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| Eleniel |
Publicado: Mie Jul 04, 2007 1:45 am |
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Shaina de Ophiuchus

Registrado: 26 Jun 2007
Mensajes: 4193
Ubicación: en mi jangada
Reputación: 613.3   votos: 5
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Publicado en PF; 18/Jun/2007 07:48 GMT-3
Hola!
Iba a hacer copy/paste del post en el otro foro pero mejor no n.n
Sin embargo leeré lo que puse allá, porque ya no tengo ganas de pensar una intro distinta x´´´P
Este fic viene desbarrancando desde el comienzo. Pensé que sería una cosa, la idea era buena; pero luego me detuve y retomé varias veces en el proceso, y eso me terminó jodiendo el plan original. Recuéndenme la próxima vez, sentarme y escribir las cosas de corrido
Más que nada los fics que traje a este foro son en tono de comedia y llenos de malas palabras, chistes tontos y situaciones poco serias. Este fic no tiene nada de eso, así que no esperen reirse... se reirán a lo sumo porque es muy malo, pero no era la intención cuando lo escribí- Terminó teniendo un tono algo gótico y es una pedorrada, ya saben. Nunca les mentiré promentiendoles un gran fic.
El tema que usé es de Megadeth, ese tema me partió la cabeza con la música cuando lo escuché por primera vez. Y la segunda, cuando le presté atención a la letra, me enamoré completamente. Solo un máster como Mustaine-sama podía simplificar tanto y tan bien, acertándole con lo que pienso sobre el asunto de forma tan completa xD. I love you, Dave. Fuck James!
Es todo, les dejo el fic y si lo leen todo, considerense valientes cuak! |
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Saga de Hades---> HAGANLA DE NUEVO COMO ATHENA MANDA!!!!
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| Eleniel |
Publicado: Mie Jul 04, 2007 1:54 am |
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Shaina de Ophiuchus

Registrado: 26 Jun 2007
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Never Walk Alone... A Call To Arms
Como siempre le ocurría, en la calle ya no se sentía oprimido por las paredes de su hogar; sentía que podía ir a donde quisiese como si fuera él, y no otro, el amo de su Destino. Bajando por las aceras poco transitadas, Kanon creía rememorar tiempos en que había vivido en otro lugar, antiguo y poblado de muchachos que, como él, tenían una gran misión.
Pero no. Lo cierto es que había nacido en esa pequeña ciudad de Grecia y había vivido toda su vida con su hermano, Saga. Si bien eran gemelos, y por tanto, totalmente iguales físicamente, sus personalidades no eran ni minimamente similares. Saga era eternamente paciente, una persona que sabía lograr un objetivo mediante el trabajo constante y dedicado. Por el contrario, Kanon era impaciente y tendía a dejar las cosas por la mitad, apurado por pasar a lo siguiente. Y, además, Saga era infinitamente bueno y generoso, mientras que aunque Kanon no podría ser tildado de perverso, poseía una maldad recóndita y escondida en su interior, que en ciertas ocasiones afloraba destruyendo lo que tuviera a su alcance.
Esa misma maldad, mezclada con rencor a veces, y con una infinita tristeza otras, era la que lo impulsaba a lastimarse a sí mismo en ocasiones; no quería herir a su hermano. A menudo se encontraba pensando que había algo terriblemente mal en su interior, quizás en su cabeza, y llegaba la conclusión de que debía morir si no quería lastimar a sus seres queridos. Aunque había tratado de quitarse la vida, nunca había pasado de meros intentos como acercar un cuchillo a su muñeca para luego retirarlo horrorizado, o caminar hasta las vías del tren con el objeto de dejarse arrollar; pero luego se quedaba de pie y simplemente miraba pasar los vagones cargados de gente. Solía tener arranques de furia extrema que lo hacían pensar en las cosas más atroces, o romper objetos por el mero hecho de destruir algo, soltando maldiciones a cualquiera que se encontrase a su alrededor en esos momentos.
Era esa la ocasión, y los hermanos habían discutido fuertemente. Kanon cuestionaba la situación en la que vivían; no les faltaba nada, pero él siempre quería algo más. Algo le faltaba, pero no sabía precisar qué. Posiblemente fueran lujos lo que él quería, pensaba Saga, mas no era así. Simplemente, Kanon sostenía que ambos merecían algo mejor que vivir como personas comunes en una ciudad común, él tenía fija la idea de que alguna tarea importante les estaba reservada.
Su hermano mayor, aunque ya acostumbrado a esos arranques violentos y rayanos a lo paranoide, no estaba ese día de humor como para tomar en serio palabras tan absurdas. El otro, al no encontrar la reacción de siempre (una postura conciliadora), terminó por perder los estribos y echando pestes, dejó su casa, sin poder prever que más le hubiera valido quedarse allí.
Caminó durante horas, dando vueltas y mirando sin ver a la gente que caminaba junto a él o en la acera de enfrente, deteniéndose en algún que otro lugar para recuperar el aliento e intentar calmarse, sólo para encontrarse nuevamente con esas ideas que le venían a la mente y que no podía acallar. A veces sentía que él no era él. Era raro, y no sabía de nadie más a quien le ocurrieran cosas así, pero juraría que había una voz en su cabeza; una voz que le susurraba que debía recordar quien había sido, quien era, a quienes había conocido. Esos episodios solían tener lugar antes o después de confusos sueños. Sueños en los que invariablemente se percibía como poseedor de un gran poder, alguien importante, como un guerrero o un Dios. Algunas veces se veía a sí mismo con vestiduras que reflejaban la luz del Sol, y casi quedaba ciego ante su propio resplandor. Otras, tenía la sensación de estar en las profundidades más inalcanzables de la Tierra, sintiendo el rugido de las olas por sobre su cabeza en eterno vaivén; sin embargo en su sueño no había agua, sino un cielo sin estrellas sobre su cabeza.
Nunca había reunido el coraje necesario para relatar estos sueños, pues tenía la certeza de que su hermano lo haría encerrar de por vida. Él no estaba loco, sino más bien todo lo contrario; se sentía seguro de sus pensamientos y sentimientos, más cuerdo que nunca. Allí, sin dudas, había una gran verdad que esperaba a ser descubierta, y la voz en su cabeza no era otra que su propia memoria intentando aflorar.
Hiding in any doorway
In any shadow
Any place where danger waits to kill my time
Escondiéndome en cada portal
En cada sombra
En cualquier lugar donde el peligro aguarde para matar mi tiempo.
Un ruido agudo y un grito de terror lo sacaron súbitamente de sus periplos mentales, y con los ojos asombrados contempló una mujer que exhalaba su último aliento sobre el asfalto; sus labios jóvenes y carnosos dando bocanadas le recordaron a un pez que fuera del agua intentara respirar sin éxito. El pecho subió y bajó por última vez, al tiempo que los ojos perdían el brillo de la vida para pasar a simplemente reflejar la luz de la calle, sus piernas en una posición imposible de imaginar se aflojaron totalmente. Kanon experimentó una inexplicable mezcla de gozo y repulsión; el cadáver sobre la calle era un montón informe y enfriándose en el aire nocturno, una persona que acababa de desaparecer delante de él, que no tenía nombre, ni pasado ni futuro. Había muerto con evidente sufrimiento, pero ahora no podría decirse que sintiera dolor.
El conductor del auto, que apenas podía creer lo que sucedía, pedía a gritos una ambulancia, mirando a todos lados con sus pupilas dilatadas de puro pánico. Dirigió su mirada hacia Kanon, pidiéndole auxilio para la mujer, que de todas formas ya estaba muerta. Pero Kanon no podía dejar de mirar el cuerpo allí tirado, con sensaciones encontradas en su interior; acababa de presenciar una muerte violenta y antinatural, y sin embargo se preguntaba, ¿dónde había ido el alma de esa mujer? ¿quién se la había llevado?.
Un hombre rubio y alto se acercó al lugar y miró el cuerpo tendido, aparentemente intentando discernir si debía telefonear al hospital o a la morgue. Tocó la muñeca de la mujer e hizo una mueca.
En la oscuridad, a Kanon le pareció percibir un brillo rojizo, como un único ojo que no dejaba de vigilar nunca, pérfido y eternamente ligado a una tarea reprobable.
I'm coming and I won't be long
Time to reap what I have sown
I´ll never let you walk alone
Estoy yendo y no tardaré
Es tiempo de cosechar lo que sembré.
Nunca dejaré que camines solo.
Sólo considerar sus propios pensamientos fue suficiente motivo para echar a correr, adentrándose en la noche y olvidándose momentáneamente de todo lo demás. Una única idea ocupaba su mente; escapar de ese brillo que había creído ver. Se detuvo sólo cuando sintió que el costado le dolía demasiado como para seguir corriendo, y el aire frío quemaba en su garganta.
Apoyado contra una pared, intentó recobrar el aliento, alzando su mirada verdosa a un cielo plagado de astros. Hubiera jurado que percibió una sombra cruzando el firmamento por sobre su cabeza, pero en ese momento un mareo le quitó la chance de formular un pensamiento. Había corrido sin detenerse durante tanto tiempo que se había adentrado en uno de los barrios más pobres de la ciudad, y por ende, de los más peligrosos.
La gelidez del muro que le daba apoyo contrastaba con su cuerpo húmedo de sudor, y un escalofrío recorrió su espalda, bajando y partiéndolo en dos. Se sacudió ligeramente y se reprendió por haber sido tan estúpido como para ponerse en una situación de riesgo sin motivo valedero. Mirando a ambos lados en la noche, comprobó que estaba solo, y se sentó en la vereda, sus piernas adoloridas le pedían a gritos un descanso más reconfortante que ya no pudo seguir negándoles.
There is one who lies and waits
To seal your fate
As sure as you live and die
Hay uno que miente y espera
Para sellar tu destino.
Tan seguro como que vives y mueres.
Se encontró con sus ojos cerrados y la cabeza apoyada contra el muro, con la imagen de la mirada de la mujer agonizante en su mente. Ella tenía ojos azules, unos preciosos ojos que habían captado y reflejado la luz del ambiente, mezclándola con la luz propia de la vida. Pero además, ella había mirado algo antes de abandonar el mundo, como si por fin lo entendiera todo, como si hubiera hallado algo que había buscado durante mucho tiempo.
Y al encontrarlo, había muerto. Podría llamarse un final feliz, pensó Kanon y rió para él solo.
When you feel there's something wrong
I shelter you and keep you warm
I´ll never let you walk alone
I loved you when you still hated me
Cuando sientes que algo anda mal
Te cobijaré y te mantendré calentito
Nunca dejaré que camines solo
Te amaba cuando tu aún me odiabas.
Unos pasos se acercaron por la calle y al levantar su mirada se encontró con un hombre de rostro enjuto y ojos oscuros que lo observaba con una sonrisa de lado en sus labios. Inconsciente de su apariencia de niño perdido y esperando que su madre lo rescatara, Kanon sostuvo su mirada, intentando adivinar las intenciones de ese sujeto que había aparecido como surgido de la nada misma. Sin mediar palabra, el hombre sacó una hoja de acero que relució en la noche, y dando un paso hacia Kanon lo sujetó por el cabello y tiró hacia arriba, no dando más opción al muchacho que levantarse a regañadientes. Todavía sin caer del todo en lo que ocurría, el peliazul Kanon intentó zafarse del agarre apretando la mano que lo sostenía, más su fuerza no fue suficiente y solo se ganó una bofetada que le dejó un ardor cortante en la mejilla.
- Si te quedas quieto, no te dolerá tanto, muñeco –gruñó el sujeto con la voz cargada de morbosa lujuria, pasó la cuchilla de su mano a sus labios y comenzó a bajarse la bragueta mientras que con una mano aún apresaba a un desorientado muchacho que no terminaba de entender lo que le esperaba. Solo al ver el falo erguido comprendió que ese hombre no quería robarle el poco dinero que tenía encima; quería robarle su honor de la manera más baja.
Se quedó quieto y mudo, su miedo recorriendo su mente como si de un ratón encerrado se tratase, intentando encontrar la forma de escapar de su captor.
Never ever let you walk alone
I know your enemy once was me
Nunca dejo que camines solo
Se que una vez yo fui tu enemigo.
Se relajó contra su voluntad, comprendiendo que con su forcejeo sólo estaba ganando más y más golpes, y que eso no le convenía en la situación en la que se encontraba. El otro, al sentirlo ligeramente más dispuesto, sonrío con sorna y tironeó un poco más de su cabello, para empezar a quitarle los pantalones a su presa. Y fue en ese momento de distracción necesaria que Kanon encontró el momento indicado para voltear y golpear la mandíbula del depravado que había osado sugerir que le pondría un dedo encima contrariando su deseo.
Sorprendido con el golpe, el hombre soltó la presa y dio unos pasos hacia atrás, la mano en su quijada atenazada de dolor. Otro golpe de Kanon llegó a destino por sobre la cien de su enemigo, que cayó de rodillas en la acera y soltó la cuchilla.
Con manos apuradas y temblando, mezcla de miedo y emoción por haberse hecho con la libertad y el arma, Kanon tomó la afilada hoja en la oscuridad de la noche.
if you just call out my name
If you just call
call my name
felling desperate
Con solo llamar mi nombre
Si solo me llamas
Por mi nombre
Sintiéndote desperado.
- [/i] Muere maldito! Muere cerdo! [/i]– repetía Kanon una y otra vez, al tiempo que enterraba la hoja en el cuerpo del desgraciado que se había cruzado en su camino en mala hora, pues mala era de estrella de Kanon esa noche. – Muere!- gritó por última vez y se quedó de pie observando el líquido rojo y vital que se escapaba y ganaba terreno por el suelo rápidamente. Comenzó a retroceder, asqueado por el olor de la sangre y las vísceras que había saltado del cuerpo semi abierto, con la cuchilla en sus manos enrojecidas.
Había matado a un hombre. Y no lo lamentaba, después de todo, ese hijo de puta iba a violarlo como a un perro. Soltó una risa amarga que cortó el silencio de la noche, y al girar alertado por unas pisadas inciertas, vió a otro hombre que se acercaba corriendo hacia él, una mueca en su rostro.
En su mente percibió al cómplice del moribundo que venía a cobrarse justicia, atribuyendo el destello del reloj en la muñeca del hombre a una segunda arma. Se plantó firme, el brazo con la hoja mortal flexionado hacia arriba, dispuesto a matar o morir por segunda vez en la misma noche, y cuando su oponente estuvo lo suficientemente cerca, bajó su brazo y con un golpe letal, abrió su garganta en dos.
La sangre saltó al instante, negándole el tiempo necesario para apartarse y así evitar ser bañado en su viscosidad. Kanon protegió sus ojos con sus dos manos, girando y apartándose del segundo cadáver, hasta que la repulsión le ganó y apoyando una mano en el muro, dejó salir todo el contenido de su estómago. Se quedó intentando recuperar el aliento, al tiempo que el fétido aroma de los cuerpos y la sangre impregnaba el aire, y percibió que alguien más se le acercaba con pasos pesados y tranquilos.
Live and die
Live and die
Vive y muere
Vive y muere
En las sombras de la calle, una figura alta y orgullosa se erguía observándolo y a Kanon le pareció oír una risa que nada tenía de humano, burlándose de él.
- De qué te ríes, hijo de puta?! Te mataré como a estos dos! – desafió el joven, descontrolado y dispuesto a todo. Ya no tenía nada que perder, era un asesino.
- Kanon... Kanon... nunca cambiarás...
- Que?! Como sabes mi nombre?! Habla, rata! - arengó el peliazul, al borde del colapso, observando el avance de la figura encapuchada que se recortaba contra las sombras, como si su propia negrura fuese aún más intensa, más oscura.
Por toda respuesta se dejó oír otra vez esa risa cargada de orgullo y desprecio, más fría que la Luna, y la capucha cayó hacia atrás, revelando el rostro de un hombre de ceño tupido, tocado con una cabellera dorada, dorada como su mirada inconmovible. Si bien aparentaba ser joven, al menos de la misma edad de Kanon, a este le pareció que el visitante era infinitamente viejo y que poseía el conocimiento que solo viene con años incontables.
Un nuevo escalofrío recorrió al peliazul; conocía a ese hombre, lo había visto antes.
- Ya me olvidaste, Kanon? – preguntó el rubio, siempre avanzando hacia el otro, con sus ojos fijos en la mirada verde y asustadiza del asesino.
- TU! Estabas cuando la mujer se murió!
- Yo estaba mucho antes de eso. – afirmó el extraño y detuvo su marcha a unos pasos de Kanon. – Suelta eso – ordenó señalando a la hoja que el joven había vuelto a empuñar, y esta cayó al suelo con un tintineo, ante la mirada absorta de Kanon que no había podido negarse al pedido.
- ¿Quién eres? – fue la única pregunta en la mente del gemelo, que retrocedió asustado. Ese ser no era un hombre común y corriente. Algo en su mente se lo gritaba con una voz ensordecedora, debía escapar de él.
- Tengo muchos nombres, pero no importa cuál me des. Me llamaste y he venido. Ahora no te puedes arrepentir. – Su mirada dorada se clavó en la verde de Kanon, y una paz infinita se coló en el peliazul, como si se encontrara de pie ante un océano carente de límites, la Luna y las estrellas reflejándose en la superficie acuosa, tan quieta que la línea que delimitaba cielo y mar se perdía para siempre. En sus oídos pudo oír el viento, como si fuera el mismo tiempo cantando, y al instante los astros comenzaron a girar sobre él, para detenerse súbitamente, congelados otra vez. Perturbado pero calmo a la vez, volvió a la realidad con un pestañeo esmeralda, encontrando al visitante plantado delante de él, tan cerca suyo que con un movimiento lo hubiera rozado. Sin embargo, ningún calor se desprendía del cuerpo del rubio, ni tenía aroma, y hasta aparentaba carecer de peso; como una ilusión que fuera a desvanecerse como si de humo se tratara.
- Yo te llamé? – la voz pastosa de Kanon hubiera sido apenas audible, excepto para su compañero, capaz de captar cada susurro y pensamiento.
Let me wrap my arms all around you
suffer the trespasses that you made
I will drink your pain away
forever
Deja que te envuelva con mis brazos
Sufrir todas las transgresiones que has hecho
Me beberé tu dolor
Para siempre
-Hace años que me buscas. Te ofrezco la oportunidad de irte dulcemente, a diferencia de estos dos. Será calmo y sin dolor, como una última caricia, Kanon. Algo que no mereces, porque eres un asesino. – Casi pidió el rubio, sus ojos fijos en los de su presa.
- No. No lo soy. Me defendí – gimió Kanon, apartándose y llevándose las manos a la sien, en un vano intento por diferenciar realidad y sueño. – Solo me defendí!!!!
- Eso no te hace menos culpable. Míralos, están muertos. Y tus manos, manchadas de sangre. ¿Sabes lo que te espera si rechazas mi oferta...?Créeme que no todos son tan misericordiosos como yo. – el Juez caminó de nuevo hasta tomar a Kanon por sus brazos, atrayéndolo a él para susurrarle al oído. – Elige ahora. Puedo llevarme todo tu dolor, ese que has sentido desde que abriste los ojos a este mundo. Puedo ser Libertad para ti, si me dejas.
El suspiro de los vencidos salió de la garganta del peliazul, en total comprensión de que había ciertas cosas de las que no es posible escapar en este mundo. Había escapado de sí mismo durante toda su vida, había escapado de sus pares, refugiándose en su eterna soledad solo rota de a momentos por su hermano. Si elegía el camino fácil ahora, debería seguir rodando el mismo camino; escapar de las autoridades, condenado a ese anonimato que tanto le disgustaba. Y de todas formas, se sentía cansado de escapar.
Alzó sus ojos nuevamente, para encontrarse con ese par dorado carente de sentimientos que parecía pendiente de los suyos. En silencioso asentimiento, hizo un gesto calmo con su cabeza, apoyando su frente contra el pecho del ser que había estado esperando desde que naciera.
Los brazos fuertes del Juez lo rodearon, sosteniéndolo por la cintura y apretándolo contra ese cuerpo carente de calor humano, y en seguida una de las manos se movió subiendo por su pecho, hasta llegar a la barbilla del muchacho que ya no sentía miedo, sino una total resignación. Con un escalofrío, la mano alzó el rostro que tan hermoso se veía en la noche, acariciando con un dedo la superficie de los labios entreabiertos y vivos, deseando poder perder más tiempo con esos contactos que tan prohibidos tenía.
- No tengas ningún miedo. No sufrirás, porque tu belleza me cautiva, mi amor.- y sonriendo en una mueca que a Kanon le pareció lo más lejano a una expresión de alegría o emoción alguna, el Juez descendió sus labios hasta tocar los otros.
Un instante fugaz dura el beso, y al siguiente, los brazos del joven caen lánguidos, todavía sostenido por su inmortal amante, que aún lo contempla con cierto anhelo. Se sabe incapaz de conservar a ningún ser a su lado sin dañarlo de forma definitiva, pero tampoco puede evitar sentirse atraído por esa luz y calor que irradian. Lamenta profundamente haber robado la Vida del cuerpo de éste, tan perfecto que le ha hecho sentir algo dentro de su pecho, algo que es imposible que sienta; el latido de su propio corazón. Durante toda la vida de Kanon había seguido sus pasos en silencio y desde las sombras, protegiéndolo de todo posible daño, a veces cortando las vidas de otros antes de tiempo. Pero esa noche ya no podía perdonarlo, y con delicadeza lo tiende sobre la acera, demorando el abandono de su cuerpo, acariciándolo y sabiéndolo desvanecido de este mundo hasta que la hora de volver se cumpliera. Nuevamente esperar eones para que esa alma surgiera nuevamente, para poder acecharla y cuidarla al mismo tiempo.
- Tiempo. – pronunció el rubio en la oscuridad, y sus pasos se perdieron en la noche, repiqueteando en los oídos de algún otro mortal, que aunque de lejos, enviaba un nuevo llamado al Juez. |
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