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<  Parejas Yuri, Hentai & None   ~  Tiempo de vals (Hagen x Flare)

Gadya
Publicado: Dom Jul 15, 2007 5:56 pm Responder citando
Aldebarán de Tauro - Moderador Aldebarán de Tauro - Moderador
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TIEMPO DE VALS

Un triste suspiro resonó en la inmensidad del amplio y oscuro salón. A lo lejos, la orquesta rompía el silencio en un magnífico vals que acariciaba a las parejas en la pista, haciendo soñar a la pequeña espía, resignada a no poder entrar al baile por su corta edad.

Recargada en el enorme ventanal, Flare se imaginaba en aquella sala, deslizándose entre las notas, en brazos de algún caballero que la guiara, que la acompañara en su ensoñación imposible.

-Señorita Flare ¿Qué hace?-

La voz, apenas menos infantil que la suya, distrajo la atención de la niña por unos instantes, y al voltear a ver a aquel que la había descubierto, se encontró con unos ojos azules, como el cielo de verano, como el vestido que llevaba, para soñar que bailaba.

-¡Hagen!- exclamó contenta, una vez salida de su sorpresa. -¿Qué haces aquí?-

-Espero a mis padres- respondió el niño señalando al salón contiguo, y colocándose al lado de Flare, se recargó también sobre el ventanal.

-Cómo me gustaría estar allí adentro- dejó escapar la pequeña, suspirando con tristeza. Los azules ojos de Hagen se clavaron en ella con sorpresa, y tal vez, divertidos del deseo de Flare. -Quisiera poder bailar como ellos, pero… ni siquiera sé cómo-

-Yo si sé- soltó sorpresivamente Hagen, dedicándole una sonrisa a la niña.

Los ojos de Flare se iluminaron, y sin pensarlo demasiado, le rogó al pequeño cortesano que le enseñara. Hagen rió, y trasladándola hasta el centro de aquel viejo y vacío salón, sujetó su cuerpo de seis años, y comenzó a guiarla.

Tiempo de vals es el tiempo hacia atrás
Donde hacer lo de siempre es volver a empezar
Donde el mundo se para y te observa girar
Es tiempo para amar

Nuevamente la noche del baile. Los ocho años de Flare esperaban expectantes al niño que le había enseñado a bailar, a flotar en el aire, a acariciar la música y cumplir sus fantasías, simplemente girando entre sus brazos.

A ninguno de los dos les estaba permitido entrar al elegante salón, pero no les importaba. En compañía del otro habían creado su propia fiesta, en donde sólo bailar importaba. El tiempo se detuvo, la edad no afectaba, tan sólo giraban al compás de la melodía, en su propio universo, en los brazos del otro, riendo de sus errores, sonriendo en sus aciertos, conociéndose y redescubriéndose a través de la música.

Recargada contra el ventanal, Flare recordaba los bailes anteriores con Hagen, e imaginándose con él en aquella sala iluminada, por fin invitados a la fiesta que les estaba vedada, rió mientras se alisaba el vestido, esta vez celeste, que tanto le recordaba al niño rubio.

-Señorita- oyó la voz que la llamaba desde atrás. Sonriendo, volteó para encontrarse con la pálida mano del rubio extendida, invitándola a soñar nuevamente. -¿Me permite?- preguntó el niño, y ante la tímida afirmación de Flare, la atrajo contra sí, a bailar otra vez, a sumergirse de nuevo en su propia mágica fiesta, eternamente permitida

Tiempo de vals tiempo para sentir
Y decir sin hablar y escuchar sin oír
Un silencio que rompe en el aire un violín
Es tiempo de vivir

Flare se sintió en las nubes. Sus diez años girando en el salón enredados en aquel vals de ensueño de los brazos de Hagen, volaban a la par de sus sueños sin pensar, tan sólo sintiendo la música guiando sus fantasías encarnadas en su compañero.

Hagen sonreía, y en aquel gesto, la niña encontró el corazón de su amigo, un montón de palabras que, sin ser dichas, podía oír en la magia de los violines flotando en el salón, palabras que no necesitaba escuchar, palabras que conocía, palabras que, sin ir más lejos, podía escucharse a sí misma repetir en otra sonrisa.

Bésame en tiempo de vals
Un dos tres, un dos tres
Sin parar de bailar
Haz que este tiempo de vals
Un dos tres, un dos tres
No termine jamás

Hagen sonreía, y en su corazón inmaduro de niño, sintió la sonrisa de Flare como una caricia. Llevaban ya varios años viviendo aquella fantasía, aquella fiesta que inventaban para poder vivirla, que vivían para poder encontrarse, para poder conocerse, para poder entender, con sus infantiles razonamientos, un sentimiento que los invadía sin poder detenerlo.

Estrechó un poco más el cuerpo de Flare contra el suyo, y sintió cómo sus dorados bucles rozaban sus mejillas en el giro descrito por su danza, febril y tranquila a la vez, un baile que, sin decir nada, lo decía todo, que sin hablar, expresaba el mudo deseo de ambos de continuar en ella por siempre.

Los ojos de la pequeña rubia lo miraron, cálidos, iluminando la oscuridad que, enternecida, se había colado en su fiesta privada, y sus labios se curvaron en una sonrisa, que se contagió en la fina boca de Flare, como un beso, su primer beso con pasos de baile, su primer beso en tiempo de vals.

Tiempo de vals tiempo para viajar
Por encima del sol por debajo del mar
Sin saber si te llevo o me dejo llevar
No es tiempo de verdad

Sus pasos describieron un círculo perfecto en el piso, su vestido rosa, en el aire, hizo una graciosa pirueta, víctima del impulso, y su sonrisa soñadora, bailó al compás de la música, que, desde el salón contiguo, los envolvía en su mágica ensoñación. Ya habían pasado seis años desde aquel primer cándido ritual, y aún a sus doce años, Flare sentía que viajaba en aquella embriagadora mirada azul que la paseaba por todo el salón en un rosario de círculos invisibles, en tres pasos repetidos eternamente que la transportaban a su perfecta fantasía, ahora incompleta sin su presencia.

Los brazos del muchacho alrededor de su cuerpo, diluían del mundo, y sólo quedaban ellos, deslizándose en la música, guiándose mutuamente, enredados en los ojos del otro, en sus movimientos, en el ambiente que creaban, coronado por los gloriosos violines que escapaban del baile.

Tiempo de vals tiempo para abrazar
La pasión que prefieres y hacerla girar
Y elevarse violenta como un huracán
Es tiempo en espiral

Los claros ojos de la joven le sonreían al compás de la música, y sintiendo aquel pequeño cuerpo entre sus brazos, Hagen encontró por fin nombre a aquellas cosquillas en su estómago que le atormentaban con cada paso de baile. Su mano liberó la fina cintura de terciopelo rosado, y con un preciso movimiento le hizo girar frente a sus ojos, para luego volver a capturarla con delicada gracia, y volver a sentirla junto a él, mirándolo, rozando sus manos con sus finos bucles dorados.

Flare rió ante el inesperado movimiento, y se aferró a su pecho con inocente inseguridad, sus mejillas sonrosadas escondiéndose bajo el velo de oro de sus cabellos, y su risa clara rebotando en la inmensidad del salón, para luego retomar los pasos de baile. Hagen rió con ella, y en un perfecto espiral encadenado, rieron ambos con pasos de baile, en su cuento de hadas contado en un vals.

Bésame en tiempo de vals
Un dos tres, un dos tres
Sin parar de bailar
Haz que este tiempo de vals
Un dos tres, un dos tres
No termine jamás

Otra vez recargada sobre el ventanal, Flare sonrió, por fin, esa noche podría entrar a la fiesta. Su vestido borgoña resplandecía ante los tímidos rayos de luz que se colaban desde el salón contiguo, y sumida en aquella familiar oscuridad, se dedicó a soñar por última vez.

Y se vio en la pista de baile, entre los brazos de Hagen, bailando como cada año, acompañada por los violines, por la música que los guiaba a través de las demás parejas, encerrados en su propio mundo, en su propia fiesta mezclada con el baile que los rodeaba. Y pudo percibir sus ojos, besándola con su azul cristalino, al compás de la música, diluyéndose en el vals, en la magia que nadie más podía divisar.

Y abrió los ojos…

Tiempo de vals que empleamos los dos
Dibujando en el suelo de un viejo salón
Con tres pasos de baile una historia de amor
Es tiempo y es en fin
Mi tiempo para ti

-Señorita Flare- la llamó aquella voz que tan bien conocía.

Flare volteó a verlo, y allí estaba, observándola con aquella magia que jamás se desvanecía de sus ojos, y descubrió que ya no quería entrar en aquel salón, en aquel mundo que podía llevarse sus fantasías en los pasos de otras personas compartiendo la pista. Supo que allí no podría reír, no podría hablar, no podría decirle a Hagen lo que llevaba años confesándole con la mirada.

Corrió hasta sus brazos, y una simple sonrisa bastó para hacerle entender que ya no quería participar de ese baile, si ello significaba perder su mágico eterno ritual.

Hagen sonrió, y tomándola de la cintura, la condujo a la pista de aquel salón vacío. Hacía ya un par de años que tenía permitido entrar a aquel tan deseado baile, pero no lo había hecho… había decidido quedarse con ella, a bailar en sus sueños, a acompañar sus ilusiones y decirle en aquella danza, que la amaba.

Flare le sonrió con ternura, su sonrisa iluminó la oscuridad de la sala, revelándole a su rubio compañero que le correspondía, y ya sin miedos, Hagen se adueñó de aquellos labios, alentado por la música, que llevaba entre sus notas, el corazón de la muchacha; y en aquella melodía se confesaron sin palabras su secreto, mientras el salón los cobijaba, como mudo testigo de aquella historia de amor, contada en un vals
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