Pegasus Fantasy
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<  Yaoi Oscuro   ~  Mecánico (Songfic) *NC-17* [AiacosxMinos]

Derkez
Publicado: Sab Jul 07, 2007 8:26 pm Responder citando
Myu de Papillon Myu de Papillon
Registrado: 30 Jun 2007 Mensajes: 131 Ubicación: En algún lugar del Inframundo, rodeado de flores Reputación: 3.1

¡Hola otra vez! En esta ocasión, me doy la oportunidad de publicar esta... perversión XD En cierto modo, me ha costado lo suyo, porque la inspiración se me esfumó, así sin más ¬¬u Pero bueno, espero que no esté tan mal, quizás algo raro, como de costumbre








<div align="center">Advertencia: Este fic contiene Lemon. Lectura sólo para mayores de edad.</div>












<div align="center">Mecánico</div>









Hacía poco que la tarde había comenzado a agonizar. El sol descendía perezoso por el horizonte, jugando entre edificios, adormeciendo a toda la ciudad. Y como era costumbre, ahí estaba él, dispuesto a cerrar su estación de servicio y taller mecánico a tan hermosas horas. No acostumbraba a hacerlo tan temprano, pero aquella fecha era especial. Tras haberse pasado todo el día entregado a la rutina, recogió todo aquello que había utilizado durante su jornada laboral. Tras unas horas, consultó el reloj. Las diez de la noche. De una mesa, tomó unas herramientas y se introdujo bajo uno de esos autos que aún tenía que arreglar, dejando que uno de sus compañeros terminara de dar por finalizada su jornada y se despidiera de él. Se había sumergido tanto en su tarea que no oyó el ruido de pisadas acercarse, tan sólo fue consciente de que había alguien a un lado del automóvil que arreglaba cuando captó el incesante movimiento de un pie golpear el suelo con insistencia. Reconoció aquellas botas negras con algunos detalles metálicos. Una sonrisa maliciosa se formó en sus labios e, impulsándose, salió de debajo del vehículo. Se incorporó para volverse hacia aquél que había interrumpido su trabajo.





<div align="center">Imagine you were at my station
And you brought your motor to me
Your a burner yeah a real motor car
</div>





Apoyado en una de las puertas del automóvil, se hallaba un hombre de unos veintitrés años, de cabellos largos y blancos, una arrebatadora mirada ámbar, piel de porcelana, irresistible sonrisa, facciones hermosas, y cuerpo de infarto. Las ropas de cuero que vestía, se pegaban a cada parte de su anatomía, resaltándola de manera abrumadora. Aiacos se acercó hasta él, limpiando sus manos engrasadas en el trapo que, momentos antes, llevara amarrado en el mono. Se detuvo frente al hombre de cabellos blancos, mirándolo con intensidad.

-Vaya, creía que te ibas a pasar el día ahí debajo -resopló el hombre vestido de cuero.

-Ya ves que no -respondió el mecánico, tirando el trapo a un lado-. ¿Dónde lo tienes?

El otro le hizo un gesto para conducirlo hasta la zona de repostaje. Se detuvo junto a un deslumbrante descapotable de un negro brillante. En la superficie del automóvil podía apreciarse un perfecto dibujo de un Grifo, a ambos lados del coche, que representaba al mitológico animal en pleno vuelo. El hombre de cabellos blancos se detuvo junto al vehículo, acariciando la superficie del metal.





<div align="center">Said you wanna get your order filled</div>





-¿Y bien? -le preguntó-. ¿Vienes a que te arregle algo, Minos?

El aludido dejó su tarea, mostrando una sonrisa pícara.

-Esta vez no. Por suerte no ha sufrido ningún accidente -dijo, mirando de reojo el descapotable-. Me gustaría que llenaras el tanque.

-En ese caso, sígueme -Aiacos se giró, conduciendo al hombre de cabellos blancos a una pequeña recepción.

Minos no pasó por alto el desorden que mostraba el lugar. Los papeles estaban repartidos por doquier, así como algunas cosas más. Sonrió el ver una caja registradora medianamente suspendida en el aire, esperando que alguien la deslizara algo más del mostrador para caer al suelo. La situación en la que se encontraba aquél objeto la había provocado él, al moverse descontroladamente en otra ocasión.

Tras observar cómo el mecánico de cabellos azabache lavaba sus manos en una pila de agua, Minos se acercó a una mini cadena situada sobre una estantería. Colocó un disco en esta, y, al instante, un sonido brutal llenó el ambiente. Una voz gutural envolvió la habitación, provocando que Aiacos girara el rostro mientras enarcaba una ceja. El noruego agitaba velozmente la cabeza, provocando que sus deslumbrantes cabellos blanquecinos se enredaran sin remedio. Minos solía estresarlo algunas veces. Una vez secó sus manos en una toalla, se acercó al otro.

-¿Habías venido a que te llenara el tanque o a representar un concierto de Black Metal? -fue la sarcástica pregunta del nepalí.

El noruego cesó su actividad, girándose a mirarlo con una sonrisa sugerente en los labios.

-Ya sabes que siempre me gusta tratar estos temas al extremo -explicó mientras se atusaba coquetamente los cabellos.

Aquello le sacó una risa a Aiacos. Minos siempre vivía al extremo, y, como consecuencia, él también se veía arrastrado a ello.

-Bueno, ¿vas a quedarte todo el día ahí? -el hombre de cabellos blancos instó a Aiacos a moverse, mientras se sentaba a medias sobre el mostrador-. No tengo mucho tiempo y temo que cuando vaya a irme, en lugar de mi deportivo, encuentre la nada personificada.

El mecánico esbozó una sonrisa y se acercó a él.

-Vaya, parece que hoy ya has venido preparado, ¿verdad? -comentó, oliendo los cabellos del otro-. Ya sabes que ese perfume me descontrola...

-Con algo tengo que incitarte, ¿no crees? -rió Minos, mientras sus dedos jugueteaban con la cremallera del mono que vestía Aiacos.

-Ya basta con tu sola presencia -el nepalí no dio tiempo a réplica alguna por parte del noruego, apresando los labios del otro en un gesto desenfrenado.


Las manos de Aiacos comenzaron a deslizarse por el cuerpo del otro, colándose entre sus ropas, haciendo que este se estremeciera y reaccionara. Minos se complació al ver aquella reacción en el nepalí, por lo que dejó que el otro hiciera lo que deseara. Pero, eso no significaba que se quedara de brazos cruzados. Lentamente, deslizó la cremallera del mono de Aiacos, dejando caer la prenda a partir de la cintura. Se entretuvo jugueteando con sus manos sobre la camiseta que vestía el otro bajo la prenda que acababa de quitarle.

Aiacos se dedicaba a deslizar sus manos por el cuerpo del noruego, grabando en su mente cada palmo que recorría. La ropa que llevaba pronto fue un estorbo, por lo que comenzó a deshacerle de sus vestimentas. Estas caían al suelo sin ninguna consideración, llegando a quedar tendidas sobre este tras haber sido lanzadas con violencia.

Minos se sentía sobreexcitado. La brusquedad con la que Aiacos lo desvestía hacía crecer sus ansias, así como la música que retumbaba por toda la habitación.

El nepalí, tras haberse desecho de la cazadora de cuero y la camiseta que envolvían el cuerpo del noruego, lo fue recostando sobre la superficie del mostrador. A Minos no le importó sentir la frialdad que le transmitió la superficie de mármol, todo lo contrario, la agradeció; su calor corporal era demasiado alto.

Los labios de Aiacos se deslizaron desde los del noruego hasta el cuello de este, no dejando sin explorar ningún tramo de aquella tersa y blanca piel de su amante.

Tan pronto como Minos pudo deshacerse de aquella maldita camiseta que le privaba del contacto con el torso del mecánico, comenzó a acariciar el perfecto pecho de este.

Ambos notaron el grado de excitación en el que se encontraban, haciendo que no sólo el calor que ambos sentían fuera algo molesto.

-¿Qué tal lo has llevado desde la última vez? -preguntó Minos, una vez que separó un poco a Aiacos de sí, para poder verle el rostro.

-Ahora te lo demostraré -fue la respuesta de Aiacos.

El nepalí centró su atención entonces en la hebilla del cinturón que ceñía la cadera del noruego. Pronto el objeto acabó en el suelo junto a las demás ropas, permitiéndole a Aiacos poder deshacerse de aquellos molestos pantalones de cuero que tanto le gustaba verle puestos a Minos.


Y mientras de fondo seguía sonando aquella canción de Mayhem, los dos continuaron con el intento de desvestir a aquél que siempre ocupaba sus sueños más pecaminosos.

Tras sólo haber conseguido deshacerse de la camiseta del nepalí, Minos cesó todo movimiento. Aiacos, que únicamente tenía la bragueta desabrochada, deslizó sus manos por todo el tórax del noruego, bajándolas hasta el vientre y más allá. Cuando llegó hasta la entrepierna de su amante, jugueteó con la prenda que cubría el sexo de este, haciendo que la respiración de Minos se acelerara. Una sonrisa torcida se hizo presente en el rostro del nepalí. Luego de haber torturado lo suficiente al hombre de cabellos blancos, el mecánico introdujo su mano furtivamente en la única prenda que vestía el noruego. La retiró lentamente, haciendo que Minos se desganara de impaciencia. Se complació de verlo excitado de semejante manera.





<div align="center">Made me shiver when I put it in</div>





Por un momento pensó en divertirse, viéndolo gritar de placer debido a sus caricias, pero, tras pensarlo mejor, optó por proclamarse dueño de aquél cuerpo que tantas veces había poseído ya con anterioridad y las mismas había seguido deseando poseerlo nuevamente. Bajó por completo sus pantalones junto con su ropa interior, liberando así a su miembro de la presión que aquella tela ejercía sobre él.

El otro cerró los ojos, deseando, ansiando sentirlo dentro de sí. Agarrando las caderas de Minos, atrajo al noruego hacia su cuerpo, introduciéndose dentro de él de una contundente embestida. Aiacos no dio tiempo a que palabra alguna saliera de los labios de su amante, sellándolos con agresividad.





<div align="center">Pumping just won't do ya know luckily for you</div>





Los pálidos brazos del otro se cernieron en torno a su cuello, para que luego aquellas manos que tan bien sabían atender su piel, se fueran deslizando por su espalda lentamente, haciendo que un estremecimiento, en el cual se mezclaban numerosas emociones, se apoderara por unos instantes de su cuerpo. Comenzó a moverse, de manera que cada vez pudiera introducirse más en el interior de Minos. El noruego acompañó su desenfrenado danzar, siguiendo el ritmo que imponía aquella bestial melodía que los envolvía a ambos, avivando más la llama de la pasión que siempre permanecía encendida en ellos cuando se encontraban juntos.

El nepalí interrumpió el contacto entre sus labios cuando el movimiento se tornó más violento, apartando su rostro lo suficiente para observar el de Minos, el cual mostraba un gesto indescifrable. ¡Cómo le gustaba verlo ciego de placer!
Aiacos centró toda su atención en el pálido cuello de su amante, haciendo que sus labios y sus dientes se turnaran en su labor de marcarlo.

Minos aprovechó la ocasión para vengarse por la tortura que antes había recibido del mecánico. Acercando sus labios al oído de aquél que se movía desenfrenadamente dentro de sí, jadeó todo el placer que sentía en forma de guturales suspiros.
Notó la creciente excitación que su reacción provocó en el cuerpo de Aiacos, haciendo que la danza a la que ambos cuerpos se sometían, fuera aún más violenta de que lo ya lo era.

Una tensión en el nepalí, le indicó al noruego lo que vendría. El semen de este bañó su interior a la misma vez que un grito gutural se escapaba de su garganta, mezclándose con el sonido de aquella voz desgarradora que se abría paso entre la melodía de las guitarras. Al parecer, a Aiacos le había excitado sobremanera aquella acción de Minos. Este último no pudo contener aquella sensación que se había apoderado de sí e, igualmente, se dejó de ir con violencia, esparciendo su sustancia entre los dos sudorosos cuerpos.

Minos se dejó caer sobre la superficie del mostrador, intentando acompasar su respiración. Aiacos salió de él entre jadeos, sin dejar de observar aquellos ambarinos ojos en ningún momento.





<div align="center">Whoever thought you'd be better
At turning a screw than me
</div>





No obstante, la sesión no había hecho más que empezar. El noruego se lanzó a los brazos del nepalí, haciendo que este lo alojara en ellos algo divertido.

-Aún te queda mucho que aprender -le comentó Minos, moviendo sensualmente su dedo índice sobre el rostro tostado del otro.

Aiacos sonrió.

-¿Acaso no te he llenado satisfactoriamente el depósito?

El noruego sacudió la cabeza.

-Deja que yo me sirva -respondió.

Acto seguido, se arrodilló frente al otro, de tal forma que su rostro quedara a la altura de su entrepierna. Minos sonrió al observar el estado en el que esta se encontraba. Sin decir nada, alojó el sexo del mecánico en su boca.

Aiacos tuvo que agarrarse al mostrador con ambas manos para no moverse, mientras cerraba los ojos con fuerza. Notó cómo su excitación pronto comenzó a crecer nuevamente a la misma vez que el noruego atendía a su miembro.

Con la brutal melodía de fondo que seguía retumbando en aquél cuarto, Minos se dedicó a deslizar su lengua en espiral por toda la extensión del sexo del nepalí. Sabía muy bien cómo hacer que Aiacos se estremeciera por completo de placer.

De nada le sirvió al mecánico haber intentado regularizar su respiración momentos antes, ya que, de nuevo, esta volvía a convertirse en jadeos. En alguna que otra ocasión, un débil gemido escapaba de aquellos labios entreabiertos, que pugnaban por no dejar salir sonido alguno.

El noruego aprovechó la situación para deslizar sus manos por la espalda del otro, terminando su recorrido en donde esta pierde su nombre.

Pronto, sintió cómo Aiacos movía débilmente sus caderas, en un intento de controlar aquellos movimientos esporádicos que se habían apoderado de su cuerpo, provocados por su sistema nervioso, haciendo que la labor que desempeñara Minos fuera algo más complicada.

Un incremento en la velocidad del movimiento del cuerpo del nepalí, hizo que el noruego se preparaba para recibir la semilla de este. Y, antes de lo que hubiera pensado, notó aquél cálido y espeso líquido jugueteando a colarse entre su lengua y la punta del miembro.

Con una sonrisa rebosante de lujuria, Minos se incorporó para llegar hasta el rostro de Aiacos. En lugar de besarlo, sus labios optaron por adherirse al cuello de este, mientras su lengua trazaba un camino de deseo.





<div align="center">I do it for my life</div>





El nepalí, una vez dejó de apoyarse en el mostrador, apartó al noruego un poco de sí, necesitando que el aire viciado de aquél cuarto corriera entre ellos, transportando consigo las brutales notas de aquella canción que seguía desprendiéndose de la mini cadena.

Su amante lo miró, arqueando una ceja en gesto de extrañeza. Aiacos no le tomó importancia: debía de recuperar el aliento para lo que vendría. Mas cuando se disponía de nuevo a relajarse, unos dedos juguetearon traviesamente sobre su miembro.

-Parece que hiciera mil años que no pasabas a llenar el tanque -comentó el nepalí, en un vano intento de apartar la mano del otro.

-Ya sabes que sólo me gusta repostar en este lugar -respondió Minos, haciendo que sus palabras salieran de sus labios rebosantes de lascivia.





<div align="center">Made my drive shaft crank
Made my pistons bulge
Made my ball bearing melt from the heat
</div>





A pesar de que sus ojos se hubieran mantenido prendidos en aquellos ámbares que tan bien conocía, captó un movimiento que atrajo su atención. Lo que observó no hizo más que aumentar su temperatura, de tal forma, que llegara a sentir su sangre hervir mientras corría aceleradamente por sus vasos sanguíneos. La otra mano libre del noruego se encontraba sobre su propio miembro, acariciándolo.

Aiacos se sintió tremendamente abrumado por las sensaciones que se apoderaron de él. Instintivamente, se lanzó hacia Minos, apresando el cuerpo de este entre sus brazos. ¡Cuánto le agradaba sentirlo de aquella manera!

Casi al instante, sintió sobre su piel las manos del noruego, que se deslizaban suavemente pero con insistencia, pidiendo por más. Aquello lo excitaba sobremanera, el hecho de que su amante fuera insaciable, que cada vez le instara a superar lo anterior.

Con el cerebro completamente embotado de ciego deseo, correspondió aquellas ardientes caricias del noruego, las cuales hacían que su piel se erizara.

Nuevamente sentía cómo su excitación crecía, haciéndose evidente por su entrepierna. Captó la sonrisa divertida que se había formado en los labios de Minos, a pesar de que ambos estuvieran sumergidos en un frenético beso, mientras intercambiaban algo más que pasión.

Aiacos se sentía desorientado; era algo que su amante siempre le provocaba. Si bien seguía oyendo de fondo aquella bestial melodía que los incitaba a unirse nuevamente, no recordaba qué era lo que los rodeaba. Tampoco le importaba.





<div align="center">We were shifting hard when we took off</div>





Minos aprovechó la situación en la que se hallaba Aiacos para dejar de atender los labios de este y deslizar los suyos hasta el oído del mecánico.

-Ya sabes qué es lo que quiero -susurró con lascivia, para luego acompañar a sus palabras con un mordisco juguetón que dieron sus dientes en aquella piel.

Un estremecimiento recorrió todo el cuerpo del nepalí. ¡Por supuesto que lo sabía! Sujetando bien a su amante, Aiacos se introdujo de nuevo dentro de él. El compás al que ambos se entregaron fue muy par al anterior. El mecánico conducía al noruego hacia una de las paredes, mientras ambos andaban torpemente debido a la situación en la que se encontraban.





<div align="center">Put tonight all four on the floor</div>





Una lasciva idea cruzó fugazmente la mente de Aiacos, abriéndose paso en aquél mar de ciego deseo en el que se había convertido su mente. Apartándose lo suficiente tras haber salido de él, lo contempló.

Minos estaba dispuesto a reclamarle por su acción cuando una sonrisa cargada de completa lujuria presente en el rostro del mecánico lo acalló. Se preguntaba qué estaría pensando su amante.

El nepalí se liberó por fin del mono que había quedado sobre sus pies, sin habérselo llegado a quitar por completo. Una vez que la prenda quedó tendida en el suelo, a un lado, se apartó el cabello húmedo por el sudor del rostro, sin dejar de contemplar aquellos hermosos ojos ámbar que lo habían vuelto completamente loco.

-¿Sabes? Creo que es mejor que le pongamos más emoción al asunto... -comentó, deseoso por cumplir una de su muchas fantasías sexuales. Al ver la expectación de Minos, continuó-. ¿Qué tal si probamos otra postura?

Los ojos del noruego brillaron, deseosos. Iba a preguntarle qué es lo que pasaba por su mente, cuando se vio arrastrado al suelo. Aiacos lo giró, de manera que quedara con las rodillas y manos apoyadas sobre la fría superficie.

Minos, al captar las intenciones del otro, separó más sus piernas para, instantes después, poder sentir cómo el miembro de Aiacos se abría paso hacia su interior. Sus dientes apresaron su labio inferior, con la intención de poder mitigar el quejido que pugnaba por salir de su garganta debido a aquella intromisión. A pesar de que ya estuviera acostumbrado, seguía siendo una sensación bastante incómoda.

La voz gutural que acompañaba la música, marcó el inicio de aquella desenfrenada y brutal danza que los llevó a unirse de nuevo, mientras ambos cuerpos eran envueltos por las notas de aquellas desgarradoras guitarras.





<div align="center">When we hit top end you know it feels to slow
I'm giving you my room service
</div>




Minos había notado cómo la mano de Aiacos había hecho presa de su miembro, acariciándolo de manera que los sonidos que se escapaban de su garganta, descontroladamente, fueran más audibles.

El nepalí se movía impulsado por aquella lascivia que lo había cegado, aumentando cada vez más el ritmo y la violencia, si era posible. Los gritos de ambos se vieron eclipsados por el volumen de la música cuando llegaron al orgasmo.





<div align="center">And ya know it's more than enough</div>




Aiacos interrumpió aquella unión mientras sus jadeos se hacían más que audibles. Minos se tumbó en el suelo, fatigado. Nunca antes había tenido una sesión de sexo tan intensa cómo la que el nepalí le había dado aquella noche.





<div align="center">Oh one more time ya know I'm in love</div>





El nepalí se tendió a su lado. Sus ojos morados observaron las pálidas y hermosas facciones del noruego, que lo miraba intentando recuperar el resuello. Se sintió perder en aquellos ojos que le robaban el aliento cada vez que los sentía posados sobre él.

Su mano se deslizó por el rostro de porcelana de su amante, cuyo gesto logró sacarle a este una hermosa sonrisa agradecida. Sus ojos se cerraron lentamente, disfrutando aquél contacto.

-Creo que el coche sabrá pasar solo la noche -comentó Minos, socarronamente, provocando que una sonrisa se formara en los labios del otro.

Aiacos sentía cómo su pulso se había mantenido bastante agitado. No se sorprendía, puesto que ya sabía qué era aquello que Minos provocaba en su ser. Se sintió realmente afortunado de poder brindarle tales momentos, de ser el único en su cuerpo y, tal vez, también en su corazón.

Mientras el disco de Mayhem seguía sonando de fondo, el nepalí volvió su mirada hacia una de las ventanas. La noche hacía ya tiempo que acababa de cubrir con su oscuro manto al mundo, haciendo que este pudiera deleitarse con aquél hermoso titilar de las estrellas. Mas ninguna lograría eclipsar la belleza del ser que descansaba ahora a su lado.

Sintiendo cómo las brutales notas de la melodía le acariciaban la piel, Aiacos igualmente cerró los ojos. Quizás pudiera abrirse paso alguna vez en el corazón de aquél enigmático ser que lo había hecho caer presa de un hechizo. Mientras tanto, ambos seguirían compartiendo veladas como aquellas, en las cuales se entregaban algo más que deseo.







Canción: Mechanix de Megadeth





Traducción de la letra:



Mecánicos (Mechanix) - Megadeth



Imagina que estabas en mi estación (de servicio)
Y me trajiste tu máquina
Eres una turbina, sí, una verdadera máquina
Dijiste que querías que te lo llenara
Me hizo temblar cuando lo metí
Bombear simplemente no funcionará, por suerte para tí
Quien quiera que haya pensado que serías mejor
Atornillando que yo
Yo lo hago de por vida
Hiciste que mi arranque fuera manual
Hiciste que se me saltaran los pistones
Hiciste que se me derritiera la brújula
Metíamos los cambios duro cuando empezamos a andar
Esta noche pon las cuatro en el suelo
Cuando lleguemos a lo último, tú sabes que se siente bajar la velocidad
Te estoy dando mi servicio de habitación
Y sabes que es más que suficiente
Oh, una vez más, sabes que estoy enamorado






Vale, sí, quizás se me fue demasiado la cabeza poniendo de fondo a Mayhem, pero, joder, no me imagino a Minos sin escuchar a ese grupo, lo siento XD Quise hacer el lemon algo agresivo, es por eso que me moderé con algunas cosillas, pero creo que al final me ha salido medio raro T_T


Y creo que no me dejo nada más O.o



¡¡Muchas gracias por leerme!!! ^^
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