. –Sentencio el Cisne.

Eso ¿Era bueno o malo? A Ikki le quedó la duda.

- ¿Dónde está mi otouto?
- En su cuarto. –Respondió Saori pero desde el descanso de la escalera June se le adelantó.
- ¡Shun!. –La rubia dio la media vuelta corriendo hasta el cuarto de su amigo --¡Shun, está aquí!

Ni que fuera Papa Noel japonés, o el ratón Pérez* asiático, en ese caso, el ratón Kido. Era Ikki Kido, o sea... ¡Era Ikki! El mentado Santo se desconcertó, aparentemente no era como él pensaba, y sí lo habían extrañado. Aunque lo disimuló bien, le hizo sentirse querido aquel gesto, hasta Hyoga pareció contento de verlo, ya que Tatsumi lo estuviese, era preocupante.

Shun fue el único que se arrojó a sus brazos saludándolo con verdadero amor fraternal, aunque estaba algo triste y quizás enojado por la ausencia de su niisan, no pudo evitar explotar de felicidad. Y la crisis de la que habló Hyoga, se tornó realidad. Shun no cabía en su cuerpo de la emoción y ni hablar correctamente podía. Le contó los últimos cuatro años a su niisan, en cuatro minutos. Y no porque no hizo mucho en ese tiempo, sino por la desesperación; a ver si todavía su niisan se iba de nuevo, por otros cuatro años.

En pocas palabras, Andrómeda acaparó al Phoenix durante todo ese día y se había convertido en una especie de hombre de las cavernas el cual, ante la amenaza de que le quitasen su presa mostraba los dientes acompañado de sonido gutural ¡Era su niisan de sangre! tenia el derecho exclusivo de mantenerlo encerrado en un cuarto para él solo. A pan y agua lo tuvo.

Igual Jabu no tenia intenciones verdaderas de hablar con Ikki, menos enfrentarse a un peliverde tan territorial. Así que se mantuvo ajeno, lo saludó, cuando pudo verlo horas después de enterarse de su llegada, al paso y sin emoción alguna en sus palabras. O sea... Era loco tenerlo a Ikki allí de vuelta pero no se iba a poner a gritar como Shun. Ni por el Phoenix ni por nadie.

Nadie lo dijo, pero todos sintieron lo mismo: Estaban juntos otra vez... Después de tanto tiempo.


***

Habían pasado los días, y las revoluciones de Shun habían decrecido, sin embargo Saori como mujer notó que uno, solo uno, a diferencia del resto, se encontraba entristecido. Y le dio curiosidad que justo sea el mas alegre de los Kido.

Lo halló sentado en el banco del jardín, muy pensativo y serio, además de callado que ya de por si eso era alarmante. Se sentó junto a él y guardó unos segundos de silencio hasta que dijo:

- ¿Qué sucede Seiya?
- Nada. –Respondió este con tono tranquilo, aparentando normalidad.
- Desde que llegó Ikki has estado algo... Ausente, cabizbajo ¿Por qué?
- No es por Ikki. –Se defendió enseguida el Pegasus, no quiso dar ese impresión errónea –Me alegra ver que han vuelto.
- ¿Entonces?
- Es que... –Seiya elevó sus hombros –No sé.
- Si sabes, que cabeza dura eres Seiya, dime.
- Es que desde que Ikki llegó para Shun no existo. –Realizó un mohín infantil de disgusto.

Ante esa declaración Saori rompió a reír sin malicia, es que aquellos dos ya se pasaban de la raya con su amistad.

- Hay Seiya, me haces reír. –Aclaró por si no habían quedado dudas al respecto. La joven se puso de pie --¿Por qué no hablas con él?. –Ante la negativa de su guerrero propuso otra cosa --¿Por qué no sales con ellos dos?
- No, Shun quiere estar con Ikki, y eso yo lo respeto. –Frunció su frente, la verdad que le incomodaba tener que andar con el Phoenix.
- No creo que le moleste a Shun que salgas con ellos.

El castaño silenció, ya no tenia mas argumentos. Por eso la joven Diosa cambio la expresión de su rostro a uno de tristeza, no le gustaba verlo así, no a Seiya.

- Cambia la cara Sei.
- No puedo. Es la única que tengo, llegué tarde a la repartición de rostro... –Bromeó serio, pero tan serio que le arrancó otra carcajada a la joven.

Por eso Saori siempre lo quiso tanto, porque el Pegasus sencillamente “era”. Toda su persona, su transparencia, su humildad, su tozudez, su calidez lo hacían la persona autentica que era, y por momento, no se podía negar, desesperante.

La pelimorada dejó solo a su Guerrero, en la búsqueda de otro; lo halló leyendo, en la sala de la Mansión, con solo la luz diurna que entraba por la ventana iluminando su rostro tenuemente. Se quedó allí, escondida gracias a la escalera, en silencio, espiándolo. Hasta que fue él, quien notó la presencia de su Diosa, como si fuese difícil, para Shiryu, adivinar de quien se trataba.

- Saori ¿Qué sucede?. –Una débil sonrisa se instaló en su rostro, buscando en vano no dejarse al descubierto.
- Solo... –No supo que decir la joven –Me aseguraba que todos estén cómodos.
- Como en casa. –Pronunció el Dragón mordiéndose sutilmente su labio inferior, ¿Nervios, incomodidad?

Aquella respuesta le dio el pie que Saori buscaba para poder entablar un dialogo con el pelilargo.

- Creí que tu hogar se hallaba en los Cinco Picos, junto a Shunrei.
- Mi hogar será aquel lugar donde esté la gente que amo –Contradijo Shiryu observándola tan directamente que la pelimorada se vio obligada a bajar su rostro –No quiero decir que a Shunrei no la quiera, o a Dohko, pero ellos dos están muy acostumbrados a la soledad de aquel sitio; no me necesitan aunque no niego que me echen de menos tanto como yo a ellos.

Lo que quiso explicar Shiryu fue que su lugar siempre había sido en la Mansión, aunque hubiese vivido gran parte de su vida en rozan, motivos tenia muchos para decidir quedarse allí, aunque no los hiciese públicos. Sin embargo siempre su corazón estaría dividido entre China y Japón.

Ante el silencio que se instaló entre los dos, luego de las palabras del Dragón, Athena se vio obligada a preguntar por el Cisne:

- ¿Hyoga?
- No estoy muy seguro, pero creo que fue a mandar algo por encomienda a Siberia. –El pelilargo volvió a su libro, pero enseguida preguntó --¿Necesitas algo en lo que te pueda ayudar?
- Oh no... Lamento importunarte, se que estas leyendo.
- No es por eso. –Se sintió mal al darle la falsa impresión de que molestaba –Creí que buscabas a Hyoga para algo.

Saori negó con su cabeza y sonrió. Enseguida un huracán verde bajó las escaleras con una mochila sus espaldas, en ese momento la pelimorada recordó al Pegasus:

- Shun ¿Sales con Ikki?
- Ajá... –Respondió sin demasiado interés, sin siquiera mirarla, ajustando el broche de su cinturón. –Al cine y a comer algo.
- ¿Por qué no te lo llevas a Sei?. –Susurró en el oído de Andrómeda.
- ¿Qué? ¿Está molesto?

Saori rió por lo bajo ante esa pregunta, como si Seiya fuese algún niño caprichoso.

- No, lo digo porque está algo aburrido –Intentó no darle los motivos directamente, porque sintió que así traicionaba al castaño –Ya sabes, no tiene con quien jugara los videos, se aburre fácilmente.

Pensativo Shun asintió. El mensaje, comprendió Athena, había llegado.

- Claro, siempre y cuando a Ikki no le moleste. –Acotó la dama perspicaz.
- ¿Qué cosa debería molestarme? –Investigó Ikki a mitad de las escaleras luego de oír las palabras de su Diosa.
- Vamos con Sei, niisan. –Decretó autoritariamente el peliverde, con esa sonrisa compradora.
- Si el ponny quiere. –Elevó sus hombros restándole importancia.

Cuando Shun salió al jardín en busca de su querido amigo, lo halló jugando con la pelota junto a Jabu. Parecía ser que encontraba reemplazo de él muy fácilmente. Aunque el Unicornio no sabia jugar tan bien a los juegos como Andrómeda.

Un par de palabras, y aunque Seiya no se sintió muy seguro de querer ir con el pollo y su buen amigo, terminó siendo convencido por un insistente Andrómeda, dejándolo solo al pobre Jabu que no encontró mejor pasatiempo que coquetear descaradamente con una June despechada y olvidada.

Aunque claro, June no le daría cabida al unicornio, no era esa clase de chicas, según profesaba la misma Camaleón, aunque le divertía la situación.


***

Seiya fue todo el trayecto en silencio, oyendo las melosas conversaciones de los hermanos. En realidad las palabras de Shun cada dos “Niisan” y las escuetas respuestas de Ikki. Y sobre todo sospechando de Saori... ¡Después le decían boca floja a él!.

En pocas palabras se sintió algo incomodo, aun más que ignorado. Se preguntó varias veces si el carácter cortante del Phoenix hacia su otouto se debían a su presencia. Quizás a solas, con su adorado Shunny, fuese más transparente y natural.

Haber aceptado la invitación de Andrómeda, había sido un error, sintió el Pegasus. Pero ya, estaba en el cine sentado junto al peliverde que no paraba de hablarle a su hermano mayor. De vez en cuando se acordaba que el castaño existía y le dirigía una o dos palabras. Lo que no notó Seiya, por estar ensimismado en sus pensamientos fue que Shun le hablaba a su niisan prácticamente de él.

Que “Seiya me acompañó a averiguar sobre el curso de pintura ¿Verdad Seiya?”

Que “Seiya juega muy bien a los videos ¡Deberías jugar con él niisan!

Que “A Seiya le gustan las películas de catastro y seguro que esta le gustará

El Pegasus se encontraba hundido en su asiento, Shun recién se calló cuando la película comenzó y el peliazul había mantenido silencio desde hacía rato. Es que no le daba pie su otouto para hablar comentándole cosas sobre Seiya, prácticamente no lo conocía. Pero bueno, ahora sabia que al castaño le gustaba escribir, algo que jamas imaginó verlo haciéndolo al más pequeño de los Kido.

***

Shiryu se puso de pie para estirarse un poco, mucho tiempo holgazaneando en el sillón para su gusto. Caminó por la Mansión sintiéndose extrañamente aburrido, raro porque él estaba acostumbrado a la soledad.

Se detuvo ante una puerta, que siempre supo, era la sala de informes, un lugar restringido, donde en una época funcionaba la sección mas secreta de la Mansión. Abarrotadas de computadoras y tecnología de ultima generación, capaz de encontrar una aguja en un pajar y de estar al tanto de cada gobierno en el mundo. En la actualidad no era más que un cuarto de cosas sin utilidad.

El Dragón frenó su paso al sentir una turbación en el Cosmo de su Diosa, no por curioso, sino preocupado se quedó espiando por la puerta entreabierta.

Ella, cobijada en aquel lugar, sintiéndose segura de su soledad, derramaba gruesas lagrimas de pesar.

Amaba estar allí, porque de alguna manera esa gran habitación le recordaba a su abuelo. Es muy común, para los humanos, relacionar las cosas con las personas.

El señor Mitsumasa, cuando se encontraba con vida, pasaba la mayor parte del tiempo encerrado en la sala escuchando posibles novedades, preocupado, a su manera, por el bienestar del mundo. Saori era muy pequeña, pero le gustaba estar a su lado, observando su porte erguido y su rostro serio que variaba de acuerdo a cada informe.

Por eso tal vez, le gustaba permanecer horas encerrada allí. Se sentía protegida, aunque sonase irónico teniendo a sus Santos más leales bajo el mismo techo, pero se sentía no solo resguardada, sino amada. Solía hablarle a su abuelo, consultarle cosas personales que nunca había confesado a personas vivas. Era su santuario personal.

El pelilargo frunció su ceño ¿Por qué lloraba Saori? Siempre le pareció una muchacha muy vivaz y segura, no tenía motivos para hacerlo, creyó Shiryu. Dio un paso al frente, con el fin de ingresar al cuarto, situarse a su lado y consolarla, pero se frenó a mitad de camino, no era prudente que él, siendo “nadie” en la vida de una Diosa, se atreviese a realizar tal osadía. El Dragón sintió que estaba invadiendo la privacidad de la joven sin derecho alguno.

Se sintió contagiado por ese sentimiento arrebatador. No era la primera vez que él, como hombre, experimentaba ese dolor, desde hacia años se había anidado en su pecho destruyéndolo lentamente en vida. No tuvo tiempo de tomar una decisión correcta, en cuanto escuchó los pasos de Hyoga por el pasillo, dio la media vuelta y desapareció.

- Shiryu. –Llamó el Cisne cuando se cruzó con su amigo --¿Ha vuelto Shun?
- No, creo que aun no... No lo sé. –Respondió dudoso.
- ¿Qué te ocurre?. –Lo había notado algo agobiado.
- Nada. –Negó con falsa naturalidad. --¿A que fuiste al correo?. –Preguntó para cambiar el rumbo de la conversación pero luego se sintió irrespetuoso –Lo siento, no es que quiera meterme en tu vida sólo es curiosidad.
- Pues fui a enviar dinero... A Rusia. –Hombre de pocas palabras, el rubio no acotó nada más y ni tampoco tuvo tiempo ya que la puerta de entrada se abrió dejando ver a un feliz Shun ingresando del brazo de su niisan y su mejor amigo.

Cuanto le dolió esa escena al ruso, si mal no recordaba el mejor amigo de Andrómeda siempre había sido él. Ante ese pensamiento infantil lanzó una carcajada muy interna, ya se estaba pareciendo a June con sus desplantes personales.

- Shun. –Exclamó Hyoga desde la parte alta de la escalera –Ahora te toca salir conmigo. –Bromeó.
- ¡Ups!. –Espetó el peliverde –Le prometí a mi niisan que le mostraría mis dibujos.
- Déjalo en paz media hora y vayamos por un helado, tengo mucho por contarte. –El Cisne no se daría por vencido.

Ante la acotación de dejarlo tranquilo a su hermano mayor, Shun frunció su frente ofendido y se cruzó de brazos. Ikki a su lado no acotó nada y se perdió por las escaleras, Seiya a su vez por la cocina. Acaso ¿estaba siendo muy sofocante? De repente el peliverde se sintió mal consigo mismo y el Cisne notó esto, bajando las escaleras pronunció:

- Era broma Shunny... Solo que, desde que llegué no hemos podido hablar.
- Mi hermano va a terminar odiándome. –Analizó Shun cabizbajo.
- ¿Ikki? ¿Odiarte a ti? –El ruso abrió sus ojos sorprendido.
- O por lo menos va a terminar odiándose a sí mismo por haber decidido regresar.
- Naaa. –Negó Hyoga tomándolo por los hombros para llevárselo fuera de la Mansión.

No acotó nada más, y eso le dio mucho por pensar al joven peliverde, quizás lo mejor seria tranquilizarse un poco y no estar pegado a su niisan como chicle al zapato. Suspiró y se dejó conducir por el Cisne hasta la heladería más cercana, la verdad que no tenía ganas de comer helado pero aceptó para no despreciar la salida con su amigo.

Caminaron un buen trecho; la heladería más cercana, no quedaba precisamente cerca, pero no sintieron las cuadras ya que fueron hablando sobre sus vidas. Durante los años que Hyoga se mantuvo alejado de todos, en Kotek, se comunicaba solo con Shun mediante carta, en ellas intentaba contarle como era su vida allí, así que Andrómeda estaba bastante al tanto, o por lo menos el nombre Nadezhna y Jacob no le eran ajenos.

- ¿Te quedaras? –Investigó el peliverde con dulzura --¿Por siempre?
- No lo sé. –Tomó aire antes de responder, observando de reojo a su compañero acotó –La verdad que no me fue fácil dejarlos solos.
- Lo entiendo.
- Pero Nadezhna siempre me dice que Kotek no es mi lugar... Y estoy empezando a creer que es cierto pero...

Un silencio se instaló entre los dos, Shun lo alentó a seguir hablando.

- ¿Pero?
- Pero es que... ¿Cómo saber cual es mi lugar?
- Con la gente que amas Hyoga. –Respondió Shun seguro de sus palabras.
- No es fácil Shunny, no es tan fácil.

En ese punto siempre, pero siempre había comprendido a Ikki. Él sin dudas amaba a su otouto, sin embargo aun no había hallado su lugar en el mundo, quizás por eso vagaba. Al Cisne le pasaba algo similar.

- ¿Por qué no es fácil?... –Investigó el peliverde algo molesto –Yo no los entiendo a ustedes. –Espetó más bien enojado –A Shiryu si, entiendo que su corazón está dividido entre China y Japón pero tu e Ikki... –Negó con su cabeza.
- A eso apuntaba Shun. –Dijo con delicadeza, intentando no herir los sentimientos de su amigo –Ikki te adora, eres lo único que tiene en el mundo, sin embargo no está aquí no porque no te ame, sino porque hallar el lugar de uno no es un camino fácil.
- El lugar de uno es donde esté la gente que uno ama, justamente. –Siguió insistiendo el menor con su cabeza gacha, observando sus zapatillas.
- Sucede que hay cosas o motivos que te arrastran a escoger un determinado camino, te puedes equivocar, como no... Te puede ir muy bien, pero si no lo intentas nunca lo sabrás. –Metió sus manos en el bolsillo de su buzo –Y cuando las cosas te salen mal, es bueno tener un lugar a donde ir, a donde regresar... Creo que por eso entiendo a Ikki.
- ¿Quieres decir que tu?...
- Llegamos, ¿De qué quieres el gusto?
- Aun no llegamos, respóndeme. –Exigió el peliverde.
- Falta una cuadra pero ve pensando el gusto. –Desvió de nuevo el Cisne.
- Chocolate, ahora respóndeme.
- ¿Chocolate solo, chocolate con pasas al run, chocolate blanco, chocolate con... ?
- ¡Hyoga! Respóndeme: ¿Porque no permaneces en la Mansión?.
- No sé.
- ¿Amas a Nadezhna?
- ¡Por Dios Shun! ¡No!

Negó Hyoga como si el otro le hubiese dicho alguna aberración.

- ¿Entonces? Hyoga explícate. –Volvió a exigir Shun parándose frente a su amigo para evitar su huida.
- No a la amo a Nadezhna, la quiero, al igual que a Jacob, me he encariñado con la gente de Kotek y me necesitan. En la Mansión nadie me necesita, y sé que si las cosas me van mal en Kotek que puedo volver con ustedes. ¿Listo?. –Dijo firme.
- Entonces mi niisan.
- No sé Shun. –Interrumpió el Cisne rápidamente siguiendo su camino, ya habían llegado frente a la puerta de la heladería –No quiero hacer especulaciones sobre Ikki, él tendrá sus motivos. Cada persona es un mundo.

Comieron el helado cambiando el rumbo de la conversación, le tocó el turno a Shun de explicar como había sido su vida en esos años; en sus labios cada dos palabras dichas salía el nombre Seiya, y no era para menos si con él único que había convivido era con él y con su Diosa.


***

Ikki se encerró en su viejo cuarto, que se había mantenido tan sobrio en esos años como él lo había dejado, nada más que ahora se le sumaba el polvo del tiempo. Se acostó en su cama y sacó debajo de la almohada una tela maltratada por los años, se quedó observándola como si ese trozo harapiento le pudiese decir algo.

No era una persona que se apegase a los recuerdos o a cosas materiales, pero ese trozo de tela que había usado, hace ya años, su querida Esmeralda para curar una herida, era una de las pocas pertenencias valiosas que atesoraba el poderoso Phoenix.

No era más que una venda, no era más que un objeto sin vida. Pero de tan solo saber que Esmeralda la había tenido entre sus dedos era motivo suficiente para conservarla.

Solía torturarse imaginándose como hubiese sido la vida de la joven de haber cumplido con su promesa. Una promesa que le pesó al peliazul toda su vida. Una promesa rota por una muerte temprana.

Él se la iba a llevar, iba a mostrarle el mundo, la nieve, el mar, las montañas, el aire puro. Él la iba a hacer feliz. Sin embargo no pudo... No pudo cumplir su promesa y eso era algo que jamas se lo perdonaría.

Decidió que ya era suficiente martirio por un día, guardó la tela en el mismo lugar de donde la sacó y se puso de pie. Un baño de agua tibia le haría bien, aun no se explicaba porque demonios se encontraba allí en la Mansión, pero aunque no lo quiso reconocer, le hacia bien estar entre los suyos.

Caminó por los pasillos con la ropa limpia bajo su brazo, se topó con una escena graciosa en uno de los cuartos y no pudo evitar detenerse a observar.

- Eres patético Jabu. ¡Ja! Te gano siempre –Se jactaba Seiya sentado en unos almohadones frente al televisor.
El Unicornio no sabia jugar tan bien como Shun.
- Obvio que me ganarás, yo no me la paso como tu, todo el puto día jugando a los videos, tengo vida. –Objetó Jabu profundamente molesto sin poder disimularlo, la bronca escapaba por cada uno de sus poros.
- No te preocupes, yo te enseñaré y te sacaré bueno, ya vas a ver.

Ikki aguantó la risa, aquellos dos, si bien habían dejado sus diferencias de lado, no dejaban de ser los mismos. Pelando por algo tan estúpido, como si el honor estuviese en juego. El Unicornio no dejaba de ser el orgulloso rubio que siempre fue y el Pegasus no dejaba de ser el mismo necio que el peliazul conocía.

No pasó mucho para que notasen la presencia de un tercero en aquel cuarto, cuando por fin dejaron de pelear, fue Jabu quien notó a Ikki de pie bajo el marco de la puerta, y sin saber que decir señaló el aparato entre sus manos invitándolo:

- ¿Quieres jugar?
- Oh no... Ya pasé la pubertad. Gracias.–Negó el Phoenix incoherente ¿?. –Me voy a bañar –Y desapareció, muy divertido con la escena.

Es que sí, en el fondo, muy en el fondo le gustaba estar allí. Le gustaba saber que tenia un lugar a donde regresar cuando se encontraba muy cansado de vagar sin rumbo fijo, sin tener un destino concreto.

Jabu detestaba pelear con Seiya, le crispaba los nervios el Pegasus, como nunca nadie lograba sacarlo de sus casillas. Es que era molesto cuando se lo proponía y le daban ganas de sacarle la prepotencia a golpes. Se cansó de mariconear con él y se fue, era mejor jugar sólo con la pelota; a los videos con el castaño, lo confirmó, era imposible. ¡Es que le ganaba siempre! Y no soportaba discutir con él por algo tan trivial.


***

En las afueras de la Mansión, Shiryu se encontraba cautivado observando a su Diosa montar el corcel negro. Desde pequeña Saori se había inclinado a la equitación y aunque era muy buena nunca quiso participar de eventos.

La pelimorado se acercó a su Guerrero bajo la luz diurna y con una sonrisa lo invitó a pasear junto con ella:

- En mi vida he cabalgado. –Se excusó el Dragón no muy seguro de poder hacerlo, o mejor dicho con el temor de hacer el ridículo frente a la dama.
- Hay una primera vez para todo –Pronunció Saori –Además ¿A qué le temes Dragón? –Investigó desafiante rodeándolo con el caballo.

El pelilargo no pudo negarse al pedido de su Diosa, así que se encaminó al establo en donde la muchacha le cedió a Diamante, una yegua muy dócil que no lo tiraría al suelo.

Como todo, al principio le costó acostumbrarse, pero luego de unos minutos el joven encontró muy placentero aquella relación jinete – caballo. Comprendió porque muchas personas dedicaban su vida por entero a aquella labor, era un pasatiempo fabuloso que llenaba de energías, así también como agotaba. Ni el mas duro entrenamiento se comparaba a una hora de cabalgata al trote; exagerando, claro.

Mientras tanto, en la Mansión, Seiya se encontraba paseando por todos lados con su nueva adquisición: Jabu. Juego de niños al que el Unicornio se prestaba u_u. No pasó mucho hasta que la bomba explotó, porque si el fin era ponerlo celoso a Shun, lo consiguieron.

Porque Shun estaba muy ocupado con su niisan, demasiado ocupado como para jugar una mísera pelea en los videos. Por lo tanto el Pegasus se encontraba “entrenando” arduamente al rubio para que cumpliese esa tarea.

Pero no fue el fin verdadero del castaño ponerlo celoso a su amigo, solamente buscó con quien perder el tiempo mientras su mejor amigo se encontraba entretenido con la visita, que dicho sea de paso ya no era más visita puesto que ya había pasado casi un mes. Es que la emoción ¿No se le iba a ir nunca? Pronto empezarían a rendir los exámenes y ¿Con quien iría Seiya?.

Cuando Shiryu entró junto a Saori a la Mansión, escucharon los gritos masculinos desde la parte alta de la casa, el Dragón observo a Hyoga quien sentado en el sillón mirando la televisión elevó sus hombros.

Shun pasó cual torbellino verde por la sala acusando un “¡Eres un idiota y nunca dejaras de serlo!” Dieron todos por hecho que se refería a Seiya. El Cisne salió detrás de Andrómeda en su búsqueda al mismo tiempo que Saori negó con su cabeza sobrepasada con la situación, no le gustaba que peleasen.

Ikki de pie en el pasillo se quedó observando al castaño, y este, ante el temor de una reprimenda por parte del hermano mayor dio la vuelta ignorándolo. Sin embargo se pudo notar en sus ojos la bronca y la tristeza. Un “¿Qué pasó?” De June, quien salió de su cuarto alarmada, dirigido a Jabu... Este bajó su mirada al suelo sin responder.

- Psh, lo mismo de siempre. –Dijo Tatsumi al paso bajando las escaleras.

Lo mismo de siempre” Cuando Shun y Seiya peleaban cual pareja de enamorados ardía Troya en la Mansión, Saori y Tatsumi estaban bastantes acostumbrados aunque no curados, ya que era espantoso convivir en un ambiente tan tenso.

Seiya se encerró en su cuarto, la mayoría permaneció como espectadores, salvo la Diosa que subió rápidamente las escaleras en busca del Pegasus:

- Seiya, abre la puerta, soy yo. –Exigió la dama golpeando con insistencia.
- ¡No!
- Abre la puerta –Intentó girar el picaporte pero este no cedió --¿Qué pasó ahora?.
- ¡Nada!.

Shiryu también subió con calma y acompañó a su Diosa.

- Sei, soy Shiryu, abre la puerta. –Dijo con voz tan firme que se escuchó del otro lado movimiento.

A los pocos segundos la puerta se entreabrió dejando asomar una cabeza castaña.

- ¿Si?. –Preguntó Seiya como si se tratase de un comerciante. “¿Que necesitan, que van a llevar?”
- ¿Qué pasó con Shun?
- Cosas nuestras. –Afirmó el pequeño frunciendo su frente y cerrando luego su puerta de un portazo.

Hyoga halló a Shun hecho una furia en el jardín de la Mansión, primero intentó tranquilizarlo, luego sentarlo y luego pedirle que le cuente lo ocurrido, pero Andrómeda estaba tan ofuscado con el Pegasus que al final, el ruso, no entendió nada.

Ikki en el pasillo se rascó la cabeza y bajó a la cocina en busca de cerveza.

***

Luego de la tensa cena, cada uno se fue por su lado, pero cuando Ikki bajó a la sala se encontró con Seiya sentado en el sillón junto a la chimenea encendida. Con un semblante serio, mas bien triste. Dubitativo el Phoenix se acercó a él.

El Pegasus giró su cabeza cuando sintió al peliazul acercársele, sinceramente, después de la pelea con Shun, no tenia ganas de escuchar el reproche del hermano mayor. Suspiró maldiciendo en voz baja su suerte. Sin embargo las palabras que surgieron de la boca del mayor, lejos fueron las que el castaño imaginó:

- ¿Cómo estas?

El menor volvió su vista a su compañero guardándose el asombro, aparentemente el ogro de la familia Kido sí tenia sentimientos.

- Bien... supongo. –Dudó a lo ultimo.

El Phoenix tomó asiento en uno de los sillones individuales, dejándole el de tres grandes cuerpos al otro. Se tomó su tiempo para seguir hablando.

- Tu lo conoces a Shun. –Aseguró –Es algo posesivo con quienes estima.

Seiya lanzó una pequeña risa ante esa veraz acotación, el peliazul lo secundó con una escueta y fugaz sonrisa.

- Lo sé...
- Cuestión de tiempo hasta que se le pase. –Siguió el mayor.
- No se trata de eso. –Intentó explicarse el Pegasus levantando sus piernas sobre el sillón para acomodarse a lo largo como si estuviese en el consultorio de algún psicólogo –Es que... No sé... No me gusta discutir con él...
- ¿Por qué?

Buen pregunta. El castaño buscó al otro con su mirada, no tuvo con certeza la respuesta, por eso salieron las palabras de su boca, algo trabadas.

- Porque él es mi amigo; no me gusta discutir con nadie, aunque no sea mi amigo... –Tomó aire para seguir hablando, ahora observaba sus dedos entrelazados –No me gustan las cosas que a veces, enojado me dice, pero yo también le digo cosas horribles.
- ¿Cómo que?

Seiya no se había olvidado de que se encontraba hablando con Ikki, por eso con precaución respondió:

- Nada, pendejadas... Es que el es muy critico. –Aseveró frunciendo su frente.
- Lo sé.
- Si... Y siempre me anda retando por todo como si fuese mi padre. Que sino estudio, que si no ordeno... ¡Problema mío!
- Le importas. –Acotó el Phoenix
- Por eso. Lo sé, pero hay manera y maneras de decir las cosas.
- Eso es muy cierto
- Y el precisamente no es perfecto para andar buscándome los defectos a mi, que sé perfectamente. –Elevó su dedo índice acotando solemne–Que yo soy el señor de los defectos, pero no es justo. Igual... –Finalizó notando que estaba hablando de mas, como siempre –Ultimamente está más extremista.
- Está celoso de Jabu. –Confesó el peliazul aguantándose la risa.
- Por eso se que también es mi culpa. –Se sonrojó apenas el menor, bajando el tono de su voz–Pero no fue mi intención molestarlo.
- ¿No?
- No. –Negó firme –El estaba muy entretenido contigo como para jugar a los videos conmigo... Jabu si tiene tiempo para jugar...

Pareció el reproche de un niño, así lo sintió el mayor.

- Ahora para colmo vienen los exámenes. –Se quejó el ponny –Y Shun está cabreado conmigo ¿Cómo voy a hacer para cursar con él?
- Se le pasará. –Tranquilizó Ikki.
- Parece que no lo conoces... Se le pasará, sí... el año que viene.
- No falta mucho... 4 meses. –Bromeó el Phoenix para aplacar los ánimos.

Se produjo unos segundos de silencio, el peliazul vio que ya era tiempo de seguir con lo suyo y se puso de pie para alejarse, pero Seiya lo frenó, simplemente para profesarle un tímido pero sincero “Gracias”. El otro simplemente asintió como respuesta y se fue por donde había llegado, olvidando a que había bajado verdaderamente a la sala.

En la soledad de aquel lugar, el Pegasus se perdió en sus pensamientos. Aparentemente Ikki no era como él creía; un poco, al menos un poquito de sensibilidad poseía. Y pensar, que apenas un día atrás, no podía ni ver al Phoenix de la bronca que le deba la situación, porque por todos esos años fue él quien tuvo que consolar a Shun cuando su niisan ni siquiera gastaba energías y dinero en un mísero llamado navideño.

Creyó tontamente que no solo tendría que soportar la bronca de Andrómeda, sino la consecuente furia del peliazul. Pero obvio que no iba a ser así. Todo lo contrario, y fue bueno haber hablado con el mayor, Seiya se encontraba mucho mas sereno interiormente.

Esa misma noche, en ese mismo momento, Shun se encontraba en el cuarto de Hyoga tocando sus cosas sin permiso, como solía decirle el mismo Cisne; hablando sobre el Pegasus, el ruso escuchó los motivos del enojo de Andrómeda con dicho Santo, notando y sacando una escalofriante revelación, por lo menos escalofriante para el rubio.

***

Pasó semana y media, tal como había dicho Seiya, Shun siguió sin hablarle. Ikki lo comprobó, aunque su otouto ya no estaba enojado, estaba dolido y eso, conociéndolo a su conejo, era peor para él.

¿Qué se habían dicho en verdad ese día de la discusión? Nadie lo supo con certeza. Pero aun se mantenían distantes. Había llegado el día en el que Andrómeda y el Pegasus debían ir a averiguar los días y horarios de sus exámenes finales, pero ni por eso el peliverde cedió al menos un poco.

Avisó que a las seis de la tarde iría hacia el colegio donde cursaban un secundario a distancia (A distancia entre comillas, no iban nunca y por eso rendían libre) Y ni siquiera se lo dijo a Seiya, desde ya, no tuvo intenciones de ir con él... Que el mismo castaño fuese por sus horarios (Que eran casi los mismos aunque diferentes materias)

Cuando se hizo la hora, Shun se preparó, fue en busca de una campera de tela ya que hacia un poco de frío y al paso le preguntó a su niisan si lo acompañaba. Ikki aceptó y aprovechó aquello para invitarlo al Pegasus:

- ¿Vienes?

Shun escuchó las palabras de su niisan cuando se encontraba abriendo la puerta de entrada, dio la vuelta observándole con un enojo mal disimulado.

El castaño se metió las manos en los bolsillos del pantalón y jugando nervioso con su pie respondió:

- No sé...

Andrómeda tomó aire y volvió a dar la vuelta para irse; que el otro hiciese lo que se le viniese en regalada gana.

- Vamos, tu también tienes que ir a averiguar sobre tus exámenes ¿O no?. –Alentó el Phoenix con esa excelente excusa, a ver si de esa forma aquellos dos se reconciliaban y volvía la jodida paz a la Mansión.
- Si, pero no hace falta que vaya hoy...
- ¡Vamos mierda carajo!. –Espetó Ikki perdiendo su inexistente paciencia. –No te voy a rogar ponny. –Le hizo un gesto bastante obvio sobre que era su oportunidad.
- Bueno, pero voy por una campera.
- Naaa, estas bien así. –Apuró el Phoenix, el otro se encontraba con una camiseta gris suelta.
- Pero estoy con pantalones deportivos. –Se observó el menor, su atuendo era el famoso “entre casa” con su pelo revuelto como si se lo hubiese hecho en “Pili peinados”**.
- ¡Niisan! ¡No te espero más. Me voy!.

Ikki tomó al ponny de dicha camiseta, por el hombro y lo arrastró con ellos al grito militar de “¡Camina!” Es que tampoco a ese extremo, el Phoenix no estaba para esas cosas.

Iluso el peliazul, creyó que su gran, genial, estupenda, magnifica, brillante, incomparable e insuperable idea funcionaría a la perfección... Pero hizo una cuadra y se arrepintió profundamente.

El ambiente estaba tan denso, que se podía cortar con un cuchillo. Obviamente Ikki iba en el medio, a su derecha el peliverde y a su izquierda Seiya. Los tres en silencio como si fuesen camino a un velatorio.

¿Qué saldría de todo eso? En su interior, el Phoenix no quiso saberlo.


Continuará.


* Ratón Pérez: No sé como se llama en otros lugares (Papá Noel es Santa Claus) Pero es el famoso (Por lo menos aquí) Ratón materialista que anda dejando dinero a cambio de dientes a los niños. Siempre me pregunté ¿Para que quieres los dientes? No me acuerdo la leyenda, pero para algo los debe querer ¿No? Yo cuando era chica siempre dejaba mi diente bajo la almohada n.n

** Pili Peinados: Este pocos lo sacarán. Hay un programa televisivo en la Argentina, llamado “Cha cha cha” que es comedia, y tenía un segmento sobre una peluquería donde hacían peinados raros “Pili peinados” Tipo propaganda de televisión, parodiando a dichas propagandas, y eran peinados re locos y re fumados, con una percha en la cabeza, una meseta., Etc. Una boludez pero que me hacia cagar de la risa.

Eso es todo... Cualquier duda pregunten que respondo. Perdón, sé que no pasó mucho en este capitulo (ni parece un Ikki & Seiya u_u) y que es un bodrio, pero al ser el primero tenia que presentar la historia. Quise traer esto para ponerme con el Shiryu & Seiya que le vengo prometiendo a Eleniel desde hace dos décadas mas o menos.

Nos leemos, gracias por leer (valga la redundancia)

Escuchando Make Up de fondo n.n El compilado “Saint Seiya Boys Be”.

19 de Septiembre de 2007 – Argentina.
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Gadya
Publicado: Vie Sep 21, 2007 8:37 pm Responder citando
Aldebarán de Tauro - Moderador Aldebarán de Tauro - Moderador
Registrado: 29 Jun 2007 Mensajes: 1440 Ubicación: Encerrada en el gabinete de la campaña "Albiore Presidente" Reputación: 301.4
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Sólo una cosa

"- ¡Vamos mierda carajo!. –"

GRANDE, MIRTHA!!!

Cuando me termine de reír, y acabe con los fics que tengo que hacer, vuelvo con un comentario más inspirado

PD: Es idea mía, o estoy oliendo Shiryu x Saori?
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Aphrodita
Publicado: Mar Sep 25, 2007 11:54 am Responder citando
Pegasus no Seiya Pegasus no Seiya
Registrado: 21 Jun 2007 Mensajes: 3368 Ubicación: En el teatro 'Solo para locos' Reputación: 170
votos: 5

Jajaja! El mierda carajo no va por Mirta, en realidad viene desde hace mucho antes, en mi familia xD

Estas oliendo bien mi joven padawan.

¿?


Gracias por pasearte por acáaaaaaaa!
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Gadya
Publicado: Mie Sep 26, 2007 1:20 pm Responder citando
Aldebarán de Tauro - Moderador Aldebarán de Tauro - Moderador
Registrado: 29 Jun 2007 Mensajes: 1440 Ubicación: Encerrada en el gabinete de la campaña "Albiore Presidente" Reputación: 301.4
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Juraaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! Entonces Mirtha los plagió!!!! Exijan derecho de autor!!!!!!! XDD Toda la guita que le pueden sacar a la vieja esa! Te juro que cuando leí esa frase me dije "Mierda! No me digan qie Ikki la veía a la Legrand!" XDD ¬¬ las cosas que puede llegar a pensar una

"Estas oliendo bien mi joven padawan." ===> Felicidad entonces, mi sentido del olfato esta regresando
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MaodeN
Publicado: Lun Oct 08, 2007 7:44 pm Responder citando
Seiya Maníaco Seiya Maníaco
Registrado: 04 Jul 2007 Mensajes: 280 Ubicación: viendo la lluvia caer =B Reputación: 26.8
votos: 2

me encanto senti el ritmo muy suave como volviendo a introducir a los personajes pero ahora en esta nueva etapa de sus vidas continualo, a veces necesitamos un breve descanso de tanto sex y este fic viene como un buen vaso frio en el desierto...
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Aphrodita
Publicado: Vie Oct 19, 2007 5:24 pm Responder citando
Pegasus no Seiya Pegasus no Seiya
Registrado: 21 Jun 2007 Mensajes: 3368 Ubicación: En el teatro 'Solo para locos' Reputación: 170
votos: 5

Gadya: En realidad creo que el "mierda carajo" de Mirta fue antes, solo que cuando surgió en mi familia no fue en base a ese recuerdo ¿? yo ni siquiera sabía que la vieja había pasado a la historia por ese insulto.

La situación fue graciosa. En realidad es la suegra de mi hermana la que siempre dice "mierda carajo" y la vez que quedó en la historia fue cuando se lo dijo a su nuera (no mi hermana, la otra nuera) porque había llamado desde bs as a Gessell xD SI lo cuento pierde gracia, son cosas que quedan en la memoria cuando las vivis y bué, siempre recordamos el "mierda carajo" de Margarita y nos cagamos de risa.

Nos leemos, ya estoy con este fic, llevo dos míseras hojas de word pero algo es algo.


MaodeN: Muchas gracias por leer y por tu comentario! tan incentivador. Jajaja! Un vaso de agua en el desierto. Habrá lemon, pero a su debido momento, desde ya ¿nop? Un beso niña y espero que sigas leyendo para cuando en el año 2008 traiga la segunda parte (No falta mucho para el 2008)

Un beso!
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Aphrodita
Publicado: Sab Oct 20, 2007 3:18 am Responder citando
Pegasus no Seiya Pegasus no Seiya
Registrado: 21 Jun 2007 Mensajes: 3368 Ubicación: En el teatro 'Solo para locos' Reputación: 170
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Aphrodita
Publicado: Sab Oct 27, 2007 9:44 pm Responder citando
Pegasus no Seiya Pegasus no Seiya
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Lo que el viento nunca se llevó


Aphrodita


CAPITULO 2: “No temas”...


Antes de que el sol desapareciese del todo, Saori se encargó de darle de comer a sus caballos y de prepararles sus cubiculos. Como últimamente ocurría Shiryu la ayudó en lo que pudo, descubriendo la pasión de su Diosa por esos animales y aprendiendo cada día algo nuevo sobre ellos.

—Saori ¿Nunca has participado de eventos?

La dama sonrió apenas y respondió:

—Lo mío es muy amateur, hay que tener un preparador físico, un entrenador y un caballo entrenado —Explicó la pelimorada pacientemente levantando con sus brazos el tacho con agua limpia.
—Lo sé, pero es algo que podrías pagar ¿O no? —El Dragón se apuró en llegar a ella y ayudarla con el recipiente, que dejó al alcance de la yegua más vieja.

La muchacha se quedó sin excusas, por eso acotó:

—Es que a mí me gusta disfrutar de los caballos, estar con ellos... Son una buena compañía. Pero no me creo buena para competir.
—Practicas equitación desde que yo tengo uso de razón.

Saori asintió, aquello era muy cierto. Desde niña que había aprendido a montar a caballo, pero algo en ella le hizo creer que no era buena para competir, además ¿Para qué hacerlo?. Lo que necesitó era precisamente que alguien le diera confianza, cosa que el pelilargo había logrado con éxito.

—Señorito Shiryu. –Interrumpió una voz conocida, su voz sonó más grave de lo habitual en aquel lugar —Tiene una llamada telefónica de larga distancia. —Explicó Tatsumi y dio la media vuelta para seguir con sus cosas.

Rápidamente, para no hacer esperar a la otra persona en la línea, Shiryu corrió hasta la Mansión. A los pocos minutos, cuando se aseguró de dejarle suficiente alimento a los animales, Saori ingresó buscándolo, acaso ¿Volvería a irse? No supo porque, intuición femenina le dicen, pero esa llamada no le auguró nada bueno.


***

Llegaron ante la escuela, una gran infraestructura. El peliazul tan solo "pensó" en quedarse afuera para dejar solos a los otros dos, que Shun olió sus intenciones y se le pegó como chicle del brazo, así que terminó siendo arrastrado hasta informes.

La muchacha, de alrededor de unos 40 años, rubia de cabello lacio y muy simpática, atendió a Andrómeda... En unos minutos dicho Santo tenia anotando en su cuaderno todos los datos necesarios para él. Y cuando terminó, le dio las gracias a la dama y sentenció:

-—Listo... Me voy. —Con la frente bien en alto dio la media vuelta y se mandó a mudar.

Seiya se quedó de pie, bajó su vista al suelo sintiéndose muy mal; Ikki en el medio se quedó observando al ponny y a su hermano menor marcharse como un huracán verde grado cinco. No supo que hacer ¡Qué situación de mierda le tocaba vivir! Y a él no le gustaban esas incomodas situaciones, escapaba siempre que podía, pero esta vez involucraba a su otouto.

—Ve con él. —Instó Seiya realizando un gesto despreocupado con su brazo —Estaré bien.

Sin decir nada y confundido, Ikki dio la vuelta lentamente y divisó a su hermano, al trote lo alcanzó a la salida de la escuela y llamándolo por su nombre detuvo su furiosa huida

¿Qué era eso de andar comportándose como pendejos de secundaria yankee?


***

Shiryu ingresó rápidamente a la Mansión, casi a las corridas y tomó el tubo algo extrañado, aunque fuese hasta cierto punto lógico de donde provenía ese llamado de larga distancia. Pero sorpresa fue en realidad la noticia que recibió, con el tubo en la mano no cesaba de repetir:

—No lo puedo creer ¿De verdad? No lo puedo creer.

Hyoga, que salió de la cocina mordiendo un emparedado, se quedó a su lado, quizás preocupado o más bien curioso. En cuanto el pálido Dragón dejó el teléfono, el Cisne atinó a abrir la boca:

—Shiryu ¿qué... ?

Pero se quedó con las palabras atoradas a mitad de garganta, como el trozo de emparedado que había tratado de digerir sin éxito, pues su amigo varió rotundamente, plasmando una gran sonrisa en sus labios tomó por los hombros al rubio sacudiéndolo al mismo tiempo que le confesaba:

—¡Shunrei está embarazada! ¡De tres meses y medio!.

Vaya, esa si que era una gran noticia... Por lo menos para el pelilargo, y el ruso no pudo más que alegrarse al notar la tan contagiosa emoción de su compañero. Sin embargo, para cierta persona, la “historia” sería otra.

***

Ikki guardó silencio un tiempo prudencial. No por temor, desde ya, pero conocía lo suficiente a su otouto para adivinar cuando era correcto hablarle y cuando no. Tampoco pudo asegurar que lo conocía profundamente, sería muy hipócrita de su parte, sabiendo que había pasado gran parte de su adolescencia ausente en la vida de su hermano, pero en algunas cosas, la gente no suele cambiar con el tiempo.

—¿Es para tanto, Shun?. —Atinó a investigar el Phoenix metiéndose las manos en los bolsillos de su campera de tela.
—Tal vez no —Sincero el pequeño Andrómeda.
—¿A que estas jugando, entonces?

El peliverde guardó silencio y frunció su frente, esas eran cosas que no podía ni quería hablar con su niisan; por eso, al notar el mutismo y el encierro de su otouto, el peliazul volvió a hablar:

—Él te aprecia —Incomodo tosió.

Algo en Shun se quebró con esas palabras. Era tan complicado ser sincero inclusive con él mismo.

—No me lo demuestra —Susurró con un dolor muy notable.

El mayor lo miró de reojo, Shun no hizo más que bajar su vista al suelo gris de la calle.

—¿Y como quieres que te lo demuestre?

Andrómeda elevó rápidamente su vista y la posó en su hermano ¿Qué quiso decir con aquello? Lanzó un suspiro prácticamente inaudible.

—Si es por Jabu...
—¡No es por Jabu!. —Interrumpió el peliverde apretando sus puños de furia.

Nuevamente, precavido, Ikki guardó silencio, pero fue su otouto quien siguió hablando:

—Son muchas cosas, entre ellas... Jabu. —Reconoció finalmente dejando de lado su orgullo.
—Pues... No puedo hablar mucho sobre Seiya —Confesó el Phoenix y era cierto, no lo conocía lo suficiente como para comprender sus reacciones o motivaciones —Pero por lo que sé y conozco de él... A veces es un estúpido pero tiene buen corazón.
—Por eso mismo me molestan sus actitudes... —Explicó el menor con vehemencia —Si no fuese un buen tipo me resbalaría que...
—¿Qué?. —Alentó el peliazul
—Que haga esas pendejadas con Jabu.

Ikki frunció su frente confundido ¿A qué tipos de pendejadas se refirió su querido hermano? Tragó grueso, o había estado mirando mucha pornografía en Internet o el jugo que había bebido en la mañana estaba vencido. Que imaginación prodigiosa tenia.

—En fin... Creo, que haya sido lo que haya sido —Concluyó el Phoenix —Ya ha sido suficiente castigo. Tampoco mató a nadie, Shun.

El aludido nada dijo, mantuvo el silencio un largo trecho hasta que decidió abrir su boca para cambiar de tema. No quería hablar sobre Seiya con su niisan y este no tuvo más alternativas que hablar de cualquier otra cosa menos que del ponny.
Pero en realidad, lo que le preocupaba a Ikki, eran los sentimientos de su hermano menor, buscar ayudarlo y lograrlo había sido su propósito desde que Shun había nacido.

***

Saori ingresó por la puerta de la cocina a la Mansión, allí se encontraba Jabu dejando sobre la bacha su taza de té vacía, la dama aprovechó para lavarse las manos y curiosear sobre Shiryu, pronunció al paso, levemente, el nombre del guerrero:

—¿Y Shiryu?
—Ahí anda. —Comentó el Unicornio con desgano dando la vuelta para irse —Contento con la novedad de Shunrei, lo anda gritando a los cuatro vientos. —Le llamó la atención que su Diosa no estuviese al tanto, pero era muy reciente y en tal caso no pasaba de ser una buena noticia.

Athena se quedó de piedra cuando oyó aquel nombre: “Shunrei” tan seguido de del Dragón. Reaccionó cuando el rubio apoyó su mano sobre la puerta vaivén para irse.

—¿Qué novedad? —Frunció ligeramente sus finas cejas.
—Está embarazada, de tres meses y medio según escuché.

Cuando Jabu desapareció del todo, la pelimorado tuvo que utilizar todas sus fuerzas para mantenerse en pie. Se sostuvo de la mesada y aunque sus piernas flaquearon se mantuvo en su lugar. Una lagrima amenazó con surgir de sus ojos y resbalar su tersa mejilla...

Permaneció unos minutos allí, pero fue demasiado para ella, no podría... No podría siquiera mirar a Shiryu a los ojos luego de semejante noticia. Por eso, antes de que la encontrase él a ella, salió de la cocina rumbo a los cuartos y se encerró en el suyo, dispuesta a llorar sobre su almohada todo lo que le quedase de vida terrenal y de vida eterna como Diosa.

Pero ¿Qué fue lo que más le dolió? ¿Suponer que el Dragón volvería a partir? O ¿Aceptar de una buena vez que sus posibilidades con el pelilargo eran aun más remotas que antes?. Sea cual fuese la razón, era por igual dolorosa para ella.

***

Cuando Shun regresó con su niisan a la Mansión fue interceptado por June, quien lo raptó sin reparos y se lo acaparó para él. No terminaron de cruzar la puerta que ya la gran noticia de Shiryu hacia eco en la Mansión.

Ikki felicitó a su amigo lo más efusivo que pudo, pero la verdad que la conversación con su hermano y sus conjeturas lograron agotarlo. A los pocos minutos Seiya llegó, como era de esperarse, había terminado rápido con sus averiguaciones, pero comprendiendo la situación prefirió no alcanzar a los hermanos y dejar que sigan su camino sin él, aunque solo los separase una cuadra de distancia.

Pasó ese día, con la notable ausencia de Saori y pasaron otros días, en la misma situación. A pesar de que su Diosa bajaba a comer y a realizar las labores diarias necesarias (Comer y bañarse, nada mas) Era notable que el mayor tiempo lo derrochaba en su cuarto.

La mayoría tomó la determinación de dejarla tranquila, aunque algo preocupados llegaron a la conclusión de que era una persona adulta y que en especial ella solía enojarse cuando andaban detrás de su persona cada vez que estornudaba. Era una Diosa, mejor dicho una reencarnación, pero primero humana, y mujer.

Fue Seiya quien secundado por Jabu atinó a golpear un día su puerta para preguntarle si estaba bien. Luego fue el mismo Unicornio preguntándole si necesitaba algo. Pero no consiguieron más que escuetas respuestas y un “quiero estar sola” por parte de ella.

No se hicieron más mala sangre de la necesaria, salvo por Shiryu que anheló poder compartir con Saori su alegría... Sí, con el tiempo la había considerado alguien importante en su vida y en sus días pero no supo como acercársele sin importunarla. Porque eso si que jamas se lo perdonaría: Molestarla de alguna forma.

Lo que no supo Shiryu fue lo que era capaz de hacer él por ella con tan solo hablar del tema. ¿Cómo adivinarlo? Era imposible, por lo menos en ese momento.

***

Pasó una semana, en esa semana todo siguió exactamente igual. Saori encerrada, Shun enojado, Ikki iracundo por momentos, Hyoga apático, Shiryu alegre, Seiya entristecido, Jabu y June ausentes y a la vez presentes como Tatsumi. Que dicho sea de paso, era el único que tenia un contacto directo con su Diosa pues era quien le llevaba la comida cuando la dama decidía no bajar al comedor.

El Pegasus creyó ilusamente que la presencia de Ikki lograría algo en Shun, en su actitud, sin embargo estaban igual, lo que no supo era que de no ser por el Phoenix, Andrómeda seguiría unas cuantas semanas mas molesto con él.

Harto de la situación y dolido, no se pudo negar, dejó de lado su temor a ser encadenado de sus partes más santas al árbol más grande del jardín y se animó a ir a la habitación del peliverde. Lo halló leyendo, boca abajo, en la cama, un pequeño libro de bolsillo. Golpeó apenas la puerta con una caja pequeña de CD en su mano. Shun volteó cuando escuchó el ruido y el castaño tragó grueso, balbuceando torpemente y señalando el objeto en su mano dijo:

—T--tengo el nuevo Final Fantasy... ¿Q--quieres jugar? —Una sonrisa nerviosa se instaló en su cara por una milésima de segundo.
—Es para un solo jugador, Seiya —Pronunció Shun con desgano cerrando sus ojos un instante.
—Lo sé... —Rió el menor rascándose la cabeza —Pensé que por ahí querías verme jugar —Cuasi bromeo aunque lo dijo de verdad.

Andrómeda torturó a su amigo volviendo su vista al libro sin responderle, sonrió apenas, una sonrisa que Seiya no pudo ver porque le estaban dando la espalda y que por eso mismo, incomodo, decidió irse soltando unas palabras al aire como último recurso:

—Bueno, estaré en mi habitación...

Partió si más, algo derrotado. Sin embargo el peliverde no tardó mucho en aparecerse en la habitación de Seiya, cinco minutos después de que el Pegasus se fue; lo halló en cuclillas prendiendo la consola, a punto de sentarse en los almohadones.

El castaño se sorprendió al ver a su amigo allí, pero comprendió que por fin Shun había dado el brazo a torcer y en pocas horas volvieron a ser los mismos que antes, jugando y divirtiéndose para luego ponerse de acuerdo en como estudiar para los próximos exámenes... No faltaba mucho, apenas un mes y aun no habían tocado un libro, teniendo en cuenta de que eran entre seis y ocho materias, sino se ponían cuanto antes ni un cero sacarían.

***

Saori había pasado ya dos semanas en esa situación y la preocupación de Shiryu se hacía cada vez más notable. Pero por fin la muchacha decidió salir de su cuarto, dispuesta a hacer algo por su persona ya que si ella no lo hacia no lo haría nadie por ella.

Se dirigió al único lugar donde se sentía cómoda y segura, al establo, junto a los caballos que mudos amigos eran los confesores de la dama. Sin embargo al bordear el cubiculo que guardaba a Black, uno de sus caballos favoritos, se hallaba el Dragón expectante.

Supuso que su Diosa, algún día saldría de su habitación y el lugar que imaginó seria el primero en visitar era ese. El pelilargo, que se encontraba sentado en una banqueta se puso de pie, y se encaminó hasta la pelimorado quien guardó silencio.

—Imaginé que vendrías aquí

Saori enmarcó una tenue sonrisa y escondió su mirada acariciando con su mano el largo pelaje negro del caballo.

—¿Qué te ocurría?. —Siguió investigando el joven sin ánimos de importunar a su Diosa —Digo, has estado encerrada todos estos días.
—Estoy bien —Contradijo Athena abriendo por primera vez su boca.
—Estas triste —Contradijo el Dragón
—Supongo que... —La pelimorado se corrió un mechón de pelo que entorpeció su mirada —Supongo que me entristece que te vayas —No pudo evitar sentirse algo avergonzada y buscó justificarse como si eso fuese necesario —Digo, aquí estoy muy sola, aunque están Seiya y Shun, siento que contigo puedo hablar de otras cosas.

No se atrevió a ser tan sincera y decir que aquellos dos no maduraban nunca, pero era cierto. Tampoco pretendió conversar sobre política y estado con el Pegasus y Andrómeda, pero con el pelilargo podía hablarse de cosas mas... profundas, sí. Quizás lo que en realidad le gustaba era ver que Shiryu la trataba como una chica y no como una Diosa, aunque sí, manteniendo siempre el respeto y cierta distancia, pero a su vez hablándole de cosas referidas al corazón y a los humanos, sin olvidarse que ella también era humana y tenia corazón pese a representar a algo tan frío como puede serlo una deidad.

—¿Irme? —Caviló el Dragón unos segundos, extrañado por esa afirmación.
—Supongo que ahora, con el embarazo de Shunrei, te irás... —Soltó la dama quitándole la traba a la pequeña puerta que hacia de tranquera para el equino.

El Dragón nada dijo pero notó que de alguna forma Saori se había enterado de la novedad.

—Me gustaría estar junto a ella pero... Recién he llegado aquí. —Acomodó su espalda contra una columna de madera —Iré a verla, pero tal vez mas adelante.

La Diosa frunció su frente confundida y algo sorprendida acaso ¿no pensaba irse? En un segundo la visión positiva sobre su compañero varió bruscamente y con furia salió del establo junto al caballo, ignorando al pelilargo pero este notó el enojo en la dama, muy visible por cierto.

—Espera Saori, ¿Qué ocurre?
—¡Ella seguramente debe estar esperando por ti! Lo más lógico es que quieras estar junto a tu hijo.

Ante esas palabras Shiryu se largo a reír, de una manera en la que Saori jamas había visto reír a alguien, menos al Dragón. Este se encorvó, agarrándose el estómago con ambas manos, llevaba el cabello atado con una cola simple y esa cola cayó por el costado y cuando se incorporó tuvo que acomodársela con un rápido movimiento de su mano despejando su cabello.

—¡¿De que te ríes?! —Se molestó la pelimorada comenzando a sonrojarse.
—Voy a ser tío. —Se contuvo el Dragón —No papá —Luego tosió y se puso serio, nuevamente no quiso incomodar a la dama.
—¿Eh?... —Se descolocó Saori —Yo pensé que...
—A Shunrei la adoro, es como una hermana para mí, de hecho dentro de mi corazón siento que es mi hermana menor, la amo, como se puede amar a un ser querido tan cercano.

La Diosa bajó su vista al suelo, avergonzada por el espectáculo que había dado y sintiéndose algo estúpida por haber permanecido dos semanas llorando por algo que ella sola había maquinado en su loquera. Suspiró, para ver si de esa forma el peso sobre sus hombros se desvanecía del todo, pero fue Shiryu quien diciéndole simplemente con el fin de reanudar la amistad “¿Cabalgamos?” Como cual invitación erótica, que la pelimorado pudo soltarse de esa angustia. Prepararon dos caballos y compartieron parte del día.

Durante esa tarde Saori pudo recuperar esa calma perdida, escuchó a su amigo, como con emoción le hablaba sobre la extraña relación que tenían los tres, en los Cinco Picos. Siempre había visto a Dohko como su maestro, su mentor, su consejero y hasta su padre. Se sintió raro al saber, luego de la resucitación de su maestro que este había quebrado ese lazo con Shunrei, pero no lo culpó, todo lo contrario, lo aceptó.

Un Dohko rejuvenecido tenía ahora un camino por vivir, unos años de vida que cumplir en la Tierra, debido a que el Misophetamenos le había quitado esa posibilidad, ese destino que tienen todos los humanos: Nacer, vivir y morir en armonía con la Tierra.

Nunca cuestionó el amor que poco a poco comenzó a crecer entre su maestro y su hermana del corazón, porque para él el amor, era la única cosa que no podía cuestionarse en el mundo. Carente de lógica y sentido... No podía ajusticiarse con la razón, además era lo único que para él en la vida, realmente valía la pena.

Saori sonrió y se sumió en un mundo ajeno, en una burbuja, escuchando a ese hombre hablando sobre el amor y filosofando al respecto, recordó, una vez más, porque desde pequeña siempre le había llamado la atención Shiryu y porque ahora, siendo casi adulta, su corazón le correspondía por entero. No había otro hombre como Shiryu en el mundo. Sencillamente no lo había...

***


En esos días Hyoga se decidió a aprovechar el tiempo en Japón estudiando algo referido a la cocina, lo elemental, de esa forma podría llevar sus conocimientos a la hostería, aunque con Nadezhna no era necesario preocuparse mucho al respecto, pero le pareció oportuno. Además, ya comenzaba a desesperarle la situación de estar sin hacer nada así que tomó un curso corto e intensivo.

Ese día en particular, el día de su primera clase, cuando llegó del instituto se encontró con un Shun curioso que le preguntó absolutamente todo, como eran las clases, si se comía mucho, como eran sus compañeros y profesores.

En pocos segundos la Mansión se llenó de gente, o por lo menos de los inquilinos que allí vivían. En cuanto Andrómeda vio a Seiya, cambió abruptamente el tema preguntando que harían al otro día.

—Nada... lo mismo que hacemos siempre —Se extrañó Ikki con las palabras de su otouto, de pie junto al hogar encendido con sus llamas crepitando.
—Tratar de conquistar el mundo —Bromeó Seiya sentándose todo despatarrado en el sillón, supo que su amigo peliverde se refirió a él.
—Supuestamente lo protegemos ¿no? ¿O confundí conceptos? —Shiryu se rascó la cabeza.
—Son todas mentiras Shiryu —Comentó el Pegasus incorporándose para seguir hablando efusivamente —Una tapadera de Saori, pero el fin es conquistar el mundo.
—Bueno ya... Seriedad por favor —Pidió el peliverde elevando sus manos para callar a los dos payasos —Esto es importante ¿Qué hacemos mañana?

Ikki iba a abrir la boca de nuevo ¿Por qué sintió que él era el único que no entendía nada ahí?

—¿Qué quieres hacer, Seiya? —Investigó Saori —Es tu cumpleaños, tu decide.
—¡Salgamos a Réquiem! —Interrumpió Shun alegre.
—Dijo “Seiya” —Acusó el mentado Santo —Pero esta bien Shun, si quieres ir ahí, vamos a Réquiem.

¡Cierto! El cumpleaños del ponny, lo había olvidado por completo el ajeno Phoenix. En ese momento, notando la situación, intentó huir silenciosamente de la sala, rumbo a la cocina, esperando que su hermano no reparase en él, pero tarde... se escuchó la tierna vocecita de Andrómeda:

—¿Vienes niisan?
—Pues... —El peliazul realizó una mueca de duda llevando su mano al estomago en gesto nervioso
—Es el cumpleaños de Sei —Espetó Shun comenzando a ofenderse.
—Déjalo Shun —Intervino Seiya al notar la incomodidad en el mayor.
—Es que, para ir y ser un aburrido, prefiero quedarme aquí y no arruinarles la noche —Se explicó Ikki y no se hubiese explicado de no ser con Shun con quien hablaba, es que no toleró la idea de que su otouto se enojase con él.
—¡Cuanta verdad! —Exclamó Hyoga —Por fin algo sensato por parte del pollo.
—¡Tu cállate! ¡Contigo no estoy hablando! —Acusó el Phoenix con una ira pasajera, señalándolo con su dedo índice.
—No te aburrirás niisan... No sabes lo divertido que es verlo a Seiya borracho
—¡Hey! —Intentó defenderse el nombrado Santo. —No es cierto, yo soy alegre por naturaleza.

Al final el peliazul no pudo con la mirada de su hermano y terminó aceptando con un asentimiento de cabeza para luego desaparecer por la cocina... A decir verdad tenía ganas de salir y estar con ellos, muy en su interior, solo que como siempre se sentía sapo de otro pozo y no daba para estar allí sintiéndose ajeno a todos.

La cuestión es que terminaron convenciendo hasta el pobre de Tatsumi, quien ese día comprendería que en realidad la intención de todos era hacerlo chofer en el viaje ¡Abusivos! Así que el grupo era bastante surtido.

***

La Mansión se encontraba silenciosa, sumida en una tranquila y acogedora soledad, las luces apagadas y la luna nueva iluminando el interior con su extraño fulgor... Eran esos momentos que Ikki disfrutaba a pleno, pues podía estar en compañía de sus pensamientos; pero no solo él, alguien más se encontraba sentado sobre el pasto en el jardín, observando las estrellas.

Por el gran ventanal de la sala, el Phoenix espió un rato a su compañero de batallas, hasta que decidió salir a pedirle lo que justamente se estaba llevando a la boca a escondidas, probablemente sintiéndose seguro y resguardado, suponiendo que absolutamente todos estaban durmiendo.

Cuando Seiya sintió la presencia a sus espaldas se mostró nervioso e incomodo, escondió sin éxito su cigarrillo encendido, debajo de sus piernas encogidas, pero el peliazul fue astuto:

—¿Me convidas uno?
—No sabia que fumabas... —Susurró el Pegasus estirándose hacia atrás para quitar un cigarrillo de sus partes más santas.

El Phoenix se quedó helado viendo esa escena y dudó en aceptar viendo de donde provenía.

—No sabía que tu fumabas. Buen escondite ese —Bromeó colocándose en cuclillas para tomar el cigarrillo que gentilmente le ofreció el otro.
—Sí, en ese lugar nadie lo descubriría.

Ikki esbozó una esporádica sonrisa ante el comentario de su amigo y luego de pedirle fuego disfrutó de esa porquería analizando más consigo mismo que con el castaño:

—El 90% de las veces sabe espantoso. Y sin embargo la gente fuma.

Seiya asintió al mismo tiempo que lanzó lejos su cigarrillo encendido pero ya consumido del todo.

—¿Qué te sucede? —Curioseó Ikki luego del silenció que se instaló entre los dos.

El Pegasus giró su cabeza y posó su mirada en el mayor. Siempre lo tuvo a Ikki como el antisocial de la familia y le sorprendió nuevamente ver que le estaba hablando con un trato cordial.

—Nada ¿Por qué?
—Porque pareces pensativo... Y eso es raro en ti —Lanzó una risa malvada.
—¿Tu también piensas que soy un idiota?

Aquella pregunta, hecha con fastidio, borró la sonrisa de los labios del Phoenix.

—No ponny tonto, es divertido molestarte nada más, sino reaccionarias siempre no te joderian con eso. Como cuando a Hyoga le digo ganso pecho frío.

Otro nuevo silenció se apoderó los dos, la noche estaba bastante templada para esa época del año aunque de todos modos una brisa fría se sentía sobre la piel.

—Gracias —Soltó Seiya de la nada —Por hablar con Shun —No le quedó mas que reconocer que de no haber sido por ese hombre frente a sus ojos, él en ese momento no tendría con quien estudiar, ni con quien jugar a los videos juegos, ni con quien divertirse, ni con quien pelear.
—Es mi otouto, lógico que me preocupe por él. —Se justificó.

Claro ¿Por qué iba a preocuparse por el Pegasus? Él solo buscó ayudar a su hermano, pues si Shun estaba mal, él también lo estaba.

—Shun me dijo que tienes planes ¿Es cierto que te vas de la Mansión?

El castaño frunció su frente extrañado ¿por qué él aparente interés? Bueno, no era mas que una conversación banal, además se notaba que Ikki no estaba muy interesado en la charla pues a cada rato miraba su reloj de pulsera como si estuviese preocupado por “su vuelo”.

—No... Pues no sé, cuando termine de estudiar, quería ir a visitar a mi hermana a Grecia pero... No sé. —Ni el supo que carajo quería hacer de su vida —¿Shun te dijo que yo tenia pensado irme? —Preguntó sorprendido.

Según él recordaba nunca le afirmó eso, era solo un pensamiento que tuvo una tarde calurosa de verano que comentó en voz alta, pero nada más.

—Sí... —Una nueva ojeada a su reloj.

Seiya estuvo apunto de recriminarle, de decirle que si quería otro cigarrillo que no estaba obligado a hablar con él, que dejase de observar a cada rato su condenado reloj, pero Ikki interrumpió su posible queja pronunciando débilmente con una sonrisa en sus labios.

—Ya son las doce de la noche... —Comentó poniéndose de pie para marcharse —Feliz cumpleaños, ponny...
—Gra—gracias —Intentó decir el Pegasus sorprendido, pero el peliazul ya se había ido de espaldas, rumbo a la Mansión.

Un susurro apenas audible que se perdió en el viento. Seiya pestañeó un par de veces elevando sus cejas. Ikki aparentemente era toda una caja de sorpresas... Es que había algunas cosas evidentes que al menor se le escapaban quizás por inexperiencia en la materia o por excesiva inocencia.


***

Ese mismo día, al finalizar la mañana, fue Shun quien despertó cálidamente a su amigo para desearle un feliz cumpleaños, los saludos siguieron ese día acompañado de un festejo intimo antes de la noche. Nada ostentoso, un almuerzo común con el agregado de una torta doble de chocolate, como le gustaban al menor de los Kido y el consentido de la familia.

Hablar por teléfono con Seika lo llenó de nostalgia y algo de tristeza, quería estar junto a ella, sin embargo algo lo ataba a la Mansión, el problema era no saber que, o aun peor, tener que reconocerse que se moría de miedo al emprender solo un camino de esas magnitudes, un cambio tan brusco en su vida.

Ese día, como siempre ocurre con el cumpleañero, el Pegasus se sintió más que raro. Como si no fuese él, como si estuviese mirando todo desde “afuera”. Solo deseó que el día pasase