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Aphrodita
Publicado: Dom Jul 15, 2007 9:15 pm Responder citando
Pegasus no Seiya Pegasus no Seiya
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Por siete vidas


Aphrodita


Escogí no hacer un songfic por que mis songfics apestan. Este es mi humilde y apestoso aporte a tan noble causa... Dedicado al Club Radamanthys x Kannon “Un Amor entre el Infierno y el Delirio del Mar” y a todos los que apoyaron el concurso (Del cual no participo por cobarde).


One Shot / Lemon:


Un rubio portando un holgado pantalón azul obscuro, con un apresurado caminar, observó el panorama en aquel bar... Una sola mesa vacía; se quitó su campera quedándose solo con una remera negra bastante suelta y se acercó a la barra, dispuesto a pedir su desayuno.

- Hola, buenos días... –Saludo la joven empleada.
- Hola... Un té común, eggs on toast, jamón, tocino, salchicha asada, cereal con leche, y... –Se quedó pensativo viendo la carta abierta sobre el mostrador – Aros de cebolla rebozados.
Un momento de silencio. La joven pelirroja con una estúpida sonrisa en sus labios se quedó estupefacta ¡Vaya que tenia estomago ese hombre! Además de mucha hambre, eso estaba claro.
- ¿Al-Algo mas?... –Dudó la empleada.
- No, eso es suficiente... ¡Ah!... –Recordó –Judías blancas con tomate, agregue eso por favor...
- ¿Espera su pedido aquí o quiere que se lo lleve a la mesa?
- No, prefiero esperarlo...

El joven apuesto apoyó su codo sobre el mostrador y su barbilla en la palma abierta de su mano, suspiró cansado ¿Cansado de que? Si no había ido a trabajar, quizás cansado de su vida lineal, monótona y aburrida.
Al mismo tiempo que el rubio esperaba su pedido, un peliazul abrió la puerta de aquel bar, observando con su mirada el panorama.
Kanon visualizó una mesa vacía y allí fue a sentarse, como burla del destino... Como si los Dioses lo hubiesen colocado allí a propósito, lo cierto es que el General de Poseidón no era el mismo desde Hades... Desde ya que no, una Guerra cambia a las personas, pero lo de él era un poco más complicado, sumido en la desesperación de no saber que hacer con su vida, cargando sobre sus hombros el estigma del traidor, suspiró, esperando a que alguien fuese a atenderlo, sin embargo escuchó una voz masculina exclamando a sus espaldas, algo molesto:

- Disculpa, ese era mi lugar... Yo estaba en la barra pidiendo, pero llegué primero.
- Podemos compartirlo... –Expresó el griego en un perfecto ingles, con un acento quizás algo extraño. –No me molesta...
- No se trata de que si a ti té molesta o no... Es mi lugar, yo decido... –El joven ingles se quedó con sus palabras atoradas a mitad de garganta, el hombre de facciones fuertes volteó para observarlo quedándose con cara de asombro --¿Qué? ¿Por qué me miras así?... –Preguntó, aun más molesto y sin opciones dejó su bandeja sobre la mesa y se sentó frente al extranjero.

Kanon se quedó estupefacto, sorprendido, abochornado, no había explicación pertinente para expresar su estado... Frente a él, un joven que conocía demasiado bien, o por lo menos había tenido el gusto de enfrentar en un pasado no tan lejano.

- Mínimamente dime como te llamas, y deja de mirarme así ¿Nunca viste a un inglés?...
- Kanon... –Respondió el General completamente ido acaso ¿No se daba cuenta de quien era?.
El rubio le dio un sorbo a su té, e ignorando al otro comenzó a comer, para luego preguntar con su boca llena:
- No eres de aquí ¿Cierto?... –El acento extraño le indicó aquello.
- Grecia... –Siguió Kanon contestando como telegrama.
- Eres raro ¿Te lo han dicho?...
- Sí...
Silencio...
- ¿Y?... –Pronunció el inglés posando sus profundos ojos sobre el griego.
- ¿Y que?
- ¿No me preguntaras como me llamo?... –Se ofendió el rubio.
Kanon arqueó sus cejas en señal de confusión, quiso creer que todo era una mala jugada de su mente, o que el otro era un espejismo, sin embargo el menor despejó, sin saberlo, su gran duda.
- No lo adivinarías ni en mil años... Es un nombre extraño...
- Señor ¿Ya sabe que va a pedir?... –Interrumpió un joven con una carta en su mano
- Radamanthys...

El General marino observó al muchacho que lo estaba atendiendo, pero después dirigió su mirada al inglés que le había confesado su nombre. Como pudo le contestó al empleado con una voz temblorosa.

- Lo mismo que él...

El mozo observo la bandeja del joven inglés y abrió sus ojos como plato, eso era como para dos personas si no mas, anotó en su pequeña libreta y despidiéndose se alejó dejando a los dos individuos solos.

- Pero me dicen Rada... –Acotó el rubio resuelto.
- Oh...

Fue lo único que pudo expresar Kanon, dándole la seguridad a Radamanthys con esa expresión y con su rostro, que estaba loco o algo por el estilo, acaso ¿Era retrasado o no entendía bien el idioma?.
El General sacudió levemente su cabeza y recordó, recordó que los Espectros de Hades, a diferencia de ellos que habían sido entrenados desde pequeños para portar una armadura siendo conocedores de su destino, los guerreros de Hades por el contrario habían sido humanos normales, que una noche, cuando el sello de Hades se quebró fueron convocados, reunidos para portar sus armaduras; cabia entonces la posibilidad que al volver a la vida lo hiciesen como humanos normales nuevamente, para continuar con sus vidas mundanas ¿Era eso? Pues, solo eran cavilaciones del griego, pero quizás no estaba tan alejado de la realidad... Radamanthys ¿No lo recordaba para nada? ¿No recordaba quienes habían sido en un pasado?

- ¿Qué haces?... –Pronunció Kanon tratando de salir de ese ensueño –Digo, eres de aquí ¿Cierto?
- Así es...
- Gracias... –Soltó el General cuando el mozo llegó con su bandeja.
- Trabajo, bueno ahora no... –Siguió Radamanthys. –Tuve un pequeño desgarro en el hombro –Sacudió el brazo izquierdo –Y me dieron días... Porque trabajo en el puerto, no les sirvo con el brazo delicado... Pero no es nada, algo mínimo, me molesta nada mas... ¿Y tu?

Kanon esbozó una pequeña sonrisa, Radamanthys, lejos de cómo lo había conocido y de la imagen que había formado de su persona, se mostraba como un muchacho común, despreocupado y simpático, muy expresivo y gestual, bastante agradable, ese no era el Kyoto con el que una vez se había enfrentado.

- Yo... Estoy de vacaciones... –Expresó el General dándole atención a su desayuno.
- ¿Vacaciones?... –Se sorprendió el menor –Mira que el mundo es grande, para decidir venir justo a las Islas Feroe...
- Jajajaja... Es cierto... –Rió el peliazul –Será el destino, quizás...
- ¿Y que haces?... ¿Trabajas, estudias, vives en Grecia?...
- Pues... Si, vivo en Grecia, trabajo allí... –Kanon se explicó hasta ese punto.
- ¿De que trabajas?
La pregunta tan temida.
- Sol-Soldado...
- ¿Eres militar en Grecia?... –Radamanthys observó detenidamente al hombre, no le pareció una idea descabellado, sus potentes brazos, que su musculosa negra le permitió ver, así se lo indicó, sin quitar de lado su cuerpo bien trabajado.
- Si, algo así...
- Oye... ¿Comerás eso?... –Señaló el rubio los huevos sobre las tostadas.
- No, tómalo si quieres... –El General extendió su plato sonriendo, vaya que ese joven lo hacia sonreír, por unos segundos, con su charla había olvidado las razones que lo habían arrastrado a escapar de su realidad, refugiándose en otro país, lejos de aquel lugar que lo atormentaba, por encerrar sus recuerdos mas tormentosos.

El joven ingles notó en su compañero una mirada perdida, nostálgica, melancólica, mas su sonrisa era franca, sincera, pero ni así su rostro perdía su tinte triste, aquel hombre extranjero era tan extraño.
Terminaron de desayunar, hablando y discutiendo... Si discutiendo, a medida que las ideas iban surgiendo, demostraron que pensaban muy distinto, aunque claro, tenían sus puntos en común, pero así hablasen de política, fútbol, guerras, sociedad, cualquiera fuese el tema, hasta de cocina, uno decía A y el otro B.

- No, te digo que el vino tinto es para la carne... –Exclamó Kanon en el summun de la discusión.
- Ja... ¿Quién lo dice? Para mí, el vino tinto a diferencia del blanco, es para todas las comidas.
- No, porque el blanco es para pescado, ¿Has bebido tinto a la vez que comías pescado? Es un asco...

Radamanthys observó su reloj de pulsera, el General notó que la interesante charla gastronómica había llegado a su fin. Ambas bandejas vacías, gracias al rubio.
Tímidamente el inglés se disculpó y alegó que debía volver a su departamento, y con algo de incomodidad el peliazul se ofreció a caminar con él, ya que “iban para el mismo lado” Pues bien, penso el inglés, tendría con quien discutir en el camino y así distraerse.

- No es así... En muchos países, si no vas a la guerra te meten preso... Es la obligación del ser humano defender su patria... –Argumentaba el griego caminando lentamente a la par de su compañero por pequeñas calles inglesas.
- Pues prefiero que me metan preso... –Aseguró Radamanthys con efusividad. –Antes de matar a otros... Antes de matar a un hermano con mis propias manos...
- No se trata solo de eso, detrás de una guerra hay muchos intereses, reconozco que en su mayoría son políticos o que atañen un solo individuo, para cuando involucra a una comunidad, a un foco determinado, a las necesidades de los individuos, es necesario... –Antes de que el otro replicase acotó –No entiendes, si vives en un país que esta en guerra, debes defenderlo ¡Vives ahí!... Si tú no acabas con el enemigo, él lo hará con ciento de civiles o inocentes... –Aunque claro, Kanon se refirió mas que nada a guerras distintas, quizás no tanto a las guerras provocada entre países sin no a las monumentales de los Dioses, pero eso era algo que aun no podía explicar y quizás por eso sus argumentos sonaban desesperados y vacíos.
- ¡No entiendes! Tú no entiendes, las guerras no son necesarias... Defender la paz con una guerra es igual a defender la virginidad con una orgía...
Ante aquella frase, el General no pudo mas que reír estrepitosamente. Vaya que tenia chispa el rubio.
- ¡Encima te burlas!... –Se ofendió el inglés. –Me caes mal...
- No me río de ti... Si no de la frase, me causo gracia
- Ya llegamos... –Pronunció Radamanthys débilmente.

Se quedaron de pie, frente a una pequeña entrada de puerta blanca, como no queriendo despedirse, la verdad, había que admitirlo, era interesante hablar con una persona así... Eso creyeron ambos y quizás por eso se quedaron en silencio, sin intentar despedirse.

- ¿Dónde estas hospedado?
- Pues... Llegue hoy, aun no busqué nada...
El rubio observó el pequeño equipaje del griego que constaba únicamente de un bolso de mano.
- ¿Té quedas por mucho tiempo?
- No se, la verdad... Tiempo indeterminado.

El inglés dudó ¿Realmente aquel hombre estaba de vacaciones? ¿O buscaba escapar de algo o de alguien? Esa fue la sensación que le dio, como que Kanon estaba allí por estar, sin rumbo fijo, sin razones, quizás buscándolas.

- Pues... –Dijo Radamanthys dubitativo... –Que-Quedate... Digo, así no pagas hotel y bueno... Hay lugar... –¿Porque titubeaba tanto? Repentinamente se había puesto nervioso –No pienses mal, solo que... –¡Qué va! Aquel hombre era sumamente interesante, no quiso perderlo, ni a él ni a sus charlas interesantes que desembocaban siempre en discusiones acaloradas.
- ¿Estas seguro? Apenas hoy nos conocimos...
- Si... No importa, vivo solo.
- No sabes nada de mí... Si soy un loco, un estafador, un ladrón.
- Mientras no intentes matarme por las noches...
- Pense que te caía mal... –Sonrió Kanon hechizando al otro con esa sonrisa.
- Pues si... Eso no ha cambiado, me caes como una patada al hígado, pero aun me quedó pendiente demostrarte que Pelé es mejor que Maradona. –Espetó firme abriendo la puerta de la pequeña entrada.
- ¿Otra vez con eso? –Se quejó el General cuasi riendo de cansancio, acompañó al inglés por unas escaleras caracol de mármol -- ¿Cuándo lo vas a entender?...
- No son prejuicios, hablo futbolísticamente... –Llegaron ante una puerta de madera, cuyo número 13 marcado en ella apenas se podía leer. –No me importa lo que Maradona haga de su vida, me molesta su arrogancia, es bueno, pero se cree el mejor, en cambio Pelé si es el mejor...
- Maradona es arrogante porque tiene con que serlo, es el mejor... --Interrumpió --En el mundial 78’...
- Pasa... –Invitó Radamanthys pateando la ropa frente a la puerta que molestaba el paso.
- Waou... –Se quedó el peliazul –Algo en común... –Expresó divertido observando el desorden –Esto es el infierno sobre la tierra...
- Bueno, tampoco seas tan desagradecido con mi hospitalidad... –Se ofendió el inglés muy gestual.
Radamanthys recogió rápidamente la ropa desperdigada por todos lados, la colocó en un cesto y buscando con su mirada visualizo su cama, para luego pronunciar.
- Tengo un colchón de sobra debajo de la cama, no suelo tener visitas, la mayoría duerme conmigo en mi cama... –Rió con sus ultimas palabras pero enseguida acotó –Hey, deja eso... Lo vas a romper.
- Lo siento... –Kanon dejó de jugar con un adorno frágil de cristal. –Por mí en cualquier lado esta bien.
El rubio sacó el colchón debajo de la cama y buscó unas sabanas, mientras el General le decía que no se preocupase, aun era temprano para eso.
- ¿No quieres descansar un poco? Si llegaste hoy el viaje te debe haber agotado.
- No tanto, descansé bien...
- En fin, prefiero hacerlo ahora, mas tarde me dará pereza...

El peliazul cooperó un poco y en segundos todo estaba listo, el inglés recalcó que faltaba poco para el almuerzo (¿Cómo podía pensar en comida después de tremendo desayuno?) Y el griego se ofreció gentilmente a cocinar un plato típico de su país, era lo mínimo que podía hacer en agradecimiento, y vaya que Radamanthys se lo agradeció, hacia tiempo que no comía “comida” pues lo suyo no podía llamarse cocinar, si no mas bien lucha feroz con la comida, después de intentar hacer un almuerzo o cena, la cocina parecía mas un campo de batalla que otra cosa.
En una hora y media, todo estaba listo, y el inglés dispuesto a almorzar con real hambre para sorpresa del otro, le agradaba ver el apetito del menor.

- Esto está delicioso... –Expresó el rubio contento tomando otro bocado con su tenedor.
- Gracias...
- ¿Qué es? ¿Cómo se llama?
- Musaka... –Kanon empleó un tono de voz normal, pero luego acotó, algo dudoso, pero igual de curioso –Dime Rada... ¿Quién eres?... –La pregunta sonó muy extraña –Digo, cuéntame de ti, de tu vida, de antes... –Con la ilusión de saber si era el Radamanthys que él conoció.
- Pues... Nací aquí... Al igual que mi familia.
- ¿Tienes familia?
- Una madre, de mi padre no sé nada, se fue, murió, es algo que mi madre nunca me explicó, y eso que tengo ya 24 años, aun me sigue tratando como a un niño... –Sonrió ante su comentario –Y dos hermanas mayores...
- Oh... Hermanas...
- Si, una de 28 y la otra de 30... La mayor estudia astronomía, y la otra es maestra jardinera.
- Eres el menor... –Sonrió Kanon –El mimado...
- Ni tanto... –Bufo el rubio –O será por eso que escapé de mi casa...
- ¿Escapaste?
- No precisamente, me refiero... A que vine a vivir solo, quizás por eso...
- Esta bien, tienes 24 años, es lógico que quieras independencia....
- ¿Y tu?... –Pregunto el inglés bebiendo un poco de jugo.
- Yo... Nací en Grecia, viví toda mi vida allí –Ignoró el hecho de ser un General de Poseidón, desde ya –Tengo un hermano gemelo...
- Un hermano gemelo... –Se sorprendió Radamanthys.
- Si, mayor por unos segundos... De mis padres lo único que se es que murieron... Mi madre cuando nos dio a luz, mi padre en un enfrentamiento, en una discusión, lo asesinaron...
- Oh... Y tu hermano ¿Es igual de pesado que tu?... –Bromeó el inglés para aplacar los ánimos.
Kanon realizó una mueca de enojo, entrecerrando sus ojos respondió.
- No me llevo muy bien con él...
- ¿Por?
- Quizás porque pensamos distinto... –Luego de decir eso y analizar sus palabras en silencio se contradijo automáticamente –Todo lo contrario, justamente porque pensamos parecido... Es raro de explicar, desde niños que nos llevamos como perros y gatos, y ahora de adultos... Las cosas están delicadas.
- Entiendo... –Naturalizó el rubio, aunque todo lo contrario, pero tampoco presionaría al otro para que le contase sus dramas familiares, no era quien para inmiscuirse así. –Lastima que te lleves así con tu única familia.
Kanon escondió su tristeza, sí... Era cierto. Radamanthys se sintió muy estúpido al hacer esa obvia acotación lastimosa, pero no fue su intención, se disculpó, tímidamente.
- Lo siento, no tuve que haber dicho eso.

El rostro del inglés se curvó en una mueca de arrepentimiento, lo hizo lucir algo delicado en sus facciones y en su porte, como un niño y no tan hosco como de costumbre... Eso le arrancó una sonrisa sincera al mayor.

- No te preocupes... No es nada, con el tiempo me he acostumbrado... --¿A qué? Tal vez a cargar con todo ese peso.
- ¿Quieres recorrer la ciudad mas tarde?... –Ofreció el inglés para desviar el delicado tema.
- Pues si... Es buena idea... –Kanon perdió su mirada en el otro recordando inevitablemente sus enfrentamientos en Hades, no cabia duda, era el Kyoto que había conocido en el pasado, nada mas que cambiado, más mundano, más común, más bello, más sencillo.

El rubio notó la mirada insistente del otro e incomodo desvió su vista perdiéndola en algún punto muerto, Kanon tenia la facilidad, así como de exasperarlo por momentos, de incomodarlo terriblemente con su profundo mirar, con sus sonrisas sensuales, acaso ¿Pateaban para el mismo lado? Radamanthys nunca había pensando de esa forma sobre un hombre y Kanon... Kanon no tenía tiempo para esas cosas, guerra tras guerra, sufrimiento, muertes, traición, no... Su cabeza no estaba para ello, sin embargo, en aquellas pseudo vacaciones comenzaba a sentirse más mundano, y a pesar de tener frente suyo a un enemigo, se sentía a gusto con el rubio, conociéndolo de otra forma.
Debido a que tenia como visita a Kanon, el inglés aprovechó dicha excusa para ordenar un poco su departamento, levantó los platos y comenzó, y a pesar de que le pidió al griego que no se moleste, el mayor insistió en ayudarlo.
Fue un gran desafió y a Kanon le encantaban los desafíos, ni la guerra de Hades se comparaba a aquello, ordenar ese lugar implicó esfuerzo, voluntad, perseverancia y estomago ¿Es que acaso el inglés no sabia que la comida tiende a descomponerse si se la deja afuera?.
Mas de una vez Radamanthys rompió a reír nervioso cuando el General hacia un gran hallazgo ya sea debajo de la cama o del ropero.
Cansado del viaje, el griego tuvo que admitirlo, estaba agotado, el inglés le propuso dormir una siesta mientras él se quedaba leyendo, y Kanon no sé rehuso a tan tentadora propuesta, en su cama improvisada se arrojo vestido quedándose automáticamente dormido.
A su lado, en su propia cama, el rubio tomó un libro y lo abrió dispuesto a leer, pero la imagen de un peliazul profundamente dormido lo distrajo, posó sus ojos observando detenidamente la fisionomía de aquel hombre, un espectáculo en todo su esplendor, llevaba puesto un pantalón negro holgado que le sentaba muy bien a su cuerpo trabajado y bien formado, ante ese deleite, cuando el rubio notó su comportamiento, se reprendió mentalmente y sonrojado, furioso consigo mismo, intentó concentrarse en su libro pero ¡Maldición! Era más interesante espiar a Kanon dormir que su preciada lectura.
Las facciones marcadas del General, ahora relajadas por un dulce sueño, no dejaban de ser igualmente masculinas y atrapantes, sus labios finos y largos, apenas entreabiertos intentando atrapar el aire del ambiente y sus brazos levemente cruzados, con mechones de pelo cayendo caprichosamente sobre su frente y rostro, era toda una poesía.
Radamanthys suspiró e intentó dormir un poco lejos de conseguirlo realmente, la presencia del griego lo perturbaba por demás ¿Cómo haría a la noche para poder dormir sabiendo que ese hombre estaba a escasos metros de su cuerpo?


**************


Un molesto rayo de sol, que se coló por la ventana dio justo en su ojo derecho. Radamanthys despertó lentamente, abriendo los pesados párpados para llevarse una sorpresa, Kanon lo mirada, sentado en la precaria cama con una sonrisa en sus labios ¿Hacia cuanto había despertado?.
El rubio se sintió algo incomodo con esa invasión pero acaso ¿El no había hecho lo mismo? ¿Y de una forma más vil? Aprovechándose del sueño del griego, por lo menos este no ocultó nada.
El inglés se desperezó e intentó pronunciar algo, pero el General se le adelantó.

- Son las... Casi las siete de la tarde... –Se corrigió.
- Dios... Como dormimos...
- Como dormiste... –Río Kanon poniéndose de pie para tomar su remera. Menos mal que él había sido el viajero cansado.
- ¿Hace cuanto despertaste?
- Un par de horas... Minutos... –Mintió al ver el rostro de su compañero.
- ¿Porque no me llamaste?...
- Porque te veías menos molesto así dormido...
¿Eso era bueno o malo? Radamanthys frunció el ceño confundido.
- ¿Puedo bañarme?... –Investigó el General.
- Claro, ya debes haber adivinado donde está el baño... –Bostezó el rubio y se levantó de su cama para abrir mas las cortinas, los últimos rayos de sol comenzaban a desaparecer.

Mientras Kanon se metió al baño el inglés se preparó una merienda, aunque ya era hora de ir pensando en la cena; pero como a Radamanthys no le gustaba saltearse las comidas, se sentó para disfrutar su té con tostadas.
Había terminado de desayunar, con el ruido de la lluvia del baño caer, había lavado su taza, había ordenado lo poco que estaba desordenado, y se encontraba aburrido espiando por la ventana y aun podía escuchar el ruido del agua caer ¿Por qué se tardaba tanto? Una idea inundó su mente, espiar al griego, pero enseguida el sonrojo de sus mejillas lo hizo sentir estúpido, infantil, hormonal, adolescente, irrespetuoso y muchas cosas mas que olvidó por ser muchas. Hasta que finalmente el ruido de las canillas cerrarse fue una bendición.
Media hora mas, hasta que el peliazul salió del baño con su pelo semi húmedo, el rostro del inglés lo dijo todo.

- Pense que te habías suicidado en mi baño...
- ¿Por qué?... –Río Kanon levantando sus cejas en señal de desconcierto, llevaba el mismo pantalón, pero una musculosa de un color más obscura que la anterior.
- Tardas mas que una mujer...
- Un pelo así lleva tiempo de lavar, además me gusta el agua...
Radamanthys reparó en el cabello del otro hombre, con un azul muy llamativo, algo pesado por la humedad del mismo, pero tan abundante que igualmente caía aun seco, pesado sobre sus hombros.
- Será mejor que cenemos y después salgamos... –Pronunció el griego al ver el estado ido del otro.
- Si... Pero ¿Qué cenamos?
- No tengo ganas de cocinar...
- Yo tampoco
- ¿Pizza?
- Genial
- ¡Waou! Por fin coincidimos en algo. –Ironizó Kanon dejando su remera sucia dentro de una bolsa que dio a parar dentro de su pequeño bolso de mano.

En veinte minutos el General se encontraba devorando una pizza, y aunque al principio creyó que dos pizzas medianas eran mucho para dos hombres, llegó a la conclusión de que había sido una sabia decisión del inglés, ya que este comía por dos hombres... Kanon lo espiaba preguntándose como hacia para mantener ese cuerpo, y esa pregunta escapó de sus labios.

- ¿Cómo haces?
- ¿Eh?
- Para mantener tu figura... –Respondió el griego –Y comer como un cerdo... –Río a lo ultimo y aunque pensó que el otro se ofendería también rompió a reír.
- El puerto, se gastan muchas energías, créeme, llegué a tener anemia...
- Ah, y por eso... Comes todo lo que antes no habías comido... –Se burló el peliazul.
- No... –Ignoró Radamanthys la broma –Solo disfruto de uno de los gran placeres de la vida...
- Comparto eso, yo también... Aunque prefiero gastar mis energías en el sexo, otros de los grandes placeres de la vida... –Comentó con naturalidad y el rubio se atraganto con una aceituna negra.

Algo se quebró en ese momento, una barrera invisible, quizás porque Radamanthys con esa reacción dejó al desnudo sus verdaderos sentimientos, emociones y pensar, que más daba, nunca había estado con un hombre pero jamas había rechazado esa idea, solo que la situación no se había dado hasta el momento, y no era su culpa, era culpa del griego con sus miraditas sensuales, su acento hechizante, su porte masculino y sus sonrisas libidinosas, sin dejar de lado sus palabras con doble sentido. ¡Pero que tipo molesto! ¿Por qué le daba vueltas a la cosa si estaba que se caía de maduro el asunto?
No era fácil para el General, dejando de lado su desconcierto, Radamanthys era aun un enemigo, en algún rincón de su ser, su persona lo consideraba como tal, pero igual, el rechazo y la atracción era mutua.

- ¿Adónde iremos?... –Rompió Kanon con el pesado silencio que se había instalado entre los dos.
- Supongo que al bar no querrás ir, es tu primer día aquí...
- ¿Por qué dices eso?
- Digo, una resaca con el cansancio del viaje no es una buena combinación...
- ¿Entonces?
- Había pensando en ir al puerto, es un lindo lugar, a mí me da mucha paz... –Comenzó a balbucear –Digo, por ahí te parece tonto, pero ver las estrellas, la luz de la luna sobre el agua...
- Que romántico... –Interrumpió el General con una sincera sonrisa.
- Bueno, si no quieres... –Radamanthys se sintió avergonzado al proponer una salida tan romántica.
- Me parece genial...
- Perfecto... –El inglés oculto su desconcierto.

En pocos minutos estaban listos, la noche cálida era ideal para caminar, no llevaron abrigos aunque al principio el griego sintió el frío en su piel, vestido únicamente con una musculosa, afortunadamente llevaba pantalón largo.... Su piel de gallina, se frotó los brazos y el rubio prestó atención a su gesto.

- ¿Quieres volver por un abrigo?
- No, esta bien....
Silencio, ambos pensaban en diversas cosas al mismo tiempo. Las pequeñas calles iluminadas tenuemente por las luces de los faroles.
- ¿Sabes?... Dicen que los humanos que se conocen, lo han hecho antes... –El rubio se trabó con sus propias palabras.
- Dices que ya nos conocíamos... –Kanon prestó atención a las palabras de su compañero, algo emocionado, pues quizás lo había recordado, pero ¿Sería bueno si Radamanthys lo recordase? ¿Todo seguiría igual entre los dos?.
- Digo que creo... Que nuestra familia, amigos, conocidos, nuestro jefe, compañeros de trabajo, la gente con la que interactuamos, venimos desde vidas pasadas unidos... Quien es tu hermano pudo haber sido un amigo en tu vida pasada, y quien es tu amigo un hermano, o tu padre, o un tío...
- Crees en otras vidas...
- Creo que de algún modo estamos destinados a cruzarnos siempre, por eso las rivalidades o la simpatía, digo... Quizás te hayas llevado muy mal con tu hermano en otra vida y eso lo has acarreado al presente, y ahí a que se lleven como perros y gatos...
Kanon esbozó un gesto de incredulidad, la rivalidad con su hermano era mucho mas compleja, ese gesto fue lo que le dio pie al otro para continuar.
- ¿No lo crees así? ¿Nunca te ha pasado de que alguien te caiga muy bien de entrada o muy mal?
- No creo en las casualidades, que es distinto... El que yo haya venido aquí, el que te haya encontrado... –El General estuvo a punto de cometer un error y decirlo todo, de tomarlo por los hombros y hacerle recordar Hades a los golpes de ser necesario.
- Ya llegamos... –Interrumpió Radamanthys.
- Waou... –Se quedó sin palabras –Esto es bellísimo...

El griego se perdió completamente en la superficie calma del agua cuya luna se reflejaba apenas, el cielo cubierto de estrellas era algo sencillamente imponente y magnifico, mas la brisa que ondeaba caprichosamente su cabello... Todo era un poema, eso penso el ingles observando al hombre, Kanon era todo un poema... El lugar lo era, la situación lo era.

- Sigue... –Propuso Radamanthys.
- ¿Eh?... –Recordó el peliazul –Pues eso... Que no creo en las casualidades, tú lo has dicho, que yo haya elegido venir aquí de vacaciones siendo el mundo tan grande, que te haya encontrado a ti... Supongo que los Dioses así lo habrán querido...
- ¿Dioses?... –Susurró el rubio... –No metas a los Dioses en esto...
Kanon se desconcertó con aquellas palabras y aquella mirada de reproche que pronto se torno a una mas relajada.
- Creo en que el destino este escrito por Dios o los Dioses pero... –Continuó Radamanthys.
- Pero que nosotros podemos torcerlo, sin dudas... –Acotó el General adivinando las palabras del otro.
El ingles asintió, lo que motivó al griego a acotar.
- ¡Nuevamente coincidimos en algo! Ya comienzo a asustarme...

Radamanthys ignoró la burla de su compañero y con su espalda apoyada en la baranda se quedó contemplando la calle y pensando, mientras Kanon perdió su mirada sobre el firmamento.
Paso el tiempo, segundos, minutos, horas, no supieron... Estaban cómodos y a gusto allí, pero el frío comenzaba a sentirse, por estar quietos en el mismo lugar.
El inglés propuso con algo de pena regresar, con algo de pena porque intuyó que las cosas no seguirían iguales hasta el momento, quizás por eso se animó a pronunciar mientras el calor volvía a sus cuerpos con la caminata de regreso.

- Yo... Es raro...
Kanon presto atención al otro, sonrió ante el nerviosismo de Radamanthys desprenderse por cada poro de su piel.
- Tampoco creo en las casualidades... –Levantó su vista y la posó sobre el griego, bajándola nuevamente al suelo vencido por la mirada penetrante del otro –El que te haya encontrado, el que te haya invitado a mi casa de buenas a primera... Todo es tan raro, no va ni un día y aun así siento que te conozco de toda la vida... Me caes mal, al mismo tiempo de que me caes bien...
El general soltó una risa algo apagada, pues a él le pasaba exactamente lo mismo con el rubio.
- Me gustas, tanto como me desagradas... –Siguió explicándose Radamanthys y súbitamente calló, había hablado demás, demasiado suelto para lo reservado que solía ser --¿Ves? Me haces decir cosas que jamas creí decirlas...

“Y menos a un hombre”... Le faltó acotar.
El silencio de Kanon amenazó con matarlo, pero tampoco se animó a decirle nada mas ni mucho menos a reprocharle tan tortuoso silencio. Llegaron ante el departamento, Radamanthys metió la llave y abrió la puerta, la larga escalera fue lo primero que vieron, iluminadas apenas. Fue el ingles quien subió con el General detrás, cuestionándose sus palabras, preguntándose que pensaba el griego de él, odiándose por haber sido tan transparente, pues cuando debió serlo no lo fue y en el momento más inoportuno consiguió serlo.
¿Qué pensaba Kanon?: En llegar cuanto antes al descanso, justo frente a la puerta del departamento del rubio, lejos de miradas inquisidoras. Y cuando llegaron el General aprovechó el descuido de Radamanthys, tomándolo por la cintura lo volteó para acorralarlo contra el marco de la puerta.
El inglés nada pudo hacer ante esos potentes brazos que lo aferraban, pudo luchar pero no quiso, su mano dejó caer sus llaves que hicieron escándalo sobre el suelo de cerámica. Indecorosamente su boca se vio invadida por la lengua húmeda y caliente del peliazul.

Un hombre lo estaba abrazando....
Un hombre lo estaba besando...
Y era Kanon...

¿Algo podía ser mejor? No... Sin dudas.
Sin saber bien que hacer, el rubio se dejó llevar, correspondió el caluroso beso, con sus ojos abiertos para no perder detalle, sintiendo la dureza de Kanon golpeando contra sus propios genitales, dejando en claro que eso era algo que el General hacia tiempo había considerado hacer, por lo menos explicaba tan rápida motivación.
Los brazos inmóviles y rígidos del inglés fueron tomados por el otro hombre para rodear su moreno cuello, fue el momento que Radamanthys aprovechó para tomar una distancia prudencial o acabarían quitándose la ropa en el pasillo, y de seguro la anciana Hilbert no se sentiría muy a gusto con dos jóvenes buen mozos retozando en su pasillo.
El rubio se agachó para tomar las llaves pero el peliazul se le adelantó, se la cedió con una sonrisa sin emitir palabra alguna. Rápidamente y con torpeza embocó la llave en la cerradura pero esta no quiso ceder. Kanon río interiormente al ver la desesperación y el nerviosismo del mas joven y lo ayudó en tan difícil tarea.
El General ingresó al departamento con Radamanthys, pegando su cuerpo a la espalda de este. La intranquilidad de sentir la dureza del griego en su trasero fue tanta que nuevamente, en la obscuridad de aquel lugar, el inglés tomó distancia levantando las palmas de su mano para evitar lo inevitable.

- Espera Kanon, yo... –Se apuró el rubio pero fue interrumpido.
- Tranquilo... Lo sé... –Caminó lentamente hasta su “víctima” --No me comportaré como un animal...
¿Qué sabia? Quizás había intuido o leído en los ojos del otro que no tenía mucha experiencia en el tema.
- De verdad, yo quiero... –Siguió balbuceando y caminando hacia atrás –Siempre quise, la idea nunca me desagradó, pero ya sabes, llega el momento y... –Cayó de espaldas sobre la precaria cama de Kanon... Desgracia, pues este aprovecho para irse encima de su hombre.
- Bueno... Una vez en el baile hay que bailar... –Acotó el General recostado apenas su cuerpo sobre el de Radamanthys.

¿Y para que mentir? ¿Conque necesidad? Un nuevo beso del griego, mas dulce y delicado que el anterior, nubló todos los sentidos del rubio, quien a esas alturas cooperaba sumiso con el peliazul, levantando sus brazos y sentándose apenas para dejarse quitar la remera, levantando una pierna y luego otra para permitir lo mismo con sus pantalones, ropa interior incluida.
Es que sentir las manos de Kanon sobre su piel fue mucho más de lo que jamas se atrevió a imaginar.
El General adivinó que al principio debería ser él quien llevase las riendas y eso fue lo que hizo con suma habilidad, se ocupó de besar y descubrir cada recoveco del ingles, sin dejar nada de lado... Su perfume masculino y su hombría endurecida consiguió ponerlo muy a tono, mas de lo que ya estaba, y el dolor en aquella parte baja hizo sentirse.
Ante la mueca de dolor del peliazul, el rubio se compadeció de él y acaricio sutilmente su mejilla. El griego buscó desesperadamente quitarse sus ropas y así liberar su miembro que a gritos clamaba la libertad.
Radamanthys se quedó sin palabras, pues Kanon desnudo era mucho mas hombre que vestido, desde ya, las prendas no le permitieron ver mas allá, pero su belleza, tan masculina era demasiado para él. Se quedó boca arriba, observando con algo de pudor la entrepierna hinchada del General, quien buscó acomodarse nuevamente para besar, con pasión y delicadeza por igual, el blanco cuello del ingles que a esas alturas sus gemidos eran mas suplicas que otra cosa.
El General deslizó suavemente la yema de sus dedos sobre el pecho del rubio, y no paró hasta llegar a su miembro, que acarició, como si así acariciase el alma del ingles, tortuosamente comenzó a masturbarlo, arrancándole nuevos gemidos. Le encantaba al peliazul espiar su rostro, curvado de placer, sus ojos apenas abiertos, su boca intentando atrapar el aire que escaseaba en sus pulmones, le divertía robarle un beso para dificultar la labor de respirar, y en pocos minutos sintió el cálido liquido en la palma de su mano, que cayó sobre los rubios bellos de Radamanthys, ensuciando apenas su vientre.
El inglés buscó componerse, y cuando su respiración se regularizo se arrodilló sobre la precaria cama mientras fue el griego quien se acostó sobre la misma en una pose despreocupada y sensual, con sus brazos detrás de su nuca a la espera del placer.
Radamanthys tardó un poco en decidirse, pero aquello era algo que hacia tiempo quiso hacer y no pensaba perder la oportunidad, además la hombría de Kanon pidió atención con urgencia y eso fue lo que hizo.
Se agachó lentamente hasta que sus labios tomaron contacto con aquella dureza, y aunque en un principio se arrepintió, cuando lo tuvo de lleno en su boca supo que había nacido para hacer eso, ese día, y con el General.
Aquella vista era sublime para el peliazul, ver como su miembro se perdía en la boca del rubio y como este disfrutaba con esa labor era demasiado para sus ojos. Tomó su cabellera y enredó sus dedos en sus bucles, sin ejercer presión, dejándolo hacer a su gusto, y unas palabras escaparon de sus labios.

- ¿Estas seguro que esto no lo habías hecho antes?
- ¿Por qué lo dices?... –Investigó Radamanthys apenado.
- Porque lo haces muy bien, demasiado bien...

Sus ultimas palabras vaticinaron la eminente eyaculación, el néctar de Kanon golpeó contra el desprevenido pecho del ingles quien no se asqueó, por el contrario, eso lo motivó nuevamente. Dejó caer su cuerpo sobre el del griego para ser él quien besase sus labios y tomase posesión. El General divertido se dejó hacer, un rato, jugando con su hombre, maravillándose con su masculinidad aquella que había visto antes, pero en el campo de batalla y como enemigos... Ahora la situación era muy distinta.

- ¿Quieres hacérmelo a mí?... –Preguntó Kanon con voz ronca y empatía, nuevamente sintió ese fuego despertar en su ser, fuego que nunca antes había sentido por nadie.

Radamanthys negó una vez y luego sonrió, quiso ser penetrado por ese hombre, eso fue suficiente para que el General tomase sus caderas y acariciase sus glúteos, deseoso por entrar... Deseoso por sentirlo, por penetrarlo, por hacerlo suyo, una y otra vez, sin contemplaciones. Quiso escuchar sus gemidos, provocados únicamente por él y para él, seria suyo y nadie se lo quitaría después.

- Espera Kanon... –Interrumpió el rubio cuando sintió la hombría del otro nuevamente endurecida en su intimidad –Colócate un condón...
- No tengo... ¿Tu tienes?
- No...
- Ya fue...
- Espera... –Pero el ingles mandó todo al carajo, no pensaba perder esa oportunidad.
- Tranquilo... No tengo nada...

Radamanthys se aferró al cuello de su hombre, dejándose sentar lentamente sobre su miembro, pero el terror lo dominó, el miedo a lo desconocido y al dolor... Sin embargo Kanon no le dio tiempo a nada, aferró su cintura sin permitir la huida e instó la penetración dolorosa... Muy dolorosa por la ausencia de lubricación pero que para esas alturas, cuando mitad de la hombría del General ya estaba adentro, era lo que menos les importaba.
Al rubio no le importó sentir un dolor desgarrador, no... Los besos del peliazul, sus caricias consiguieron distraerlo, mas sus palabras, para nada soeces ni tampoco románticas, que en susurros se perdían en sus oídos colándose en su ser.
Comenzó a “amar” esa sensación, el ingles comenzó a disfrutar con esa invasión, con esa posesión de su cuerpo, le gustaba saber que era el griego quien conseguía derribarlo de esa forma, pues a otro, jamas lo permitiría, solo a él.
La terrible labor llegó a su fin, eso creyó inocentemente Radamanthys, pero para Kanon recién comenzaba la travesía... Comprendiendo que aun faltaba mucho, dejando la vergüenza de lado, el rubio se sentó sobre su amante cómodamente y comenzó a mover sus caderas.
¿De verdad nunca antes había estado con un hombre?
El peliazul comenzó a gozar intensamente, sobre todo al notar que el otro se liberaba poco a poco de posibles prejuicios para dejarse llevar por el momento. Los gemidos inundaron el departamento, gemidos indecorosos, masculinos, graves que despertaron al gato de la señora Hilbert. Mas a ellos solo les importaba hacerse saber que se pertenecían, que sus cuerpos habían sido “robados”, tomados por el otro.
Un gemido más estrepitoso que los anteriores avisó que el ingles había acabado entre espasmos, frotando su miembro contra el moreno cuerpo de su hombre, sintiendo su piel y su aroma, ayudado por sus manos, sus caricias y todo su cuerpo.
Kanon no tardó mucho en vaciarse, solo quiso retener el tiempo un instante, aquello era magnifico, aun más el rostro del rubio luego de la explosión, que luego de estar curvado en una mueca de dolor y placer, se encontraba relajado, sumiso, entregado...
El General ahogó su gemido en el cuello de Radamanthys aferrando al punto del dolor sus glúteos, tensando todo su cuerpo, para después ir relajándose poco a poco, sin salir del rubio, deseando reservar ese momento en su mente, para siempre.
Pero el ingles deshizo la postura y se desplomó sobre su cuerpo, cansado y adolorido, se tomó su brazo y recordó su desgarro que había olvidado entre tanta pasión y desenfreno... Ahora su brazo le estaba reclamando tal atropello.
Sin decir nada el peliazul tomó su brazo y lo acarició en señal de consuelo, arrancándole al otro una sincera sonrisa que mereció un profundo beso.
La noche amenazó con irse del todo y por eso tomaron la sabia decisión de cerrar sus ojos para descansar un poco, pero era tan difícil, quisieron quedarse así, despiertos, observando al otro con una estúpida sonrisa en sus labios, pero Morfeo les ganó y se quedaron dormidos.


***

Nuevamente un molesto rayo de sol, sumamente poderoso ingresó por la ventana y despertó a Kanon, quien solo atinó a acomodarse mejor para evitar la molestia, despertando sin querer con su sutil movimiento a su compañero.
Se quedaron con sus ojos cerrados, dormitando, a pesar de saber que ese rayo de sol indicaba claramente el mediodía. Supieron que el otro estaba despierto, y fue el General quien se animó a pronunciar algo, luego de una noche tan especial.

- Me encantaría... –Susurró en su oído –Poder encontrarte en otras vidas...
- Como siempre, nos volveremos a cruzar Kanon del Dragón Marino... – Sonrió Radamanthys con sus ojos cerrados --Como amigos, enemigos... O amantes...


FIN


Eso es todo... ¡No hay continuación!
XD Gracias por leer, si les gusto háganmelo saber y si no, también, nos leemos con la continuación de dos fics que dejé a la mitad.
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