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Ichigo_Niriel
Publicado: Mar Jul 10, 2007 7:44 pm Responder citando
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Sentimientos del Tiempo

Capítulo 1: El principio

Era 16 de Julio en el Santuario de Grecia. Aquel día llegaban los nuevos niños que iban a empezar a ser entrenados como candidatos a las legendarias armaduras de oro.

En él ya vivían los hermanos Aiolos y Aioria, el segundo, que era el hermano pequeño, aún no había comenzado su entrenamiento. Aioria iba a empezar con los demás, los nuevos niños que llegaban ese día. El español Shura, el mejor amigo de Aiolos entrenaba tambien con el candidato a la armadura de Sagitario.

También los gemelos Saga y Kanon vivían en el santuario y ambos habían ya empezado su entrenamiento años atrás, pues eran los mayores entre los candidatos a las armaduras doradas junto con Aliolos y Shura.

Bajo el ardiente sol de aquellas tierras fueron llegando desde mar, aire y tierra niños de varias partes del mundo. Uno a uno, fueron siendo presentados ante el Patriarca que esperaba ya preparado ese momento.

Uno de ellos venía del Tibet, lugar donde se encontraba la montaña más alta del mundo, el Everest. Su aspecto era tan peculiar como bello. Se llamaba Mu.

El siguiente era un niño de aspecto muy agresivo que venía desde Italia. Nadie sabía su verdadero nombre, se dio a conocer como Máscara de Muerte.

Justo después el hermano pequeño de Aiolos, Aioria. Un niño bastante normal pero muy valiente.

Seguido un niño rubio tan bello como Mu, tenía los ojos cerrados y parecía bastante callado. Procedía de la India y se llamaba Shaka.

Junto a el estaba un niño guapo y enérgico que procedía de otra región de Grecia. Su nombre era Milo.

Después llegado de Francia un niño algo frío llegado desde Francia, de nombre Camus.

Y por último desde la nórdica Suecia el niño más bello que pisó el santuario. Se llamaba Afrodita.

Presentado cada niño y preparados para empezar todos fueron al coliseo para comenzar su entrenamiento. Sin embargo durante la tarde mientras los niños iniciaban su entrenamiento el Patriarca se vio inquieto.

La armadura de Tauro no tenía candidato. Tenía que haberse presentado un niño más… pero solo llegaron siete niños. Empezó a preguntarse quién podría ser candidato a esa armadura ¿qué podría hacer?

El Patriarca se levantó de su trono, debía arreglar esto y ahora solo contaba con una persona que pudiese ayudarle. Salió el Patriarca de la sala subiendo unas escaleras, caminando respetuosamente hacia la enorme estatua de su diosa, Athena.

Se arrodilló ante la estatua rezando desde su mente a la poderosa diosa “Nuestro deber es protegeros mi diosa Athena, más si solo un caballero de oro faltara os veríais en serio peligro. Por favor diosa mía, os pido me enviéis a un candidato a la armadura de Tauro lo antes posible”

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Al calor del verano de Brasil un niño era victima de burlas crueles por otros niños de su misma edad.

Aquel niño aparentaba más edad de la que tenía ya que era más alto y corpulento que los demás. Por esa razón, por ser más grande de lo normal, era que los niños en vez de tenerle miedo se agrupaban para humillarle.

El pobre marginado se llamaba Aldebarán. Lejos de ser violento y bruto a pesar de su aspecto aquel niño era muy pacífico. Mientras los demás le insultaban y le pegaban, el nunca quiso hacerles daño.

Solo pedía que se detuviesen, se preguntaba ¿Por qué?... ¿Por qué nadie me quiere como soy? ¿Por qué tengo que ser diferente?

Tenía un gran corazón y no deseaba que sus fuertes puños sirvieran para dañar a los demás. Se lo prometió a su madre antes de morir. Aldebarán era huérfano y vivía de trabajar en el campo junto a aquellos horribles niños que al igual que él no tuvieron suerte en la vida.

Pero Aldebarán era especial, el único al cual las desgracias no le habían vuelto un bruto desalmado.

Aldebarán no tenía ni idea de lo que aquella tarde le iba a ocurrir, ese día su vida iba a dar un giro enorme y todo cambiaría para él, cuando una broma cruel le condujo milagrosamente hacia su destino.

El niño se encontraba trabajando los campos aquel ardiente día, pero Aldebarán era fuerte y aguantaba, a demás estaba acostumbrado al calor. Solo llevaba puesta una camiseta blanca sin mangas, unos pantalones cortos de color marrón y unas chanclas.

-¡Aldebarán!- lo llamó uno de los niños –Ven con nosotros vamos a ver el mar-

Aldebarán casi no podía creer que quisieran llevarle a ver algo tan maravilloso. Él nunca había visto el mar con sus propios ojos.

-¿A qué esperas? Deja el rastrillo y vamos- dijo otro niño que acompañaba al anterior.

Sabía que eso estaba mal, nadie les dio permiso para salir de los campos donde trabajaban casi como esclavos, pero para qué negarlo… ansiaba escapar alguna vez, aunque fuese una locura, si el señor les pillaba les azotarían a todos.
Pero finalmente sus deseos pudieron contra su mente, prefería cometer una locura que permanecer en aquella jaula.

Aldebarán por esta vez decidió confiar en sus compañeros, deseaba profundamente ver el enorme océano Atlántico. El niño dejó el rastrillo y les siguió.

Los cuatro niños, Aldebarán y los otros tres, caminaban por un camino en el campo hacia la ciudad. En la lejana urbanización estaba el puerto y la playa que anhelaban encontrar.

-Nunca habíamos salido del pueblo, la ciudad es enorme y llena de gente según me han dicho- decía un niño.

-A ver si hay suerte y puedo robar algo- contestó otro.

La ciudad estaba lejos para ir a pie, así que los cuatro al ver pasar un carro a caballos con fruta para la ciudad, sigilosamente para que el vendedor no se enterase, subieron al carro para acortar el viaje y no tener que caminar.

Dos horas después llegaron por fin a la zona urbana que jamás en su vida conocieron. Los niños bajaron del carro alegremente, el único que por supuesto no estaba tan alegre era Aldebarán. Aunque para el era maravilloso ver algo nuevo no soportaba la compañía con la que aceptó venir.

Se limitaba a estar callado pues ya les conocía bastante como para saber que si hablaba sería peor.

-Vamos gigante estúpido ¿Te pesa el culo o qué?- se burlaba un niño insinuando a Aldebarán que caminase más deprisa pues estaba todo el rato detrás.

Pudo distinguir como sus compañeros susurraban entre ellos mirándole de reojo con malas intenciones.

A Aldebarán algo le olía mal ¿Qué estarían tramando?

Al fin después de dar muchas vueltas lograron llegar al puerto. Aldebarán quedó asombrado por la belleza del mar.

-Es enorme- se dijo para si mismo el niño admirando el paisaje de las azules aguas que brillaban con el sol. Muchas gaviotas alzaban el vuelo, y se respiraba un aroma muy agradable mientras el viento acariciaba la piel.

Aldebarán se acercó un poco más hasta quedar muy cerca del agua, quería agacharse y tocarla, descubrir como era el agua de mar.

Pero de repente, aquel instante maravilloso fue interrumpido por un fuerte empujón que lanzó a Aldebarán dentro de una barca que tenía justo al lado. Una sencilla barca de madera que solo tenía dentro una red de pescar rota.

-No volveremos a ver tu fea cara imbécil- los niños rieron y dieron un fuerte empujón a barca, con lo cual Aldebarán era desplazado por las aguas en la dirección del viento.

-¡No! Chicos salvadme por favor ¡No se nadar!- gritó Aldebarán desesperado al ver como se alejaba cada vez más.

-Lo pasaremos genial robando en la ciudad sin ti- respondía un niño.

-Hasta nunca pringado- se burlaba otro.

Aldebarán no quería creer lo que le habían hecho, esta vez habían ido demasiado lejos. Flotando la barca a la deriva el pobre niño quedo totalmente abandonado en medio del mar sin agua ni comida.

***

Llegaron las tinieblas de la noche, nada se veía en aquella inmensa oscuridad en medio del mar. Aldebarán se encontraba tumbado en la barca, tenía frío y miedo. Estaba perdido. Ya ninguna esperanza quedaba en él, estaba seguro de pasarían los días y moriría.

Cuando Aldebarán iba a dejar sus ojos cerrarse para nunca volver a abrirse una luz apareció en el horizonte. Era una luz muy cálida que poco a poco le envolvió, le hacía sentir una calma que nunca conoció.

Aldebarán se incorporó y distinguió de pie sobre el agua la figura de una bella mujer extranjera que en una mano portaba un báculo, en la otra mano un escudo, y sobre su cuerpo una increible armadura dorada que resplandecía como las mismísimas estrellas.

La mujer le sonrió dulcemente, y una luz cegadora hizo caer al niño en un profundo sueño.

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Al día siguiente en el santuario comenzaba la mañana como siempre. Todos desayunaban en sus casas y se preparaban para su entrenamiento matutino.

Aquella mañana Mu, uno de los aprendices para caballero se dirigía al puerto para entregar un mensaje de parte del Patriarca. De vez en cuando a los niños les tocaba cumplir algún encargos como sirvientes a parte de entrenar.

Se dirigió el niño hacia una casa grande junto al mar, era la del dueño del puerto. Mu llamó a la puerta que fue abierta por la esposa del dueño.

-Disculpe señora ¿Está su marido aquí?- preguntó Mu a la mujer.

-No lo siento, ha ido al pueblo ¿quieres que le de tu mensaje?- respondió la señora.

-Si por favor, es de parte del Patriarca, le envía esta carta- contestó Mu dándole a la mujer el papel en el que el Patriarca escribió su mensaje.

-De acuerdo se lo daré- terminó la señora despidiéndose antes de cerrar la puerta.

Cumplido el encargo Mu se encaminó de nuevo hacia el Santuario. Pero su marcha se vio interrumpida cuando su mirada se volvió hacia el mar, el niño vio que venía flotando una barca vacía.

-Que raro- se dijo Mu que no se esperaba que viniese una barca tan pobre sin nadie dentro, normalmente se necesitaba autorización para llegar ahí... y no vió a nadie que recibiera el objeto.

Movido por su curiosidad el niño se dirigió a la playa hacia la cual estaba a punto de llegar la barca. Cuando Mu pisó ya la arena y se dirigió andando hacia el recién llegado objeto, la barca al fin se detuvo.

Se asomó Mu a su interior para descubrir que no estaba vacía. En ella había un niño muy robusto que se encontraba inconsciente. Mu por un momento se asustó, pensó que estaba muerto.

Pero entró con él en la barca y poniéndole boca arriba comprobó que su corazón latía –Menos mal- Mu sintió un gran alivio.

El niño que se hallaba tumbado abrió lentamente los ojos. Aldebarán, aún no consciente del todo, pudo distinguir ante él un bello rostro que le miraba con preocupación. Le pareció estar viendo un ángel o tal vez una sirena.

Pero no pudo admirarle por mucho más tiempo ya que de nuevo se desmayó.

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Aldebarán abrió los ojos, esta vez recobró la consciencia completamente. Pero ya no estaba en la barca. No conocía ese lugar. Miró a su alrededor.

Estaba tumbado en una cama, en una habitación grande y lujosa. La decoración era muy diferente a lo que antes hubiera visto.

El niño se incorporó, estaba muy confundido -¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado aquí?-

-Al fin te has despertado- una voz muy agradable se oyó cerca de él. Un hombre alto que llevaba una larga túnica se acercó al niño.

-¿Quién eres? ¿Dónde estoy?- preguntaba Aldebarán harto de no saber nada.

-Eres brasileño. Menos mal que conozco ese idioma así puedo comunicarme contigo- el hombre se sentó en la cama junto a Aldebarán y respondió por fin sus preguntas –Estás en el Santuario de Grecia donde entrenan y viven los guardianes de la diosa Athena. Yo soy, para todos, el Patriarca-

-Entonces- intentó asimilar Aldebarán –Estoy en otro país, pero no lo entiendo ¿Cómo he podido llegar hasta aquí?-

-Si- respondió el Patriarca –Es sin duda extraño que desde Brasil y a la deriva hayas llegado hasta aquí con vida- el Patriarca se puso en pie con mirada esperanzada –Sin embargo, tengo un presentimiento. Es muy posible que sea cierto-

-¿Qué presentimiento?- quiso saber Aldebarán.

-Dime ¿Qué día y que mes has nacido muchacho?- preguntó el Patriarca al niño que no entendió muy bien a que venía esa pregunta.

-Pues el 8 de Mayo ¿Por qué?- contestó Aldebarán desconcertado.

-Tauro. Lo suponía, Athena te ha salvado, has sido elegido por los dioses para ser candidato a la armadura de oro del signo de Tauro- se alegró el patriarca
–Athena ha respondido a mis plegarias-

-No entiendo nada ¿Quién es Athena? ¿Qué es eso de la armadura de Tauro?- Aldebarán realmente no entendía nada. Había vivido pobremente en su país y no sabía mucho sobre mitología griega.

El Patriarca le explicó quienes eran los dioses, y sobre todo quien era Athena y que representaba en este mundo. Le habló sobre los caballeros y las armaduras. Sobre las constelaciones. Todo lo básico que necesitara saber para el destino que los dioses le eligieron.

Aldebarán pensó tras todo aquello que realmente Athena era una diosa muy bondadosa. Quizá en el santuario podría tener al fin una vida más prospera y sobre todo… quería saber quien era la criatura que vió en la barca si acaso no fue un sueño.

Un rato después, mientras comía agradecido los alimentos que el Patriarca le ofreció, se decidió a preguntar –disculpe señor Patriarca ¿Puedo saber quien me encontró? Cuando estaba aún en la barca pude abrir los ojos por un momento y vi a alguien-

-A quien viste fue a uno de los candidatos que entrenará contigo. Se llama Mu, él pidio ayuda para traerte hasta aquí- le respondió el Patriarca.

“Mu… que nombre tan extraño. Seguro que no es griego” pensó Aldebarán antes de dirigirse con su nuevo atuendo de aprendiz hacia su nueva vida como futuro caballero.

“Sea como sea aquí lograré una vida mejor, todo cambiará, y aprenderé a usar mi fuerza para proteger y no para dañar”

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En el coliseo los niños entrenaban ante su maestro, un caballero de plata.

-Muy bien, es tu turno Shaka. Recuerda, desde tu cosmos puedes causar un golpe fatal hacia un mismo punto. Destruye la roca de una sola patada- ordenó el maestro.

Shaka asintió sin decir nada, y se preparo para dar un ágil salto, acumulando primero la energía de su cosmos para lograr la potencia necesaria. El niño rubio con una hábil patada fusionada al poder de su cosmos hizo añicos la roca de un solo golpe.

Aldebarán, quien recientemente había llegado, pudo ver la escena. Quedó asombrado al saber que solo con su cuerpo podría hacer algo semejante.
El maestro se percató de la presencia de su nuevo alumno –El debe de ser el candidato de la armadura de Tauro- se dijo para si mismo el caballero.

Sabiendo por el Patriarca que aquel niño aún no sabía hablar griego indicó con un gesto a Aldebarán que se acercase. El niño se sentía fuera de lugar por las barreras del idioma, pero sabía esforzarse y haría lo que pudiera para aprender, se acercó al maestro.

-Mu, ya que tu le encontraste ayúdale a integrarse aquí por favor- dijo el maestro volviendo su mirada a Mu.

De entre los niños Mu se adelantó acercándose un poco a Aldebarán, quien en ese momento sintió que su corazón daba un brinco. Fue un autentico flechazo, a pesar de no conocerle se había enamorado.

Quedó estático observando aquellos hermosos ojos verdes que le miraban; su largo cabello mecido por el aire; su blanca piel y su dulce rostro. Jamás en toda su vida vio tal criatura. No era algo que pudiera encontrarse en Brasil.

-Emm, oye… eh- la voz de su “amado” le saco de su trance –Ah ya has vuelto a la tierra. No parabas de mirarme y cuando te hablé no me escuchabas ¿Estabas distraído?-

-Que? Eu não comprendo- contesto Aldebarán (Traducción: ¿Qué? No entiendo)

-¿Cómo? Oh es verdad, no hablas griego- recordó Mu que por un momento había olvidado aquella información.

Aldebarán miró a su alrededor, por lo visto la clase había terminado todos se habían ido mientras estaba distraido.

-Cuando termina el entrenamiento todos tienen tanta hambre que se van muy deprisa. Se despidieron de mi mientras estabas en la Luna- le aclaró Mu dándose cuenta de la razón por la que miraba el entorno –Hay que ver, soy estúpido ¿Para qué me molesto en hablarle si no me entiende?- se desanimó el tibetano.

Aldebarán veía lo difícil que le era al pobre Mu comunicarse con él, y como gesto de animo, le sonrió y le tendió la mano para estrechársela -Meu nome é Aldebarán- (Mi nombre es Aldebarán)

-¿Eh?- Mu no parecía haber comprendido el mensaje.

Aldebarán se quedó un poco decepcionado, pero en seguida lo arregló lo mejor que pudo. Con la misma mano que tenía preparada para ser estrechada se señaló a si mismo –Aldebarán, Eu Aldebarán- (Aldebarán, yo Aldebarán)

Ahora si Mu lo entendió –Ah es tu nombre- el niño señaló al brasileño diciendo –Aldebarán-

Aldebarán sonrió contento de que al fin supiera su nombre y asintió mostrándole que había acertado.

Mu intentó romper un poco más el hielo y de paso lograr que fuera aprendiendo el idioma –Yo ¿Sabes cómo me llamo yo?- decía señalándose a si mismo.

Aldebarán no pareció comprender ese gesto, así que Mu recurrió al modo Tarzán –Tu Aldebarán- dijo señalando al brasileño y acto seguido volvió a señalarse a si mismo –Yo…-

-Ah- Aldebarán por fin entendió –Mu, Yo Aldebarán, tu Mu- respondió el brasileño haciendo el mismo movimiento que el tibetano.

-Si- Mu estaba contento, poco a poco estaban consiguiendo entenderse y se alegraba de estar haciendo un nuevo amigo.

Juntos fueron a cenar y juntos compartieron cada momento, Mu enseñaba a Aldebarán a hablar griego, entrenaban juntos, jugaban juntos, comían juntos. Se habían convertido en muy buenos amigos. Aldebarán sentía una gran felicidad invadirle, era la primera persona que le quería a pesar de ser… como era.

Un día estaban los dos amigos entrenando sus reflejos entre las rocas. Por turnos uno de ellos debía intentar golpear al otro, y él debía esquivar o detener cada impacto sin ningún fallo. Cuando Mu terminó su parte, cedió el turno a Aldebarán.

-Es que… no soy capaz- decía Aldebarán avergonzado.

-Siempre haces lo mismo Aldebarán ¿Por qué nunca quieres pegarme? Es parte del entrenamiento- Mu estaba cansado de esa actitud en Aldebarán, y ya algo tenía que decirle.

Aldebarán suspiró, si había algo a lo que temía era a herir a quien más quería -Pero somos amigos y me siento incapaz de…-

-Aldebarán- Mu le habló comprensivamente tratando de convencerle –Confía en mí, yo te golpeo porque confío en tus habilidades. Si tu no confías en mi no podré hacerlo tan bien como tú-

Estas palabras convencieron a Aldebarán –De acuerdo, confío en ti- dicho esto el niño se preparó y atacó con toda su fuerza. Mu realmente evitaba sus golpes a la perfección.

-¿Ves? Lo he logrado porque confías en mí- Mu sonrió a su amigo que le respondió de la misma forma.

Esos dos expresaban un gran cariño, si uno saltaba el otro también. Eran almas unidas en eterna amistad.

Y no solo Mu, los demás compañeros también se portaban muy bien con él, ahora estaba más agradecido que nunca a la diosa Athena y se había encariñado con el Santuario.

"Definitivamente tengo que convertirme en caballero de oro" pensó para sí "protegeré a Athena y podré así devolverle lo que ha hecho por mi, y a demás... estaré con Mu"

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Habían pasado dos años desde la llegada al santuario de los niños.

Se hallaban un día libre ambos amigos jugando a tirar piedras al río. Quien más lejos tiraba la piedra ganaba, y si era un buen pedrusco mejor todavía. Aunque Mu era rapidísimo lanzando no tenía tanta fuerza como Aldebarán. El brasileño era capaz de lanzarlas tan lejos que sus ojos las perdían de vista.

-Esta claro que ganas tú- rió Mu –Eres muy fuerte Aldebarán-

Ese comentario despertó inesperadamente recuerdos muy malos al brasileño. Su expresión se tornó seria, el niño se acercó a una roca grande que tenía cerca y se sentó en el suelo apoyándose en ella.

-Aldebarán…- Mu se vio preocupado por esta repentina actitud de su amigo. Se acercó a donde el brasileño se encontraba y se sentó junto a él – ¿He dicho algo malo?-

-No Mu… no es culpa tuya. Pero… tengo algo que contarte ¿Sabes por qué me negaba a pegarte hasta que me convenciste? Es que antes de venir aquí no tenía ningún amigo. Siempre me he desarrollado de esta forma, soy más grande que vosotros- Mu escuchaba con atención lo que Aldebarán le contaba –Por eso se metían conmigo. Nadie me ha aceptado jamás a parte de mi difunta madre. En Brasil me acosaban, a burlas y golpes me llamaban “gigante” o “monstruo” solo porque era más grande que ellos-

-Oh Aldebarán- Mu sintió mucha lastima por su amigo, no tenía ni idea de que hubiese sufrido tanto.

-Pero tu Mu, eres muy diferente. Siempre has sido tan bueno conmigo. Jamás has mencionado mi apariencia, no me has temido ni odiado. Tú y la gente de este maravilloso Santuario sois los únicos que me habeis aceptado y querido tal como soy- decía dulcemente Aldebarán –A pesar del daño que puedo llegar a hacer con este cuerpo aún sin quererlo-

Aldebarán se quitó algunas partes de la armadura de principiante y acto seguido se sacó la parte de arriba de su ropa, dejando ver sus cicatrices. Mu sintió encogerse su corazón cuando Aldebarán le dio la espalda mostrando marcas de latigazos –Un día estábamos trabajando como cada día en el campo, ese día estaba especialmente irritable porque era 5 de Junio, el día en que murió mi madre. Mientras recogía semillas uno de los niños que estaban cerca de mi dijo que mi madre era una... fulana y que meció la muerte. Al oír eso tuve un ataque de ira y le di una paliza, allí mismo. En serio que perdí totalmente la cabeza. Hasta que uno de los jefes me vio, me separó del chico y me castigó a latigazos- Aldebarán inspiraba una gran tristeza mientras contaba esto –El niño al que pegué sangró mucho, me vi como un verdadero monstruo mientras sentía el dolor de cada latigazo-

Pero sus recuerdos se vieron interrumpidos cuando sintió una suave mano sobre su espalda. Mu junto a su mano apoyó la cabeza sobre las cicatrices de Aldebarán y deslizando sus brazos lo envolvió desde atrás. Su miraba expresaba una infinita compasión, que aunque Aldebarán no podía verla, la podía sentir.

Mu se imaginó estar en el lugar de Aldebarán, haber sufrido todo aquello y pudo comprender como se sentía. Las palabras brotaron de su alma y habló
–Aldebarán… yo creo que la razón por la que eres tan grande y fuerte… es para proteger a los más débiles. Si yo estuviera en peligro estoy seguro de que podría contar con tu gran fuera- Aldebarán se sonrojo, se sentía conmovido ante semejantes palabras con el dulce tacto de su piel –Por eso no quiero que te arrepientas de ser un hombre tan fuerte, porque tu corazón es tan grande como tu cuerpo y gracias a eso podrás salvar a muchas personas indefensas. Yo confío en ti y en tu lugar hubiera hecho lo mismo, te juro que habría matado a ese bastardo. Debes de tener una madre maravillosa para haber salido de ella un ángel como tu-

Concluyó así Mu todo aquello que su corazón quisiera expresar para conseguir de Aldebarán una sonrisa.

-Mu, gracias- Aldebarán por fin sonrió y posó sus manos sobre las de Mu que se hallan en su pecho desde los brazos que lo rodeaban –Tú si que eres un ángel-

El silencio llenó el lugar, Aldebarán soltó de él los brazos del niño que había logrado hacerle sonreír con solo unas palabras y se volvió quedando de frente a él.

Sus rostros uno frente al otro, se oían únicamente el curso del agua y las aves… cuando se dieron cuenta, sus labios se habían unido, y permanecieron un corto momento. Lentamente separaron el suave contacto.

-Oh, lo… lo siento debo haber perdido la cabeza- se sorprendió Mu sonrojándose.

-No importa, a mi me ha pasado lo mismo- Aldebarán también se sonrojó, instintivamente se llevó una mano a la boca dando por hecho la vergüenza que sentía. Pero estaba en las nubes de felicidad, había besado a Mu, aunque había sido un beso sutil debido a la inexperiencia de ambos, se sintió muy feliz.

-Mejor lo olvidamos, ha sido solo un impulso- dijo Mu queriendo quitarle importancia al reciente beso.

-No Mu- esta respuesta sorprendió al tibetano –Para mi ha significado mucho este momento porque… porque yo… te amo-

-A… Aldebarán ¿en serio?- preguntó Mu anonadado, aún no se podía creer lo que acababa de oír. Aldebarán asintió con la cabeza sin decir nada, aún tenía la mano en la boca –De… ¿desde cuando...?-

-Desde…- Aldebarán al fin quito la mano de su rostro y se la llevó a la cabeza con expresión avergonzada –Desde la primera vez que te vi- respondió el brasileño con un tono bajo de voz a causa de la timidez. Sus ojos se posaron en Mu con una mirada que mezclaba amor y temor a lo que pensara Mu.

El tibetano se sonrojó aún más, no sabía que decir, estaba demasiado impactado
-Aldebarán yo…- Mu volvió la vista hacia otro sitio evitando la mirada del brasileño –No es porque seamos dos chicos, es que, yo no me veo preparado para algo así, solo somos niños. Así que… lo siento Aldebarán-

Aldebarán suspiró, por un lado sentía alivio por haber dicho ya lo que tenía que decir. Por otro estaba dolido al saber que Mu no le correspondía. Pero el creía en el amor hasta tal punto que tenía fe en que podía realizar milagros y por ello se decidió a no rendirse. Amaba a Mu y jamás renunciaría a él aunque les separara el más profundo de los abismos –Esperaré-

-¿Qué?- a Mu se sorprendió esa palabra, su vista volvió a posarse en los ojos de Aldebarán.

-Esperaré el tiempo que haga falta. Si es porque somos niños esperaré a que crezcamos. Sea por la razón que sea yo te esperaré hasta ser correspondido. Y ahora tengo valor para repetir que te amo- Aldebarán se expresó con mucho sentimiento. Mu estaba conmovido, el brasileño le amaba sinceramente, y se sintió mal por no poder sentir lo mismo y hacerle feliz.

Mas viendo lo esperanzado que Aldebarán estaba, Mu le abrazó, dejándole claro lo mucho que le quería y que por siempre recordaría lo que sentía por el y lo tendría en cuenta. Tal vez algún día en un futuro llegase a amarle como Aldebarán le amaba.

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Tres días después cada niño fue enviado a un lugar para ser entrenados. La mayoría debían entrenar en el país del que vinieron. Así pues Aldebarán fue enviado de vuelta a Brasil donde esta vez lleno de voluntad y valor se enfrentaría a todo y se haría digno de la armadura de Tauro. Cada día pensaría en Mu como su fuente de vitalidad y esperanza.
Mu también fue enviado de vuelta al Tibet donde desarrollaría su telepatía y todas sus habilidades. Y siempre permanecería su querido Aldebarán en su memoria hasta su próximo encuentro.

Se despidieron los amigos con lágrimas en los ojos y el deseo de volver a encontrarse dentro de unos años.

Continuará


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Ichigo_Niriel
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Capítulo 2: Junto a tí

Pasaron varios años desde que Mu y Aldebarán fueron separados por el destino. Ahora ambos eran fuertes muchachos de 14 años. Durante el tiempo que pasó tuvieron distintos entrenamientos y pasaron por muchas adversidades.

Pero fuera de aquellos asuntos físicos, sus corazones y sus recuerdos seguían intactos. Y sus almas se llenaron de alegría cuando recibieron una maravillosa noticia.

Estimado Aldebarán,
Su duro entrenamiento y fiel entrega al Santuario de Athena han dado buenos frutos. Gracias a los informes de su maestro y por orden del Patriarca su entrenamiento llega ahora a su fin. Ha sido admitido para la última prueba, la prueba definitiva para obtener la armadura de oro de Tauro.

Será llevado al santuario este mes de Junio para realizar dicha tarea.

Le deseo suerte y mi más sincera felicitación.


Al terminar de leer la carta Aldebarán la estrujó en su mano como gesto de triunfo –Al fin, lo lograré ¡Mu, te juro que pasaré la prueba y seré por fin un caballero de oro!-

Con una sonrisa en su rostro y lleno de felicidad empezó a preparar su equipaje, impaciente por su pronta recogida del avión que le llevaría al santuario.

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El rostro de Mu se iluminó al leer el contenido de aquel sobre, al fin la última prueba –Aldebarán. Lo logré, te prometo que conseguiré la armadura de Aries-

Dicho esto se encaminó dentro de su casa y empezó a preparar su maleta.

“¿Lo habrá conseguido Aldebarán? ¿O todavía no está preparado para volver? Le hecho mucho de menos”

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En aquel caluroso día bajo el sol, llegaba al Santuario un avión. El aparato realizó perfectamente su aterrizaje en la pista y las puertas se abrieron para que los pasajeros desembarcaran –Por favor no olviden sus pertenencias- les recordaba la azafata.

Entre los pasajeros estaba Aldebarán quien recibió con una sonrisa al país donde conoció a su ser más amado. Lo primero que hizo el brasileño fue dirigirse directamente a su casa, la casa de Tauro, para dejar allí todas sus cosas. No iba a andar de aquí para allá con todo encima.

Sintió una corazonada al ver la casa de Aries, por la que tenía que pasar para llegar a la de Tauro, no podía evitarlo, pensaba en Mu y solo en Mu. Cuánto lo había extrañado, moría por volver a verle de una vez por todas. Aldebarán suspiró entre recuerdos y avanzó subiendo las escaleras hasta alcanzar la casa de Aries.

Una vez hubo entrado al toro le sorprendió que, esa casa tendría que estar vacía. Pero había pertenencias, una tetera, alguna prenda tirada… una maleta sin deshacer también.

Al brasileño se le iluminó la mirada y una sonrisa se hizo en su rostro, podría ser que… -¡Mu!-

Alguien que sentado tomaba el té, dejaba la taza y levantaba la cabeza al oír una voz que lo llamaba, nunca antes la había oído pero le resultaba familiar. Podría ser...

-¡Mu soy yo, Aldebarán! ¿¡Estás ahí!?- Aldebarán deseo con todas sus fuerzas que el tibetano no estuviera ausente.

Si era él no había duda, el muchacho se levantó rápidamente. Salió de la sala de estar en la que se encontraba para llegar corriendo a la parte central del templo, desde las imponentes columnas salió aquel bello joven.

Sus miradas se encontraron. Aldebarán quedó embelesado mirando al joven que acababa de aparecer, era más hermoso que cuando eran niños, su precioso cabello había crecido mucho y lo llevaba atado en una coleta por la parte de abajo. También su estatura creció, tenía el cuerpo bien formado y ese rostro, esos ojos… era mágico. Llevaba puesto aquel atuendo típico en su país.

Mu observó al gran toro que también creció, por supuesto seguía siendo enorme, mayor que el, estaba más musculoso todavía y se veía más madurez en su cuadrado rostro. También su cabello había crecido bastante, lo llevaba suelto hacia atrás. Vestía con ropa sencilla, solo una camiseta blanca, unos pantalones oscuros y zapatos negros.

-Aldebarán- Mu corrió emocionado hacia su querido “amigo”.

Lo mismo hizo Aldebarán –Mu- llegaron el uno al otro y se fundieron en un cálido abrazo.

Sin romper el abrazo y casi llorando de la emoción Mu habló suavemente –Casi no te reconocí cuando me llamaste. Te ha cambiado la voz y estás hecho todo un hombre-

-Tu también, has crecido mucho y tu voz ha cambiado- Aldebarán rió un poco y el abrazo se deshizo. El brasileño con su mano derecha acarició suavemente la mejilla de Mu –Yo que pensaba que no podías ser más hermoso, y tu belleza ha crecido con tu cuerpo-

El tibetano no pudo evitar sonrojarse y sonreír ligeramente. Aldebarán era capaz de hacer brincar su corazón con solo unas pocas palabras. El brasileño acercó lentamente su rostro, pero cuando sus labios se rozaron solo un poquito una voz les sobresalto y se separaron rápidamente.

-Traigo un mensaje para Mu de Aries- un soldado entró corriendo a la primera casa, por suerte no les vio.

-¿Por qué me llamas Mu de Aries? Aún no…- se extrañó Mu.

-Claro que si, ese es el mensaje que traigo- el mensajero se quitó de la espalda la armadura que llevaba a modo de mochila –La armadura de oro del signo de Aries. Ahora eres su dueño, superaste con éxito la prueba. Felicidades-

-Cielos yo estaba preocupado porque tras la prueba el Patriarca se retiró sin decir nada- Mu se acercó a la armadura radiante de felicidad. La armadura salió de su caja y se instalo a la perfección en el cuerpo de Mu.
El tibetano se volvió a su amigo –Aldebarán ya soy caballero- le dijo sonriente.

-Cuánto me alegro. Estas genial, y como reluce- respondió Aldebarán admirando al ahora caballero de oro.

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Tras la noticia y por obligación como caballero de oro Mu permanecía con la armadura puesta. Cuando el soldado se fue los dos jóvenes se sentaron a tomar el té en la casa de Tauro mientras platicaban.

Aldebarán contestó a las explicaciones de Mu -Así que llegaste ayer-

-Si, inmediatamente llegué me pusieron la prueba. Fue muy difícil, te hacen poner máximo rendimiento en todos los aspectos- le contaba al toro –Pero se que podrás hacerlo. Confío en ti Aldebarán-

-Gracias. Saldré victorioso pensando en ti- respondió Aldebarán mostrando con orgullo su gran puño –Y por curiosidad ¿cuál fue tu prueba?-

-A cada caballero le ponen un tipo diferente de prueba según sus habilidades- empezó a contarle Mu –En mi caso fue una prueba psíquica, mental. Tuve que derrotar a una sirena-

-Por los dioses, amigo mío, entonces fue muy duro- se sorprendió Aldebarán.

-Si, fui llevado a la playa y sobre una roca la vi. Una hermosa criatura mitad humana, mitad pez. Como bien sabes las sirenas son famosas por hechizar a los hombres con su maravillosa voz y llevarlos a la muerte. Mi prueba fue no solo lograr escapar de su hechizo, también usar mis poderes telepáticos para que perdiera la voz, y sin su bella voz, moriría. Hubo un momento crítico en que guiado por su canción hipnótica estuve a punto de ahogarme pero…- Mu hizo una pequeña pausa.

Aldebarán no podía esperar -¿Pero?-

-Se puede decir que vencí gracias a ti- continuó el tibetano –Cuando en mi mirada ya solo existía el agua que me arrebataba la respiración y el rostro de aquella sirena… de repente tu imagen apareció en mi mente y sin más volví en mi. Me concentré al máximo y mi alma empezó a cantar desde mi interior, era mi voz espiritual contra la suya. Finalmente la sirena se quedó afónica y espantada fue a morir a las profundidades del mar- Mu cerró los ojos recordando aquel momento –Quedé muy agotado pero valió la pena-

-Mu…- Aldebarán estaba estupefacto y ligeramente sonrojado ¿De verdad había vencido por el?

-Tal vez te quiero más de lo que yo creía…- lo dijo tan bajo que Aldebarán no pudo entenderlo.

-¿Cómo?- preguntó el taurino.

Mu se sobresalto al darse cuenta de lo que había dicho –Eh, no nada-



Justo en ese momento llegó otro soldado con un mensaje de llamada del patriarca. Había llegado la hora. Aldebarán debía pasar la prueba definitiva.
El toro dejó solo a Mu mientras cumplía con su deber, el caballero de Aries deseó con todas sus fuerzas que el brasileño lograra con el poder de su séptimo sentido, pasar la dura prueba.

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La peligrosa prueba de Aldebarán era vencer a Hidra, la temible serpiente de varias cabezas. Claro que no era verdadera, se trataba de una perfecta versión robótica, contaba con nada menos que 7 enormes cabezas, y su veneno era auténtico.

Aldebarán ya llevaba media hora luchando contra ella, y solo tenía una hora para conseguirlo. Pero era un adversario terrible, cuando la atacaba otra cabeza le alcanzaba por detrás. Sus movimientos eran veloces y para colmo podía atacar por varios sitios a la vez.

Aldebarán estaba herido y cansado pero no podía fracasar “Mu…tengo que vencer a este monstruo cueste lo que cueste. Pero… ¿cómo?”

La hidra expulsó su aliento venenoso pero Aldebarán logro esquivarlo de un salto. Desde las alturas encontró la solución “Claro, cuando una cabeza expulsa veneno o ataca las otras siempre vienen por detrás para pillarme desprevenido. Tengo que deshacerme de ellas una por una, empezando por las traicioneras que atacan desde la espalda.”

Pensado esto Aldebarán se lanzo a estrangular con sus fuertes brazos a una de las cabezas que más usaba el golpe traicionero. Sin dejarse soltar por los bruscos movimientos que la cabeza hacía para liberarse Aldebarán apretó hasta romperle el cuello.

Cubierto de sangre artificial de la serpiente Aldebarán aterrizó sobre la dura piedra. Estaba empezando a anochecer. Esta vez le atacaron a la vez dos cabezas, una con sus colmillos la otra con gas venenoso. Pero Aldebarán ahora se centraba en otro tipo de cabezas. Continuaba esquivando como podía matando una a una las cabezas que venían por detrás.

Hasta que finalmente solo quedaron las dos cabezas principales que atacaban frontalmente.

-¡Ahora si estás acabada maldita bestia!- dicho esto el brasileño despertó finalmente su séptimo sentido y con su más poderoso ataque terminó con la criatura.

El Patriarca que había observado toda la batalla habló –Muy bien. Mañana sabrás el resultado- tras esto se retiró sin más tal como hizo con Mu.

Aldebarán cayó rendido al suelo, en eso llegó Mu rápidamente y sostuvo a su amigo -¡Aldebarán!-

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Cuando el brasileño despertó estaba en una cama, en su cama, en la casa de Tauro. Mientras terminaba de abrir los ojos para distinguir bien lo que le rodeaba sintió que unas manos frotaban ungüento en su pierna.

Aldebarán miró hacia abajo, ahí estaba Mu curando sus heridas. Todas estaban vendadas y tratadas menos la que ahora estaba tocando en su pierna, era la última.

El tibetano se dio cuenta de que el toro había abierto los ojos y le miró –Que alivio que al fin hayas despertado ¿Te duele algo?- preguntó Mu sentándose en la cama y acercándose al rostro de Aldebarán posando con cuidado una mano sobre su fuerte pecho.

A Aldebarán le encantaba su tacto y sonriendo cerró los ojos con expresión agradable –Gracias a ti, dentro de poco ya no me dolerá nada- el toro volvió a abrir los ojos –Es la segunda vez que me despierto y me encuentro con tu maravilloso rostro. Pareces un ángel llegado desde el cielo para salvarme-

-Aldebarán…- siempre conseguía enternecerle con esas románticas palabras.

-Estos años no he dejado de amarte ni un instante, Mu… hemos crecido y… ahora te lo quiero volver a decir. Te amo- Aldebarán levantó los brazos y atrajo el cuerpo de Mu hacia él para abrazarle, quedó la cabeza del caballero de Aries apoyada cerca del cuello de Aldebarán –Ahora que somos más mayores ¿Qué me dices? Mu… ¿te sientes preparado ahora?-

Mu suspiró y cerró los ojos. El también había pensado mucho en Aldebarán y aquella mañana… no pudo resistirse cuando estuvieron a punto de besarse. Se sentía tan bien, se siente tan a gusto en sus brazos. Tiene un corazón tan grande… lo amaba. Si lo amaba de verdad –Si. Ahora si. Te quiero-

Aldebarán sonrió estaba lleno de felicidad. En aquel momento nada le importaba la prueba ni el resultado. Solo podía pensar en lo feliz que era ahora que Mu era realmente su pareja.

Aflojaron el abrazo hasta que el rostro de Mu quedó a pocos centímetros del de Aldebarán. Esta vez sin interrupciones, sus labios se fusionaron en su primer beso apasionado, un baile entre sus lenguas se daba en él. El brasileño acariciaba los largos cabellos de su amado.

Pero un quejido rompió el beso –Ouch-

-Oh, lo siento- se disculpó Mu que sin querer presionó en una de las heridas del torso de Aldebarán causándole dolor.

-No importa, mejor seguimos cuando pueda ponerme en pie- ambos rieron ligeramente.

Aquella noche durmieron abrazados, soñando apaciblemente sabiendo que se tenían el uno al otro.

^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^

Al siguiente día Aldebarán recibió la gran noticia. Salió victorioso de la prueba y le fue entregada la armadura de oro del signo de Tauro. Ahora ambos caballeros protegían juntos el Santuario.

Así mismo otros caballeros que en su momento fueron enviados al extranjero fueron llegando y consiguiendo uno tras otro sus armaduras hasta que finalmente el Santuario contó al fin con los doce caballeros.

Solo faltaba uno, el caballero de Libra, quien como Mu ya sabía por ser amigo de su maestro, vivía en los doce picos de China. Pero de momento la razón por la que se fue era un misterio.

Mas a los enamorados nada les importaba en ese momento, ya que en el Santuario todo iba bien por ahora. Una noche más Mu acompañó a Aldebarán hacia su casa, pero esta vez iba a ser distinta.

En la adolescencia las hormonas enloquecen y gritan por su libertad, y eso fue lo que les pasó.

Se quitaron las armaduras y Aldebarán lleno de deseo, cogió de la mano a Mu llevándole corriendo hacia su cuarto. Nada más entrar empezaron a besarse y acariciarse con pasión, empezando a quitarse la ropa mutuamente hasta quedar solo en ropa interior.

Los suspiros y gemidos se escuchaban en toda la habitación. Tras toda clase de besos, caricias y hasta mordiscos ambos se hallaban tumbados en el lecho, Aldebarán sobre Mu. Mu entre suspiros habló –No tengo experiencia-

-Lo se, es la primera vez para amos- los movimientos se detuvieron. Aldebarán cogió un bote de líquido lubricante que tenía a mano, en la mesilla –Tengo esto-

-¿Ya pensabas en llevarme a la cama?- Mu le sonrió con picardía.

Aldebarán sonrió con malicia en respuesta y le besó.

Cuando llegó el momento de la verdad fuera de la habitación se oía la voz de Mu junto a la de Aldebarán gimiendo como nunca antes lo habían hecho.

^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^

Varias noches las dos primeras casas se convertían en el templo pasional de ambos caballeros. Se fueron convirtiendo en una pareja más madura y experimentada. Lo daban todo y pasaban mucho tiempo juntos.

Pero, fuera de su entorno sentimental, pocos meses después algo terrible ocurriría en el Santuario. Y desgraciadamente era algo que iba a cambiar completamente sus vidas.


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Ichigo_Niriel
Publicado: Mar Jul 10, 2007 7:47 pm Responder citando
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Capítulo 3: Hasta Siempre

Lo que no sabían era que iba a ocurrir algo, algo que desgraciadamente les afectaría a ambos. Inevitable y cruel fue la traición al Santuario.

La reencarnación de Athena por fin había nacido y esto despertó alegría en sus guardianes... pero ira en sus enemigos. Tal vez sea esa la razón por la que ya no podían vivir tranquilos aunque lo deseaban, pues la esperanza y el temor de la guerra venían cogidas de la mano con este bebé.

Una noche, Mu se dirigía hacia la gran sala del Patriarca. Su maestro le había llamado urgentemente, deseaba hablar con el acerca de sus sospechas, según decía el mensaje.

¿Qué podía inquietar tanto a su valeroso y sabio maestro? Aunque entendía que en esta situación era natural preocuparse.

Pasando las otras once casas llegó a lo más alto. Que extraño, su maestro dijo que le vería fuera del recinto y no estaba allí. Mu se sentó en un escalón y esperó. Pasó el rato y nada...

Mu empezaba a preocuparse y se levantó, volviéndose hacia el lugar donde sentía que debía entrar. El caballero de Aries se internó y descubrió la gran sala del patriarca cerrada, con dos guardias en su entrada.

-Soy Mu, el caballero de oro de Aries. Solicito una audiencia con el gran Patriarca- los guardias se miraron entre ellos.

-Es cierto, dijo que iba a ver a un caballero esta noche- dijo uno.

El otro respondió extrañado -Pero ¿No es el que ha entrado antes?-

-No creo que ese era otra persona- contestó de nuevo el primero quien acto seguido abrió la puerta para Mu sin mirar al interior -Adelante-

-Gracias- Mu entró, no tenía ni idea de quien podía ser esa otra persona, pero esto empezaba a ser inquietantemente más extraño.

Al instante en que entró, Mu se quedó paralizado, con expresión de susto y extrema preocupación. Shion, su maestro y Patriarca estaba en el suelo, herido de gravedad, la sangre se extendía a su alrededor.

El tibetano casi sufrió un infarto al encontrar la escena -¡Maestro!- Mu corrió hacia el hombre que yacía inmóvil en el suelo y lo cogió del torso en sus brazos sentándolo. Intentando reanimarle hizo ligeros movimientos y le llamaba deseando desesperadamente que estuviera vivo. Shion abrió por un breve instante los ojos -Maestro...-

-Mu... ten cuid... a... do... el, el hombre que... ug... que me ha matado es...- ahí quedaron incompletas las últimas palabras de Shion que murió en brazos de su alumno.

-Maestro...- Mu no quería creerlo, volvió a menear suavemente al patriarca -¡Maestro! ¡Maestro Shiooooooooon!-

Los guardias oyeron desde fuera el grito desgarrador de Mu y entraron alarmados -¡¿Qué ha pasado?!-

-¡Buscad por todo el santuario! ¡Alguien ha asesinado al Patriarca!- gritó Mu con lágrimas en los ojos. Los guardias estaban conmocionados pero los caballeros de oro eran sus superiores y por dura que fuera la situación debían aguantar tan duro momento y obedecer.

Los gritos en el Santuario se prolongaron - ¡Han asesinado al Patriarca! ¡Buscad al asesino!- el mensaje se extendió y pronto todo fue caos en el Santuario, todos los caballeros y soldados buscaban al criminal.

Mientras Aldebarán corría se preguntó -Mu... ¿dónde te has metido?-

Mientras tanto un nuevo mensaje llegó a oídos de todos los habitantes del Santuario -¡El hermano del Patriarca ha descubierto al criminal! ¡Aioros de Sagitario es un traidor! ¡Ha matado al Patriarca!-

Aldebarán quedó tremendamente sorprendido -¿Aioros?-

-¡Ha raptado a la reencarnación de la diosa! ¡Detenedle!-

Aldebarán le debía mucho a Athena, ella le salvó la vida y le llevó a aquel Santuario, no podía permitir que le pasara nada malo. Inmediatamente obedeció y fue en busca de Aioros.


**********************************************

Al día siguiente el caos había terminado. Se anunció que Aioros había muerto a manos del caballero Shura de Capricornio, que según las autoridades, había defendido dignamente el Santuario. De Athena se dijo que estaba a salvo con el nuevo Patriarca, el hermano del difunto Patriarca anterior.

Ese mismo día se organizó un funeral lleno de honores para Shion, el gran Patriarca que tanto hizo por el mundo en nombre de los dioses. Mu miraba al nuevo Patriarca intrigado y desconfiado. Aldebarán se dio cuenta de que Mu se portaba un poco extraño. Desde aquella mañana parecía muy triste. A todos les afectaba profundamente la muerte de Shion, pero a él por lo visto más que a nadie.

-Siempre recordaremos a este gran sacerdote que fue para nosotros más que un hombre... fue un elegido de los dioses y un mensajero de los cielos- decía el nuevo Patriarca solemnemente. Unos pocos lloraban en silencio, como Mu. Otros solo bajaban la cabeza con respeto y dolor.

Cuando acabó el funeral todos volvieron a sus respectivas casas. Aldebarán decidió ir junto a Mu pues le preocupaba su estado. Mientras caminaban bajando los escalones a la luz rojiza del atardecer del Santuario, al fin Aldebarán preguntó -¿Qué te ocurre Mu? Por favor cuéntamelo-

El tibetano detuvo sus pasos y sin volverse respondió con pesar –Era mi maestro-

Aldebarán se sorprendió -¿El… Patriarca? ¿Tu maestro?-

-Si- asintió Mu y se volvió hacia su amado con mirada melancólica y expresión seria –Fui yo el primero que lo encontró a noche, intentó decirme algo que no pudo concluir… y murió en mis brazos- el caballero de Aries cerró los ojos tristemente.

Aldebarán le miraba lleno de comprensión, compartiendo su dolor –Mu…- el brasileño abrazó al joven que se dejó envolver tranquilamente y correspondió al abrazo.

-No conocí nunca a mis padres- decía nostálgicamente – Pero el me acogió, fue como un padre para mi. Me dio una buena vida y me enseñó muchas cosas-

Aldebarán aflojó el abrazo y le miró dulcemente a los ojos –Se que es duro perder a alguien tan querido, pero a el no le gustaría verte llorar. Seguirás viviendo como un gran caballero del que el se sentirá orgulloso y yo estaré junto a ti-

Mu sonrió – ¿Por qué siempre me dices las palabras que más necesito oír?-

Aldebarán acercando suavemente su rostro respondió -¿Hace falta una razón? Te amo- sus labios se unieron en un cálido beso.

De nuevo siguieron con su vida de siempre. Mu estaba contento de tener a Aldebarán ¿Qué haría sin el? No quería ni pensarlo.

********************************************************************

Pero algo había cambiado en el Santuario...

Un día el tibetano se dirigía hacia el pueblo para comprar algo de comida. Desde una parte más o menos alta podía ver el coliseo – ¿Pero qué?-

Dos mujeres caballero casi se estaban matando entre ellas y el Patriarca observaba la escena sin hacer nada, como si le gustase verlo ¿Qué clase de sonrisa malévola escondería tras esa máscara?

Desde un principio a Mu le inquietaba ese hombre, no podía confiar en él. Sentía que algo terrible se avecinaba y en los últimos días el Santuario estaba decayendo, Shion nunca le dijo que tuviera un hermano, todo le sonaba a mentiras y engaño.


Otra tarde, bajó a dar un paseo en solitario por el pueblo y vio aterrado como dos soldados daban una brutal paliza a un niño pequeño que lloraba desesperadamente. Mu inmediatamente se acercó al lugar donde tal atrocidad se cometía y de un violento empujón a cada uno, los separó del niño.

-¡Basta ya! ¿¡Qué creéis que estáis haciendo!?- mientras decía estas palabras llenas de furia ayudó al pobre niño a levantarse del suelo, estaba muy magullado. En ese momento se dió cuenta de que el niño era tibetano... y no uno cualquiera, era lemuriano, seguramente un pobre inmigrante sin hogar.

-Ese mocoso ha robado un pan y debe ser castigado- explicó uno mostrándose amenazante ante Mu.

-Pero no hay necesidad de maltratarle por ello, normalmente se les enseña que no deben…- las palabras de Mu fueron interrumpidas.

El otro guardia arrogante habló –A estos renacuajos no se les puede enseñar nada caballero estúpido. No para de decir “Tengo hambre, por favor, tengo hambre”-

Mu se sintió mal por eso ¿Desde cuando faltaba comida para los civiles en el Santuario? ¿Desde cuando los niños necesitaban robar para vivir? ¿Cómo podía el nuevo Patriarca consentir esto?

Cuando Shion tenía el mando no había pobreza ni maldad. Ahora el Santuario se convertía en un lugar de constantes masacres y gente muriendo de hambre o que se quedaba sin casas. Había aprendices y caballeros que morían violentamente. Todo se desmoronaba.

Mu miró al niño con ternura -¿Dónde están tus padres pequeño?-

-No tengo- respondió el pequeño entrecortadamente aún con lágrimas en los ojos.

Mu le observó comprensivamente y secó sus lágrimas –Ven conmigo, voy a curarte esas heridas- el caballero de Aries cogió al niño en brazos. Tras un último sollozo el pequeño abrazó a su salvador sintiéndose protegido.

-¿¡A dónde vas!?- uno de los agresores se puso delante de Mu para detenerle pero el caballero le lanzó un ataque leve que causó daños al soldado y lo apartó de su camino.

-No te metas- tras estas frias palabras el caballero subió de vuelta a su casa.

*********************************************************

En la casa de Aries, Mu curaba al niño que había salvado con ungüentos, el pequeño permanecía sentado en la cama del caballero observando como le curaba.

-¿Cómo te llamas?- le preguntó el mayor.

-E…- el niño no se esperaba que le hiciera esa pregunta –Kiki-

-Pues encantado de conocerte Kiki- dijo Mu posando una mano sobre la cabeza del niño.

-Y… usted ¿Quién es?- quiso saber Kiki.

-No me llames de usted- respondió Mu sonriendo –Puedes llamarme Mu a secas. Soy el caballero de oro de Aries-

Kiki sonrió emocionado –Gracias por salvarme señor caballero… digo… Mu-

Mu rió un poco –Dime Kiki ¿Cuándo cumples años?-

-El 1 de Abril- respondió.

Mu sonrió había dado en el clavo -¿Te gustaría ser caballero?

Ahora el pequeño se emocionó aún más -¿Queeeeeé? ¡Me encantaría!-

-Pues entonces- Mu terminadas ya de tratar las heridas se puso en pie –Yo seré tu maestro-

El pequeño se recuperó rápidamente. Era de esperar si un caballero le había salvado, curado y hasta adoptado. Kiki saltó de alegría y abrazó al caballero –Gracias Mu, maestro gracias-

Era un niño muy activo y Mu se sonreía más de lo común estando con él.

Pero a demás, había tomado una decisión muy importante, y el único en saberlo debía ser Aldebarán.

******************************************************

Mu visitó la casa de Tauro y tomando el té con el brasileño decidió comunicarle su plan –Aldebarán… me voy del Santuario-

-¿Qué? ¿Pero por qué?- Aldebarán no podía creer lo que oía.

-Tú sabes que la situación desde el asesinato de Shion es insostenible. No me fío de ese nuevo Patriarca, a demás mi maestro nunca me dijo que tuviera un hermano- dicho esto Mu tomó otro sorbo de su taza.

-Pero debemos proteger a Athena, seguro que ella lo podrá arreglar- intentó convencerle Aldebarán.

Mu suspiró –No, es inútil, no creo en lo que dice este nuevo Patriarca y por lo tanto no creo que Athena esté con el-

El caballero de Tauro volvió a hablar -¿Tanto desconfías de ese hombre?-

-Si- sus miradas se encontraron -Por eso me voy, a Jamir, el lugar donde me crié y me entrené, y quería preguntarte si quieres venir conmigo- esas palabras alteraron a Aldebarán.

-¿Pero que estas diciendo? Mu yo te quiero pero tengo un deber aquí y estoy en deuda con Athena, no puedo faltar así a mi promesa de proteger el Santuario ¡Y no quiero que te vayas! Y Aunque lo hagas yo… -Aldebarán apartó la visto dolido –No puedo acompañarte, no soy capaz de salir de aquí como si nada-

-¡Entonces debo entender que para ti el Santuario es más importante que yo!- ofendido Mu se levantó bruscamente dispuesto a irse de allí.

-¡Pero Mu! ¡Entiéndeme!- Aldebarán también se levantó con una expresión parecida a la de Mu, pero más leve -Soy un caballero de Athena y tú también, lo primero es siempre Athena-

Mu se detuvo y se volvió a Aldebarán molesto -No he dicho que no me importe el Santuario ni estoy traicionando a Athena. Precisamente porque no creo en ese Patriarca-

-¿Y por qué estás tan seguro de que miente?-

-¡No lo sé! Es un presentimiento y como puedes ver los hechos me dan la razón- le insistió exasperado.

-¡Pero Athena...!-

-¡Athena, lo primero Athena ya lo sé, pero yo no amo a Athena! ¡Te amo a ti, pedazo de cabezota!-

-¿Cabezota yo? ¿Pero tu te has escuchado?- le contestó Aldebarán furioso -¡parece que nos estemos dando cornadas de cabezón a cabezón!-

Aldebarán se calló de repente, suspiró y se calmó -¿Qué nos pasa Mu? Nunca nos habiamos peleado así-

Mu apartó la mirada, tranquilizándose a sí mismo -Pasa que tú no me haces caso y yo no te hago caso a tí, así de simple- dió media vuelta empezando a caminar fuera de la casa -adiós Aldebarán-

Antes de perderle de vista Aldebarán exclamó para que le oyera -¡En realidad solo quieres huir!-

***************************************************************

Pocas horas después cayó la noche y Mu se hallaba sentado en su escritorio, en silencio, con la mirada perdida y lágrimas en los ojos.

¡En realidad solo quieres huir!

"Tal vez Aldebarán tenga razón" pensó "Pero no ha comprendido aún mis motivos... le amo pero..."

–Mu ¿Qué te ocurre?- preguntó Kiki preocupado sacándole de sus pensamientos.

Mu le miró con una dulce sonrisa –No es nada Kiki, vete a dormir es tarde. Ya sabes que nos vamos mañana-

-En seguida- Kiki obedeció volviendo por último su mirada preocupada hacia Mu antes de irse.

Mu dejó de llorar al poco rato.

Kiki estaba ya dormido. Mu entró sigilosamente en la habitación y con delicadeza acarició el cabello del pequeño. Acto seguido salió de la habitación en la oscuridad.

Abandonó su casa para dirigirse a la de Tauro donde su guardián ya dormía.

¨¨¨¨
¨¨¨¨¨

Aldebarán sintió una suave mano acariciar su rostro y abrió los ojos. A la luz de la Luna que entraba desde su ventana vio al tibetano observándole –Mu…-

-Ssssh- El caballero de Aries posó un dedo en los sabios de Aldebarán –No digas nada- dijo en un susurro antes de besarle apasionadamente. Los ojos del brasileño se cerraron por si solos ante el placer de aquel beso lleno de amor.

Mu acabó encima de Aldebarán, sus abrazos se envolvían y acariciaban mutuamente. Las ropas empezaban a estorbar. El calor se apoderaba de sus cuerpos y una vez más hicieron el amor a la luz de la Luna de aquella madrugada, sin palabras, los gestos por si solos expresaron cuanto se amaban y firmaron su reconciliación.

¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨
¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨

El resplandor del amanecer despertó a Aldebarán, otra vez abrió los ojos, desnudo en su lecho y medio tapado por las sábanas, tenía la cinta que recogía el cabello de Mu en su mano.

Pero el tibetano ya no estaba junto a él.

En la mesilla vio un papel, una nota. La cogió y leyó, era la letra de Mu.

*Cuando leas esto ya no estaré aquí. Este lugar ya no es para mí un Santuario, si no un infierno. Por ello necesito irme lejos donde pueda sentir la calma tras este sufrimiento.

Desearía decirte tantas cosas que tenía que haberte dicho y no te he dicho. Pero ante todo diré que te quiero y siempre te querré.

Y te prometo que algún día, cuando haya esperanza en el Santuario, regresaré. Y ya no volveré a irme nunca más.

Perdóname Aldebarán y hasta siempre.

Se despide, Mu.*

Los ojos de Aldebarán se llenaron de lágrimas –Mu… protegeré mi casa y también la tuya hasta que regreses-

La cinta en su mano conservaba la fragancia de su amado incluso con el paso de los años en los que Aldebarán siguió esperando a Mu.
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Ichigo_Niriel
Publicado: Vie Jun 20, 2008 7:45 pm Responder citando
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[Fanfic editado, quienes lo hayais leido notareis ligeros cambios, hacía tiempo que avisé que lo haría y al fin terminé ^^]
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