Pegasus Fantasy
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<  Ikki x Hyoga ~  Yaoi Bronceado   ~  Y después nos besamos

Seiyaryu
Publicado: Mie Feb 13, 2008 7:01 pm Responder citando
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Registrado: 13 Feb 2008 Mensajes: 1

Este fic va con mucho cariño a Ice por su cumple (por poco y se lo doy en el próximo año)... espero que continue siendo como ha sido hasta ahora, y sobretodo, que le agrade esta pequeña historia que se convierte en mi fic 40 de las aves (si, ese comentario sobraba lo sé Timido )... ue lo disfruten!!!!... y un saludo a Dita XD.


Y DESPUES NOS BESAMOS


Mis piernas no pueden más, siento que el aire me falta y que debo detenerme… atrás he dejado toda el área metropolitana de la ciudad y me encuentro en uno de los tantos barrios residenciales. Es un suburbio agradable y sin mucho tráfico, con jardines hermosos enfrente de cada casa y un… ¿un cementerio al final de la calle?.

Mi respiración aún es muy agitada y debo apoyarme en mis rodillas para recuperar algo de la compostura que perdí hace unas horas. Este sector es agradable, pero no puedo concentrarme en las direcciones para saber exactamente en donde estoy. Mis ojos ven los números pero mi cabeza se niega a interpretar mi ubicación.

Atrás dejé el ruido y la incertidumbre, dejé mi casa y mi colegio. Todo lo abandoné… por él.

Solo recordar esos instantes me provocan un profundo escalofrío que eriza mi piel. Me siento tan confundido, tan desorientado. Mi corazón quisiera hacerme llorar por días, talvez por siempre, pero no lo permito, no le permito a nadie que se atreva a lastimarme. Un clackson muy fuerte me trae a la realidad, recordándome que estoy parado en la mitad de la calle.

Solo me muevo por inercia y me dejo caer sobre el césped de una de las tantas viviendas de ese barrio y me recuesto a mirar el sol. Estoy tan cansado, corrí por más de una hora a través de la ciudad y mi cuerpo se niega a obedecerme. Aún traigo puesto el uniforme azul oscuro, pero la maleta con mis libros se quedó allá, junto a él, en la silla a la que espero nunca regresar.

Un sopor me invade mientras las imágenes de lo que me ha traído hasta aquí empiezan a aparecer.

El día en que él llegó era el primero después de las vacaciones. Nadie jamás había sido aceptado en la escuela por estas fechas. Llevábamos casi medio año estudiando, pero al parecer este chico era un genio o algo por el estilo. Mientras el profesor lo anunciaba yo me hacía una imagen mental de cómo podría ser este extraño compañero nuevo.

Si era un genio como decían, entonces sus gafas debían ser mayúsculas, su pelo siempre hacia el lado izquierdo y unos dientes enormes. Seguramente su rostro estaba lleno de pecas y acné, y usaría inhalador para controlar el asma.

Me reí en silencio de solo imaginar el nuevo payaso del salón. En ese instante, la puerta se abrió y mi expectativa crecía más y más. Seiya, Shiryu y Shun también estaban a la espera de ese nuevo juguete con el que se iban a divertir. Ellos tres han sido mis amigos desde el cuarto año en primaria y nunca nos hemos separado hasta ahora.

Sin embargo, por extrañas razones yo fui el más interesado en esta nueva compañía y le dí vueltas y vueltas en el verano a las múltiples posibilidades de este individuo. En principio supuse que era millonario, porque algo debían haber pagado extra para que en Julio lo recibieran, pero después me enteré que era huérfano, y que el profesor Dhoko se había comprometido a darle hospedaje.

Seiya y Shiryu se pusieron en plan de detectives hasta corroborar que mi teoría de que era algún familiar, incluso un hijo ilegítimo del profesor, no podía ser verdad. Entonces me quedé con una duda enorme que solo se resolvió hasta cuando lo vi entrar por esa puerta.

No existe palabra alguna para describir el estado de shock en que me quedé. No era para nada como lo imaginaba, de hecho, era todo lo que había visto en mis sueños más húmedos y pecaminosos. Su cabello era de un color azul eléctrico único en el mundo, sus ojos también eran azules oscuros y su rostro era un poema a la perfección.

Tenía una cara de enfado que no se quitaba con nada, y su musculoso cuerpo reforzaba la intimidación en la que nos habíamos sumido todos los presentes.

-Mi nombre es Ikki- fue lo único que dijo antes de mirar al profesor Milo para que éste le indicará su lugar.

-Mucho gusto Ikki, te sentarás en esa silla del fondo, junto a la ventana- dijo en lo que a mí me pareció una sentencia. La silla del fondo junto a la ventana es la que queda justo a mi lado, y debido a que el salón es angosto en esa parte, estos dos lugares están especialmente juntos.

-Gracias- respondió a la vez que se movía entre las filas de compañeros sin quitarme la mirada de encima. Se supone que debí asustarme así como los demás, pero en lugar de eso me parecía que ese chico pedía a gritos algo de cariño. Sus ojos no dejaron de verme hasta que no ocupó su lugar, y ciertamente yo tampoco pude dejar de verlo hasta que se sentó.

De inmediato comprendí que algo especial estaba ocurriéndome. Nunca fui desatento en las clases y solo cedía mi primer lugar en las notas a Shiryu, y eso en contadas ocasiones, no obstante, ese día no pude contestar ni una sola cosa bien. Por más que intentaba evitarlo mi cabeza se movía repetidas veces hacia él y no podía dejar de agitar el lápiz que estaba en mi mano derecha.

-¿Qué me ves?- me preguntó de repente dejándome helado.

-No es a ti, es que siempre acostumbro mirar por la ventana para concentrarme- fue lo único que se me ocurrió contestarle. Definitivamente no eran las mejores palabras para iniciar, pero por lo menos lograba mantenerlo a raya.

El día se pasó volando y en menos de nada ya las clases habían acabado. Todos salieron afanosamente y en ese ruido y emoción, Shun y Seiya me gritaban que me apresurara. Había algo en mí que me estaba deteniendo, como si desde la mañana me hubieran puesto pegamento en las extremidades. Me era pesado siquiera moverme y ni que decir de hablar alto o mostrar ánimo.

Un poco ansiosos me gritaron que nos veíamos enfrente de la puerta de la escuela y siguieron su camino junto a los demás. Al acabarse el bullicio me giré hacia mi lugar para recoger las cosas cuando vi a Ikki aún escribiendo en su cuaderno de Matemáticas.

Se veía tan concentrado que casi parecía que no le importaba el resto del universo. Fue como una bofetada para mí esa actitud ya que estaba acostumbrado a que la gente congeniara conmigo debido a lo atractivo que me veían. ¿Acaso estaba ciego? O talvez, si, seguramente era de esos que no se le acercan a otros chicos para que no piensen que son homosexuales.

De todas formas no iba a quedarme por ahí con eso en la cabeza. Le estiré la mano y le dije.

-Mucho gusto, soy Hyoga-. Me miró un par de segundos con una cara de confusión enorme, como si yo estuviera loco o algo así.

-Soy Ikki- respondió dándome la mano de mala gana y continuando su ensimismamiento entre los números y las extrañas fórmulas.

-Ya lo sabía- le contesté malhumorado dándole a entender que se fuera a la porra. Levanté mis cosas violentamente y empecé a caminar hacia la salida cuando me pareció oír un susurro de su boca. Creí que era un insulto, talvez alguna palabrota que no estaba dispuesto a soportar.

-¿Qué dijiste?-. Le pregunté, pero no me respondió.-¿¡Qué diablos dijiste!?- le encaré hasta que nuestros rostros quedaron muy cerca y pude apreciar la belleza de su faz, que se veía aún más cautivadora con esa cicatriz que solo se mostraba a esa distancia.

-Dije, que ha sido un gusto conocerte- me respondió de forma agresiva a la vez que clavaba ese par de ojos en mí. Algo en esa frase me parecía cierto, pero no estaba como para ponerme a averiguar si era otro de esos imbeciles antisociales que abundan por estos lares.

-Más te vale- solté mientras salía hacia mi casa hecho una furia, sin siquiera pararme a saludar a los demás.

Al llegar seguí derecho hasta mi habitación, clavando mi cara contra la almohada. ¿Porqué demonios me había puesto así? ¿Cómo era posible que un idiota al que no conozco empezara a tomar tanto control sobre mí?.

Los días siguientes fueron mucho más explosivos. Sus notas eran casi iguales a las mías, y los debates en clase solo se definían como monumentales. Sin embargo, ambos teníamos un talón de Aquiles. El suyo era historia y filosofía, mis materias favoritas, y el mío era Matemáticas y Física, en las que mejor le iba.

Shiryu se quedó rezagado a la mitad de nuestra carrera, y aunque Ikki parecía no estar interesado en ser el número uno, si disfrutaba competir conmigo.

Al cabo de un mes ya todos eran grandes amigos suyos. Shun lo había “adoptado” y hacían tareas juntos todas las tardes, por lo regular en compañía de Seiya o Shiryu. El grupo de cuatro pasó a ser de cinco, y aunque no me desagradaba esa idea, si odiaba que el quinto fuera ese.

Los fines de semana íbamos a algún centro comercial y bebíamos soda, veíamos varias películas y entonces nos separábamos. Shun vivía cerca de la casa del maestro Dhoko así que acompañaba hasta allí a Ikki, mientras los demás nos dirigíamos a nuestras casas, que estaban a muy poca distancia.

No obstante, y pese a la insistencia de los demás, aquel moreno no terminaba de integrarse. Parecía como ido en ciertas ocasiones, y otras tantas simplemente desaparecía.

Fue por eso que nunca me interpuse a su ingreso en nuestro selecto grupo de amistades; parecía que yo era el único que podía ver más allá de esa aparente fortaleza que siempre se esforzaba por dejar en claro, y me preocupaba enormemente lo que escondía bajo esa cara taciturna.

Nuestros lugares seguían estando muy juntos, y empezaba a agradarme tenerlo tan cerca. Él era muy serio e inexpresivo, pero en ocasiones durante los exámenes lograba que me mirara agudamente y luego reía ampliamente. En ese momento exacto supe que su silencio y el mío estaban escondiendo más que admiración, rivalidad y amistad…

Y es ahí donde empezó mi tortura. Cuando creí que él sentía algo por mí comencé a malinterpretar el más mínimo detalle de su parte. Creía que reía para mí, o que su despedida en las tardes realmente lo hacía sentir acongojado. No solo me imaginaba que me quería, sino que estaba seguro que se había enamorado, y mi corazón se esforzó por alcanzar ese sentimiento.

Todo lo que veo y siento está relacionado con él; cada palabra que digo, cada gesto que hago, cada letra que escribo está conectada con Ikki, con su fuerza, con su rudeza, con su suficiencia.

Llegó el momento en que ya ni siquiera me podía concentrar en clases y mis notas bajaron abruptamente. Solo podía soñar despierto con el día en que le diría todo, con el segundo en que el me tomaría entre sus brazos y me daría ese primer beso que tanto anhelaba.

Veía sus labios sobre los míos en mis sueños, en mis cuadernos, en mis exámenes, en mis exposiciones y hasta en el almuerzo. Cada vez que él hablaba solo me enfocaba en esa dulce boca que creía que se movía por mí.

Sin embargo, el tiempo pasaba y nada ocurría. Mi deseo y mi amor crecían tanto que casi sentía que me iba a reventar, y su presencia ya no me causaba alegría, sino que me angustiaba y me llenaba de zozobra. ¿Dónde estaban todas las señales que me parecía ver?¿A dónde se habían ido las sonrisas que eran para mi y solo para mi?.

Y tan sumido estaba en mis pensamientos que no noté la melancolía de Shun y lo muy relacionada que ésta estaba con aquel hombre que me dominaba. Su rostro se tornó a un pálido tan extraño que casi parecía un muerto entre los vivos y sus ojos revelaban largos ríos de lágrimas.

Quedé de una pieza al preguntarle el motivo. Se había enamorado de Ikki como de nadie en el mundo, y yo sabía a la perfección lo que esto significaba. Amábamos a ese joven hasta el delirio, pero en el caso de Shun éste era su primer encuentro con Eros. Ikki lo rechazó y eso lo aniquiló por completo.

Sin embargo, aunque me alegraba de que él le dijera a mi amigo lo mucho que amaba a otro y lo imposible que era iniciar esa relación, me angustiaba la salud del pequeño. Él era muy frágil y sensible, y por eso temía lo peor…

La depresión lo empezó a devorar hasta que ya no salía con nosotros ni asistía tan frecuentemente a clases. Supuse que se habría enfermado, pero al llamar a su madre ella le indicó que Shun iba todos los días a la escuela.

Al saberlo casi me muero de un infarto, y de inmediato comprendí en lo que Shun andaba.

Salí de la escuela disparado hacia uno de los peores sectores, e indagando dí con su paradero. El estado en que lo encontré me partió el corazón. La droga lo tenía completamente dominado, y sus ojos estaban inundados por el llanto. Se desgarraba de amor por ese chico y hasta tal punto le había afectado su negativa, que se había adentrado en uno de los más oscuros parajes de la vida.

Como pude lo saqué a rastras no sin antes verme forzado a discutir con él y una vez lejos le salpiqué la cara con agua. Parecía reaccionar, pero se negaba a hablarme. No entendía su mutismo ni la ausencia aparente de vida en sus ojos. Me senté a su lado y le tomé las manos con fuerza para que sintiera que no se encontraba solo, pero nunca me imaginé que saldría con la peor frase que me han dicho en la vida:

-Júrame que nunca te le acercarás- me soltó sin contemplaciones clavando sus enrojecidos e hinchados ojos en mí.

-Que no me acerque… ¿a quién?- le pregunté.

-A Ikki… no quiero que estés con él, prométemelo- me lo dijo mientras me abrazaba y empezaba a llorar de nuevo. Su dolor lo sentía casi mío, y me llenaba de pesar saber que se encontraba en ese estado.- Hyoga, ¡tienes que jurar que nunca te le acercarás!- me gritó.

-Si, si… te lo juro- le respondí sin pensarlo. Y acto seguido el pequeño se levantó y no habló más.

-¿A dónde vas?- le pregunté angustiado, pero como respuesta se giró hacia mí y me sonrió con la misma candidez de mejores épocas.

-Pues a casa tonto… ¿a dónde más podría ir?- fue su contestación, y tomó camino. Su imagen alejándose aún retumba como un eco en cada uno de mis sueños y pesadillas.

Al día siguiente encontraron su cadáver junto a una carretera, y según la declaración policíaca fue atropellado por un desconocido quien se dio a la fuga. Yo aún tengo mis dudas…

Los días siguientes fueron densos y pesados. Ikki trataba de acercarse a mí para apoyarme en esta situación, pero una y otra vez lo alejaba. Desde el día en que enterramos su pequeño cuerpo me juré cumplir con esa promesa, esa última promesa que le hice.

Cambié mi lugar en el salón con el de Seiya, y dejé de salir cada vez que “él” venía con nosotros. Mis notas mejoraron, pero no me interesaba participar en debates o discusiones…

Había perdido el ánimo; sin embargo, mi amor por Ikki no había disminuido, y a ciencia cierta, cada vez era mucho más grande. El sentir que se acercaba a mí por al espalda, que intentaba reconfortarme y demás cosas me llevaba al cielo y me hacía regresar, pero de ninguna forma podía aceptarlo. Shun murió por ese amor y no podía traicionar su memoria.

Y entonces Ikki fue quien se desesperó. Seiya y Shiryu me repetían todo el tiempo que tenía que dejar atrás a Shun y permitir que ambos fuéramos felices en el presente, pero no cedí jamás. No lo hice hasta hoy.

Me encontraba en el salón de clases comiendo mi almuerzo cuando sentí que alguien entró. Al darme vuelta pude ver su figura, tan altiva y seria como siempre. Sus ojos me miraban como hurgando en mi mente por una respuesta que no quería darle, que no debía darle.

Seguí comiendo como si nada hubiera ocurrido, pero él avanzó, tan firme como siempre. Mi pulso se aceleró con una velocidad que jamás había sentido, y se multiplicó aún más cuando su aliento rozó mi cuello.

-¿Hasta cuando me seguirás ignorando?- me dijo, con un tono de voz que dejaba ver un padecimiento igual al mío, una pena profunda que solo yo estaba interesado en prolongar.

-No te ignoro, solo quiero estar solo- le respondí secamente sin siquiera mirarlo, como si el sándwich fuera más importante que él.

-Hyoga… si no vas a darme una respuesta sincera, entonces no digas nada- me habló con una autoridad única- pero tienes que saber que estaré esperándote hasta que me digas la verdad.- me dijo, a la vez que rodeaba mi pupitre y se sentaba justo en frente. Mi corazón parecí querer salirse por mi boca, y el vacío de mi estómago parecía querer tragarse el resto de mi anatomía.

-Ikki… se lo prometí a Shun- le dije, y antes de continuar él tomó mi rostro con sus dos manos mientras se movía hacia mí con los ojos cerrados. Mi reacción ante un acto tan hermoso fue la peor de todas. Antes de que esos labios tocaran los míos me levanté afanosamente y lo alejé de mí, mientras él se quedaba contemplándome con frustración- Nunca vas a entenderlo- le dije, y en seguida me eché a correr.

Salí del colegio a toda marcha mientras la adrenalina y el arrepentimiento me devoraban desde adentro, lenta y dolorosamente. ¿Porqué le hice eso si lo tenía tan cerca? ¿Porqué no lo besé hasta el cansancio tal y como soñé hacerlo desde el mismo día en que lo ví? ¿Porqué fui tan idiota de no tomar esos labios y hacerlos desaparecer entre mi boca?

Fue tal mi abstracción y el remolino de sentimientos, que en un dos por tres ya estaba muy lejos de la parte que conocía de la ciudad, y fue así como llegué hasta aquí, el lugar en el que ahora despierto.

Van a ser casi las 5 de la tarde, pero quisiera permanecer acá hasta consumirme entre la hierba. No me atrevo a abrir los ojos, no hasta que siento que un pie golpea suavemente un costado de mi cuerpo.

Me muevo un poco hasta ponerme en posición y entreabro mis párpados. El sol del ocaso golpea su silueta y solo veo una mancha negra con forma humanoide.

-Corres muy rápido- me dice, y ese tono grueso de voz hace que me despierte total y completamente. Me siento sobre el pasto y veo mi uniforme completamente sucio por la tierra y los movimientos que hice mientras recordaba inconscientemente lo que me había ocurrido.

-¿Me seguiste?- le pregunté.

-Todo el maldito camino- contestó, a la vez que soltaba una sonrisa que me parecía celestial.

-¿Porqué lo haces?- volví a preguntar, consternado por su insistencia.
-Así es el amor Hyoga…- me respondió.- y ahora quiero que me des una verdadera razón. No quiero que menciones a Shun- sentenció.

-Yo… dioses, ni siquiera puedo hablar- dije en voz baja agachando la cabeza. Pero él usó uno de sus dedos para subir mi mentón hasta que nuestros ojos quedaron frente a frente.- Ikki…-

En ese preciso instante su mano derecha tomo la mía y sus pupilas brillaron como nunca antes. Su ensimismamiento se desvanecía cada vez que estaba conmigo, y por primera vez en su vida abandonaba aquella sombra en la que se resguardaba.

Me dijo que me amaba, que me amaba mucho, que odiaba a Shun no solo por querer obligarlo a estar a su lado, sino por obligarme a estar lejos de él. Me habló de sí mismo y de lo que tenía planeado a mi lado… y de lo mucho que le molestaba mi silencio.

Solo podía sonreír con sus palabras y responderle con la misma intensidad con que él se dirigía hacia mí. Le hablé de mis sueños y de las incontables noches en vela por estar pensando en él, de la admiración que le tenía y de los problemas académicos que me ocasionaba por tenerlo al lado y soñar despierto.

Apenas terminé solo pudimos mirarnos fijamente, mientras él olvidaba su pose de maestro calculador y sin sentimientos, y yo enterraba a Shun y a esa tonta promesa. Lo continué explorando con mis ojos hasta que un suspiro delató mi ensoñación. Se rió y repitió que me amaba. Yo le respondí que lo amaba más.

Y después nos besamos…




FIN
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Ice-Spirit
Publicado: Mie Feb 13, 2008 11:58 pm Responder citando
Seiya Delirante en Potencia Seiya Delirante en Potencia
Registrado: 28 Jun 2007 Mensajes: 4027 Ubicación: Esquina de Larco con La Marina, Haciendole 'cosas' a Anhell jajajajaj XD Reputación: 838.6
votos: 1

jjmjmjmjm...
jojojojojojojo...
JAJAJAJAJAJAJA...
MUAJAJAJAJAJAJA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Me encanto este fic
Me encanto la ambientacion
Me encanto que Ikki odie a Shun
me encanto la muerte de Shun Demoniaco MUAJAJA

si me dabas lemon con Ikki uke hubiera muerto en el acto, pero a esta edad eso hubiera sido shota ._.

Que DIABLOS!!! YO QUIERO IKKI UKE!!! mas tarde me lo escribo para mi uso personal Elen

Mil gracias Seiyaryu, me encanto el fic!
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