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| iri20 |
Publicado: Mar Jul 03, 2007 6:00 pm |
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Kanon del Dragón Marino - Moderador

Registrado: 24 Jun 2007
Mensajes: 699
Ubicación: En un país multicolor... intentando conquistar el mundo.
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Cielo....lo siento mucho, se que este fic se retrasó muchísimo pero ya te expliqué porqué, el año que viene lo tendré a tiempo, lo prometo. Debería haberte deseado mucha felicidad en tu día pero en lugar de eso te deseo toda la felicidad todos los días. Un beso muy fuerte. Espero que te guste, va con todo mi cariño y esmero.
El aire tibio de la tarde, con su olor a Sol y su vista de calidez, entraba por la ventana.
Sentado en un rincón de la iluminada habitación se encontraba un muchacho. Las marcas de las lágrimas recorrían son sonrosadas mejillas, ya no lloraba pero sus trasnochados ojos se mostraban totalmente irritados para dar fe de la larga noche de llanto, reproches y cavilaciones así como la inmensa mañana repleta de dudas.
Aunque los pajaritos cantasen sus himnos de amor primaverales en su ventana no podía dejar de sentirse el más desgraciado de los hombres.
Aiolos, su algo más que maestro, se había pasado gran parte de la mañana llamando a la puerta, instándole a que saliera de una vez y dejase de armar berrinche.
Sin embargo no quería ni podía. Se sentía tan terriblemente usado que mirarse al espejo le daba náuseas ¿ En qué se había convertido? Él era el fiel salvador de la Diosa, bravo guerrero que no se rendía jamás, aquel que por feas que se pusieran las cosas siempre se levantaba y se erguía victorioso.
Cuando Saori-San le dijo que él sería el próximo caballero de Sagitario no se lo podía creer, Aiolos, su maestro, era lo mismo que él, un hombre capaz de dar la vida por Athena. Sin embargo al final Seiya había acabado por ser, simplemente, su puta.
Unos enérgicos golpes en la puerta sacaron al muchacho de sus pensamientos.
- Si no sales de una maldita vez echo la puerta abajo.
No pensaba salir, si decidía entrar tendría que asumir los golpes que el Pegaso le tenía preparados. En su cabeza todavía permanecía fija la imagen de Aiolos besando y manoseando a Saga. Esos dos gemían y suspiraban como lo hacían el y su mismo maestro en las innumerables noches de pasión que habían compartido.
No soportaba la idea de que Aiolos posara sus labios sobre los de nadie, pero pensar que derrochara su pasión con su asesino le quemaba, en aquel momento sentía verdadero odio hacia los dos.
-Escúchame, Seiya. Era la primera vez que ocurría. Te lo juro, sólo ha sido un desliz. Te prometo que no volverá a pasar.
Sólo alcanzaba a reír sardónico ¿ Cómo podía creerle? ¿ Si había pasado una vez porqué no iba a pasar más? ¿ Qué le daba Saga que él no le diese?
- Seiya... aún eres un niño, no comprendes que a veces uno necesita variar, no es nada malo.
JA!
Si lo era, él no necesitaba a nadie más porque amaba a Aiolos. Aunque tuviesen que esconderse porque el centauro no deseaba que nadie supiera que estaban juntos, que era homosexual, por temor al rechazo...por...¡Quieto ahí!
¿Podría ser acaso que Saga poco o nada supiera de su relación con Aiolos? Tal vez la idea de vivir escondidos fuese sólo para poder ir con quien quisiera, para que nada le pusiera freno.
“No tiene nada de malo” Había dicho.
Tal vez fuera cierto, es posible que fuera la primera vez con Saga...o incluso con alguien del Santuario pero.... Aiolos gustaba de bajar solo al pueblo muy a menudo.
Entonces su salió de la habitación, necesitaba respuestas.
- ¡Por fin entiendes razones!
La respuesta que obtuvo el centauro fue un soberano puñetazo en la boca del estómago.
- ¿Cuántos más ha habido?
La mirad del Pegaso era fija y fría, como si de Hyoga se tratase.
- ¿Qué más da? Sabes que al único al que amo es a ti.
- Osea, que no sólo ha sido con Saga ... ¿ Quienes eran?
- Te repito ¿ Qué importa?
- Quiero saber quienes se han estado riendo de mi.
- Nadie, porque NADIE sabe lo que pasa entre nosotros.
- Pasaba, renuncio al puesto de calienta camas.
- No digas estupideces Sei!
La mano cálida de Aiolos acarició su mejilla. Se sentía tan bien su contacto y deseaba tanto creer en su amor...
- No, no me toques- Empujó su mano lejos suyo- Ya basta. Yo ya no tengo anda más que decirte. Nos vemos el lunes en el entrenamiento.
El Pegaso salió de Sagitario directo a pedirle refugio a Saori-San hasta el lunes. Es decir, todo el fin de semana.
No sabía por donde iba a empezar a contarle. Ella ni sabía lo de su homosexualidad, mucho menos que se había metido con su propio maestro. Durante un tiempo creía que la Diosa había estado interesada en él pero con el tiempo ya le trataba de una forma simplemente fraternal, igual que al resto de sus compañeros kamei.
Llegó rápidamente al Templo de Athena pues no se detuvo ni un segundo a hablar con nadie, ni cuando Hyoga le salió al paso.
Cuando llegó Saori estaba reunida con Kanon, aquellas entrevistas solían durar horas, había quien decía que en ellas la Diosa intentaba sellar las ansias de poder del ex marina y otros que este se “trabajaba” a la Diosa.
Se sentó, pensar en Kanon también le lastimaba. Su imagen era igual a la de Saga y no podía evitar recordar el momento en que entró en la habitación de su maestro sin llamar.
- Seiya... ¿ Porqué tienes rastros de lágrimas por toda la cara?
El caballero de Pegaso despertó sobresaltado de sus pensamientos al ser requerido por la fuerte voz del Fénix. Este le miraba preocupado, sabía que aquello no era normal.
- Bueno...yo... es que...
Ikki viendo la indecisión de su amigo lo tomó por un brazo y le acompañó a lavarse la cara. La verdad era que el agua fresca le había sentado muy bien, era como si lo viera todo menos malo.
- Oye, Seiya...¿ Qué te pasó?
Ikki preguntaba mientras mantenía la vista fija en la ventana.
- Me es complicado contártelo.
-umm
- Venía a pedirle a Saori que me dejase quedarme aquí el fin de semana, no me siento cómodo en Sagitario.
- Pues vas a tener que esperar, Kanon ha entrado a verla hace apenas diez minutos, pero podemos hacer una cosa... Tu venías a pedir refugio y yo un pony por Navidad. Aprovechemos que Aioria no vendrá en todo el fin de semana y quédate en Leo.
Ikki podía ser muy rudo pero no dejaba jamás de estar junto a él cuando le necesitaba, a la chita callando, restándole importancia a lo que hacía ni colgarse medalla alguna. Siendo simplemente Ikki.
- Gracias Ikki...¿ No seré molestia?
- Joder, pony, no insistas, te quedas porque digo yo que te quedas.
- Jeje, vale pollo. Por cierto, ¿a donde se fue Aioria?
- Ya sabes, a un entrenamiento especial a la India, con Marin.
- ahhh
- Dicen por ahí que están juntos.
- ¿Y lo están?
- ¿Entre nos? Marin se ha quedado a dormir varias veces.
A Seiya no le sorprendía aquella relación pues sabía desde hace tiempo que ambos se gustaban.
- ¿Qué tal vas con Aiolos?
El pequeño se sorprendió por la pregunta, siendo obvio que algo malo había pasado, aún así preguntaba algo que le dolía. Le miró y en los ojos de Ikki brillaba una luz extraña y una media sonrisa adornaba sus gruesos labios. Parecía incluso que lo sabía todo.
- Bien.
- Entonces porqué no te sientes cómodo en Sagitario? Yo en Leo sólo me siento algo violento cuando Aioria y Marin se hacen carantoñas.
- Qué bonito es el amor! Jaja y claro, tu pasas de esas mariconadas.
- No, la verdad- miró un momento al suelo- es que me dan algo de envidia.
El Pegaso se sintió flasheado, el Fénix no acostumbraba a mostrar fácilmente sus sentimientos. A pesar de eso, era sabido el gran amor que le había profesado a Esmeralda y a veces incluso pensaban que en la lejanía de la muerte la había idealizado, llagando a amarla todavía más de lo que la amó en vida.
- Bueno, ¿ vamos tirando? Empiezo a tener hambre.
Al fin se decidieron a irse de allí y Seiya se sintió muy reconfortado al no tener que decirle a su Diosa lo que le había pasado, se sentía como un pañuelo desechado, aunque realmente aun no le habían dado la patada.
Sin embargo temía el momento de atravesar Sagitario y de cruzarse con Aiolos, no quería que su amigo el Fénix escuchara ciertas cosas. Finalmente no tuvo que preocuparse por eso ya que el centauro no estaba. Un ramalazo de celos le invadió, a su cabeza retornó la imagen de su amante retozando con Saga, por un segundo pensó en ir a Géminis y matarlos a los dos pero se contuvo, eso sería mucho peor.
Llegaron a Leo, acomodó las pocas cosas que se había traído y se sentó en un sofá.
Aunque había vivido con Ikki tanto en el orfanato como en la Mansión no sabía muy bien como comportarse, se sentía un poco incómodo.
Se sentaron a la mesa para comer pero en la estancia gobernaba el silencio, era la sombra de los motivos de Seiya que hostigaba a ambos. Uno no sabía como decirlo y el otro ignoraba una manera sutil de preguntarlo. Finalmente el molesto silencio fue roto por Ikki.
- Hace muy buen día ¿ Nos vamos a la playa?
- Bueno
Esa fue la corta y desganada sonrisa del menor que parecía no tener ganas de nada. En realidad lo que no le gustaba de aquel plan era tener que pasar por Géminis pero no podía decirlo sin tener que explicar de una buena vez porqué.
Se marcharon después de comer y efectivamente pasaron por Géminis puesto que habían aprendido a volar. Una daga se le clavó en el pecho cuando al pasar por la tercera casa Saga y Aiolos estaban hablando animadamente en el sofá. Siguió de largo sin saludar, Ikki tampoco dijo nada pero el lo hacía siempre. Le parecía estúpido pedir permiso para pasar cuando no estaba permitido otro camino. Bastante hacía con no atajar por ningún sitio.
Una vez sobre la caliente arena de la playa Seiya seguía dándole vueltas a la cabeza, por más que el Fénix le daba pelotazos en la cara, le tiraba arena o le metía sin previo aviso al agua sumergiéndole la cabeza debajo un rato, no conseguía que saliera de esa actitud apática. Al final optó por sentarse con él y atacar el problema de frente.
- A ver...¿me lo quieres contar de una vez? Sabes que lo estás deseando.
- Lo siento Ikki pero no puedo.
- No me jodas Sei! Que empiezas a preocuparme. Me tiene toda la pinta de ser mal de amores.
El pequeño no sabía por donde salir, cuando quiso hablar las palabras parecían aferrarse a su garganta.
- No lo entenderías.
- Si no me lo cuentas no sabes si lo entenderé o no. Ni que yo no me hubiese enamorado nunca.
- De esta manera no...
- Ja! Hostia! El pony tiene la exclusividad del amor verdadero!
- No es eso...
- Entonces ¿ Qué?
- Me he enamorado y esa persona me ha sido infiel.
- umm...y eso...qué tiene que ver con Sagitario y tu intempestiva huída de allí?
Seiya no contestaba, simplemente miraba la arena sin ser capaz de articular palabra. Tampoco hizo falta mucho más, Ikki ataba bien los cabos y le ahorró el trabajo.
- Esa persona es Aiolos, ¿no?
El Pegaso dudaba que contestar, no podía negar la verdad ni le serviría de nada hacerlo pues su amigo no era una persona fácil de engañar y para él las cartas ya estaban boca arriba. Sin embargo era para él mismo quien las cosas no estaban claras pues en los ojos del Fénix se veía una luz velada, tampoco le extrañaba porque entrar en su mente era sumamente difícil así como saber a qué atenerse con él. Un día era tu mejor amigo, te brinda toda su ayuda y el siguiente emprendía un viaje para volver un día sin más en un estado todavía más hermético que cuando se fue.
El tiempo pasaba sin que ninguno dijese nada. Ikki se levantó de la arena ya habiendo tomado el silencio como una afirmación.
- ¿Volvemos? Empieza a hacer frío.
- Bueno.
Aquella cena fue si cabe más silenciosa que la comida y se fueron a dormir sin volver a tocar el tema.
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La mañana se presentaba igual de horrible para Seiya. Aunque todavía era sábado no podía evitar pensar en el maldito lunes, que se acercaba inexorable. En estos pensamientos andaba el muchacho cuando sin llamar entró en la habitación un sonriente Ikki.
- Arriba!! Tengo un plan genial!!
- Un plan?...ufff...no me apetece demasiado...
- ¿ Cómo puedes saber que no te apetece si no te he contado el plan? Estoy convencido de que si te gustará. Vamos a ir al parque de atracciones, comemos por allí y después nos vamos a los recreativos, volvemos para cenar y cambiarnos y después te llevo de marcha a un sitio genial.
- De verdad Ikki, no me apetece salir.
- Una pena entonces, porque vamos a salir aunque tenga que llevarte a rastras. ¿ O estás muy ocupado llorando a alguien que no te quiere?
La sonrisa de autosuficiencia de Ikki le dolió más que aquellas palabras pero tenía razón, Aiolos no estaba llorando por los rincones ni esperando que volviese, más bien lo contrario, muy posiblemente estuviera entre las sábanas de Saga sin acordarse de su existencia.
- Tienes razón, me visto y nos vamos.
Así fue como se marcharon al parque, donde montaron en todas las atracciones habidas y por haber. Seiya se compró un helado que durante el transcurso de una de las atracciones terminó sobre el pantalón café con leche de Ikki, el cual no sabe porqué no mató al Pegaso. Más tarde fueron a comer, aunque el pobre aprendiz de Leo deseaba irse a cambiar y tras ello fueron a los recreativos donde se resarció de lo del helado ganando a Seiya a todas las máquinas.
La verdad es que se habían reído como nunca y disfrutado de la compañía mutua.
Se fueron a cambiar y a cenar, como había sido el plan desde un principio y entonces fue cuando Ikki llevó al pequeño e inocente Pegaso a uno de los antros que el solía frecuentar. El lugar era más bien lúgubre, un bajo comercial reconvertido en local. Apenas había luz y la zona en la que estaba se veía bastante destruida, parecía que hubiese estallado una nueva guerra santa. Habían podido oír la música varias manzanas antes y una vez dentro parecía atravesarle la cabeza a Seiya aunque en un rato se acostumbró.
En el centro del local había una pequeña pista donde la gente se apretujaba para hacer algo similar a bailar, el Fénix le arrastró hasta ella y empezaron a seguir el ritmo entre empujones y codazos.
En poco tiempo estaban totalmente sudados y secos, fueron a la barra a tomar algo de beber. Allí pudo observar como la camisa negra entreabierta que llevaba Ikki estaba toda pegada a su cuerpo lo cual se le antojó bastante sexy. Se quedaron allí charlando y no pasó mucho tiempo hasta que un par de muchachos muy guapos se les acercaron y comenzaron a hablarles muy animadamente, parecían unos chicos muy agradables y Seiya jamás había visto a Ikki ser tan simpático con nadie, la verdad es que el ambiente le parecía un tanto enrarecido, sin embargo no dijo nada y continuó la charla, se lo estaba pasando muy bien.
Volvieron a la pista, esta vez acompañados de los dos muchachos y empezaron a bailar. No tardó más que unos segundos en notar que el chico que bailaba con él se le arrimaba demasiado y cuando quiso mirar a su compañero para indicarle que algo muy raro pasaba vio que Ikki y el otro tipo se estaban ¡besando!
Por un momento se paró en seco, observando como las manos de Ikki se habían deslizado traviesas hasta el trasero de ese chico. Cuando apartó sus labios de él lucía una seductora sonrisa que le hacía resplandecer, sus labios parecían todavía más rojos y apetecibles. Su acompañante cada vez se restregaba más contra él y cuando reaccionó le empujó bastante fuerte y se marchó fuera del local, acaparando la incrédula mirada de Ikki.
Una vez fuera pudo tomar el aire, por algún motivo le costaba mucho creer lo que acababa de ver. Nunca imaginó que a Ikki también le gustasen los hombres, de hecho si hubiera tenido que esperar algo de él al saber lo de Aiolos hubiera sido el rechazo, aunque había quedado patente que no había sido así...ni lo sería....
Una mano sobre su hombro le hizo despertar de sus pensamientos. Era Ikki, se le veía muy serio.
- ¿ Nos vamos ya?-dijo mientras le tendía la cazadora vaquera.
Los ojos del otro se le habían clavado, no decía ni una palabra pero en sus ojos había cierto ¿miedo?
Caminaron lentamente hacia el Santuario en total silencio. Seiya seguía impactado por lo que había visto, no es que le pareciera mal pero nunca creó que Ikki hubiera pasado por lo mismo que estaba pasando él.
Finalmente una vez en Leo Ikki rompió el silencio.
- No entiendo tu reacción...
- Yo tampoco, no por nada malo, es sólo que nunca imaginé que tu hubieses pasado por mis mismas dudas.
- Pues ya ves que si.
- Yo te hacía todavía prendado del recuerdo de Esmeralda.
- Me costó mucho, mucho, aceptar que ya no estaba.
- Ya supongo...
El Fénix apenas profirió un gruñido.
- No quería que mi reacción te sentase mal sólo me sentí desbordado por un momento. No me gustó aquel lugar ni esos chicos.
- Imagino que Aiolos es más sutil en sus insinuaciones.
En aquel terreno se sentía muy incómodo sin embargo había comprendido que nadie podría entenderle tan bien como Ikki pues no tenía que andarse con medias tintas con el.
- Si, al principio no entendía muy bien, me sentía atraído por él aunque no imaginaba que llegase a haber algo. Con el tiempo se dio cuenta y sus palabras se volvieron osadas, hubo un tiempo en que creí que eran imaginaciones mías, que no podía corresponderme.
- Pero si lo hace.
- No, le pillé con otro.
- Uff, que mal ¿ Con quien?
- Con Saga.
- Caray, cuanto caballero “desviado”, esto va a ser el ver todos los días a Saori.
Seiya se rió ante la broma de su amigo y le hizo un pequeño gesto como diciendo que no fuese malo.
- Bueno, hay muchos hombres en el mundo, te lo digo yo que los he probado.
- Jeje...ni que hubieras estado con todos.
- Hombre con todos con todos no... por ejemplo contigo aun no he estado pero ahora que te miro no estás nada mal, jeje.
Seiya se quedó callado.
- ¿Fue el primero?
El de los ojos castaños sólo asintió. Se sentía un poco niño ante tanta experiencia por parte del otro.
- Yo que tu le pagaba con la misma moneda, me liaba con otro ya.
- No creo que sea tan fácil.
- Si lo es.
Sin decir más los labios tibios del Fénix estaba acariciando los suyos, su lengua campaba plácida por el interior de su boca, intentó protestar pero las palabras no le salían. Podía decirle que parase, sus labios eran libres de hacerlo pues Ikki estaba ya deleitando su cuello con besos apasionados que no por intensos perdían su dulzura.
- Déjate ir.
Susurró Ikki en su oído mientras acariciaba su abdomen. Eso hizo, rendirse ante la tentación que el otro le regalaba. Sus besos eran lo más cálido que había probado. Sus manos diestras deslizaban su ropa suavemente para dejar la piel al descubierto y cubrirla con caricias prohibidas. Realmente se dejaba hacer por aquellas manos que le llevaban al cielo mientras comenzaba a gemir.
El peliazul se quitó la camisa y se deshizo del pantalón de ambos. Le tumbó en el suelo de la sala y se extendió sobre acariciando la cara interior de los muslos con las yemas de sus dedos mientras besaba su cuello. Del interior de sus piernas pasó a acariciar su entrepierna para ver con cara de absoluto placer como Seiya gemía y se contorsionaba. En el rostro del Pegaso sólo se veían muecas de intenso placer y un tremendo rubor, para éxtasis suyo su amante deslizó su boca por su pecho y abdomen hasta llegar a su sensible miembro para lamerlo con lentitud. Los jadeos profería el Pegaso contribuían a volver loco al Fénix deseaba tenerle, quería hacerle suyo y no podía evitar apretar sus carnes fuertemente, al final engulló aquel pedazo de carne y empezó a succionar con fuerza. Mientras se dedicaba hacer gozar de esa forma al pony uno de sus dedos se deslizó hasta la tibia intimidad de Seiya, no pasó mucho rato hasta que fue él mismo quien movía las caderas con el fin de que Ikki aumentara la velocidad en los dos lados.
Al final el peliazul hizo que las posiciones se invirtieran, quedando el muchacho sentado a horcajadas sobre él, desde ahí sólo fue colocar su necesitado pene en la entrada de Seiya y dejar que él se moviera rítmicamente.
Ikki mantenía sus ojos azul intenso cerrados y ligeramente apretados, con cada movimiento desenfrenado del otro gemía fuertemente. El Fénix le acariciaba al mismo ritmo que el otro le marcaba y siendo así apenas tardaron en derramarse entre potentes gemidos.
Se quedaron abrazados un buen rato, el peliazul le rodeaba con sus brazos de manera protectora mientras acariciaba sus hombros.
Seiya se sentía confuso, no sabía muy bien como habían llegado a aquel punto. ¿Había sido por venganza? No le parecía pues entre su brazos se sentía más a salvo que nunca, sentía las caricias del otro dulce y llenar de amor. ¿ Era posible que sólo fuese afecto? Habían sido amigos desde que el otro había vuelto y ahora había pasado algo más entre ellos. No sabía como iba a afrontar aquello cuando esa noche pasara.
El día llegó, domingo, al día siguiente tendría que confrontar a Aiolos. Cuando despertó creyó que Ikki tendría nuevamente armado un plan de salida igual que el día anterior, que la apasionada noche que habían compartido no trascendería. No fue así, utilizaron el domingo en quedarse en la cama comiendo helado de chocolate, acariciándose, besándose y haciendo el amor ardientemente.
Al anochecer estaban cenando en la cocina, sin llevar puestos nada más que la ropa interior. Tenían una charla animada a cerca de Fórmula 1 cuando Seiya dijo estirándose.
- Ummm... deberíamos dormir, mañana hay que entrenar.
La mirada de Ikki se nubló.
- ¿Vas a ir a entrenar mañana?
- Tengo que ir, no puedo dejar de hacerlo. Es mi obligación.
- ¿Y qué hay de Aiolos?
- No hay nada, me engañó...
Quiso decir “ y ahora estoy contigo” pero se lo cayó porque no estaba seguro de que era lo que tenían, de si estaban juntos, de si era sexo sin compromiso o de si al marcharse acabaría ese bonito sueño.
Ikki volvió a atrapar su boca y reiniciaron nuevamente la pasión.
Aquella ardiente noche pasó y el maldito lunes llegó. Seiya llegó a Sagitario. Allí le esperaba el Arquero, mirándole enfadado como si en tales circunstancias le debiese explicación alguna.
-Te parecerá cojonudo marcharte todo el fin de semana con el psicópata ese.
- Pues la verdad es que jamás me lo he pasado mejor.
Aiolos lo miraba airado.
- Pues yo creo que deberíamos haber hablado. Tenemos una conversación pendiente.
- La tendrás tu, yo creó haberlo dejado todo claro. Se acabó, me importa un carajo lo que digas.
Seiya tomó sus cosas y bajó al Coliseo a entrenar, su maestro se quedó allí rumiando el desaire que le había dado su aprendiz y ex amante. Bajó un rato más tarde, lo justo para encontrarse a Ikki saliendo de Leo. Le miró de mala manera, con desprecio, no le gustaba aquel niñato de bronce. El peliazul no iba a dejar pasar aquella mirada ni aquella oportunidad.
Agarró por un brazo a Aiolos y le hizo ponerse de frente.
- ¿Qué haces, imbécil?
- Quiero dejarte clara una cosita. No quiero que te vuelvas a arrimar más de la cuenta a Seiya.
El mayor se quedó descolocado un momento.
- jaja, no se si lo sabes pero soy su Maestro.
- No me refiero a eso y lo sabes. Si vuelves a intentar tener algo con él más allá de la relación maestro – alumno te enterraré en una caja de cerillas.
- AH SI? ¿ TU Y CUANTOS MÁS?
- Yo, yo solito.
- Vete a la mierda, no tienes ningún derecho a decirme eso.
Ikki sonrió.
- Si, si lo tengo y si no te lo crees pregúntaselo a él.
Dio media vuelta dejando al dorado asimilando esas palabras.
El ave de fuego no podía esperar necesitaba hablar con Seiya que le volviese a decir que no volvería con Aiolos pero eso no le era suficiente, precisaba oír que sólo quería estar con él y que lo del centauro había pasado a la historia, sabía que era pronto pero su corazón latía desesperado como únicamente el pony sabía hacerlo latir.
Una vez abajo le llamó a parte, fueron a un lugar alejado donde preservarse de ojos curiosos y oídos entrometidos.
- Seiya... necesitaba verte.
- ¿Por? ¿Pasó algo?
- Si y no... ¿recuerdas que ayer dijiste que no volverías con Aiolos? Pues acabo de decirle que si vuelve a intentar algo contigo le mato y que estamos juntos.
Seiya no se lo podía creer, no necesitaba que nadie le defendiese pero al ver la carita afectada del otro supo que no lo había hecho porque creyese que no se podía cuidar solo, sino porque tenía miedo de que se arrepintiera. Ahora sus actos estaban claros, su ayuda incondicional desde siempre, su trato a veces cercano y otras esquivo, su cariño y ternura cuando le tocaba... el Pegaso nunca vio nada con tanta claridad como en aquel momento. Tenía que besarle porque era encantadoramente atractivo y fue en ese momento, en ese beso que prometía felicidad cuando Aiolos pudo ver con sus propios ojos que había perdido a quien por tantas noches había sido suyo por no saber cuidarlo. No dijo nada, no les hizo escándalo ni se lo contó a nadie, simplemente aceptó la derrota y se fue sin hacer ruido.
- Sei, ¿ Porqué no nos saltamos el entrenamiento y nos vamos a un lugar que conozco?
Entre risas se alejaron del Santuario pensando en las noches que en el futuro les esperaban. |
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