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<  Seiya Yaoi   ~  Sagittarius Warriors (Aiolos x Seiya) NC-17

Ghylainne
Publicado: Sab Jul 14, 2007 11:01 am Responder citando
Seiya Obsesionado Seiya Obsesionado
Registrado: 02 Jul 2007 Mensajes: 117 Ubicación: En Otra Dimensión

Feliz Cumpleaños, Aphro, cielo
Que lo pases muy bien y comas rica tarta ^^
Espero que disfrutes este mini regalito


Sagittarius Warriors



Amanecía en el Santuario, para desesperación del guardián de Sagitario. Desde que Seiya había acudido allí para completar su entrenamiento con él, Aiolos vivía una auténtica tortura. Casi sin darse cuenta, había comenzado a sentirse atraído por su nuevo alumno. Y era precisamente por eso por lo que Aiolos se torturaba. No hacía más que repetirse que Seiya era su discípulo y que aquello no sería correcto, independientemente de lo que dijesen los estatutos de la orden, que por cierto, eran bastante flexibles al respecto.

El ruido de alguien aporreando la puerta hizo que se levantase, y antes de darse cuenta, Aioria ya estaba dentro.

―Tienes una cara horrible ―comentó el menor observando las enormes ojeras de su hermano.

―Ya, bueno, últimamente no he dormido bien ―se excusó.

―Date prisa.

Aioria cerró la puerta y se fue a preparar el desayuno, dejando a un confundido Aiolos camino de la ducha. Ni siquiera el agua tibia era capaz de relajarlo, así que se duchó rápidamente y se vistió para ir al encuentro de su hermano, que lo recibió con una taza de café caliente.

―Deberías hablar con Seiya ―sugirió.

A Aiolos aquella sugerencia no acababa de convencerlo. En ese momento, técnicamente, eran maestro y alumno, no podía ir junto a él y confesarle sus sentimientos. En realidad le traía sin cuidado traspasar esa frontera, lo que verdaderamente temía era el rechazo. No podría mirarlo a la cara después de una negativa, mucho menos seguir entrenándolo.

―Parece mentira que tengas miedo de algo así ―se burló Aioria.

Ya claro, para él era muy fácil decirlo, pensaba el centauro. Al fin y al cabo él no había tenido ningún reparo en declararse a Ikki, con la fortuna de que todo le había salido bien, pero Aiolos no tenía fe en que le fuese a suceder lo mismo.

―Vamos a entrenar de una vez ―exclamó Aiolos levantándose seguido de un Aioria realmente preocupado por los sentimientos de su hermano mayor.

Aquel era su “día libre”. Aioria había convencido a su hermano de que dejase a Seiya libre de entrenamientos por un día, y él había dejado a Ikki plantado en Leo, sólo para estar juntos y tratar de convencerlo de que hablara con el Pegaso, pero empezaba a darse cuenta de que aquello no iba a ser tan fácil como había pensado.

A lo lejos vieron a Seiya con Shiryu, que bajaban al pueblo. El ponny los saludó agitando alegremente la mano, siendo correspondido por un gesto igual de Aioria y otro más comedido de Aiolos. El centauro se permitió una débil sonrisa al verlos marchar, deseando que Seiya no cambiara nunca. Además de un buen Caballero era una buena persona, bondadoso y alegre, de forma que resultaba imposible no tenerle cariño. Y allí se habría quedado, pensando en cuánto lo amaba, si Aioria no lo hubiese interrumpido.

―Deberías hablar con él ―repitió la propuesta.

―No puedo.

―Si no lo haces, podrías perderlo.

―Tal vez sea lo mejor.

Y echó a andar sin esperar a su hermano, atónito por la resignación que desprendía. Él no habría sido capaz de quedarse de brazos cruzados viendo como Ikki se largaba con otro. Al parecer, el sentido del deber de Aiolos pesaba más que sus sentimientos. No le quedó más alternativa que seguir al taciturno centauro, pero todo intento de volver sobre la cuestión fue inútil. Su hermano desviaba hábilmente el tema, hasta que el león se dio por vencido y abandonó sus intentos de hacer de consejero sentimental.

Aquella misma tarde se encontraba revisando un montón de papeles que debía entregar a Shion cuando llegó Seiya.

―Hola ―saludó con sencillez, con aquella eterna sonrisa dibujada en su cara.

A Aiolos se le aceleró el corazón. ¿Como diablos no iba a estar enamorado de aquel crío? Su sola presencia ponía su mundo boca abajo, aunque Aiolos había aprendido a ocultar sus embotados sentidos bajo la máscara de la corrección.

―¿Estás ocupado? ―preguntó sentándose frente a él.

―Sólo es pura rutina ―respondió absolutamente perdido en los ojos castaños que se clavaban en él―. ¿Te has divertido en el pueblo?

―Sí, gracias por darme el día libre ―respondió con una sonrisa radiante.

Por un momento, Aiolos estuvo tentado de decírselo todo, confesarse y dejar que sucediese lo que los dioses quisieran. Pero aquel miedo obsesivo a ser rechazado hizo acto de presencia de nuevo, y se limitó a devolverle la sonrisa.

―Me alegro.



*******************************************************************************




―¡Menudo hermano más lento me ha tocado en suerte! ―exclamó Aioria al entrar en el salón de su Templo, secándose el pelo con una toalla después de darse una ducha.

Ikki levantó la vista del periódico en el que consultaba los resultados del fútbol.

―¿No te ha ido bien?

―¡Qué va! ―dijo sentándose a su lado―. El muy cenutrio sigue en las mismas. Debería intentarlo, así no va a conseguir nada.

―Aioria...

―Es la verdad ―lo interrumpió el león―. Yo sólo quiero que sea feliz, y ahora mismo no lo es.

―No puedes obligarlo.

―Supongo que no, pero sólo pretendía que se diera cuenta de lo que se está perdiendo.

Aioria se acomodó más en el sofá. Tal vez Ikki tuviera razón y debía dejar que Aiolos arreglase las cosas a su manera. Ya era mayorcito para tomar sus propias decisiones sin que él se metiera en el medio, aunque si lo tenía que obligar a actuar, lo haría.

―Ven aquí ―pidió el fénix tirando el periódico sobre la mesa y comenzando a masajear los hombros desnudos de Aioria―. Deja a Aiolos en paz.

―Pero… ―intentó protestar, pero Ikki lo tumbó en el sofá y se acercó a su cuello peligrosamente.

―Creo que te voy a tener que mantener alejado de esos dos ―dijo besándolo con decisión.



***************************************************************************************************




―Oye, ¿te has fijado en como te mira Aiolos? ―preguntó Shiryu a su amigo al día siguiente, mientras comían juntos.

Seiya se detuvo con el tenedor en la boca mirando al dragón como si le estuviera hablando de los misterios de Eleusis*. Jamás se había dado cuenta de que su nuevo maestro lo mirase de ninguna manera especial, justo lo contrario de lo que hacía él, que no despegaba la vista del joven griego. Siempre lo había admirado por todo lo que representaba, pero al convertirse oficialmente en su sucesor, había tenido la oportunidad de conocerlo mejor… y de enamorarse irremediablemente de él. Y desde luego que no había notado nada de lo que le decía su amigo.

―¿De qué hablas? ―preguntó dejando el tenedor en la mesa.

―De que estoy seguro de que te ve como algo más que un alumno ―dijo con seguridad mientras se servía un poco más de ensalada.

―Naaa, no te creo ―respondió con el corazón latiendo con fuerza, porque ¿y si Shiryu tenía razón? ¿Y si Aiolos realmente pensaba en él de la misma forma en que lo hacía él del centauro?

Shiryu no insistió más, se encogió de hombros y dejó que el ponny pensara lo que quisiera, aunque para él resultaba obvio lo que pasaba entre aquellos dos.

Terminaron de comer en silencio y luego de despedirse, Seiya salió de Libra rumbo a Sagitario, con las palabras del dragón todavía haciendo eco en su cabeza. Seguía pensando en la posibilidad, por muy remota que fuese, de tener una oportunidad, cuando casi se da de narices contra Aiolos, oportunamente empujado escaleras abajo por un gato que fingió no haber hecho nada, a pesar de la mirada furiosa de la que fue objeto.

―¿Estás bien? ―preguntó con fingida preocupación Aioria―. Qué tropiezo más inoportuno, te podrías haber hecho daño.

Aiolos no sabía si descuartizarlo allí mismo o darle el mismo trato y dejar que rodara por todas y cada una de las escaleras del Santuario, pero se contuvo al ver la mirada preocupada de Seiya.

―¿Seguro que estás bien? ―preguntó el japonés, con verdadera preocupación.

―Sí, estoy bien, sólo ha sido un tropiezo.

Quiso fingir calma, pero sentía como la sangre le subía a la cabeza y le ardían las mejillas, como siempre que no podía evitar el contacto entre ellos, pero su mano todavía lo sujetaba del brazo, sentía su calor, impidiéndole reaccionar con la rapidez acostumbrada. Quiso acudir a su hermano en busca de ayuda antes de que Seiya lo tomara por imbécil, pero ya se había marchado rumbo a quien sabe donde, dejándolo allí, solo, abandonado a los sentimientos que le producían aquellos anhelantes ojos clavados en él, y cediendo, por fin, a sus deseos, atrapó sus labios en un beso que resultó infinitamente más dulce de lo que había imaginado. Se separó de él confuso y un tanto avergonzado de su atrevimiento.

―Yo… yo… l-lo siento ―tartamudeó―, no era mi intención… yo…

Y dando media vuelta se refugió en su Templo, mientras Seiya lo veía marchar, pasando la lengua por sus labios, saboreando los restos del beso, dándose cuenta de que las suposiciones del dragón eran acertadas. Subió las escaleras con calma y llamó a la puerta del centauro.

―Aiolos, ¿puedo pasar? ―no hubo respuesta―. Aiolos, por favor…

Por un momento dudó si debía entrar o no, pero finalmente abrió la puerta y se plantó delante del griego, sentado al borde de la cama con la cabeza entre las manos. Lo obligó a mirarlo, pero él no tenía la facilidad de palabra de Shiryu, y en vista de que algo tenía que hacer para que comprendiera que aquello no era ni un error ni algo tan horrible, le devolvió el beso que le había robado en las escaleras. Aquello descolocó a Aiolos, pero si algo le sobraba a su discípulo era tozudez, y no estaba dispuesto a ceder a las dudas de ninguno de los dos.

―Seiya, no, esto no está bien ―protestó intentando separarlo, pero no pudo. El ponny había apoyado los brazos en sus hombros y la frente en la suya.

―Claro que sí, ¿qué le ves de malo?

Y Aiolos se vio obligado a admitir que no veía ningún inconveniente, que hasta ese momento lo único que lo detenía había sido el miedo al rechazo, que estaba claro que no había pasado, y a lo mejor tenía razón Aioria y debía dejar de darle vueltas a la cabeza con algo que se moría de ganas por hacer. Así que abrazó a Seiya por la cintura y se dejó recostar sobre la cama, mientras exploraba con decisión su boca, deslizando sus manos por encima de la ropa hasta atrapar su trasero, mientras Seiya comenzaba a desabotonar su camisa, que arrojó a un lado.

Aiolos le quitó decidido la camiseta, recorriendo con suavidad su piel, todavía un poco aturdido por lo que estaba sucediendo, de que por fin fuese a ser suyo… La mirada lujuriosa del Pegaso lo hizo reaccionar. Enredó sus dedos en su pelo, reclamándole un apasionado beso a la vez que desabrochaba su pantalón, lo que arrancó un gemido al ponny al sentir la mano del centauro en una zona tan comprometida.

El griego terminó de desnudarlo con la misma urgencia con la que su alumno hacía lo mismo con él. Lo tumbó en la cama, recorriendo sus muslos con suavidad, devorando su cuello, succionando sus pezones, arrancándole gemidos ahogados mientras se empeñaba en saborear cada centímetro de su piel, incluido su miembro, erguido con fuerza.

Seiya dejó escapar un grito al sentir la boca de Aiolos encerrar su encendida erección. Se aferró a sus cabellos, moviendo las caderas con frenesí, gimiendo sin cesar por el placer que le producían aquellos lengüetazos y succiones, acompañados de unos dedos que alternaban las caricias a sus testículos con la exploración de su entrada. El Pegaso no pudo resistirlo más y estalló en la boca de su amante.

Lo besó con pasión, tratando de ignorar las punzadas en su bajo vientre de un miembro que pugnaba por introducirse en Seiya, pero el ponny enredó las piernas por encima de sus caderas, moviéndose de forma que Aiolos no lo pudo soportar más, y aferrándose a su cintura lo penetró de una cuidadosa pero certera embestida.

Seiya se mordió el labio, gimiendo bajito, a la vez que acariciaba la espalda del centauro, que empezó a moverse muy despacio, con la piel erizada por el contacto con aquellos dedos que se deslizaban por su espalda cubierta de sudor. Aiolos le pasó un dedo por los labios que el japonés besó y lamió con avidez, mordiéndolo de vez en cuando, excitando todavía más al dorado, que pasó a moverse más rápido, sacudiendo con fuerza el inflamado miembro de su algo más que alumno, hasta que los dos terminaron con un grito que retumbó en las paredes del dormitorio.

Se dejó caer sobre el pecho del ponny, que le apartó el pelo empapado de sudor de la cara y lo besó con suavidad. El centauro sonrió, correspondiendo a su beso, liberado por fin de todos sus miedos y dudas.



*****************************************************************************************************************




―¡Pero se puede saber qué has hecho! ―gritó el Fénix mientras terminaba de vestirse―. ¿Cómo se te ocurre tirar a tu hermano por las escaleras?

―No lo tiré por las escaleras ―se defendió el león―. Lo tiré a los brazos de Seiya, que no es lo mismo.

―Da igual ―suspiró con cansancio―. ¿Qué parte de déjalos en paz no entendiste?

―Sólo hice lo que tenía que hacer ―dijo saliendo con decisión del Templo camino de Sagitario.

En la cocina los esperaban unos sonrientes morenos bastante más ocupados en hacerse arrumacos que en tomar el desayuno. Ikki quiso dar vuelta casi antes de entrar en la cocina, pero ya era tarde, porque habían sido descubiertos. Aiolos se acercó a ellos y le dio un fuerte abrazo a su hermano.

―Gracias por todo ―susurró a un atónito Aioria.

―No hay de qué, para algo están los hermanos ―respondió antes de que Ikki lo agarrara del brazo y lo arrastrara fuera de allí haciéndole un gesto de felicitación a su cuñado.

―¿Crees que se lo ha tomado bien? ―preguntó Seiya tímidamente, lo que a Aiolos le hizo gracia, después de la poca vergüenza que había demostrado en la cama.

―Claro que sí, él siempre insistía en que hablara contigo ―explicó atacando su cuello.

―¿Y por qué no lo hiciste antes? ―preguntó bajito, ahogando los gemidos que le producían los labios de Aiolos.

El centauro se encogió de hombros con una sonrisa.

―Ya no importa.

Seiya quiso pedirle que se explicara, pero los labios del Caballero de Oro no le dejaron, robándole un beso que lo reclamaba como suyo por toda la eternidad.



~FIN~



*Los misterios de Eleusis eran unos ritos religiosos en honor de la diosa Deméter.


Ferrol (Galicia) España
1 - Marzo - 2007
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Ghylainne
Publicado: Sab Jul 14, 2007 11:03 am Responder citando
Seiya Obsesionado Seiya Obsesionado
Registrado: 02 Jul 2007 Mensajes: 117 Ubicación: En Otra Dimensión

Hessefan-Aphrodita, 05/Mar/2007 22:50 GMT-3 escribió:
Wiiii!!!!! Por fin puedo ver tu Aioros x Seiya XDDD Y con un super lemon .
¡Amo como escribes! Que lindo recibir regalos de escritoras tan talentosas, asi dan ganas de cumplir jajaja!.

Seiya! Tan timido, tan niño! pero a su vez tan decidido como es el personaje ... No sé pero esta pareja me encanta, mas que el Shaka x Ikki (Y esa es una pareja que amo *O* despues del Ikki & Seiya XD Desde ya)
Aioros es un personaje muy emblemático en la serie, sin embargo en los fics no es muy recordado y me ha encantado verlo reflejado tan bien en tu fic n.n
Muchisimas gracias cielo, has alegrado aun ams mi día.
Jajaja! Me van a matar, el dia de mi cumpleaños leyendo yaoi XD Pero aprovecho que se fueron a comprar la torta (O mejor dicho a ver si encuentran algun lugar abierto que es cien por ciento posible) Y no me quisieron llevar *_* me quedé solita ... Todo para que no vea la tarta XD




Ghylainne, 12/Mar/2007 17:12 GMT-3 escribió:
Síi, por fin lo terminé!!! Lo he tenido aparcado un poco Pues el lemon fue lo que más me costó, tanto que estuve a punto de no ponerlo -.-u Muchas gracias por lo que dices cielo n/////////n mira como me dejas A mí me encanta la figura de Aiolos, me parece que da mucha fuerza ^^ Nada hija, a leer yaoi, que por algo es tu cumple y lo puedes celebrar como quieras Espero que hayan acertado con la tarta y que estuviese bien rica

Besotes
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