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| Gadya |
Publicado: Jue Jul 05, 2007 1:08 pm |
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Aldebarán de Tauro - Moderador

Registrado: 29 Jun 2007
Mensajes: 1419
Ubicación: Encerrada en el gabinete de la campaña "Albiore Presidente"
Reputación: 279.4   votos: 6
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SÓLO UN SUEÑO
El viento meció suavemente su cabellera, tan azul como el cielo, que, a lo lejos, enmarcaba al Santuario en una perfecta postal. Saga sonrió melancólicamente, mientras sus pasos, sucios de polvo, resonaban en la greda. ¿A dónde iba? No lo sabía, tan sólo era conciente de que caminaba con la mente en blanco, dando total autoridad a sus pies, de llevarlo a donde quisieran.
Entre su cabello, levemente desordenado por la brisa, miles de ideas comenzaron a corretear, obligándole a recordar dolorosas situaciones; los últimos 14 años de su vida, embebidos en ponzoñoso dolor, y entre ellos, la figura de Aioros siempre presente, como un estigma en su alma. Aioros… qué dolorosa se hacía su vida constantemente atormentado por la culpa de haber sido responsable de su muerte. Cada detalle en su Templo, cada canto de las aves, todo le recordaba aquel fatídico día en que se había rendido , esclavo del dios que había usurpado su cuerpo, robándole su preciada felicidad… robándole a Aioros… Y el haber regresado a la vida no hacía más que aprisionar su conciencia cada vez que veía a Sagitario riendo, bromeando, viviendo.
Le amaba si dudas, aquel sentimiento no había cambiado a pesar de los años, pero no podía perdonarse el haber acabado con la vida del arquero, y por eso era que, ahora, rehuía de su contacto, resignado a perder para siempre al hombre que, alguna vez, había sido mucho más que un amante… al que, muchos años atrás, había sido su razón para vivir.
El sonido del aire entre la hierba dibujó en su rostro una pequeña sonrisa al recordad el sitio al que sus pasos le había conducido… otra vez allí, en donde todo había comenzado, el único lugar con hierba en todo el Santuario, y el refugio compartido de los dos, al que, raudos, acudían cuando niños a contemplar las nubes, escapando del entrenamiento.
-Llegas tarde- la voz lo sacó de sus cavilaciones, y allí estaba el motor de todos sus pensamientos, con los brazos cruzados, y con la misma expresión que solía poner cuando pequeños.
-Lo siento, Aioros, no pude escaparme antes- dijo Saga totalmente apabullado por la situación, invocando su excusa favorita para escapar de las regañinas que el Custodio del Octavo Templo solía darle cuando, en su infancia, solía llegar tarde a sus encuentros. Creía que Aioros le odiaba, que no querría saber nada de él, lo cual era lo más lógico, teniendo en cuenta que era él la causa de sus desgracias. Pero en cambio, allí estaba, regañándolo burlonamente, como si los últimos 14 años no hubiesen existido.
-De acuerdo- concedió el arquero -Ven, te estaba esperando.- y con una sonrisa en el rostro le invitó a sentarse junto a él, ocupando el lugar que, desde pequeño, le correspondía.
Apenado, Saga se sentó en el pasto, junto al cuerpo tumbado de Sagitario, que, tranquilamente, observaba las nubes. Géminis le miraba embelesado, mientras la brisa le despeinaba la castaña melena, y sus labios jugaban con una de las hierbas que había arrancado.
-Dime ¿Qué ves allí?- Dijo Aioros extendiendo un dedo al cielo.
Saga levantó la mirada y acertó a ver un cúmulo en el firmamento cristalino. Entrecerró los ojos, para definir la imagen que, otrora, hubiera reconocido a simple vista, y soltó un suspiro.
-Una máscara.-
-Hombre! Tú ves máscaras en todos lados!!- exclamó el arquero, y Saga no pudo reprimir la carcajada, que estalló limpia en el silencio de la tarde, yen aquel momento, todo pareció esfumarse, y sintió como el tiempo retrocedía hasta aquel día en que el ritual había comenzado. -Dime, Saga... ¿Por qué eres así?- Aioros clavó sus ojos claros en las pupilas del gemelo, que, algo perturbado, sólo atinó a repetir la pregunta que tantos años atrás había utilizado para responder aquella duda.
-¿Así cómo?-
-Así tan… distante…-
Distante… la palabra se formó en los labios del arquero, trayendo a la cabeza de Saga un sentimiento que ya bien conocía… el deseo de besarlo, de ahogarse en aquella boca que hacía 14 años había sido su territorio… Cerró los ojos, y con un largo suspiro se tumbó en el suelo, apretando una mano sobre su frente… otra vez, como cuando eran niños, aquellas palabras le despertaban unas irrefrenables ganas de besar a Sagitario, y en aquel recuerdo se perdió, en la fantasía de la boca de Aioros en la suya, regresándolo a la vida nuevamente, hasta que un par de labios se adueñó de los suyos, trayéndolo nuevamente a la realidad.
Saga abrió los ojos de par en par, sólo para descubrir la sonrisa de Aioros, tan cerca de su rostro que un solo movimiento le bastaba para adueñarse de ella nuevamente.
-¿Qué fue lo que hicimos mal, Saga?- Dijo Sagitario, enfocando sus claras orbes en los ojos del gemelo, quien, presa de la culpa, no pudo sostenerle la mirada.
-Yo lo eché todo a perder, pero ya no importa- respondió Saga, intentando, inútilmente, liberarse del cuerpo de Aioros, que lo apresaba contra el suelo.
-A mi si me importa-
-¿Por qué?- preguntó Saga al borde de las lágrimas, tanto le dolí recordar el final de aquella historia, y obtuvo un "porque todavía te amo" disfrazado de un beso que no pudo rechazar, y que lo venció por completo.
El sol fue cómplice testigo de aquel regreso, que por tantos años habían esperado, y el agreste paisaje vio con regocijo la muda reconciliación de los enamorados, jurada en besos, en caricias, en amor incondicional a pesar del tiempo, las distancias, e incluso, la muerte. Aioros besó a su amado Géminis, la única regla en su Universo, y Saga sonrió, y en brazos de su antiguo amante, sintió como su vida volvió a llenarse de sentido... y la imagen se volvió difusa.
Lentamente abrió los ojos y se encontró frente a frente con su pelo rojizo regado sobre el tablero de dibujo. Bajo él, el blanco del papel acusaba una raya de lápiz en la perfecta grilla de perspectiva militar y las arrugas del papel mojado con saliva, que había caído de la boca abierta mientras dormía (maldita congestión nasal ), arruinando todo el trabajo de la tarde... Gadya suspiró fastidiada, comprendiendo que todo había sido un sueño (y que se había quedado dormida sobre el trabajo de Sistema de Representación), y apoyándose en el respaldo de la silla, resopló resignada. Sus ojos se toparon con las sonrisas burlonas de Saga y Aioros, que la miraban desde el papel pegado en la pared, regalo de su Sensei para su cumpleaños.
-No se rían de mis desgracias...- dijo, irónica, al par de amantes, mientras se desperezaba.
-Mi amor, sabes que siempre voy a amarte- la voz de su hermana, viajó en su típico tono enamorado, aquel que utilizaba sólo para hablar con su novio, y los ojos de Gadya se iluminaron...
Tomó el lápiz, su cuaderno de la facultad, y comenzó a escribir, con una sonrisa bailándole en los labios... tenía una idea para un fanfiction... |
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