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| iri20 |
Publicado: Vie Jul 06, 2007 8:15 am |
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Kanon del Dragón Marino - Moderador

Registrado: 24 Jun 2007
Mensajes: 698
Ubicación: En un país multicolor... intentando conquistar el mundo.
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LOS LABIOS DEL PECADO.
Nº palabras : 4846.
Sentado en una solitaria mesa de bar un hombre de larga melena azul apuraba una botella de tequila. Notaba aquel líquido bajar fuerte por su garganta y sabía que su percepción de la realidad se iba alterando a cada sorbo. Eso era lo que quería, no ser consciente, escapar, encontrar un estado en el que la culpa y la impotencia se esfumaran para, por lo menos, no sentir. Con cada gota de licor tomaba cuerpo la macabra idea de unas venas abiertas y un cuerpo frío e inerte que le permitiera evadir todo lo que se le había venido encima, sin embargo tras esa esperanzadora idea le sobrevenía la imagen de todos y cada uno de los círculos del infierno, si no tenía paz en el Santuario menos en el lugar donde al fin sus pecados serían castigados.
El infierno... Hades... había sido bueno para luchar junto a Athena, y salvar la imagen de unos dorados que habían demostrado estar muy por debajo de los espectros, las derrotas de esos caballeros había rozado lo humillante. Culpasen a lo que culpasen los niños de bronce habían tenido mucho más coraje, fuerza y tesón que la elite de los Santos. Sin embargo para él no había concesión alguna.
Aborrecía a aquellos tipos, con sus armaduras doradas, sus aires de guerreros resabiados y esa insufrible arrogancia. El estaba traicionando Dioses cuando la mayoría de ellos todavía no eran caballeros. Sabía de sobra lo que murmuraban a sus espaldas, lo que significaban aquellas conversaciones apagadas a su entrada en las estancias, notaba perfectamente que la alegría y camaradería con la que Saga era recibido, sonrisa y palmadas en la espalda, era fruto del perdón, mientras que a él se le otorgaban miradas recelosas y comentarios velados. Era curioso, él no había matado a ningún caballero, su hermano era responsable de centenares de muertes y desapariciones, Athena los perdonó a ambos de igual manera, sin embargo Saga era venerado, se decía lo inteligente que era por aquella traición, cuando fue el quien la ideó. ¿ Qué ocurría? ¿Saga era inteligente por plagiar su plan y modificarlo de manera que el no entrase en juego pero el responsable de las muertes era él? No resultaba lógico que hablando de él se rieran y comentasen que era un chapuzas con los planes, lo era tanto como su hermano, estaba tan arrepentido como él, ambos habían luchado por purgar sus culpas pero para ellos jamás sería un compañero de armas.
La botella estaba ya prácticamente vacía, con la mano le indicó al camarero que le trajese otra de lo mismo.
Había pasado por muchos momentos malos en su vida, una infancia de mierda, siempre eclipsado por su hermano, no consiguió una armadura....y... Cabo Sunión... Durante mucho tiempo estuvo totalmente convencido de que jamás podría sentirse peor y tener tanto miedo como en aquella situación en la que sólo sobrevivió por la gracia de Athena y un golpe de suerte, se equivocaba.
Cuando caminaba no dejaba nunca de vigilar su espalda, cuando dormía despertaba cada rato esperando encontrar una conspiradora sombra que lo enviara de vuelta al Hades. Se estaba volviendo loco. Tal vez siempre lo estuvo, desde luego no había sido normal tirar por la borda los privilegios y el prestigio que como marina se había ganado. Mandaba sobre todos en ausencia del Dios, hacía su voluntad y en los ojos de aquellos muchachos veía respeto. Ahora sólo era un pobre diablo al que demasiada gente quería ver muerto.
Una sombra oscureció su rostro y la mesa en la que se encontraban el vaso vacío y la botella. Ni siquiera levantó la cabeza, supuso que era la botella que había pedido pero el camarero no la ponía encima de la mesa ni le decía nada. Entonces por su mente paranoica pasó la posibilidad de que aquella fuera la conspiradora sombra que diera final a su puta existencia. Una sensación agridulce y un escalofrío invadieron su cuerpo mientras alzaba la vista hacia su asesino. Cuando cruzó mirada con aquellos ojos dorados, cargados de orgullo e indiferencia se quedó sorprendido. En cierto modo era una sospecha acertada, de alguna manera aquel tipo había ocasionado su muerte al no tener manera de eliminarle sin dar su vida en el empeño.
Radamantis se alzaba ante él con una sonrisa irónica. Debía de parecerle realmente patético en aquel estado, desde luego no era digno de lo que fue.
Sin mediar palabra se sentó. El camarero llegó con la botella pedida, entonces se oyó por primera vez la profunda voz del juez.
- A mi me traes un wisky doble.
Sus ojos permanecían inertes sobre los del ex marina, parecía que realmente estuviera juzgando todos aquellos fúnebres pensamientos.
- ¿ Has visto un fantasma?
Obviamente aquello iba con sarcasmo, ambos murieron a la vez en la Guerra. A pesar de estar bebido estaba dispuesto a partirle la cara a Radamantis por aquello que el interpretaba como una provocación y un reto.
- Sólo a un gran gilipollas.
Kanon apoyó su mano en la mesa para poder incorporarse y darle una lección al espectro, sin embargo agarrando su muñeca con fuerza Radamantis le indicó que no lo hiciera.
- No he venido a pelearme... he venido a beber y he encontrado compañía.
El rubio se encogió de hombros, como si aquello fuera lo más obvio del mundo.
Kanon volvió a sentarse mirando intrigado como aquel daba pequeños tragos a su vaso. Ninguno de los dos habló durante un buen rato, el geminiano permanecía en estado de alerta mientras el otro apartaba de vez en cuando la mirada de su vaso para dedicarle una sonrisa divertida por su recelo, sus labios eran gruesos, de un color rojo intenso y estaban mojados por el licor. Se le hacían muy apetecibles y sensuales.
- No deberías estar tan jodido por algo que ya pasó y no tiene remedio.
Kanon parpadeó un momento, debía resultar muy obvio entonces.
- Yo no estoy jodido.
Radamantis emitió una sonora carcajada.
- Nooo... claro que no. Aunque por otra parte si te encuentras a un resonado traidor que intenta enmendar sus errores borracho y solo lo más probable es que está machacándose por lo que hizo e intenta borrar. Tu problema es que te importan los demás.
Kanon estalló en furia, no soportaba que aquel tipo supiera porqué se sentía mal y mucho menos que le diera consejo. Desgañitando su garganta y con voz más grave de lo habitual le espetó.
- Y tu qué coño sabrás?! Me tienes hasta las pelotas!
Al levantarse de golpe mientras alzaba su puño contra la cara del otro tiró la mesa, con los vasos y la botella. El golpe no llegó a su destino, dado que en el estado en el que se encontraba ni su puntería ni su fuerza eran las habituales, de modo que Rada lo paró sin dificultad con una sola mano.
Sus miradas se cruzaron apenas unos segundos tras los cuales Kanon vio difuminarse todo lo que se encontraba a su alrededor, incluido al propio espectro. Este le ayudo a sentarse de nuevo en la silla pero parecía no volver del todo en si.
Después de tranquilizar al empleado del bar y asegurarle que nada pasaba, llevó a Kanon hasta el servicio donde le mojó la cara y la nuca con agua bien fría durante un buen rato. Durante un breve espacio de tiempo pensó en dejarle allí tirado y ese deseo se hizo mucho más fuerte cuando el peliazul empezó a devolver, esa situación que duró un buen rato. Mientras estaba en el suelo ya con los ojos abiertos y simplemente sentado, el juez pudo observar sus enormes ojos esmeralda, sintiendo que eran tremendamente hermosos, tenían un deje de melancolía que se le hacían irresistibles.
Finalmente Kanon volvió a componerse y parecía relativamente lúcido. El espectro deseaba con toda su alma partirle la cara, desde luego era un comportamiento impropio y estúpido, empezaba a darle vergüenza haber sido eliminado por él. Sin embargo no le dijo nada, si quería autodestruirse era su problema, simplemente le llevó de vuelta a la mesa que alguien había levantado. Él no se sentó, siguió caminando y cuando había avanzado unos metros se limitó a decir.
- Por cierto, pagas tu.
La verdad es que después de haberle hecho de niñera no podía esperarse otra cosa que no fuera que pagara Kanon.
La mañana siguiente fue confusa para el ex marina. Se despertó con la ropa puesta en la cama de su habitación en el Templo de Géminis.
La cabeza parecía que iba a estallarle y su estómago era una montaña rusa. En sus doloridos tímpanos se machaba el incesante sonido de sartenes y tarteras chocadas en la cocina. Casi era la hora de comer. Sin duda alguna tenía que ser Saga, aunque generalmente no era tan ruidoso, seguro sospechaba que se había pasado bebiendo y lo hacía adrede para molestarle.
Se levantó y se dio una ducha, además de prepararse mentalmente para el dilatado sermón que tendría que escuchar por no haber ido a entrenar.
Al llegar a la cocina encontró todos los cacharros sucios y a su hermano comiendo. Como todos los días Saga había preparado comida para uno, aunque vivieran en el mismo templo cada cual hacía sus cosas. Comían a la misma hora y en la misma habitación pero por regla general no se hablaban si no era absolutamente indispensable, de todas formas siempre que lo hacían la situación terminaba invariablemente en discusión. A Kanon aquello le causaba tristeza, después de todo lo ocurrido creyó que cuando volvieran a verse, perdonados por la Diosa y conviviendo por exigencia de esta, todo sería mejor, que se comportarían como hermanos y no como dos desconocidos.
El menor tomó pan y algo de embutido para hacerse un bocadillo, no le apetecía cocinar. Pensaba comer en si habitación lejos de las miradas reprobadoras de su gemelo.
Saga debió intuirlo y por tanto comenzó.
- Casi me alegro de que no fueras a entrenar, me daría vergüenza que la gente te viese así.
Kanon bufó, ya estaba liada de nuevo.
- Problema tuyo, hasta donde yo se soy libre de hacer lo que quiera.
- JA!! Lo dudo mucho, tienes unas responsabilidades para con la Diosa!! Y además hay algo que se llama decoro y la fama de borrachos no es una reputación que los Santos de Athena queramos echarnos a las espaldas!
- Pues bien por vosotros, pero te recuerdo que yo NO soy un puto caballero de Athena.
- Nooo! Claro que no, nunca tuviste el tesón necesario para serlo. Aunque eso si, has logrado vestir gran cantidad de armaduras....- hizo una pequeña pausa y con una mezcla de desprecio y temor murmuró- ¿ A por cual vas ahora?
Ante aquella insinuación venida de la persona que esperaba que comprendiera mejor su arrepentimiento se sintió no sólo dolido sino rabioso, amarrando a su hermano por el cuello de la camisa y dejando su espalda pegada al frigorífico.
- No me jodas Saga! No me jodas que no estoy de humor! No temas por tu bonita armadura que ya no la quiero.
Saga tan altivo como su gemelo aferraba fuertemente la muñeca del brazo opresor.
- Sabes que no me refiero a la mía, sabes de sobra que me refiero a los sapuris!!
¿ Sapuris? ¿ Qué tenían que ver los sapuris con él? Había muchos Dioses ¿ Porqué Saga deducía que quería pasarse al bando de Hades?
Ante la cara de incredulidad de su hermano pequeño el otro se enfadó más aún.
- Si, sapuris! Anoche te vieron con Radamantis! ¿ Se puede saber porqué te gusta tanto jugar con fuego?
Kanon no pudo más que reír, se suponía que había paz con Hades pero si el se tomaba algo ( aunque eso no fue exactamente lo que pasó con Radamantis) con algún siervo de otro Dios todos suponían que tramaba una traición. Parecía mentira lo rápido que había corrido el chisme. Soltó el agarre, ahora era su hermano quien le miraba atónito.
- Eso te daría un buen motivo para volver a encerrarme en Cabo Sunión, ¿verdad? – un deje de amargura empañó su voz - Pues lamento decepcionarte pero Radamantis y yo sólo coincidimos en un bar... aunque se portó mejor conmigo que quien por sangre debería siquiera intentarlo.
Aquello le resultaba humillante. Sin siquiera comer enfiló la puerta y se marchó sin decir a donde. Mientras abandonaba el Santuario sin rumbo fijo notaba los murmullos a su paso y las renovadas miradas de su “ compañeros”, ya no eran de recelo, volvían a ser de odio. Comprendió al fin que por grande que fuera su arrepentimiento y por mucho que intentara sacrificar para merecer el perdón de la Diosa él estaría siempre bajo sospecha. No necesitaban pruebas, no precisaban de confesiones. Al fin y al cabo no tenía una personalidad malvada a la que culpar. Simplemente él era un traidor.
Se había pasado una semana vagando por la cuidad, durmiendo en cualquier parte y sin hablar con nadie más que lo absolutamente necesario. Tuvo la tentación de llamar a su hermano un par de veces, pero totalmente convencido de que este se alegraba de su marcha se negó a hacerlo.
Volvió al bar, a aquel lugar en el que un encuentro fortuito le había puesto de nuevo la etiqueta de traidor.
Nada más entrar vio que Radamantis estaba sentado en una de las mesas del fondo. Durante un segundo se quedó pensando qué hacer. Quería agradecerle su ayuda en su encuentro anterior pero a la vez aquello le había traído muchos problemas.
Antes de que pudiera decidir el espectro ya le visto y alzaba la mano para saludarle. Kanon seguía sin moverse. El juez, sonrió divertido y con la misma mano le indicó que fuera a sentarse con él. Esta vez si se acercó dispuesto a agradecerle a aquel tipo. Se sentó junto a él y clavó su mirada en la mesa.
- Quería agradecerte...
- ¿ Qué bebes?
El peliazul le miró molesto, sensación que se tornó por extrañeza al ver la sonrisa aparentemente sincera del kyoto.
- Cerveza...
Radamantis se encargó de pedirla y ya con sus bebidas los dos se sentían más relajados.
- Sabes... no me gusta nada beber solo. Me da la impresión de parecer patético.
- ¿Entonces porque vienes solo?
El rubio sonrió pero no contestó. Imaginaba que por su carácter arrogante no debía tener mucha gente con la que beber.
- Ya me enterado que a raíz de nuestro encuentro del otro día se comenta que te vas a volver a cambiar de bando...
El aludido bufó, era un tema que le causaba auténtica repulsión.
- ... Y que tu repentina huída hace sospechar que esos rumores son ciertos. Se dice que muchos de los caballeros y los marinas quieren ir a por tu cabeza.
- Que vengan.
No iba a amedrentarse, aunque le fastidiaba aquello no iba a escapar o a esconderse.
- No lo harán, la propia Athena ha dicho que el que alce su mano en tu contra será severamente castigado.
Su Diosa, siempre tan comprensiva. Ella no haría nada sin pruebas, le debía demasiado para haberse ido de la forma en la que lo hizo.
- Sorprendentemente y a pesar de lo mal que se dice que os lleváis tu hermano ha salido en tu defensa. Al parecer los caballeros piensan que es tu cómplice en la traición que en teoría estarías planeando. Le quieren muerto a el también.
Aquello si era sorprendente ¿ Habría creído Saga sus palabras cuando le dijo que no iba a traicionar a la Diosa?
- Pareces muy sorprendido.
- Un poco, no me llevo demasiado bien con mi hermano, y la Diosa ha confiado demasiado ciegamente en mi.
- Se..
Durante un buen rato ambos estuvieron en silencio, hasta que el espectro habló.
- Yo ya te lo dije, tu problema es que te importa la gente. Si hubieras pasado de todo lo que se murmuraba y te hubieses quedado en el Santuario no hubiera pasado de ser un rumor infundado.
- Ya... pero que es infundado lo sabemos tu y yo.
- Al final las cosas se olvidan, las malas acciones tardan más en ser borradas pero tarde o temprano los hechos hablan por si solos. Si te rindes los esfuerzos que hayas llevado a cabo habrán sido totalmente inútiles.
Aquello era muy cierto. De nuevo Radamantis le rescataba de si mismo. En aquel momento se fijó en que la impresión que sus labios le habían dado la vez anterior era totalmente acertada, eran muy sensuales. Además su sonrisa pasaba de pícara a confiada, aunque en contadas ocasiones, como aquella, le mostraba una que parecía mucho más sincera e infantil. A leguas se veía que el juez era un hombre muy atractivo, sin embargo aquella sonrisa le realzaba todavía más.
Nadie dijo nada más. El rubio se levantó de la mesa dejando unos cuantos billetes sobre ella.
- Esta la pago yo... te dejo pagar la próxima.
Esta vez le miraba mientras se dirigía a él y volvía a dedicarle aquella sonrisa.
La conversación con Radamantis le había dejado muy intrigado, deseaba saber más acerca de un asunto que le implicaba directamente y del que apenas sabía la causa. De todas formas a su Diosa le debía todo el respeto y agradecimiento, de forma que era impensable no acudir a explicarle lo ocurrido.
A medida que se internaba en el Santuario veía cada vez más caras de asombro y más gestos de desaprobación, a pesar de eso intentó no hacer caso y seguir directo hasta la tercera casa, el Templo de su hermano. Esa perspectiva le provocaba tanta intriga como miedo, sin embargo después de atravesar los dos primeros templos en los que sus guardianes se negaron siquiera a saludarle no encontró a nadie allí. Se sintió bastante decepcionado al no encontrarle, en el fondo seguía siendo su hermano y le extrañaba.
Cuando llegó a la Sala del Trono pudo ver a su Diosa, como era de esperar acompañada del Patriarca Shion y sorpresivamente de Saga.
La calidez de cosmos que emitía le invitaba a relajarse. Al mirar su puro rostro vio una dulce sonrisa, su mirada infinita parecía comprenderlo todo. Simplemente sintió que no había nada que explicar porque ella en su magnificencia sabía cuales eran sus determinaciones y el alcance de su arrepentimiento.
- Bienvenido Kanon, has estado mucho tiempo fuera de casa. Debiste haber descansado antes de venir a verme, no era precisa tanta premura.
Su voz suave le indicaba la confianza depositada en el, por un momento se sintió como un niño cuando tras haber hecho algo mal corre a los brazos de su madre.
- Mi señora... vengo a explicarle... mi ausencia no fue debida a lo que se cuenta.
La Diosa sonrió.
- No es necesario que te expliques Kanon, no se que te llevó a marcharte- dedicó una fugaz mirada a Saga- pero se que nada que pudiera volverse en mi contra. Ve a descansar. Es agradable volver a casa.
Salió de la estancia, a una señal de la Diosa también lo hizo Saga y ambos caminaron por los templos hasta Géminis. No hablaron durante el trayecto ni cuando al llegar a su destino ambos se sentaron frente a la mesa de la cocina. Kanon harto de tanto silencio tomó la decisión de irse a dormir. Tan solo logró dar vueltas en la cama, hasta que la puerta se abrió muy despacito y en silencio, dejando entrar la luz del pasillo y a su hermano. Este se sentó junto a él, en la cama, sabía perfectamente que estaba despierto porque se había incorporado. No hubo palabras, simplemente le dio un fuerte abrazo. Kanon pudo notar en su hombro un par de gotas de agua.
- Me tuviste muy preocupado, sin llamar ni aparecer y todos los caballeros pensando que eras un traidor... creí... que ...tal vez...
- Naaa.. sólo estaba un poco ofuscado. No tuve ningún problema, de hecho si no hubiera sido por Radamantis no me hubiese enterado de todo el problema que se había formado.
- ¿ Radamantis?
- Si, volví a encontrarme con el, me convenció para que volviese y lo aclarase todo. Aunque creo que Athena ya lo tenía claro.
El rostro de Saga dejaba ver una sombra de duda.
- Creí que había sido un encuentro fortuito.
- Si, y lo era, pero debe pasar mucho por ese bar y no le gusta beber solo. No te preocupes todo bien, me ayudó. ¿ No se supone que estamos todos en paz?
- Si, se supone.
Kanon le devolvió el abrazo a su hermano.
- No te preocupes.
- Kanon... tu...¿ No te habrás liado con Radamantis?
El pequeño se sorprendió por la pregunta, aunque se repuso enseguida.
- ¿ Tendría algo de malo?
- Es un juez del infierno.
- Así igual me ofrecen una reducción de pena... que buena falta me hace.
- Estoy hablando en serio.
- No... no estoy con él. Aunque no tendría nada de malo que así fuera.
Saga le miró con recelo.
- Supongo que tienes mejor gusto.
- ¿ Mejor gusto? A mi me parece muy atractivo.
- Por Dios... es arrogante, déspota y físicamente tampoco es perfecto. Debería pasarse un corta césped por el entre cejo.
- Jaja... Y bueno...lo de las cejas es cierto pero sus ojos dorados hacen que no se note, además sus labios son muy sensuales. Además, aunque es un tipo solitario y con mucho carácter no es malo.
- Creo que voy a cambiar mi pregunta... ¿ Te gusta Radamantis?
Ahí si que Kanon se quedó sin respuesta alguna.
Kanon se sentía muy confuso, sus sentimientos eran apresurados, apenas conocía nada de aquel hombre, sin embargo no podía dudar que se sentía muy interesado en él.
Volvió al bar unas cuantas veces las semanas sucesivas pero en ninguna ocasión le encontró. Se sentía terriblemente mal, esperaba con ansiedad volver a verle pero la fortuna que un día los cruzó se le negaba. Tampoco se sentía en confianza para ir a buscarle al inframundo, no sabía con que excusa presentarse sin parecer un adolescente enamorado.
A pesar de esto seguía visitando el bar siempre que podía. Al principio Saga no estaba muy de acuerdo en que buscara al espectro aunque finalmente al ver la ansiedad con la que su hermano precisaba verle decidió apoyarle.
Pasaron un par de semanas hasta que finalmente le vio llegar mientas tomaba algo mirando cada rato a la amplia cristalera. Por primera vez vio un atisbo de duda en la actitud del espectro cuando caminaba hacia la mesa donde él estaba sentado.
- Hola
Esta vez saludó aunque sin mucho afán.
- Hola ¿ Te pasa algo? Te noto decaído.
- No... ¿ Qué tal por el Santuario?
- Bien, mucho mejor con mi hermano, aunque la mayoría aún cree que pienso ponerme a trabajar para ti.
- Ummm... eso no estaría mal, la mayoría de mis espectros son unos inútiles.
El tono de Rada era de broma y en la misma actitud contestó el otro.
- De eso nada, o me hacéis juez o no hay trato.
Ambos rieron pero a Radamantis se le notaba sin ganas. Apenas había probado su wisky.
Kanon se pasó toda la tarde intentando sonsacarle y animarle sin embargo sus esfuerzos eran inútiles.
- YA! Yo no tengo dotes de adivinación, así que cuéntame que te pasa. Tal vez pueda ayudarte.
El otro no contestaba, sólo le clavaba aquellos intensos ojos. De repente la mano del espectro rozó un mechón rebelde que reposaba sobre el rostro de Kanon para apartarlo.
- Eres un tipo muy extraño, Kanon.
Aquel pequeño roce hizo acelerar el corazón del ex marina, no encontraba explicación para la atracción que le provocaba el espectro.
No sabía que hacer en aquel momento, ni que contestar, así que se levantó.
- Voy al servicio.
Corrió a refugiarse lejos de aquellos ojos que parecían perforar su interior. Una vez cerró al puerta se tranquilizó un poco. Durante un par de segundos tomó aire y procuró no pensar en ello.
La puerta se abrió, no le extrañó podía ser cualquiera, aunque pronto descubrió que no era así. La persona que había entrado se dirigió directamente hacia él, que estaba de espaldas, y abrazándole desde atrás empezó a besar su cuello. Se sobresaltó mucho al notar aquello y lanzó el codo hacia atrás pero esa persona le atajó apretando más el abrazo.
- Déjate ir, te va a gustar.
Aquella voz era de Radamantis, era él quien estaba besando su nacarado cuello. A pesar de haber escuchado claramente su voz se giró para poder verle bien. Quería asegurarse de no estar cometiendo un error. Sin embargo no lo era, allí estaban aquellos intensos ojos mirándole con algunas dudas y ligeramente ¿ asustado?
Entonces fue Kanon quien tomó las riendas, al fin y al cabo para él el juez ya lo había hecho todo. Tomando su cuello entre sus manos acercó aquellos sensuales labios para poder devorarlos con pasión, lo que había deseado desde que reparó en ellos. No sólo se dedicaba a besarlos, sino que los lamía y mordía suavemente.
Pronto bajó por su cuello lamiéndolo delicadamente mientras desabrochaba lentamente todos los botones de la camisa del otro. Entonces se dio cuenta de que en el pecho no tenía un solo vello, Kanon sonrió ante la idea de que se depilara el pecho pero no las cejas. Su lengua continuó explorando aquel territorio y deleitándose en aquellos sonrosados pezones mientras Radamantis gemía bajito.
Continuó su descenso, lamiendo su duro abdomen y rodeando su ombligo. Llegó a la crucial línea del pantalón, pasó la mano por encima del miembro erguido del otro apretando ligeramente. Como pago obtuvo un fuerte gemido del otro.
- Shhh... ¿ Quieres que nos sorprendan?
Prosiguió desabrochando los ajustados vaqueros y bajándolos con ropa interior incluida para pasar la lengua por la punta del duro miembro de Rada haciéndolo estremecer y después engullirlo por completo succionando fuertemente. El espectro gemía, se aferraba a sus cabellos y disfrutaba como nunca de aquello. El peliazul había llevado su mano hasta los testículos del otro y los acariciaba mientras continuaba su labor. Después de un rato corto llevó su mano hasta su trasero y le introdujo un dedo, por lo visto lejos de dolerle le gustaba, porque con la mano iba marcándole a Kanon un ritmo cada vez más elevado.
Finalmente y con un gemido sofocado Radamantis terminó en la boca del otro que tragó todo sin problemas.
Ahora era su turno, le dejó respirar unos segundos antes de apoyarle contra la pared y volver a introducir un dedo en su interior. Tardó muy poco en introducir el segundo y moverlo para terminar de dilatarle pues estaba ya muy excitado y deseaba poder hacerlo ya. La verdad es que el espectro lo ponía todo de su parte y se movía de manera que el mismo se hundía los dedos más. Su cara de placer le causaba ganas de embestirle directamente pero esperó a introducir un tercer dedo y a que su pareja se acostumbrara a él.
Finalmente se colocó en su entrada y de manera firme le penetró. Lejos de parar un momento el nuevamente excitado Radamantis aceleraba la marcha mientras colocaba una de las manos del otro en su entrepierna para que la agitara al mismo ritmo que las embestidas. Los vaivenes y los gemidos se sucedieron durante unos minutos hasta que finalmente el espectro terminó de nuevo y Kanon se dejó ir al fin.
Nada más terminar se vistieron apresuradamente y salieron de vuelta a su mesa donde el camarero ya se pensaba que se habían ido sin pagar.
Kanon pagó las bebidas y salieron del local. Caminaron hasta casi los límites del Santuario, donde en una zona oscura al fin el espectro se paró. El mayor supuso que estaba tan desubicado como él.
- ¿Vienes a tomarte algo a casa?
- Va a ser mejor que no.
El peliazul se sintió un poco decepcionado. Suponía que había sido un polvo y nada más, aunque le hubiera gustado otra cosa.
- ¿Porqué no?
- Porque soy un espectro y eso es el Santuario de Athena. A ti te gusta atraer problemas.
- ¿ Qué problemas?
Rada le miró irónico.
- La sospechas acerca de un posible cambio de empleo por tu parte.
Radamantis se acercó a él, sugerente, pegándose a su cintura.
- No te preocupes, nos seguiremos viendo... siempre que pueda escaparme.
- ¿ Viéndonos? ¿ En el bar?
- No... debemos buscar un sitio más íntimo para algunas cosas... no creas que voy a dejarte ir sin probar ciertas cosas.
El rubio bajó su mano acariciando su trasero. Después de dedicarle una sonrisa cargada de intención le besó suavemente en los labios.
- ¿ Qué te parece si hoy no vas a dormir a Géminis?
Kanon se limitó a morderle el labio inferior y a alejarse del Santuario cogido de su mano.
AGRADECIMIENTOS : Niriel, Ghy y Geion, sin vuestro apoyo me hubiera metido en cama en lugar de terminar este fic. Muchas gracias. |
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